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Paisajes de Simancas

16 marzo, 2017

Simancas es una de las localidades con más historia de toda nuestra provincia. La mayoría de las poblaciones son -podríamos decir- de ayer, incluida la capital, fundada por el conde Ansúrez en 1072. Sin embargo, Septimanca  ya era conocida en la época romana, fue sometida por los musulmanes seguramente en 713, destruida por Alfonso I en 754 y repoblada definitivamente en 899…  Como no se trata de narrar la historia de Simancas, no seguimos; solo dejamos constancia de que fue sede episcopal durante la época de la Reconquista y que de época muy anterior a la romana conservamos los restos del dolmen de los Zumacales. Fue la población más importante de la zona hasta que Valladolid le arrancó esa primacía.

Pero en este blog nos interesa en paisaje y, en esto, también lo tiene todo: páramo, valles, ríos, riberas, montes. No echamos nada en falta. Vayamos, pues, por partes.

El páramo

Este accidente geográfico define la peculiar situación de Simancas: una lengua del páramo de los Torozos llega hasta las inmediaciones del Pisuerga. Y desde su canto desciende con relativa suavidad formando una especie de colina hasta que por fin, cae en vertical unos 50 metros hasta el río. ¡Perfecto para un poblamiento defensivo! El único sitio que había que proteger especialmente era la unión con la paramera.

Por lo demás, el páramo simanquino es eso, una lengua de 6 km de largo por unos 600 de ancho. Ideal para contemplar el anchuroso valle del Pisuerga-Duero y Valladolid con su festón cerrateño de fondo. En días claros, desde la balconada se nos muestra la cordillera de Segovia y Ávila.

Se encuentra bordeado por el barranco del Pozo de la Teaza, al oeste, y por la laderas de Valsordo, al este. Por esta lengua discurre la cañada de Merinas, que es uno de tantos ramales de la cañada leonesa oriental: los rebaños cruzaban el puente de piedra para seguir hacia Puente Duero.

 

Los valles y cuestas

Entre el páramo y el término de Arroyo de la Encomienda se extiende una amplia zona de pequeñas colinas y campos ondulados. Por ella discurren los arroyos Rodastillo y de Santa Marina. Es una zona rica en fuentes: podemos acercarnos al manantial de Pico Cuerno, que tal vez se encuentre fluyente al menos a partir de los marjales 200 metros aguas abajo del nacimiento, a la fuente de la Puerca que con dificultad encontremos, asfixiada –pero también señalada- por una densa espadaña, y a la fuente del Muerto, a la sombra de unos chopos.

Fuente de la Puerca

No lejos de esta última descansa -en el abandono hasta ayer mismo- el monumento megalítico de los Zumacales, único en la provincia. Ahora lo acaban de limpiar, han recolocado las piedras que había tiradas en una ladera y han trazado un caminillo de acceso.

Cerca del río brotaban abundantes manantiales, como ya hemos visto en la entrada anterior. No hemos encontrado ya la fuente de la Teja, que fluía aguas abajo del puente de piedra, en la orilla izquierda y de la que hemos bebido buenas aguas hace más de treinta años.

Pero de lo que de verdad se ha gloriado el término es de acoger la confluencia del Pisuerga y el Duero, a lo que ya hemos dedicado más de una entrada. Y es que por Simancas también pasa el Duero: desde Puente Duero a la desembocadura del Pisuerga, la orilla derecha es de Simancas, y posee las fuentes del Batán y del Frégano –de ésta sólo queda el nombre y el lugar donde brotaba- y las aceñas –hoy centralita eléctrica- de Pesqueruela. El Duero forma en sus riberas un bosque de galería, si bien menor que el creado por el Pisuerga.

Lo malo de estos ríos es que la ribera suele ser una estrecha y enmarañada selva inaccesible que también impide el paso a la misma orilla del río. Claro que esto tiene sus excepciones y hay arboledas y pequeñas praderías muy adecuadas para reposar o pescar. Ahí está, por ejemplo, el prado de la Mesta –hoy arboleda- aguas abajo del puente en la orilla izquierda; no obstante, los espacios accesibles abundan algo más en la orilla del Duero. Madoz reseñaba al menos tres prados importantes en el término de Simancas. Claro que también decía que en el sus ríos abundaban el barbo, la trucha y la anguila, de los que ya sólo queda el primero.

 Los montes

También sus montes –pinares en este caso- son agradables para el paseo, o incluso para recolectar nícalos en otoño. El pinar de Simancas forma un todo indivisible con el vallisoletano de Antequera, y en él abundan grandes ejemplares de piñonero. Es llano, con buenos caminos y senderos para andarines y ciclistas. Hacia el oeste, el pinar se llama de Peñarrubia y se va estrechando hasta casi Pesqueruela.

Precisamente en este último pinar, junto al camino de la fuente del Frégano, vemos uno de los pocos ejemplares de pino piñonero catalogados en nuestra provincia, denominado de Simancas. Destaca por  la esbeltez y corpulencia de su copa.

Entre los pinares y el Pisuerga, la acequia, con sus senderos, forma un pequeño y estrecho bosquete ideal para pasear en verano por su sombra y frescura. Y como no falta la humedad, podemos coger setas del chopo ya desde finales del verano.

Y la ciudad

Todo esto sin despreciar la propia ciudad, cuidada y bien conservada. Nos podemos acercar al mirador sobre el río, muy cerca de la plaza Mayor, pasear por las inmediaciones del puente de piedra, caminar por sus calles en cuesta, visitar el rollo jurisdiccional, beber en la fuente del Archivo, o solazarnos en los jardincillos de la Virgen del Arrabal…

De Valladolid a Villamarciel y vuelta: una excursión muy completa

4 marzo, 2017

simancas-2017…porque tiene un poco de todo: campo, ciudad,  río, llanura, cuesta.  Y salimos de Valladolid, en concreto desde el puente de la Hispanidad, pegando ya a Arroyo de la Encomienda.

Primero paseamos por los jardines de Arroyo, donde también se distinguen por su variedad. De hecho, vemos desde un botánico hasta huertos para jubilados. Avanzamos por un delicioso paseo fluvial para bicis que cuenta con desviaciones a dos miradores sobre las aguas del Pisuerga. También visitamos la iglesia románica de San Juan, lo que queda de lo que fue un grandioso pino y la fuente junto al cauce del arroyo Rodastillo que viene de los manantiales de Ciguñuela.

El Mosquero

El Mosquero

Dejamos Arroyo para entrar en Simancas. En panorama cambia por completo, pues ahora elegimos los estrechos toboganes de una senda en la ladera, muy vertical, del Mosquero. A nuestros pies los valles del Pisuerga y Duero con sus pinares. Por aquí también tuvo lugar la famosa batalla de Simancas. Un poco más y ya estamos de nuevo junto al Pisuerga.  Casi tomamos contacto físico con las aguas de este río justo donde estuvo la fuente del Rabil, que todavía se reconoce con relativa facilidad. También estuvieron aquí al lado las aceñas de Abajo: lo poco que quedaba de ellas desapareció al construir el puente nuevo de conexión con la autovía.

Pila Reoyo

Pila Reoyo

Ahora pasamos bajo la vieja fábrica de harina, luego de luz; a la derecha dejamos la ladera de Simancas, con su peña que siempre gotea agua. También pasamos junto a la Pila Reoyo: ya no está en su sitio original sino en la zona ajardinada del sur de la ciudad, pero más vale así, al menos no ha desaparecido. Durante varios siglos abasteció de agua a los vecinos de Simancas. Un poco más allá vemos –a duras penas- el estanque de la fuente de las Maduras, dentro de una finca a la que se puede entrar los fines de semana para comprar productos ecológicos de su huerta. El agua, por una conducción, viene de un manantial que está junto a la autovía. Si siguiéramos por el camino junto al río –que no tiene salida- llegaríamos a lo que queda de las aceñas de Gallo; merece la pena acercarse.

El Gallo

El Gallo

Otra fuente en nuestro camino –y de gran caudal- es la de la Tina y, enseguida la de Mosquila. Ambas están muy cerca del río, ocultas entre la maleza. Seguimos junto al Pisuerga y, poco antes de que muera, visitamos las aceñas y fábrica de luz de Mazariegos, con su ancha pesquera. Ya junto al Duero nos encontramos con otra fuente poco conocida, la de la Teja. De hecho, no tiene nombre pero la podemos llamar así en homenaje a un pescador que la limpia y vigila para que siempre tenga una teja que facilite tomar agua para beber…

Pesquera de Mazariegos

Pesquera de Mazariegos

Ahora vamos por un camino de firme regular, pero junto al río y en continuo contacto con árboles, arbustos, yedras y lianas. Vemos la otra orilla, bien limpia y también la torre de la iglesia del monasterio de Aniago. Pero la ruta por la silvestre ribera no dura mucho y salimos de nuevo a una buena pista donde paramos para contemplar, enfrente, la desembocadura del río Adaja en el Duero, al que parece embestir y atajar, y más ahora que viene desbordado y el Duero bastante normal (esta excursión la hicimos el 18 de febrero). Nada, pues, de suave y fraterna unión de aguas, como hace un momento hemos visto con el Pisuerga. Y enseguida pasamos junto a unas viejas aceñas que fueron del monasterio de Aniago, luego pasaron a fábrica de luz, y más tarde se utilizaron para elevar el agua al canal de Tordesillas. En verano todavía se puede cruzar el río andando sobre su pesquera hasta Villanueva.

Frente al Adaja

Frente al Adaja

Atravesamos Villamarciel, una tranquila localidad que tiene arenales, buenas tierras de labor, algún pinarillo, y a la Virgen de las Nieves como Patrona. Cruzada la autopista dejamos a la derecha un antiguo lagar y bodega (pues también gozaba el término de abundante viñedo): si no contamos con tiempo suficiente, podemos tomar ese camino que nos llevaría igualmente hasta las proximidades de Geria salvando un menor desnivel.

Viejo lagar

Viejo lagar

Pero seguimos dos kilómetros más por la carretera de Velliza hasta tomar la primera desviación a la derecha. Al fondo vemos Pedroso de la Abadesa, la torre de Matilla de los Caños, Velliza… y tomamos el camino de Simancas a Toro, que antaño surcaba estos campos. Al pasar entre las cimas parameras de Valcuevo y Valdelamadre vemos ya otro panorama, con los barrios de Valladolid que aparecen al fondo.

Aunque predomina la cuesta abajo son frecuentes los toboganes hasta llegar al humilladero de Geria, donde empieza una cuestecilla que luego bajará hasta la antigua carretera de Salamanca para subir otro poco y bajar definitivamente a Simancas. Paramos en la fuente del Rey que trae el agua desde las Eras Altas gracias a una canalización; la forma de su frontis nos recuerda la de Mosquila, que también tiene tres caños. Y aquí mismo damos por terminado nuestro trayecto, con 33 km recorridos.

Crucero en Geria

Crucero en Geria

Podemos volver por donde hemos venido o bien por el camino de las Berzosas  o incluso continuar hacia Laguna por la Calzada.

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De Simancas a Fuentes por la calzada de Clunia

2 enero, 2017
Puente de Simancas. Detalle.

Puente de Simancas. Detalle.

Ya hemos comentado que una de las ciudades más importantes del valle medio del Duero, en época romana, fue Simancas. Se sabe que hubo calzadas –vías, para los romanos- que unían unas ciudades con otras y, así, de Simancas –encrucijada de vías– salían calzadas hacia Clunia y Zaragoza, Astorga, Coca o Salamanca… De estas calzadas han quedado restos físicos en algunos casos, y documentales y toponímicos en otros.

De Simancas a Clunia se conservan algunos, muy pocos, vestigios. Lo cual no quiere decir que, más adelante, puedan descubrirse nuevos restos. Desde el inicio de esta calzada hasta las cercanías de Villabáñez se cree que coincidía con los antiguos caminos que unían Simancas, Laguna y Tudela. En cualquier caso, vamos a recorrerla desde el puente de Simancas, verdadera encrucijada de vías romanas.

Atravesando el pinar de Simancas

Atravesando el pinar de Simancas

El puente actual es medieval, pero seguramente en la época romana hubo otro en el mismo lugar, ya que se trata de un ancho y pedregoso vado en el que se puede levantar con relativa facilidad un largo puente. Cubre poco, lo que se puede apreciar especialmente ahora, con un río de reducido caudal y agua clara. Tomamos el camino Viejo, luego el de las Berzosas y torcemos a la izquierda nada más superar la acequia. Ya estamos rodando por el camino de Laguna.

Dejamos a la izquierda la granja Las Lagunillas y, antes de llegar a la granja Ronquines, vemos que abundan los juncos e incluso hay algunas pequeñas navas o lagunillas. El firme es excelente, con forma convexa para drenar bien. Y el paisaje típicamente pinariego, con abundancia de grandes piñoneros bien espaciados.

En la cañada de la Nava

En la cañada de la Nava

Al llegar a la cañada de Puente Duero nuestra calzada se acaba debido a que en esta zona hubo campos militares de tiro y maniobras, además de polvorines. Todo esto se retiró pero los caminos se perdieron por completo. A Laguna podemos ir bien por el camino de Laguna (al norte) propiamente dicho o bien por la cañada de la Nava (al sur). Vamos por la cañada y atravesamos la localidad. Poco antes de comenzar la salida rodamos por la calle Aragoneses que toma nuestro mismo rumbo. Estamos bien encaminados, pues el camino de los Aragoneses coincide, en algunos de sus tramos con la calzada romana que pretendemos seguir. Pero entre Laguna y Tudela va como un kilómetro al norte del nuestro.

En el túnel de la autovía

En el túnel de la autovía

Después de dejar la calle de La Estación, rodamos por el camino de Tudela, que discurre entre la vía de Ariza –también se dirigía hacia Aragón- y el canal del Duero. Ambas infraestructuras son mucho más modernas que la pista que llevamos. Curiosamente, pasamos junto a un chalé en cuya entrada hay dos columnas, un frontis triangular y un altorrelieve, todo de corte clásico: como si lo hubieran colocado en honor de la calzada que pasa por delante…

Hasta aquí hemos llegado

Hasta aquí hemos llegado

La autovía de Segovia ha respetado nuestra calzada, y la cruzamos gracias a un túnel con las paredes decoradas. A sur dejamos la granja Conchita, en cuyos terrenos se descubrió una necrópolis visigoda.

En fin, después de recorrer unos 14,5 km, llegamos al término de Fuentes, donde una enorme gravera se ha comido el camino y nos impide el paso. Hasta aquí hemos llegado rememorando antiquísimos tiempos. Pero podemos continuar en otro momento: al menos en Villabáñez y en Bocos quedan vestigios de esta vieja vía.

Campo en Fuentes

Campo en Fuentes

Para saber más,  podéis ver el texto y mapa de Moreno Gallo sobre esta ruta, que es de donde he sacado la información: ¡una maravilla sobre las calzadas romanas en Castilla y León!

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Mosquila

10 diciembre, 2016

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Mosquila es el nombre de un pago entre Simancas y Geria junto al Pisuerga. Pero también es un lugar mágico e histórico, de esos que tanto abundaron en nuestra provincia y que ahora están a punto de caer en la noche del olvido. Cuando las generaciones posteriores lo recuperen para traerlo a su memoria ya no será lo mismo…

¿Qué vemos hoy en Mosquila? Lo primero –que pronto se perderá salvo que los simanquinos lo remedien- es una vieja fuente, la fuente de los Tres Caños o de Mosquila. Curiosamente, se encuentra en la misma orilla del río Pisuerga. Ahora fluye sólo a unos centímetros por encima del nivel del río, lo cual quiere decir que cuando el nivel de las aguas es el normal o un poco superior, el pie de la fuente queda sumergido. Antes, evidentemente no fue así, pues la fuente es muy antigua y unos trescientos metros aguas abajo hay una represa que ha elevado dos o tres  metros el nivel del río a su paso por la fuente.

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La fuente hace 10 años. Las escaleras hoy se encuentran ocultas

Como nadie se ocupa ya de mantenerla -¿dónde andarán sus fontaneros?- los caños no fluyen, y el agua se escapa por debajo para engrosar seguidamente el caudal del Pisuerga. Además, el arca, construida en resistente ladrillo macizo, está ligeramente inclinada en sentido contrario a la caída del agua por los caños. Se observa, también cubierto por el barro, el pilón de piedra que recogía el agua. El espacio en el que se encuentra debió de estar especialmente cuidado y todavía conserva parte de su atractivo: se accede a él por unas escaleras semienterradas en la cuesta desde el lado opuesto a la fuente, pero a la izquierda del arca también hay otras escaleras, ahora ocultas por la maleza.

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Otro aspecto de la fuente y su entorno (hace 10 años). Por donde vemos la pared de la derecha -con drenaje- debía venir el arroyo del Prado

Es posible que este espacio difiera del de hace unos años: la fuente está muy arremetida en un esquinazo; tal vez el arroyo del Prado pasaba por delante para desembocar aquí y, al comenzar a despoblarse Mosquila, se niveló el terreno para su cultivo y se le desvió. Las escaleras citadas ayudarían a pasar de un lado a otro del arroyo justo en el lugar donde también hay unas lajas a modo de puentecillo…  En cualquier caso, ahora vemos un murete de mampostería con sistema de drenaje que contrarresta la presión del campo que hay por encima. Pero como los tractores de hoy son poderosos, me parece que la suerte está echada y cualquier día o año de estos nos encontraremos con la fuente enterrada para siempre. Y una fuente menos. Una obra de arquitectura popular más que cae en el olvido…

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El Pisuerga al pasar por Mosquila un día de niebla

Pero Mosquila, en otro tiempo, estuvo habitado. Vemos los cimientos en piedra de una casa, y las paredes de barro de otra construcción en el perdido, entre las tierras de cultivo y el camino que viene desde Simancas y que se dirige a Villamarciel. En estas casas, reducidas hoy a piedras y barro, nació, hace 67 años un buen amigo con el que he compartido agradables tardes de pesca en estas orillas del Pisuerga. Al año de su nacimiento, su familia se trasladó a Simancas, donde vive, y las casas de Mosquila quedaron totalmente vacías.

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Bajando hacia la fuente desde el camino

El paraje en su conjunto no puede ser más agradable: el río suaviza el clima extremo de nuestros veranos y facilita el crecimiento de alamedas y choperas. Desde el camino podemos contemplar un buen panorama del Pisuerga, en dirección al este: una ancha lengua de agua protegida de árboles de gran porte. Y a menos de un kilómetro aguas abajo disfrutamos de la confluencia de este río con el Duero. Hacia las Ventas de Geria, el terreno está salpicado de casas, huertas, majuelos y almendreras.

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Al otro lado del camino

El poblamiento viene de muy lejos, de la prehistoria nada menos. Unos metros más arriba, en la terraza contigua atravesada por el arroyo del Prado, se han encontrado restos de la Edad del Bronce y romanos. Pero el descubrimiento más importante ha sido una necrópolis datada entre los siglos IX y XI, lo cual quiere decir que fue uno de los primero lugares repoblados con motivo de la Reconquista, tal vez precisamente porque se trataba de una antigua localidad perfectamente conocida.

Y es que estos lugares también son de leyenda: el pago limítrofe se llama El salto del pellejero, que recuerda la historia de una zagala de Pesqueruela y un pellejero extremeño. Podéis leerla aquí.

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Restos de las casas de Mosquila

En fin, que por estos lares todo pasa y nada queda. Al menos, poco va a quedar de la fuente de los Tres Caños de Mosquila dentro de poco. A no ser que hagamos algo. Después de todo y de varios años…  ¿acaso no se han arreglado Los Zumacales y sus accesos?

Para llegar: por el camino de Simancas a Villamarciel, en el punto en que vemos restos de construcciones –primero en barro, luego piedras calizas- se abre ligeramente el camino a la izquierda por ahí debemos bajar hasta la ribera, atravesando por un sendero (con frecuencia virtual) un picón de tierras de labor.

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Agua de la fuente al Pisuerga y ¿antigua desembocadura del arroyo del Prado?

Rutas musulmanas. Abderramán III en Simancas

20 septiembre, 2015

Abderramán III

Puede decirse que la arabización de lo que hoy es la provincia de Valladolid fue mínima, prácticamente nula. Seguramente Tariq pasó por Simancas y la tomó hacia el año 713, después de someter León, Amaya y otras ciudades del norte.

Medio siglo escaso de dominación musulmana

Sin embargo, como la mayoría de las ciudades españolas, no sería conquistada por las armas, sino mediante pactos a través de los cuales los hispanos quedaban bajo el poder del gobernador musulmán, al que pagaban un importante impuesto. Pero, normalmente, seguían con su trabajo, sus tierras y su religión. También algunos grupos bereberes se establecieron en aquel momento en lo que hoy es nuestra provincia. Por ejemplo, Villalbarba tuvo su origen de esta manera.

Río Bajoz en Villalbarba

Río Bajoz en Villalbarba

De esos años dataría igualmente el origen de Alcazarén (situado en el lugar donde se dividía el camino que, desde el sur, subía hacia Simancas y Cabezón). Portillo es de este mismo tiempo. Otros muchos nombres de origen árabe de nuestra provincia provienen de repoblaciones posteriores del sur, especialmente mozárabes, como San Cebrián de Mazote.

Y poco más sabemos de esta época hasta que el rey asturiano Alfonso I El Católico, conquista Simancas hacia el año 754, además de León, Astorga, Salamanca, Zamora, Ávila, Segovia, Sepúlveda, Palencia… Pero no la conquistó para repoblarla sino para destruirla y abandonarla: taló y esterilizó los fértiles campos góticos hasta las riberas del Duero, llevándose a los cristianos al norte mientras que árabes y bereberes huyeron hacia el sur o fueron pasados por las armas.

Iglesia de San Cebrián de Mazote. Detalle

Iglesia de San Cebrián de Mazote. Detalle

De manera que el dominio musulmán efectivo en Valladolid no llegó ni a medio siglo.

El yermo del Duero

Y como Simancas no se repuebla hasta el 899, resulta que al menos desde mediados del siglo VIII hasta muy finales del IX, el valle del Duero estuvo prácticamente despoblado a excepción, claro, de algunos caseríos de campesinos y aldeas de pastores.

Conclusión: que con estos datos pocas rutas musulmanas podemos encontrar en la provincia para rememorar aquellos tiempos salvo, al menos, dos: la de Abderramán III y la de Almanzor. Veamos.

Abderramán y la batalla de Simancas

Vista desde Portillo: Arrabal, Aldea de San Miguel, Mojados...

Vista desde Portillo: Arrabal, Aldea de San Miguel, Mojados…

Resulta que el califa cordobés quería dar una seria lección al rey Ramiro II de León y decidió tomar Zamora. Pero el rey de León, con la ayuda de Navarra y de los condes castellanos Asur Fernández y Fernán González, le planta cara en Simancas. Antes el califa, según cuentan las crónicas, arrasa Olmedo, Íscar, Alcazarén, cruza el Cega y se instala en lo alto de Portillo. Corría el año 939. Era verano.

Seguramente vino desde Coca. Desde aquí a Olmedo hay una inmensa llanura de monte bajo, pinar y bodones; abundan las zonas pantanosas, pero no hay problema, estamos en el mes de julio. El abastecimiento de agua lo tiene en el río Eresma y fuentes de la comarca, también abundantes.

Dos caminos cerca de Alcazarén

Dos caminos cerca de Alcazarén

Desde Olmedo cruzan el Eresma para tomar el castillo o plaza fortificada de Íscar, que domina la Tierra de Pinares en lo alto del páramo: así evita sorpresas por ese flanco. Después cae Alcazarén ¿conservaría dos castillos en aquella época? La última fortaleza que podría ser peligrosa es Portillo, de modo que acampan y descansan a mitad de camino, en las orillas del Cega cerca de lo que hoy es Mojados y toman Portillo poco después. Ahora, muchos kilómetros desde Simancas hacia el sudeste están bajo el control total del ejército cordobés. Curiosamente, Alcazarén, Portillo y Mojados son nombres de origen árabe.

No sabemos por donde cruzaron el Duero, pero es un río perfectamente vadeable por muchos rápidos de poca profundidad es en verano (algunos los hemos llegado a atravesar en bici) .

Campos al NE de Simancas. Aquí se desarrolló la batalla

Campos al NE de Simancas. Aquí se desarrolló la batalla

La batalla tuvo lugar en las inmediaciones de Simancas, en la orilla derecha del Pisuerga, entre lo que hoy es Arroyo y el páramo de Ciguñuela. ¿Por donde cruzaron los musulmanes este río? Tal vez por el vado que, entonces, existía a la altura de Arroyo de la Encomienda, muy cerca de la actual iglesia de San Juan, lo que cuadra con la posición de su ejército.

Un eclipse de sol atemorizó a ambos ejércitos días antes de la batalla. Ésta duró varios días y cuentan las crónicas que fue terrible: hubo 20.000 bajas en las filas musulmanas, de un total de 100.000 efectivos. (Algún autor divide entre diez estas cifras y asigna a los cristianos unos 10.000 efectivos) Pero ninguno de los dos bandos venció de manera clara y definitiva. Parece que Abderramán, viendo la fiereza y resistencia de las tropas del norte, decidió retirarse pensando que les había castigado lo suficiente.

El Pisuerga en Simancas

El Pisuerga en Simancas

La retirada

Tomó dirección sudeste y se dirigió a la fortaleza o torre de vigilancia que había en las Mamblas –entre Tudela y Villabáñez– y la destruyó. Después siguió por la orilla derecha del Duero a través de los que hasta hace poco se conocía como Senda de los Aragoneses; llegó al castillo de Rubiales, ya en la provincia de Burgos y lo arrasó. Igual suerte corrió el castillo de Roa.

A partir de aquí siguió la ribera del Riaza para intentar llegar a Atienza y destruye pequeñas defensas en Haza y Valdezate, entre otras. Pero el ejército de Ramiro le seguía los talones, y le da alcance en Castroboda, al lado de Maderuelo (Segovia) donde vencen definitiva y completamente al ejército cordobés que huye a la desbandada. Incluso el propio Abderramán perdió su Alcorán, sus armas e insignias y estuvo a punto de morir en un barranco cercano a Aldealengua de Santa María.

Puente de la Senda de los Aragoneses sobre el Jaramiel

Puente de la Senda de los Aragoneses sobre el Jaramiel

 

***

La madre de Abderramán III era una vascona, de nombre Muzna. También su abuela, Onneca Fortúnez, era vascona, e hija del rey navarro Fortún Garcés, se casó con el abuelo de Abderramán y tuvo un hijo que fue el padre de éste, ya que Onneca vivió como rehén en Córdoba durante 20 años (vivió muy bien, no en mazmorras). No es de extrañar que Abderramán fuera rubio rojizo y de ojos azules; por eso, se teñía la barba de negro para parecer más musulmán. Tuvo un hijo con la cristiana Maryam que sería el futuro califa Al-Haken II, que se casaría a su vez con la vascona Shub, madre del califa Hixam II. Ya se ve que las vasconas estaban de moda en la Córdoba califal…
Y en otra ocasión hablaremos de Almanzor y sus rutas por nuestra provincia

El dolmen de los Zumacales

23 noviembre, 2014
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Grandes piedras dispuestas en círculo

En Valladolid también tenemos un dolmen o monumento megalítico. Se encuentra en Simancas, hacia el límite con Arroyo. La verdad es que está señalizado pero un tanto abandonado. Al parecer, se descubrió hacia los años sesenta del siglo pasado cuando una máquina excavadora de la Concentración parcelaria estaba removiendo sus piedras para arrastrarlas a la ladera quitándolas de la zona cultivable, sin saber que de un auténtico dolmen se trataba. Por eso, no veremos mucho más que unas enormes piedras que no acaban de cerrar el círculo que formaban, y otras muchas desperdigas por la ladera próxima.

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Piedras “tiradas” por la ladera

Sea como fuere, se trata de una cámara funeraria datada entre los años 4.200 y 3.000 antes de Cristo. No es un dolmen de alargadas piedras que forman las paredes de la cámara, sino de grandes piedras de cortas. Seguramente sobre ellas se levantaban otras que iban cerrando la cámara, como tantas veces hemos podido apreciar en los chozos de pastor de nuestra época que –siendo de ayer mismo- se construyeron siempre así. Además, por aquí serían muy difíciles de conseguir piedras largas, siempre hemos construido con caliza del páramo en bloques cortos. La obra se concluía cubriéndola de tierra.

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Simancas desde el pago de los Zumacales

El monumento tendrá unos 6 metros de diámetro y se levanta en una zona en la que a pocos metros cae la pendiente hacia el valle del Pisuerga, razón por la cual podemos contemplar Simancas, Arroyo, buena parte de Valladolid y, claro, el valle del Pisuerga y del Duero, que por aquí confluyen entre alfombras de pinares.

Podemos acercarnos dando un paseo de unos dos kilómetros desde Simancas por el camino de los Moscateles, que lo hemos de tomar en el barrio que está al norte de la autovía. Un cartel rojo, bien visible, nos indica el lugar exacto de la construcción pétrea. Por este mismo camino llegaríamos luego a la fuente del Muerto, a 500 metros escasos del monumento.

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Dos piedras del sepulcro. Al fondo, Sotoverde

No estaría mal que se reconstruyera mínimamente el dolmen y se señalizara adecuadamente. Muchos los que se darían un paseo para contemplar estos vestigios de otras épocas.

Para saber más, consultad la página 103 y ss. de la Prehistoria en Valladolid, de Germán Delibes y José Ignacio Herrán, publicada por la Diputación (2007).