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Páramo de Corcos

29 junio, 2020

Se trata de un páramo calcáreo entre las provincias de Burgos y Segovia, a menos de 3 km de Castrillo de Duero, éste ya en la provincia de Valladolid. No conozco su historia, pero sin duda está ligada a la de Haza, pues la mayor parte de su territorio pertenece a esta villa, siendo el resto de Valdezate, Fuentemolinos, Cuevas de Provanco y Valtiendas.

Torre de Corcos

Lo primero que nos encontramos al subir al páramo desde Valdezate a través de un vallejo recóndito y precioso con laderas de caliza descarnada es la torre de Corcos: ¿torre defensiva? ¿Restos del despoblado de Corcos? Tal vez las dos cosas: aquí pudo estar el único poblado de este extenso páramo –hoy desierto- y, a la vez, serviría de punto clave para dominar la extensísima llanura, pues de hecho aquí, sobre la ruina, se situado un vértice geodésico. Corcos bien podría depender de Haza, razón por la cual este municipio sigue administrando la infinita paramera.

Por este vallejo subimos al páramo

Y la verdad es que rodar por estos es retrotraerse casi a los tiempos en que el conde de Castilla Gonzalo Fernández, allá por el año 912 poblara Haza… que 400 años después era mencionada nada menos que en la Divina Comedia como patria de la madre de Santo Domingo de Guzmán, Juana de Haza. Y es que parece que nada hubiera cambiado desde aquellas épocas: labrantíos, corrales, muchos corrales y cañadas. Tan despoblado como entonces, bueno, mucho más ya que hoy nadie vive aquí; antaño, en torno a la torre y a algunas tenadas vivirían seguramente vigías y pastores tal vez sus familias.

Una primavera todavía visible

Un páramo infinito

¿Qué hemos visto? Una inmensa llanura. Pero con un paisaje distinto a las habituales de Valladolid. Si en esta provincia los páramos hacen horizonte con el cielo –salvo en días muy claros en los que se ve un lejano y bajo perfil de las montañas cantábricas o del Sistema Central- aquí, en Corcos, en dirección sur, hemos visto como telón de fondo nada lejano, pues hay continuidad, la Serrezuela de Pradales. Tiene poco más de 1.300 metros de altura, pero suficientes, por la cercanía, para que aparezca ante nuestros ojos como una buena montaña.

Por otra parte, aquí los caminos se dirigen, sobre todo, de este a oeste, y es difícil dar con uno norte-sur, como la cañada que finalmente nos ayudó a llegar a Aldehorno. Y también numerosos restos de tapias –o tal vez simplemente piedras retiradas de las tierras de labor- orientados igualmente de este a oeste. Por supuesto, nada de árboles, sólo campos de cereal, de secano en los que el trigo está todavía verde. Y, como ya hemos dicho, corrales, algunos muy grandes –así, el corral de la Priora-y bien preparados para atender con cierta estabilidad al ganado.

Abundan los restos de corralizas

Conforme avanzábamos hacia el sur vimos algunos viñedos, la mayoría ya fuera del término de Haza. Los viticultores han sabido aprovechar antiguas corralizas y tenadas como almacenes auxiliares para la viña, lo que ha evitado su ruina. Es el caso, por ejemplo, de las tenadas de los Charcos, ya en término de Moradillo de Roa, con sus grandes y profundos charcos que, por cierto, estaban secos.

La primera parte del páramo corrió por antiguos caminos infectados de maleza, caminando y tirando de la bici, hasta que cogimos uno de buena rodadura en dirección este. Luego, cambiamos de dirección casi 180 grados hasta llegar a los corrales de la Calera. Justo aquí tomamos lo que queda de un cordel de ganados que nos llevó hasta las tenadas de los Charcos. Se trata de un antiguo cordel o cañada que iba de Valdezate a Aldehorno (17 km) si bien hoy ha quedado reducido a unos 5 km.

En el corral de la Priora

¿Una inmensa vaguada?

Conforme avanzábamos hacia el sur o sureste, viendo al fondo la Serrezuela, vislumbrábamos como un inmenso y precioso valle entre nuestro páramo y la citada sierra. Además, rodábamos ligera pero claramente cuesta abajo. Una excursión de ensueño, con la montaña al fondo, como pocas veces. Bueno, pues al terminar la rodadura y mirar el mapa comprobamos nuestro error: desde la torre de Corcos hasta La Mata, justo antes de caer al arroyo de la Serrezuela, no habíamos hecho otra cosa que ascender, no mucho, pero pasamos de los 946 a los 1000 metros de altitud (!) ¿La razón? Seguramente, el viento a favor y la falda de la montaña nos habían engañado… O sea, Thea, diosa de la visión, y Eolo, del viento, se habían burlado de nosotros. Mejor, pues fueron unos kilómetros especialmente agradables.

No obstante, al llegar a la tenada de los Charcos, observamos que el suelo cambiaba a cantos rodados y arena, señal de que el páramo calcáreo había desaparecido cubierto tal vez por esta grava procedente de cierto aplanamiento de la montaña.

Tenada

Por el valle del Riaza

Y esta fue la excursión por la paramera. Resumo ahora lo más interesante del paseo por el arroyo de la Serrezuela o de la Veguilla y el valle del Riaza:

  • Nos impresionó la localidad de Aldehorno, típicamente serrana, perteneciente a Segovia.
  • Ya en Burgos, Moradillo de Roa posee un típico y cuidado barrio de bodegas, sobre el que se asienta la iglesia, de San Pedro, magnífico mirador sobre el valle
  • El manantial de Hontanguillas, en la Sequera de Haza y el de Fuentemolinos. Ambos dan a luz auténticos ríos.
  • La gruta –típicamente pastoril- de la Virgen de la Cueva, en Hontangas. Y, también en esta localidad, la arruinada ermita de San Mamés y la fábrica de harina.
  • Las escarpadas laderas de Haza.
  • El vado, ya perdido, en el Riaza de la cañada que va de Haza a Fuentemolinos.

Bodega en Moradillo

De Fuentemolinos saltamos a Valdezate por el páramo de Corcos otra vez. Fuimos bordeándolo y observando el valle del Duero, con la Manvirgo en medio. Al llegar a la meta visitamos el barrio de bodegas, el alto de la iglesia y el monumental crucero.

¡Excepcional excursión por tierras burgalesas y segovianas, limítrofes con Valladolid. Aquí podéis ver la ruta seguida, según Durius Aquae.

Vista de Haza