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Tariego y sus torreones

18 abril, 2019

Tariego posee una privilegiada situación, en una falda del Cerrato y a orillas del Pisuerga. Además, ¡se ve desde Valladolid, que está a más de 30 kilómetros! Por eso fue elegido para albergar una torre del telégrafo óptico que conectaba con las de Dueñas y Villamediana. Así, vigila casi todo el curso bajo del Pisuerga por lo que es un excelente observatorio de la comarca.

¿Qué hemos de ver en Tariego?

El Pisuerga, que forma antes del puente una hermosa isla, hasta hace poco bien poblada de chopos y álamos que han sido recientemente talados. Hay varios miradores en la localidad para contemplar el río y su ribera y vegas. Y Baños de Cerrato, Dueñas, Palencia, Magaz…

La isla en el Pisuerga

La torre del telégrafo ya citada. Si subimos, comprobaremos que la vieja mole, de curiosos detalles constructivos, está como partida a la mitad, de abajo arriba, señal de que la tierra se hubiera movido, lo cual no tiene nada de particular en estos extremos donde hay un ten con ten geológico entre el páramo y el río donde. Vemos también los restos de una antigua fortaleza que dominaba el paso del río. Si el día estuviera despejado, distinguiríamos hasta Valladolid. Y, entre la torre y el pueblo, los restos, arruinados –con alguna excepción- de las cuevas casas en las que hasta mediados del pasado siglo vivía la gente más humilde. No son pocas, pues están situadas en cuatro niveles diferentes de la falda; recuerdan un poco a las de Aguilar de Campos -excavadas en barro- frente a las de otras localidades como Trigueros del Valle o Santa Cecilia del Alcor, que aprovechan las capas de piedra caliza.

Los Torreones: algo único y llamativo, algo así como si se movieran los montes. El Pisuerga ha ido socavando los cerros, compuestos de yeso, arenas, margas y arcillas, además de capas de caliza, y éstos han ido cediendo hacia el río. Lo normal son los desplomes del material, su amontonamiento y empuje posterior por las aguas. Pero en este caso se han deslizado enormes bloques del páramo, que aparecen como verdaderos murallones o torreones, aislados del cantil. No se han derrumbado -al menos por el momento- ni se los han arrastrado las aguas. Y ahí están, a media ladera. Se distinguen al menos tres grandes torreones que dejan ver a las claras la materia de la que están compuestos y forman extrañas siluetas. Un sendero que sale del pueblo nos conduce hasta ellos.

Torre del telégrafo óptico

Por si fuera poco, esto solo fue una parte de la excursión. Después de Tariego fuimos hasta Hontoria por la carretera, pues no hay camino. Supongo que Hontoria vendrá de fuente, y tenemos una, renovada, en la entrada. Después, por el sendero de las Derrumbadas nos presentamos en Soto. Hay que decir que este sendero -como tantas cosas hoy día- ya no es lo que era. La última vez que pasamos, lo hicimos con peligro para nuestra vidas (casi) pues el terreno estaba húmedo y resbaladizo y los derrumbamientos, con grandes piedras o trozos de terreno desprendido, estaban bien a la vista, sobre el mismo camino. Hoy hay una pista de buen firme y de las derrumbadas, nada.

Río Pisuerga

Nos acercamos al río, donde juntos conviven puentes de dos épocas y después de recorrer terreno llano nos presentamos en un puente derruido, el de Reinoso. El río acaba de formar un pequeño embalse cuya presa se sitúa sobre la de las antiguas aceñas de esta localidad. Y el punto siguiente fueron las antiguas aceñas de Villaviudas, arruinadas y con su parte más baja sumergida a causa del embalse de Reinoso. Los cadáveres de árboles ahogados también por este embalse sobresalen sobre la superficie de las aguas. Antes de ascender por el valle, nos acercamos hasta la desembocadura del arroyo del Prado, que viene de lo más profundo del Cerrato.

El valle se abre entre los páramos del Barrio y del Mueso. Desde el último escalón de éste, al norte, nos saluda una curiosa hilera de bocas: son antiguas minas de yeso. Pasada Villaviudas está el despoblado de la Tablada que, asentado sobre un suave cerro, domina el valle. Es curioso ver como el pueblo se agrupa en un círculo alrededor de la iglesia y la casa central, desde donde se domina un amplio panorama. Las casas de arriba, señoriales, son de piedra. Las de abajo, en barro, se están deshaciendo. Dejamos para otro momento el paseo de las Lilas, la bodega típica y los restos romanos.

En la Tablada

Y ya sólo nos queda la última parte de la excursión, esta vez por las alturas del Cerrato, es decir, por el páramo, al que subimos por un vallejo amplio y suave al principio que se fue empinando y poniéndonos a prueba. El paisaje cambió enseguida, dominando ahora el monte de encina y roble. Aquí no había llegado aun la primavera, pues los robles no tenían hoja y el suelo estaba más bien seco, de color pajizo. Atravesamos un buen monte para tomar una cañada, curiosamente adelgazada en muchos tramos pero sin llegar a desaparecer. Junto a ella vimos al menos tres preciosos chozos de pastor, dos relativamente juntos, por lo que el paraje se conoce como las Dos Cabañas. Son chozos similares a los que tanto abundan en estos páramos, pero con dinteles y jambas grandes, de una sola pieza, lo que hace que las entradas o puertas sean más amplias de lo normal.

Cabaña Alta

Más tarde, ya en terreno de Cevico de la Torre, pudimos contemplar, entre otros chozos, la Cabaña Alta, con corrales de excelentes muretes. Efectivamente, era bien alta y, además, se levanta en un punto del terreno que domina toda la zona. Merecería la pena hacer algo por conservarla -se está cayendo- pues es una de las más emblemáticas del Cerrato.

Un “Torreón”

Poco más que resaltar en el ya de por sí hermoso paisaje cerrateño: cruzamos la gran cantera de Cementos Hontoria y caímos sobre Tariego. Habíamos recorrido casi 65 km con un tiempo primaveral; he aquí el trayecto. Y desde que subimos al páramo no hubo necesidad de bajar, a pesar de los múltiples valles, vallejos, paramillos y cerratos en los que se cuartea esta comarca. Mérito de Javier, que sacó todo el partido al mapa. También podéis leer otra versión de esta misma excursión.

Torres del telégrafo óptico

6 febrero, 2011

En la parte culminante del páramo veremos, cerca de algunas carreteras nacionales, hoy convertidas en autovías, unas torres que desde lejos dan la impresión de ser restos de antiguos castillos en los que sólo queda en pie la torre del homenaje. Pero en realidad nada tienen que ver con elementos defensivos, sino que pertenecieron al mundo de la comunicación, pues son antiguas torres del telégrafo óptico.

Antecedentes

Al principio, la comunicación entre personas y pueblos lejanos, se conseguía con mensajeros, cuyo desplazamiento dependía de muchos factores: lejanía del destino, estado de los caminos, guerras, fronteras, etc… Para agilizar y acortar este tiempo empezaron a utilizarse las señales ópticas. Una muy utilizada fue el humo de hogueras, aunque con la limitación de que los mensajes tenían que ser sencillos.

El clima de inestabilidad reinante a finales del siglo XVIII en Francia hace que desde la corona se financie un sistema de comunicaciones rápido y eficaz que permita mejorar el control del territorio y mantener el orden. En 1792, ya en plena I República, se da luz verde al proyecto de construcción de Claude Chappe para la primera red de telegrafía óptica, y en 1794 se transmite el primer telegrama de la Historia, desde Lille a París, a lo largo de 230 kilómetros y 22 torres.

Funcionamiento

Este sistema se basaba en la construcción de torres conectadas visualmente gracias en lugares elevados. El funcionamiento de la red comenzaba en la estación desde la que se emitía el mensaje. Se colocaba el telégrafo en una posición prefijada de alerta o de atención. Cuando la estación siguiente avistaba esta señal, colocaba su telégrafo en posición listo o preparado y el primer telégrafo sabía que podía comenzar a transmitir. Una vez que se comenzaba a transmitir, cada símbolo debía estar unos 20 segundos como mínimo en la posición para que la siguiente estación lo leyese correctamente y colocase su telégrafo en la misma posición, lo cual indicaba a la estación precedente que podía transmitir el siguiente símbolo del mensaje. En España los mensajes se enviaban cifrados según un código existente en el libro de códigos, que estaba en posesión del Comandante de Línea, que era el único autorizado a la codificación y decodificación, pues los empleados de cada una de las torres se limitaban a emitir el mensaje que habían recibido, sin saber su contenido.

Inicio en España

Este sistema fue mejorado por el ingeniero tinerfeño Agustín de Bentancourt, quien había proyectado un telégrafo óptico entre Madrid y Cádiz, aunque sólo se llegó a construir entre la capital y Aranjuez, siendo operativo en agosto de 1800. Hay que decir que Betancourt fue padre y primer director de Escuela Oficial del Cuerpo de Ingenieros de Caminos de España en 1802. Pero la crisis económica y la Guerra de la Independencia dejaron sin uso este medio de comunicación. Será en 1831 cuando se vuelva a proyectar otro sistema de telegrafía óptica entre la capital y los Reales Sitios para uso exclusivo de la Familia Real. El primero fue Madrid-Aranjuez con 4 estaciones (Torre de los Lujanes y Cerro de los Ángeles en Madrid, Cerro de Espartinas en Valdemoro y el Monte Parnaso en Aranjuez), al que siguieron en el año siguiente el que comunicaba con la Granja de San Ildefonso, y en 1834 los que comunicaron Madrid con Carabanchel Alto, San Ildefonso-Riofrío y Madrid-El Pardo.

Pero el proyecto de mayor envergadura en telegrafía óptica no llega sino cuando, quizá, ya es demasiado tarde. En 1844, por Real Decreto de 1 de marzo, se establece el marco para el nuevo trazado de telegrafía óptica en España a cargo de la Dirección General de Caminos, y siendo uno de los máximos responsables del proyecto José María Mathé Aragua. El proyecto, de titánicas dimensiones, pretendía unir Madrid con todas las capitales de provincia del territorio peninsular.

Diseño de la red

El Decreto era especialmente cuidadoso en la ubicación de las torres. Así, se prefiere que las líneas sigan las carreteras existentes para facilitar el avituallamiento de las estaciones telegráficas y, a ser posible, lo más cerca de pueblos y localidades, por la misma razón. En la medida de lo posible, debían utilizarse estructuras preexistentes para ahorrar recursos, y así se emplearon castillos, atalayas e incluso torres de iglesias. Cuando esto no era viable, habrían de construirse torres ad-hoc, todas idénticas y según el estándar fijado por Mathé, de 7 metros de lado y 12 de alto. Además, las torres debían estar cada una a una distancia mínima de 2 leguas y máxima de 3, de la siguiente. Una distancia menor suponía construir más torres lo que implicaba un coste más elevado. Mayor, suponía dificultades para divisar la torre anterior o posterior.

La torre diseñada por Mathé estaba pensada como fortaleza, para que en caso de guerra el enemigo tuviese la mayor dificultad para interrumpir el sistema de comunicaciones. Constaba de 3 plantas realizadas en ladrillo y mampostería, y sobre la cubierta superior, plana, se ubicaba el telégrafo. En la planta baja, cerrada al exterior, sólo aparecen unos ventanucos a modo de iluminación interior. En la segunda planta había ventanas en tres de sus lados, estando ubicada la puerta en el cuarto a unos 4 metros del suelo, a la que se accedía desde el exterior mediante una escalera de madera que se retiraba y guardaba en su interior. En la planta superior había ventanas en todos sus lados y era desde donde se manejaban los mecanismos del telégrafo situado en la de encima.

Líneas nacionales

De todo el proyecto se construyeron 3 líneas:

  • La línea de Castilla que iba de Madrid hasta Irún que comenzó a funcionar el 2 de octubre de 1846 y constaba de 52 torres que pasaba por Valladolid, Burgos, Vitoria y San Sebastián.
  • La línea de Andalucía: con 59 torres que comenzó a funcionar en 1850 pero no llegó hasta tres años después a Cádiz.
  • La línea Madrid-La Junquera o Catalana, que no se completó totalmente. El tramo Madrid-Valencia entró en funcionamiento en 1849, con 30 torres, y en diversos momentos funcionaron los tramos Valencia-Castellón, Barcelona-Tarragona, Barcelona-La Junquera y Tarancón-Cuenca.

Cuando en 1844 se dio el impulso necesario a la telegrafía óptica en España, ya se conocía la telegrafía eléctrica y se experimentaba en Europa desde 1840. La telegrafía eléctrica relegó a la telegrafía óptica rápidamente. En 1854 se completó la línea de telegrafía eléctrica entre Madrid e Irún, por lo que dejó de funcionar la línea equivalente de telegrafía óptica. En 1857 se desmantelaba la última línea óptica en servicio, la línea Madrid-Cádiz.

En nuestra Provincia

Así que en nuestra provincia se construyeron las correspondientes a la 3 y 4ª Sección de la línea que comunicaba la capital con Irún. Fueron las siguientes torres, todas ellas levantadas junto a las actuales carretera N-601 y N-620:

  • El Perruno (866 m) en Almenara de Adaja, cercana a la localidad segoviana de Fuente de Santa Cruz. Se conservan sus cuatro lados.
  • El Collado o Cuesta Redonda en Olmedo. A duras penas se mantienen en pie las esquinas este y norte.
  • El Collado en Mojados que se utiliza para ubicar un vértice geodésico.
  • Boecillo, del que sólo queda el nombre de una urbanización y una calle en la localidad.
  • Valladolid situado en el páramo de la Cuesta de la Maruquesa. No quedan vestigios.
  • Cabezón, en el Cerro de Altamira que domina la población y donde estuvo situado la antigua fortaleza.
  • Frausilla, ya en las cercanías de  Dueñas (Palencia). Se conservan sus paredes
  • Tariego, en Tariego de Cerrato (Palencia)
 

En la parte culminante del páramo veremos, cerca de algunas carreteras nacionales, hoy convertidas en autovías, unas torres que desde lejos dan la impresión de ser restos de antiguos castillos en los que sólo queda en pie la torre del homenaje. Pero en realidad nada tienen que ver con elementos defensivos, sino que pertenecieron al mundo de la comunicación, pues son antiguas torres del telégrafo óptico.

Antecedentes

Al principio, la comunicación entre personas y pueblos lejanos, se conseguía con mensajeros, cuyo desplazamiento dependía de muchos factores: lejanía del destino, estado de los caminos, guerras, fronteras, etc… Para agilizar y acortar este tiempo empezaron a utilizarse las señales ópticas. Una muy utilizada fue el humo de hogueras, aunque con la limitación de que los mensajes tenían que ser sencillos.

El clima de inestabilidad reinante a finales del siglo XVIII en Francia hace que desde la corona se financie un sistema de comunicaciones rápido y eficaz que permita mejorar el control del territorio y mantener el orden. En 1792, ya en plena I República, se da luz verde al proyecto de construcción de Claude Chappe para la primera red de telegrafía óptica, y en 1794 se transmite el primer telegrama de la Historia, desde Lille a París, a lo largo de 230 kilómetros y 22 torres.

Funcionamiento

Este sistema se basaba en la construcción de torres conectadas visualmente gracias en lugares elevados. El funcionamiento de la red comenzaba en la estación desde la que se emitía el mensaje. Se colocaba el telégrafo en una posición prefijada de alerta o de atención. Cuando la estación siguiente avistaba esta señal, colocaba su telégrafo en posición listo o preparado y el primer telégrafo sabía que podía comenzar a transmitir. Una vez que se comenzaba a transmitir, cada símbolo debía estar unos 20 segundos como mínimo en la posición para que la siguiente estación lo leyese correctamente y colocase su telégrafo en la misma posición, lo cual indicaba a la estación precedente que podía transmitir el siguiente símbolo del mensaje. En España los mensajes se enviaban cifrados según un código existente en el libro de códigos, que estaba en posesión del Comandante de Línea, que era el único autorizado a la codificación y decodificación, pues los empleados de cada una de las torres se limitaban a emitir el mensaje que habían recibido, sin saber su contenido.

Inicio en España

Este sistema fue mejorado por el ingeniero tinerfeño Agustín de Bentancourt, quien había proyectado un telégrafo óptico entre Madrid y Cádiz, aunque sólo se llegó a construir entre la capital y Aranjuez, siendo operativo en agosto de 1800. Hay que decir que Betancourt fue padre y primer director de Escuela Oficial del Cuerpo de Ingenieros de Caminos de España en 1802. Pero la crisis económica y la Guerra de la Independencia dejaron sin uso este medio de comunicación. Será en 1831 cuando se vuelva a proyectar otro sistema de telegrafía óptica entre la capital y los Reales Sitios para uso exclusivo de la Familia Real. El primero fue Madrid-Aranjuez con 4 estaciones (Torre de los Lujanes y Cerro de los Ángeles en Madrid, Cerro de Espartinas en Valdemoro y el Monte Parnaso en Aranjuez), al que siguieron en el año siguiente el que comunicaba con la Granja de San Ildefonso, y en 1834 los que comunicaron Madrid con Carabanchel Alto, San Ildefonso-Riofrío y Madrid-El Pardo.

Pero el proyecto de mayor envergadura en telegrafía óptica no llega sino cuando, quizá, ya es demasiado tarde. En 1844, por Real Decreto de 1 de marzo, se establece el marco para el nuevo trazado de telegrafía óptica en España a cargo de la Dirección General de Caminos, y siendo uno de los máximos responsables del proyecto José María Mathé Aragua. El proyecto, de titánicas dimensiones, pretendía unir Madrid con todas las capitales de provincia del territorio peninsular.

Diseño de la red

El Decreto era especialmente cuidadoso en la ubicación de las torres. Así, se prefiere que las líneas sigan las carreteras existentes para facilitar el avituallamiento de las estaciones telegráficas y, a ser posible, lo más cerca de pueblos y localidades, por la misma razón. En la medida de lo posible, debían utilizarse estructuras preexistentes para ahorrar recursos, y así se emplearon castillos, atalayas e incluso torres de iglesias. Cuando esto no era viable, habrían de construirse torres ad-hoc, todas idénticas y según el estándar fijado por Mathé, de 7 metros de lado y 12 de alto. Además, las torres debían estar cada una a una distancia mínima de 2 leguas y máxima de 3, de la siguiente. Una distancia menor suponía construir más torres lo que implicaba un coste más elevado. Mayor, suponía dificultades para divisar la torre anterior o posterior.

La torre diseñada por Mathé estaba pensada como fortaleza, para que en caso de guerra el enemigo tuviese la mayor dificultad para interrumpir el sistema de comunicaciones. Constaba de 3 plantas realizadas en ladrillo y mampostería, y sobre la cubierta superior, plana, se ubicaba el telégrafo. En la planta baja, cerrada al exterior, sólo aparecen unos ventanucos a modo de iluminación interior. En la segunda planta había ventanas en tres de sus lados, estando ubicada la puerta en el cuarto a unos 4 metros del suelo, a la que se accedía desde el exterior mediante una escalera de madera que se retiraba y guardaba en su interior. En la planta superior había ventanas en todos sus lados y era desde donde se manejaban los mecanismos del telégrafo situado en la de encima.

Líneas nacionales

De todo el proyecto se construyeron 3 líneas:

La línea de Castilla que iba de Madrid hasta Irún que comenzó a funcionar el 2 de octubre de 1846 y constaba de 52 torres que pasaba por Valladolid, Burgos, Vitoria y San Sebastián.

La línea de Andalucía: con 59 torres que comenzó a funcionar en 1850 pero no llegó hasta tres años después a Cádiz.

La línea Madrid-La Junquera o Catalana, que no se completó totalmente. El tramo Madrid-Valencia entró en funcionamiento en 1849, con 30 torres, y en diversos momentos funcionaron los tramos Valencia-Castellón, Barcelona-Tarragona, Barcelona-La Junquera y Tarancón-Cuenca.

Cuando en 1844 se dio el impulso necesario a la telegrafía óptica en España, ya se conocía la telegrafía eléctrica y se experimentaba en Europa desde 1840. La telegrafía eléctrica relegó a la telegrafía óptica rápidamente. En 1854 se completó la línea de telegrafía eléctrica entre Madrid e Irún, por lo que dejó de funcionar la línea equivalente de telegrafía óptica. En 1857 se desmantelaba la última línea óptica en servicio, la línea Madrid-Cádiz.

En nuestra Provincia

Así que en nuestra provincia se construyeron las correspondientes a la 3 y 4ª Sección de la línea que comunicaba la capital con Irún. Fueron las siguientes torres, todas ellas levantadas junto a las actuales carretera N-601 y N-620:

El Perruno (866 m) en Almenara de Adaja, cercana a la localidad segoviana de Fuente de Santa Cruz, del que se conserva sus cuatro lados.

El Collado o Cuesta Redonda en Olmedo de la que se conserva su esquina este y norte.

El Collado en Mojados que se utiliza para ubicar un vértice geodésico.

Boecillo, del que sólo queda el nombre de una urbanización y una calle en la localidad.

Valladolid situado en el páramo de la Cuesta de la Maruquesa, del que no quedan vestigios.

En la parte culminante del páramo veremos, cerca de algunas carreteras nacionales, hoy convertidas en autovías, unas torres que desde lejos dan la impresión de ser restos de antiguos castillos en los que sólo queda en pie la torre del homenaje. Pero en realidad nada tienen que ver con elementos defensivos, sino que pertenecieron al mundo de la comunicación, pues son antiguas torres del telégrafo óptico.

Antecedentes

Al principio, la comunicación entre personas y pueblos lejanos, se conseguía con mensajeros, cuyo desplazamiento dependía de muchos factores: lejanía del destino, estado de los caminos, guerras, fronteras, etc… Para agilizar y acortar este tiempo empezaron a utilizarse las señales ópticas. Una muy utilizada fue el humo de hogueras, aunque con la limitación de que los mensajes tenían que ser sencillos.

El clima de inestabilidad reinante a finales del siglo XVIII en Francia hace que desde la corona se financie un sistema de comunicaciones rápido y eficaz que permita mejorar el control del territorio y mantener el orden. En 1792, ya en plena I República, se da luz verde al proyecto de construcción de Claude Chappe para la primera red de telegrafía óptica, y en 1794 se transmite el primer telegrama de la Historia, desde Lille a París, a lo largo de 230 kilómetros y 22 torres.

Funcionamiento

Este sistema se basaba en la construcción de torres conectadas visualmente gracias en lugares elevados. El funcionamiento de la red comenzaba en la estación desde la que se emitía el mensaje. Se colocaba el telégrafo en una posición prefijada de alerta o de atención. Cuando la estación siguiente avistaba esta señal, colocaba su telégrafo en posición listo o preparado y el primer telégrafo sabía que podía comenzar a transmitir. Una vez que se comenzaba a transmitir, cada símbolo debía estar unos 20 segundos como mínimo en la posición para que la siguiente estación lo leyese correctamente y colocase su telégrafo en la misma posición, lo cual indicaba a la estación precedente que podía transmitir el siguiente símbolo del mensaje. En España los mensajes se enviaban cifrados según un código existente en el libro de códigos, que estaba en posesión del Comandante de Línea, que era el único autorizado a la codificación y decodificación, pues los empleados de cada una de las torres se limitaban a emitir el mensaje que habían recibido, sin saber su contenido.

Inicio en España

Este sistema fue mejorado por el ingeniero tinerfeño Agustín de Bentancourt, quien había proyectado un telégrafo óptico entre Madrid y Cádiz, aunque sólo se llegó a construir entre la capital y Aranjuez, siendo operativo en agosto de 1800. Hay que decir que Betancourt fue padre y primer director de Escuela Oficial del Cuerpo de Ingenieros de Caminos de España en 1802. Pero la crisis económica y la Guerra de la Independencia dejaron sin uso este medio de comunicación. Será en 1831 cuando se vuelva a proyectar otro sistema de telegrafía óptica entre la capital y los Reales Sitios para uso exclusivo de la Familia Real. El primero fue Madrid-Aranjuez con 4 estaciones (Torre de los Lujanes y Cerro de los Ángeles en Madrid, Cerro de Espartinas en Valdemoro y el Monte Parnaso en Aranjuez), al que siguieron en el año siguiente el que comunicaba con la Granja de San Ildefonso, y en 1834 los que comunicaron Madrid con Carabanchel Alto, San Ildefonso-Riofrío y Madrid-El Pardo.

Pero el proyecto de mayor envergadura en telegrafía óptica no llega sino cuando, quizá, ya es demasiado tarde. En 1844, por Real Decreto de 1 de marzo, se establece el marco para el nuevo trazado de telegrafía óptica en España a cargo de la Dirección General de Caminos, y siendo uno de los máximos responsables del proyecto José María Mathé Aragua. El proyecto, de titánicas dimensiones, pretendía unir Madrid con todas las capitales de provincia del territorio peninsular.

Diseño de la red

El Decreto era especialmente cuidadoso en la ubicación de las torres. Así, se prefiere que las líneas sigan las carreteras existentes para facilitar el avituallamiento de las estaciones telegráficas y, a ser posible, lo más cerca de pueblos y localidades, por la misma razón. En la medida de lo posible, debían utilizarse estructuras preexistentes para ahorrar recursos, y así se emplearon castillos, atalayas e incluso torres de iglesias. Cuando esto no era viable, habrían de construirse torres ad-hoc, todas idénticas y según el estándar fijado por Mathé, de 7 metros de lado y 12 de alto. Además, las torres debían estar cada una a una distancia mínima de 2 leguas y máxima de 3, de la siguiente. Una distancia menor suponía construir más torres lo que implicaba un coste más elevado. Mayor, suponía dificultades para divisar la torre anterior o posterior.

La torre diseñada por Mathé estaba pensada como fortaleza, para que en caso de guerra el enemigo tuviese la mayor dificultad para interrumpir el sistema de comunicaciones. Constaba de 3 plantas realizadas en ladrillo y mampostería, y sobre la cubierta superior, plana, se ubicaba el telégrafo. En la planta baja, cerrada al exterior, sólo aparecen unos ventanucos a modo de iluminación interior. En la segunda planta había ventanas en tres de sus lados, estando ubicada la puerta en el cuarto a unos 4 metros del suelo, a la que se accedía desde el exterior mediante una escalera de madera que se retiraba y guardaba en su interior. En la planta superior había ventanas en todos sus lados y era desde donde se manejaban los mecanismos del telégrafo situado en la de encima.

Líneas nacionales

De todo el proyecto se construyeron 3 líneas:

●          La línea de Castilla que iba de Madrid hasta Irún que comenzó a funcionar el 2 de octubre de 1846 y constaba de 52 torres que pasaba por Valladolid, Burgos, Vitoria y San Sebastián.

●          La línea de Andalucía: con 59 torres que comenzó a funcionar en 1850 pero no llegó hasta tres años después a Cádiz.

●          La línea Madrid-La Junquera o Catalana, que no se completó totalmente. El tramo Madrid-Valencia entró en funcionamiento en 1849, con 30 torres, y en diversos momentos funcionaron los tramos Valencia-Castellón, Barcelona-Tarragona, Barcelona-La Junquera y Tarancón-Cuenca.

Cuando en 1844 se dio el impulso necesario a la telegrafía óptica en España, ya se conocía la telegrafía eléctrica y se experimentaba en Europa desde 1840. La telegrafía eléctrica relegó a la telegrafía óptica rápidamente. En 1854 se completó la línea de telegrafía eléctrica entre Madrid e Irún, por lo que dejó de funcionar la línea equivalente de telegrafía óptica. En 1857 se desmantelaba la última línea óptica en servicio, la línea Madrid-Cádiz.

En nuestra Provincia

Así que en nuestra provincia se construyeron las correspondientes a la 3 y 4ª Sección de la línea que comunicaba la capital con Irún. Fueron las siguientes torres, todas ellas levantadas junto a las actuales carretera N-601 y N-620:

●        El Perruno (866 m) en Almenara de Adaja, cercana a la localidad segoviana de Fuente de Santa Cruz, del que se conserva sus cuatro lados.

●        El Collado o Cuesta Redonda en Olmedo de la que se conserva su esquina este y norte.

●        El Collado en Mojados que se utiliza para ubicar un vértice geodésico.

●        Boecillo, del que sólo queda el nombre de una urbanización y una calle en la localidad.

●        Valladolid situado en el páramo de la Cuesta de la Maruquesa, del que no quedan vestigios.

●        Cabezón, en el Cerro de Altamira que dominaba la población y donde estuvo situado la antigua fortaleza.

●        Frausilla, ya en las cercanías de  Dueñas (Palencia) del que se conservan sus paredes

●        Tariego en Tariego de Cerrato (Palencia)

Cabezón, en el Cerro de Altamira que dominaba la población y donde estuvo situado la antigua fortaleza.

Frausilla, ya en las cercanías de  Dueñas (Palencia) del que se conservan sus paredes

Tariego en Tariego de Cerrato (Palencia)

Corrales del Dragón

28 enero, 2011

El domingo pasado –viento fuerte y helado del NE- era el día ideal para navegar viento en popa. Dicho y hecho: a Venta de Baños en tren para volver a Pucela rodando. No es la primera vez.

Después de parar junto al Pisuerga en el puente , tomamos la cañada real Burgalesa -uno de sus muchos ramales- al poco de salir de Tariego por la carretera de Cevico de la Torre; está señalada y aun conserva buena parte de su trazado.

Primera sorpresa: los corrales del Dragón, junto a la cañada, ya en el término de Cevico. Curiosísimos. Un chozo de buen porte, con entrada desde el exterior de los corrales, y otro dentro del recinto, de peculiar construcción que consta de dos chozos circulares unidos mediante una galería o corredor, todo en piedra caliza, claro. La puerta, alta y hacia el sur, con un hueco  encima para iluminar el recinto. Ni al entrar ni al circular dentro es preciso agacharse. Lo del Dragón debe ser porque la disposición de este chozo recuerda esa figura (la puerta, la boca; el corredor, el cuello fuerte; el chozo-cámara, el cuerpo; las piedras, las grandes escamas, y está como agazapado esperando caer sobre una supuesta presa…). Después de ver centenares de chozos en esta comarca y en las limítrofes, ninguno como éste. Más bien, nos trae a la memoria la planta del sepulcro de los Zumacales en Simancas y otras construcciones megalíticas españolas. Se encuentra sobre el páramo, cerca del cerral.  Es una pena, pues está empezando a caerse. El dueño (?) o el ayuntamiento de Cevico deberían conservar esta joya y declararlo monumento pastoril. O algo así.

Cerca, sobre el mismo páramo, pudimos ver otros dos chozos, el primero a doscientos metros de la cañada, antes de salir del término de Tariego y en ruinas, y el segundo en el pico del Águila, antes de descender al valle, en buen estado y con el corral en uso.

El resto del viaje tuvo menos sorpresas: bajada por un despeñadero al valle de Cevico, subida entre robles al páramo de los Infantes, charcos helados, descenso entre el Condutero y la Mambla, visita a la iglesia ¡de planta exagonal y recién restaurada! de Valoria la Buena, que estaba abierta por ser domingo; bocadillo en las peñas de Gozón viendo sobrevolar halcones a nuestros pies y rodada rápida por la sirga del canal hasta Valladolid. ¡Brrr qué frío!

 

El domingo pasado –viento fuerte y helado del NE- era el día ideal para navegar viento en popa. Dicho y hecho: a Venta de Baños en tren para volver a Pucela rodando.

 

Después de para junto al Pisuerga en el puente de Tariego, tomamos la cañada real burgalesa, que aun conserva buena parte de su trazado. (se coge en la carretera de Cevico de la Torre).

 

Primera sorpresa: los corrales del Dragón, junto a la cañada, ya en el término de Cevico. Curiosísimos. Un chozo de buen porte, con entrada desde el exterior de los corrales, y otro dentro del recinto, de peculiar construcción que consta de dos chozos unidos mediante una galería o corredor, todo en piedra caliza, claro. La puerta, alta y hacia el sur, con una especie de hueco o ventana encima para iluminar el recinto. Ni al entrar ni al circular por el interior es preciso agacharse. Lo del Dragón debe ser porque la disposición de este chozo recuerda la figura de un dragón (la puerta, la boca; el corredor, el cuello fuerte; el chozo-cámara, el cuerpo; las piedras, las grandes escamas, y está como agazapado esperando caer sobre su presa…). Después de ver centenares de chozos en esta comarca y en las próximas, ninguno como éste. Más bien, nos trae a la memoria la planta de los Zumacales en Simancas y de otras construcciones megalíticas españolas. Se encuentra sobre el páramo, cerca del cerral  Es una pena, pues está empezando a caerse. El dueño (?) o el ayuntamiento de Cevico debería conservar esta joya y declararlo monumento pastoril. O algo así.

 

El domingo pasado –viento fuerte y helado del NE- era el día ideal para navegar viento en popa. Dicho y hecho: a Venta de Baños en tren para volver a Pucela rodando.

Después de para junto al Pisuerga en el puente de Tariego, tomamos la cañada real burgalesa, que aun conserva buena parte de su trazado. (se coge en la carretera de Cevico de la Torre).

Primera sorpresa: los corrales del Dragón, junto a la cañada, ya en el término de Cevico. Curiosísimos. Un chozo de buen porte, con entrada desde el exterior de los corrales, y otro dentro del recinto, de peculiar construcción que consta de dos chozos unidos mediante una galería o corredor, todo en piedra caliza, claro. La puerta, alta y hacia el sur, con una especie de hueco o ventana encima para iluminar el recinto. Ni al entrar ni al circular por el interior es preciso agacharse. Lo del Dragón debe ser porque la disposición de este chozo recuerda la figura de un dragón (la puerta, la boca; el corredor, el cuello fuerte; el chozo-cámara, el cuerpo; las piedras, las grandes escamas, y está como agazapado esperando caer sobre su presa…). Después de ver centenares de chozos en esta comarca y en las próximas, ninguno como éste. Más bien, nos trae a la memoria la planta de los Zumacales en Simancas y de otras construcciones megalíticas españolas. Se encuentra sobre el páramo, cerca del cerral  Es una pena, pues está empezando a caerse. El dueño (?) o el ayuntamiento de Cevico debería conservar esta joya y declararlo monumento pastoril. O algo así.

Cerca, sobre el mismo páramo, pudimos ver otros dos chozos, el primero a doscientos metros de la cañada, antes de salir del término Tariego y en ruinas, y el segundo en el pico del Águila, antes de descender al valle y con el corral en uso.

El resto del viaje tuvo menos sorpresas: bajada en directo al valle de Cevico, subida al entre robles al páramo de los Infantes, descenso entre el Condutero y la Mambla, visita a la iglesia ¡de planta exagonal y recién restaurada! de Valoria la Buena, que estaba abierta por ser domingo; bocadillo en los altos de Gozón viendo sobrevolar halcones a nuestros pies y rodada rápida por la sirga del canal hasta Valladolid. ¡Brrr qué frío!

Cerca, sobre el mismo páramo, pudimos ver otros dos chozos, el primero a doscientos metros de la cañada, antes de salir del término Tariego y en ruinas, y el segundo en el pico del Águila, antes de descender al valle y con el corral en uso.

 

El resto del viaje tuvo menos sorpresas: bajada en directo al valle de Cevico, subida al entre robles al páramo de los Infantes, descenso entre el Condutero y la Mambla, visita a la iglesia ¡de planta exagonal y recién restaurada! de Valoria la Buena, que estaba abierta por ser domingo; bocadillo en los altos de Gozón viendo sobrevolar halcones a nuestros pies y rodada rápida por la sirga del canal hasta Valladolid. ¡Brrr qué frío!

De Venta de Baños a Valladolid por valles y cerratos

16 marzo, 2010


Esta es otra de las distintas posibilidades que nos ofrece el tren combinado con la bici. Ya hemos contado la excursión al monte de Dueñas con vuelta en ferrocarril, por no hablar de la de Medina del Campo. Ahora nos vamos a referir al trayecto desde Venta de Baños a Valladolid, después de llegar en el regional que parte a las 9,35 de la estación Campo Grande.

Esta ruta nos ofrece la posibilidad de ir saltando hasta tres páramos o cerratos distintos, con lo que eso supone para las piernas del ciclista. O sea, una llegada a Pucela un tanto cansada. Pero no mucho, si hemos sabido elegir el día de viento. Y bastante contenta.

Después de salir de Venta de Baños, (también podemos pasar junto a la basílica visigótica de Baños de Cerrato, con su fresca fuente igualmente medieval) Tariego nos descubre, además de sus bodegas, la alianza que existe entre el Pisuerga y los páramos, pues aquí les lame, mece y da forma. ¿Hubieran sido lo que son si él?  Más tarde los volveremos a contemplarlos juntos.

Cruzamos el puente y el río salta antes una pesquera, dando frescor a toda una ribera poblada de sauces, álamos y chopos. Después, dejando atrás Tariego con su torre, sus  bodegas y sus empinadas calles, nos adentramos en el Cerrato. Y, a pesar de la cercanía a ese nudo de comunicaciones que es Venta de Baños, nos parece estar en lo más profundo de la comarca: encinas, alguna mata de roble, lavandas, vallejos perdidos, senderos, chozos de pastor… lugares, en fin, donde los recovecos del paisaje no tienen nada que ver con el gran corredor Valladolid-Burgos. Casi hasta nos podríamos perder.

El primer páramo al que subimos nos descubre un inesperado sendero junto a su canto que nos va mostrando anchos horizontes, laderas descarnadas, vallejos, montes… Podemos estudiarlo con detenimiento o bien bajar sin llegar a él -desde el puertecillo entre cerros por el que nos conduce el camino- hacia el valle del arroyo Madrazo, que pasa por Cevico de la Torre. Y otra vez a subir entre laderas tendidas y maleza fresca para descubrir el páramo de los Infantes,con un cielo que parece lo vamos a tocar con sólo extender el brazo. Y con densos pinares de repoblación.

La nueva bajada, suave y larga, nos  empuja después de pasar junto a dos viejos chozos pastoriles hasta Valoria la Buena. Valoria es como para perderse; como para realizar una excursión ciclista de varios días de duración: las bodegas con su fuente y prado, los restos de la ermita y molino de la Galleta, los distintos chozos y montes, el mirador del pico del Águila y otros muchos, la ribera del río…

Pero nos vamos otra vez ¡a subir la cuesta! hasta lo alto del páramo. En la granja Hernani ya estamos en el término de San Martín. Hemos de bajar enseguida pero, si tuviéramos más tiempo, yendo hacia la izquerda nos perdemos en un bosque de roble y encina bastante denso; hacia la derecha nos plantaríamos en un despejado cerral, ideal para contemplar los valles de Valvení y del Pisuerga…

Pero bajamos hasta San Martín, para descansar y repostar un poco.  En la próxima entrada hablaremos algo de este lugar y de la penúltima etapa del recorrido: las peñas de Gozón.