Carrecastro

Ya dimos hace tiempo un paseo por Carrecastro, ese cerro que se desprende del páramo de los Torozos a uno dos kilómetros de Tordesillas, dejando a Velilla atrapada entre las dos alturas. Pero, desde entonces, ha cambiado su fisonomía pues le han nacido cuatro molinos en su superficie. Si el paisaje del páramo cambia cuando lo siembran de molinos, imagínate el de una superficie de menos de un kilómetro cuadrado con cuatro de esos gigantes… Ya no será nunca el mismo. El viejo cerro de Carrescastro es otra cosa, producto de ese curioso progreso que cierra nucleares y térmicas, aumenta hasta límites insospechados el precio de la luz y deja inmensas cagadonas con aspas por toda nuestra geografía. Y me temo que nos vamos a tener que acostumbrar, pues se han aliado políticos, ecologistas y grandes empresas contra el resto, o sea, contra el ciudadano medio.

Bajo los pinos, desde Villavieja

Bueno, también lo pasan mal las aves, que no tienen ninguna culpa. En este paseo vi cómo un milano rojo cruzaba –jugándose el cuello- entre dos aspas en movimiento.

Villavieja

Recorrí el sendero que, a modo de corona, discurre por el bocacerral. También ha cambiado algo, pues en la zona sur, donde es un verdadero sendero por su estrechez, se ha tornado intransitable debido al crecimiento de las ramas de los pinos. En el resto, siendo más ancho, está cubierto de abundante hierba verde, supongo que será debido a la estación. En uno de los pasos me topé con tres tímidos corzos. En la ladera sus pude ver una cueva abierta entre yesos y calizas. También hemos perdido algo de vistas por el crecimiento de los pinos carrasqueños; a pesar de todo sigue siendo un excelente mirador de Tordesillas, el  valle del Duero –al fondo, el perfil de Serrada y alguna torre de Rueda-  y la llanura toresana.

Matilla al fondo

Me acerqué a Velilla y a Villavieja –hay buenos caminos- para seguir observando los cerros y páramos en los que muere Torozos. Todo está verde, con el cereal empezando a crecer y con  algunos pinarillos especialmente relucientes por el viento, el sol y el agua caída. Aunque estamos en invierno, parecía haber llegado la primavera pues se cumplía al pie de la letra aquella poesía de Machado:

Lluvia y sol. Ya se oscurece
el campo, ya se ilumina;
allí un cerro desparece,
allá surge una colina

Hacia el norte. Lo primero que destaca son los «huertos solares»

Carrecastro sigue guardando –bien enterrado, eso sí- el castro que le dio nombre…  Ya no pasa la cañada leonesa por su falda este, ni la colada de Toro por la  norte, aunque ahora sus vargas están cubiertas de pinos. Sigue siendo la avanzadilla del páramo que quiere asomarse al Duero…  y, desde hace algo más de un año es, además, una plataforma que arrebata a los vientos su energía. A este paso,  ¿cómo se verá cuando pasen unos pocos siglos?

Otras aceñas rotas

Pues la desolada imagen de las aceñas de la Peña se repite. Si pasas por el puente de Tordesillas verás que la pesquera de las aceñas del Postigo está más rota que nunca. La verdad es que siempre lo estuvo, en los últimos años, pero ahora más, ahora son montones de piedra entre los que pasa la corriente del Duero siguiendo la línea de la ya imaginaria pesquera. Eso ha hecho que en la playa de la orilla izquiercda cubra menos. De alguna forma, el paisaje se ha modificado con esta medida.

Pesquera (!) del Postigo

Pero la pesquera de Zofraguilla también ha cambiado. Y mucho. Se ha hecho lo mismo, alguien ha roto la pesquera y el aguapasa por tres o cutro zonas. Por encima de la pesquera, el agua ha bajado de nivel y sobre el dique ya no corre el agua, de manera que se ha llenado de vegetación, como puede apreciarse en las fotografías de más abajo.

«Boquete» en Zofraguilla

¿Por qué? No será por facilitar la subida de los peces, que antes lo hacían igual que ahora. ¿Tal vez por la presión ecologista sobre las presas? Pero los ecologistas, hasta donde puedo saber, estaban en contra de las grandes presas que no dejan llegar salmones, anguilas y lampreas a Castilla. Mientras las aceñas -cons sus pesqueras- funcionaron, aquí teníamos esos peces marinos. ¿Entonces…?

Como ya no pasa el agua, buen sitio para establecerse arbustos. (Zofraguilla)

Las aceñas de Osluga y de la Moraleja hace muchos años que están rotas… Y seguimos perdiendo patrimonio histórico y, en este caso, industrial.

Entre el Duero y el pinar de la Nava

Aunque estamos en pleno mes de julio, el día anterior a esta excursión había diluviado, de manera que era preciso rodar por un terreno más o menos arenoso para escapar del barro y diseñamos mentalmente la ruta Tordesillas-Pollos-Pinar de la Nava. Además, luego comprobamos que ese mismo día había vuelto a llover en casi todo el resto de la provincia: Torozos, Cerrato, Peñafiel, Pinares… ¡Nos habíamos librado de una buena!

Cruzamos hacia el sur el puente y, por el arenal de la Marota, nos acercamos a las aceñas de Zofraguilla. El río venía muy bajo y el paisaje desprendía esa luminosidad transparente típica del día después del temporal. Al pasar junto al Caserío de Trigos los perros nos saludan y nos acompañan ladrando unos cuantos metros; nos acordamos de Óscar. Al poco estábamos en Herreros, que también tuvo sus aceñas y hoy posee una centralita eléctrica. Los campos están encharcados y las cubiertas de las bicis se pegaban más de la cuenta al terreno, cosa que casi no hemos experimentado esta temporada. Más tarde veríamos anegados algunos majuelos.

Aguas abajo de Tordesillas

El camino nos lleva por el Caserío del Villar hasta rozar la ribera. Notamos que por aquí está limpia hasta que vemos un rebaño de ovejas haciendo ese trabajo. Hay varios en Pollos, y también una quesería que elabora un buen queso de oveja. En la iglesia de San Nicolás nos situamos justo debajo de su torre, cosa que nada fácil de hacer en otras muchas por el exterior.

Tomamos ahora el camino de los Evanes pero nos desviamos al llegar a la vía por un sendero que nos lleva a la fuente del arroyo o regato Valdecabras. Hoy es una fuente artificial, con depósito de agua, pero tiene unos inmensos y acogedores sauces que preservan del sol al sufrido caminante o rodador. Aquí el ferrocarril ha dejado un túnel al arroyo que hemos aprovechado nosotros. Si al norte está la fuente, al sur se sitúa una tupida y fresca alameda. Llama la atención este paraje tan verde y húmedo en unos campos ya agostados por el calor y la persistente ausencia de lluvias.

Fuente de Valdecabras

Seguimos el regato hasta llegar a las inmediaciones del Cortijo de Dª Manuela. No sabemos quién sería esta señora pero el cortijo iba bien servido: manantiales con álamos e inmensos sauces, charca, noria y balsa para la huerta, manzanos, cerezos, perales, nogales, y la casa con sus corrales. Hoy todo abandonado; una pena.

En la antigua Estación o apeadero de Pollos todo está igualmente abandonado. La estación y casa, el almacén, el pozo y el depósito, la dársena… Una estación fantasma si no fuera porque la vía sigue utilizándose, aunque no demasiado.

Charco en el majuelo

Con algo parecido nos topamos también en la Casa del Cura, ya en el término de la Nava y cerca del Pinar. Como este término es enorme, abundaron antaño las casas de labranza para atender las labores del campo. Hoy casi todas en ruina, pues diez kilómetros se hacen en un santiamén en cualquier vehículo motorizado. De hecho es lo que nos cuenta un pastor que tiene por aquí el encerradero de sus ovejas, y viene en moto (y alguna vez en bici). Como el tejado no está mal, esta casa se conserva relativamente bien, salvo sus corrales. Reponemos fuerzas sentados en el poyo junto a la puerta, que para eso está, contemplando el paisaje que se extiende hacia el noroeste. La cercana Casa del Bernardillo –a la que se accedía por un hermoso camino almendrado– fue demolida hace unos años.

En el pinar

Bueno, pues ya sólo nos queda rodar un poco por el Pinar. Nos dejamos llevar por la cañada de Pajares, que lo atraviesa en su parte norte hasta distinguir a lo lejos el pueblo blanco de Foncastín, en la ladera que baja hacia el Zapardiel. Los pinos son relativamente jóvenes, como si el pinar se hubiera talado por completo hace unos años, al menos en esta zona. Volvemos hacia el este hasta la casa forestal: han reducido a escombros la mayor parte de las construcciones pero han reforzado la casa principal. Este es uno de los puntos del pinar donde el arbolado es viejo y, por tanto, alto y con buenas copas, y se extiende hacia el noroeste.

En los Cuatro Caminos nos dirigimos hacia el norte por un sendero que se funde con el suelo del monte y, al llegar al canal de Pollos nos vamos por su vera hacia Tordesillas. En esta zona el pinar termina en la autovía o bien en los prados, siempre verdes, que  rodean la casa de los Abonales donde además de las vacas, pasta un numeroso grupo de cigueñas.

Prados para cigüeñas

Mientras contemplamos las aceñas del puente, en Tordesillas, nos caen unas tímidas gotas: parece que -al menos hoy- hemos elegido bien el momento y el lugar.

 

El pozo de San Juan

Pervive en Tordesillas el edificio de la iglesia de San Juan Bautista, que fuera parroquia hasta finales del s. XIX para entonces agregarse a la de Santa María. Se levanta en un lugar estratégico, justo en el espigón de peña que mira hacia el suroeste, bien elevado sobre el Duero, de tal manera que su entrada norte está al nivel del otero pero su entrada sur necesita ya escaleras.

Torre de San Juan (i)
Torre de San Juan (i)

Su origen se pierde en la noche de los tiempos, seguramente se remonte al siglo XI, cuando Tordesillas tenía ya 6 parroquias, aunque fue totalmente reconstruida en el s. XVI y reformada posteriormente. Su planta, con dos naves,  es un tanto irregular, y el material empleado en la construcción muy variado: piedra de sillería, mampuesto, ladrillo y tapial. Sería, pues, la típica iglesia castellana sencilla y normal.

La sorpresa

Pero guarda una sorpresa al visitante que se acerque: un pozo a los pies de la nave principal, ya en el coro bajo que levanta un peldaño, cerca del muro norte. Sí, un pozo con su brocal muy desgastado de dos piezas de peña o caliza blanda y actualmente con agua, según comprobamos. Además, los vecinos de Tordesillas lo tienen por muy profundo, y lo es, pues está en lo alto del otero.

Aspecto del brocal (protegido ahora por una reja para evitar accidentes)
Aspecto del brocal (protegido ahora por una reja para evitar accidentes)

No es muy corriente un pozo así en una iglesia, salvo en algunas ermitas de la Virgen, como la Soterraña de Olmedo pero el pozo está fuera de la nave propiamente dicha, o la palentina cripta de San Antolín, donde le pozo se encuentra varios metros bajo tierra, como formando parte de la propia cripta. El pozo de la Salud, de la ermita de San Roque de Medina del Campo está al exterior, compartiendo muro con la ermita. El pozo, en fin, de Nuestra Señora de Tiedra Vieja se encuentra fuera de la nave de la ermita, en el patio.

Por otra parte, este pozo parece muy antiguo, seguramente se construyó antes que la actual iglesia, tal vez al mismo tiempo que la inicial o incluso antes. No parece que sea cómodo horadar un agujero de esas características construida ya la iglesia. Tiene, por tanto, un poco de misterio.

"Pozo" de la Soterraña
«Pozo» de la Soterraña (Olmedo)

Poco más podríamos decir, pues para las guías turísticas al uso o monumentales, el pozo ¡no existe! Precisamente por eso se escribe esta entrada. Y porque forma parte del paisaje de la vieja Tordesillas, para que no sea el pozo del olvido.

El agua y las mañanitas de San Juan

Pero la iglesia está dedicada a San Juan Bautista, santo al que se venera como el Precursor de Jesucristo y, por ello, de la Vida que todo lo fecunda. Su nacimiento se celebra el 24 de junio –la noche de San Juan- y hay un sinfín de tradiciones y ritos –litúrgicos y sobre todo populares- asociados a ese agua que da la vida.

Detalle del brocal
Vista lateral

De hecho en Ain Karen, cerca de Jerusalén, se conserva un Manantial de la Virgen junto al que, según la tradición, tuvo lugar el encuentro entre la Virgen María y la madre de San Juan, ésta con el santo en su vientre. Los peregrinos suelen beber de sus aguas. Y San Juan nacería poco después junto a este mismo manantial para luego dedicarse a bautizar, o sea, a regenerar por el agua.

Las aguas de San Juan  produjeron también, en Baños de Cerrato, la curación de los males renales del rey Chindasvinto, que construyó el templo dedicado al Bautista. Y hay costumbres referidas al agua que, precisamente esa noche, sana al que se baña en el río y purifica a quien se lava la cara y las manos. Son muchas las canciones tradiciones que cuentan las propiedades del agua, que esa mañana ayuda en casamientos y facilita embarazos:

Mañanita de San Juan,
cuando el árbol floreaba,
iba la Virgen  María,
por una fuente sagrada
(…/…)
con un libro en las sus manos
dio la bendición al agua:
-Bienvenida la doncella
que viniese aquí por agua
que si del agua bebiese
muy pronto será casada

Por tanto, seguramente la gente vendría a este pozo a por agua –para beberla y guardarla en casa- en la madrugada de San Juan, el día 24 de junio. Pues es claro que el pozo no está de adorno, sino desgastado por el uso. Pero es una pena no saber nada de estas posibles costumbres. Tal vez el Cronista oficial de la Villa podría intentar aclarar este misterio a través de los archivos parroquiales y redescubrirnos así viejas tradiciones.

Curiosas coincidencias

Otro aspecto singular de esta iglesia es que ahora, ya restaurado el edificio, está dedicada a promover la defensa de la vida humana, precisamente en el vientre de las embarazadas. ¡Qué casualidad! Desde luego, los de este Centro Internacional para la Defensa de la Vida Humana –CIDEVIDA- no podían haber elegido lugar mejor, aunque no creo que lo hayan hecho a propósito.

Detalle del interior de San Juan
Detalle del interior de San Juan

Por otra parte, la iglesia posee una serie de pinturas murales recientemente restauradas, como el edificio mismo. Destaca la ingenua y colorista personificación de las Bienaventuranzas en la bóveda de la capilla mayor. Antaño tanto el coro bajo como el alto –la tribuna- tuvieron diferentes puertas y ventanas a través de las cuales las vecinas monjas Comendadoras de San Juan Bautista de Jerusalén asistía a las celebraciones litúrgicas.  Curiosamente esta comunidad, cuyo patrón es San Juan, nació en Tordesillas fundada por Isabel García, La Emparedada, en el siglo XV.

Otra coincidencia es que su retablo principal se encuentra ahora acompañando a la Patrona de Valladolid. Aquí figuraba una Virgen de la Encarnación –que curiosamente también tiene que ver con la gestación, tanto humana como divina-, pero la representación del Bautismo del Señor la contemplamos ahora en el retablo de la iglesia de San Lorenzo, en Valladolid. Y la de San Lorenzo era la Virgen de los Aguadores… (!)

Portada sur
Portada sur

Si nos trasladamos a la capilla de la Vulnerata en el Colegio de San Albano o de los Ingleses de Valladolid, veremos que  posee también un pozo en su interior. Ya antes del Colegio, parece que hubo aquí –o muy cerca- una iglesia templaria dedicada a San Juan. ¿Procedería de entonces el pozo?  Claro que tal vez pueda deberse a que San Albano –cuya fiesta se celebra, por cierto, el 22 de junio, muy cerca de San Juan- está (¡también!) particularmente relacionado con el agua, pues poco antes de ser martirizado abrió un manantial ante sus verdugos. Por si fuera poco, tal pozo muestra en el brocal esta inquietante leyenda: Puteus vetus et sacrarium antiquum aediculae, o sea, Viejo pozo y antigua cámara secreta de la capilla. Ya se ve que un simple pozo en lugar sagrado puede dar para mucho…

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Exteriores

Nuestra visita bien puede terminar con un paseo por la calle Bellas Vistas, a la que da la puerta del sur, desde donde contemplamos el esplendor del Duero con su puente y sus viejas aceñas. Desde esta calle puede accederse a lo que fue vivienda del sacristán –que tenía una pequeña huerta entre la puerta de su casa y la de la iglesia, y que regaría gracias al pozo–  y desde ella, a la potente torre-espadaña, lo más noble de la iglesia, que destaca en el perfil de la Villa desde la otra ribera.

Casas sobre la peña
Casas sobre la peña

Un poco más abajo nos llamarán la atención los restos de las casas que se levantan directamente sobre la peña, siendo los muros de aquellas la continuación de ésta. Y más abajo aun veremos que la peña rezuma a veces agua; incluso hay una fuente…   pero de las conectadas a la red municipal de agua.

Nota.- Al contemplar el pozo de San Juan no pensé que habría un ovillo por desliar. Después de escribir estas líneas creo que el tema da para un estudio amplio y profundo, pero hay que dejárselo a los expertos.

Nota 2.- La iglesia de San Cebrián de Mazote -seguramente la más antigua de toda la provincia- también tenía un pozo a los pies, en el segundo ábside mozárabe. Según Joaquín Diaz en su Álbum de Valladolid, sobre él se pasaba a los niños herniados la noche de San Juan para curarles de su dolencia. (28.09.16)

Nota 3.- A través de un amigo común, me llegan dos comentarios del cronista oficial de Tordesillas:

  • Que en todas las iglesias de la villa hay o ha habido un pozo, necesario tanto para las obras iniciales del propio edificio como para las de mantenimiento del mismo, lo cual no impide que en el transcurso del tiempo, la aparición y desarrollo de ciertas manifestaciones litúrgicas y devoción, fueran asociándose la necesidad o existencia de un pozo a ellas.  
  • Que el pozo de la iglesia de san Juan, también aparece asociado a ciertas tradiciones, -leyendas urbanas- sobre bodegas y pasadizos secretos que cruzan, en todas las direcciones, el subsuelo de la villa. Pero la de este pozo va un poco más allá de la mera leyenda, pues (él) ha comprobado corrientes de aire tanto en la superficie del agua, como a la altura normal del suelo o del brocal, lo que puede suponer la realidad de un conducto hacia o desde…   La leyenda habla de una comunicación subterránea, túnel si se quiere, desde el pozo hasta un lugar indeterminado del llamado mirador del palacio, cosa que no se da con el resto de los pozos en edificios religiosos. (4.10.16)

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La Peña

La pesquera, que dirige el agua hacia las aceñas
La pesquera, que eleva y dirige el agua hacia las aceñas

Los ríos y arroyos suelen crear lugares apacibles, poéticos e incluso mágicos, ideales para descansar tras una semana de duro trabajo. Los clásicos bien lo expresaron:

Oh campo, oh monte, oh río!
¡Oh secreto seguro deleitoso!
roto casi el navío,
a vuestro almo reposo

Uno de esos lugares, uno de los muchos que tenemos aquí, está en la Peña, a unos 3 kilómetros de Tordesillas siguiendo el Duero aguas arriba por la orilla izquierda. Hoy nos encontramos las ruinas de unas aceñas, industrioso castillo que trasformaba el grano en harina; también tenemos una perdida playa de cantos rodados a la sombra de álamos enormes. Allí, ante la fuerza de la corriente del Duero y ocultos entre los altos árboles podemos ser espectadores que pasamos desapercibidos ante el discurrir del Duero. Sólo tenemos que escuchar el murmullo de las aguas, el piar de los pájaros y contemplar el continuo cruzar de garzas y martines pescadores y el boquear de las carpas.

Vista de uno de los espaldones
El cuerpo más alejado de la orilla muestra su espaldón

A las aceñas bajamos por un sendero no muy accesible, pero no hay otra posibilidad. Nos conduce a una valla de piedra que salva la pequeña reguera a la que hemos bajado; pisamos sobre la valla y llegamos al cuerpo de la aceña. A la derecha vemos la pared de peña y los restos de la canal por donde se bajaba el grano y se subía la harina con la ayuda de las correspondientes poleas.

Tajamares
Delante, los tajamares cortan la corriente

La aceña consta de tres cuerpos, con sus correspondientes tajamares, tremendamente afilados, y espaldones con suaves escalones. En los puentes se situaban los molinos y otras máquinas accesorias para la molienda. Los cuerpos no son simétricos, ni iguales. Eso le da un mayor encanto y poesía al lugar. Pasamos por ellos a través de arcos también desiguales (como los cárcavos), más desiguales ahora, si cabe, pues se observa que la fuerza del agua en las crecidas y los álamos surgidos entre los mismos sillares, han conseguido mover con su fuerza ciclópea este gigante de piedra.

Desde arriba
Desde arriba

Vemos también la presa, en la que crecen algunos árboles, y el canal que dirige el agua a las aceñas.

El espectáculo se completa si nos acercamos –por arriba- a las ruinas de la casa de la Peña, en barro, casi totalmente destruida. Desde el borde –ojo con los desprendimientos y caídas- vemos otra perspectiva del conjunto, de la planta diríamos, pues la cubierta ha desaparecido por completo, y de la pesquera que cruza el Duero.

Canal
Canal

Terminamos acercándonos a la ermita, verdadero santuario, de la Virgen de la Peña, donde se venera esta imagen desde hace siglos, patrona de la Villa y Tierra de Tordesillas. Antes de que este lugar perteneciera a Tordesillas, estuvo bajo la jurisdicción de Medina del Campo; incluso hubo un poblado, hoy desaparecido.

Vista de Tordesillas desde la terraza del Duero
Vista de Tordesillas desde la terraza del Duero

Junto al santuario está el caserío de la Peña, explotación agrícola y ganadera que se extiende hacia el término de La Seca. Frente al mismo santuario sale un camino que nos conduce hasta Villanueva de Duero.

Por los alrededores vemos montes de encina y una primera terraza del Duero, desde donde podemos contemplar una bella estampa de esa Villa.

Virgen de la Peña
Virgen de la Peña

Cerro Carrecastro, entre Tordesillas y Velilla

Sendero

El páramo de los Torozos se deshace por el sur al intentar llegar a Tordesillas. Sí, se deshace en tres cerros aislados ya del páramo: Valdelamadre, Carrescastro y San Juan, este último junto a Villavieja del Cerro. Unos pocos kilómetros más abajo, el Duero corta definitivamente las estribaciones de esta paramera, si bien seguirá un poco más hacia el oeste, con los últimos cerros de Tiedra, Casasola y Pedrosa. Se trata, pues, de un paisaje distinto con elevaciones aisladas, después de cientos de kilómetros cuadrados de puro ras.

El cerro Carrecastro o Carricastro tiene una posición privilegiada –como también el de San Juan, si bien éste más pequeño- y por eso se asentó sobre él un poblado prerromano; se han encontrado puñales y hachas de de la Edad del Bronce que podemos ver en el museo arqueológico provincial. Ahora hay una torre de vigilancia contra incendios forestales.

Velilla
Velilla

Este cerro esconde una reciente sorpresa: alguien –un tordesillano, al parecer aficionado al senderismo y a la montaña- ha trazado un sendero que rodea la cima del cerro. Curiosamente, el Carrecastro tiene una especie de plataforma diseñada unos 15 o 20 metros por debajo de casi todo el canto. No sé si se preparó para facilitar los trabajos de repoblación con el pino o es anterior. Pero lo cierto es que ahí está. Algunas flechas amarillas, hitos como los que señalan caminos de montaña, hileras de piedras, e incluso escalones impiden que nos desviemos del camino. Todo un trabajo de ingeniería menor que se agradece, sobre todo cuando vas por primera vez.

Por la línea roja discurre el sendero
Por la línea roja discurre el sendero

De manera que se va dando la vuelta al cerro por la parte más alta de la ladera -la varga- con lo que resulta un paisaje dominador e impresionante. Además de distinguir Villavieja, Velilla, Matilla, Pedroso de la Abadesa, San Miguel del Pino o Tordesillas a vista de pájaro, se contempla la cadena de cerros en los que termina el páramo de los Torozos, la terraza de la orilla izquierda del Duero con las torres de Serrada, Matapozuelos, Ventosa de la Cuesta, Pozaldez, Rodilana, los antiguos cauces del Adaja y Voltoya, el cerro de la Cuesta en Olmedo, la inmensa llanura del Duero… Vamos, que merece la pena dar un paseo por aquí aunque sólo sea por disfrutar de este panorama circular.

Matilla de los Caños
Matilla de los Caños

El recorrido completo es de algo más de 3,5 km, con ligeras subidas y bajadas. La plataforma desaparece en el extremo sur del cerro, donde hay que subir hasta la cima para continuar durante unos metros al lado de la torre de vigilancia y del vértice geodésico. Al Este pasa la cañada real leonesa, al oeste cruza la carretera de Tordesillas a Velilla y al norte la de esta localidad a Matilla. El acceso más sencillo es por esta carretera, pues de ella sale un buen camino que pasa junto a unas naves ganaderas para subir al cerro. También se puede acceder por el depósito de agua del Este e incluso por un sendero pindio que sale cruzando una cinta de Pinal al sur; éste se toma por un camino que viene de la carretera de Tordesillas.

El cerro de San Juan. Delante, Villavieja
El cerro de San Juan. Delante, Villavieja

Lo suyo es hacer el recorrido caminando, para ir contemplando el paisaje al ritmo adecuado. Además, en el tramo más al sur habría que llevar la bici al hombro.

Hito
Hito