Posts Tagged ‘Torozos’

Monte Curto

18 junio, 2016

Monte Curto(1)Alrededor del monasterio de la Santa Espina se extiende una gran mancha de monte de encina y roble perteneciente a los denominados Montes Torozos, que en otro tiempo cubrían todo el páramo. Pues bien, el extremo norte de esa mancha, que pertenece al término municipal de Villabrágima, es el denominado monte Curto. Creí que estaría vallado y, por tanto, inaccesible al ciclista o caminante, pero no lo está, o no lo está en exceso. De hecho sólo hay dos fincas valladas dedicadas al ganado vacuno, en el extremo próximo a Castromonte y nada más, que hayamos apreciado. Parece, pues, un monte de utilidad pública o común de propiedad municipal.

Cerca de Castromonte

Cerca de Castromonte

Hay caza: jabalíes, corzos, zorros. Y, por supuesto, conejos y torcaces. En las lindes, liebres y perdices. Pero no vimos nada. La tarde parecía muerta en el aspecto cinegético. Casi mejor así porque, como esta vez iba solo, mejor no encontrarse enfrente un jabalí de cien kilos. Más de una vez cazó por aquí Miguel Delibes; y una de ellas se perdió. También cuenta que en este arcabuco los conejos lo tienen muy fácil para esconderse y, si se dejan ver, atraviesan los estrechos pasillos sin dar ocasión al disparo…

No abundan los grandes robles

No abundan los grandes robles

El monte y la tarde estaban hermosos. El cielo, azul con nubes altas y blancas. El aire, en suave brisa. El tapiz del suelo, verde y salpicado de millones de flores de todos los colores. Sin duda, ganaba por goleada la humilde coronilla  pero también abundaba la tamarilla o el té de monte. Me llamó la atención un buen grupo de adormideras, esa flor como la amapola pero azul y más alta. O sea, opio. Y en alguna zona umbría, bonitos y sencillos ejemplares de lirio español.

Caminito

Caminito

Parecía un monte recién estrenado, con el suelo rociado de esmalte multicolor, los robles jóvenes y semidesnudos, pocas encinas, la luz colándose por todas partes y la brisa agitándolo todo delicadamente. Si bien este monte, milenario, podría estar poblado de enormes y –por tanto- sombríos robles y oscuras encinas.

Los caminos, con el excelente firme del páramo en las zonas que aflora la caliza. Y, sobre la mayoría de los bogales, una fina capa de tierra roja. Se rodaba muy a gusto. Unos caminos eran pistas relativamente anchas pero lo otros, más abundantes, eran caminitos con dos roderas y en el medio una cinta de hierba con flores, al igual que el resto del suelo del bosque. Como dos senderos paralelos.

Villabrágima

Villabrágima

Cuando me quise dar cuenta estaba frente al cerro de Pilatos y con Villabrágima al fondo. Acabé bajando por una senda en el lugar denominado Fuente del Montanero (ni había fuente ni creo que quede ya montanero en el monte). La senda se acabó pero acabé dando con un camino enyerbado que me sacó a otro normalito.

Últimas carrascas

Últimas matas

Empecé a dar la vuelta pasando por el cerro Pajares y sus señaladas cárcavas y de nuevo subí al páramo, tomando ahora la dirección del lugar que llaman Garinos los de Castromonte, en dirección hacia Valverde de Campos. Es una hondonada donde se inicia el valle del Pico. Y de vuelta a Castromonte, donde entré utilizando el camino de Santiago.

Hemos recorrido unos 30 km para redescubrir el monte Curto. Ya le daremos más vueltas.

Lirio

Lirio

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Valdesamar, un manantial en el páramo

31 diciembre, 2015

Matilla de los Caños 2015(1)Tomando como punto de partida la histórica ciudad de Simancas, vamos a realizar un recorrido -en buena parte por el páramo de los Torozos- para rodar a gusto por buenos caminos y estirar bien la piernas.

La primera meta volante la tenemos en un cerro que se divisa bien desde el valle del Pisuerga, luego del Duero: se trata del teso de Valdelamadre, perfectamente localizable por sus antenas de telefonía. Pasamos antes junto al crucero y ermita de Geria y luego enfilamos una cuesta larga y suave (salvo en sus últimos metros). Nos asomamos a contemplar la enorme extensión de territorio –tierras de labor, pinares, ríos, pueblos, vías de comunicación- que se extiende a nuestros pies.

Fuente de Matilla

Fuente de Matilla

Ahora es cuesta abajo, con algunos toboganes. Dejamos a un lado Pedroso, jurisdicción de la Abadesa de Tordesillas y nos presentamos en Matilla de los Caños. Enorme, preciosa, espectacular fuente de enormes caños con… ¡un hilillo de agua! Al menos podemos acercarnos a las eras, donde vemos una peculiar caseta o chozo con un tejado que recuerda un birrete sin borla.

Comenzamos la segunda subida seria de la jornada desde Matilla. Pasamos por la fuente de Carralate: junto a ella han colocado dos mesas para merendar. El último tramo lo hacemos a campo traviesa hasta que conectamos con el camino, ya en el ras del páramo.

Caminar alguna vez es sano

Caminar alguna vez es sano

Ahora, ¡a rodar sin (casi) esfuerzo! Tenemos la llanura por delante y hacemos algunas paradas. La primera en el manantial y humedal de Valdesamar, con sus juncales y charcas, secas por el momento. Tanto en los pozos como en los charcos podríamos encontrar tritones y gallipatos. Pero hoy no es el caso. Aquí nace el arroyo de Juncos Gordos, enseguida acompañado por altos chopos y otros manantiales. Antiguamente, movió piedras molineras allá abajo, entre Berceruelo y Bercero. Vemos también los restos de unos corrales, expresión de lo que fue este páramo para la ganadería.

Corrales de Valdesamar

Corrales de Valdesamar

Y rueda que te rueda, llano y llanura, almendros y majanos, raudos pasamos junto a los imaginarios rebollos del Rebollar, donde ahora se hacen ejercicios de tiro. Un poco más y comenzamos a descender del páramo por las fuentes de los Navarros y de los Pocicos, ya en el término de Ciguñuela. En todo esta zona han plantado abundates cerezos, así que en primavera se unirán más árboles floridos a los ya tradicionales almendros. Una bajada no exenta de toboganes nos deja en las orillas del Pisuerga. Hemos vuelto a Simancas.

* * *

La crónica negra de Valdesamar

El paraje de Valdesamar no puede ser más evocador: praderas, humedales, manantiales, chopos; lejos de cualquier lugar habitado; sólo se divisa el cielo y las siluetas de algunos árboles y arbustos en el horizonte; las calandrias y alondras cantan en lo más alto del aire. Es una suave e idílica nava con salida hacia el oeste. Pues bien, aquí tuvieron lugar, hace siglos, dos horribles sucesos.

La Cruz. Los chopos del arroyo parecen desfilar en procesión, apenados por la muerte de Domingo.

La Cruz. Los chopos del arroyo parecen desfilar en procesión, apenados por la muerte de Domingo.

El más cercano en el tiempo lo conmemora la llamada Cruz del Pastor, en la orilla de uno de los caminos que llevan a Torrelobatón. En el anverso de cruz, de piedra, está grabado: AQUI MURIO DOMINGO ABOIN OTERO CRUELMENTE ASESINADO EL DIA 11 DE JUNIO DE 1888 RIP. La inscripción dice lo importante; de los detalles nada sabemos.

El otro suceso ocurrió 47 años antes, 13 de noviembre de noviembre de 1841 cerca de la venta de Valdesamar (venta Casa Blanca, todavía hoy vemos sus ruinas), en el camino real que se dirige a Tordesillas. Se trata de la horrorosa muerte de Juan Francisco Aparicio, vecino de Almagro, casado, traficante, a manos de tres gitanos armados con trabucos y tercerolas que actuaron ocultos bajo mantas blancas. Le asesinaron para robarle, según consta en el Boletín Oficial de León, núm. 100 de 1841.

Restos de la venta Casa Blanca

Restos de la venta Casa Blanca

Y es que en cualquier sitio puede ocurrir cualquier cosa…

Valles de Trigueros

20 junio, 2015

Captura de pantalla completa 19062015 232823Trigueros del Valle es una localidad digna de ser visitada: posee una ermita que conserva aires mozárabes, viejas casas excavadas en tierra que sirvieron de vivienda hasta el siglo pasado, un castillo en el valle –del levantado sobre el paramillo no queda nada-, la iglesia de San Miguel que es una joya románica, un hermoso recinto-fuente (Tovar) y unas calles con empinadas subidas, escaleras, pozos y casas de piedra que nos recuerdan un pueblo de montaña más que de nuestra llanura.

O sea, ¡casi nada! Esto es lo que suelen comentan las guías turísticas al uso. Pero, como siempre, hay más, pues el término municipal se extiende desde el páramo –limita con la provincia de Palencia- hasta el Canal de Castilla, y posee monte bajo y de encina, vallejos, cuestas, cultivos de secano, majuelos y un poco de regadío. Veamos.

En el valle del arroyo del Pradillo

En el valle del arroyo del Pradillo

Recomendamos, por ejemplo, la subida por el valle del arroyo del Pradillo, iniciándola en el mismo pueblo. Al principio, veremos un valle amplio, en el que las laderas no están muy inclinadas, apropiadas para cultivar la uva. Recibe al valle que viene de las Callejas y vemos tres caminos que salen a la izquierda. El último se mete hacia la Casa del Monte, cuyos alrededores se encuentran vallados si bien el camino es de libre acceso.

Mientras al Oeste hay laderas suaves con monte de buenas encinas, al Este tenemos abruptas laderas de yeso blanco a las que se agarran pequeños arbolitos que no han podido desarrollarse bien. Es un valle verdaderamente perdido y olvidado; vamos subiendo hasta que el camino se enyerba y finalmente nos deja en la carretera de Ampudia. Podríamos seguir un poco más –ya por el páramo- hasta llegar al corral de la Nicanora, en el término de Quintanilla e Trigueros.

 

El Chamorro

El Chamorro

Volvemos por el no menos olvidado camino de San Juan. Tan olvidado que prácticamente todo el trayecto se encuentra no ya meramente enyerbado, sino cubierto por una hierba alta y densa que casi nos impide rodar. Menos mal que lo hacemos cuesta abajo. Al fondo, a la izquierda, vemos Quintanilla de Trigueros. A la derecha una curiosa plataforma rematada por un roble: es el alto del Chamorro. Realmente vamos por la misma raya municipal. Perdido el camino de San Juan, salimos a otro que por la derecha nos conduce -de nuevo- al arroyo del Pradillo después de bordear un sembrado gracias a un pequeño senderillo, pues este camino también, en parte, se ha perdido.

Las Callejas

Las Callejas

Otros paseo agradable podemos darlo por el páramo que separa Trigueros de Corcos a través del camino de la Calera. Desde allí podemos contemplar el amplio valle con Trigueros en la lejanía, o el valle de Corcos con esta localidad justo bajo nuestros pies. Y si siguiéramos por el páramo hacia el Norte, después de atravesar montecillos de encina y roble, llegaríamos por senderos casi perdidos a las Callejas, olvidado lugar desde el que se contempla Valdemuñón, con sus encinar, laderas de caliza y, más abajo, sembrados que aprovechan el poco espacio que ofrece el valle. Pero lo mejor de este paisaje es su soledad: nadie nos va a molestar aquí. Seguro.

Encina en el páramo

Encina en el páramo

Y un último paseo: subir a la paramera donde se levanta el Castillo, o sea, la ermita, y llegar hasta la fuente del Conde (seguramente estará seca, pero es un curioso manantial a modo de pozo) ya en territorio de Quintanilla. Veremos que estamos sobre una de las muchas terrazas formadas por el Pisuerga a lo largo de unos dos millones de años, pues el páramo más reciente queda todavía por encima. O también, podemos ir hacia el Este, entre viñas muy cuidadas para luego, bordeando la terraza, admirar el paisaje del valle, y caer por el agradable lugar de la Higueruela y su alberca a la fuente Canalejas, donde hubo un poblado prerromano y hoy sigue, a duras penas, manando en compañía de unos álamos.

En definitiva, ni la localidad ni el término de Trigueros nos van a defraudar.

Fuente de Canalejas

Fuente de Canalejas

 

Corcos del Valle, cruce de caminos

13 junio, 2015

CorcosEl término municipal es una estrecha franja que va desde la provincia de Palencia hasta el Pisuerga. Lo conocido de Corcos se encuentra cerca del río: el monasterio de Palazuelos, el castillo de Aguilarejo y el Canal de Castilla, además de las agradables riberas. Como mucho, puede aparecer en las guías la iglesia de Santa María la Mayor, cuya torre en piedra y ladrillo reluce con el sol poniente. Pero Corcos es mucho más que todo eso.

Corcos al fondo

Corcos al fondo

Además de la ribera, tiene dos tipos de paisajes claramente definidos: el páramo y las terrazas onduladas que caen hacia el río. En el primero se asienta o asentaba el monte y en las segundas, esos viñedos que destilan un excelente clarete. Pero entre medias existe un tercer paisaje que participa un poco de ambos: terraplenes, ondulaciones, laderas y terrazas de conglomerado.

O sea, que es ideal para rodar en bici: cuestas suaves con agradables panoramas y excelentes caminos de arena y grava en los que no se forma barro.

Atardecer en el páramo de Corcos

Atardecer en el páramo de Corcos

El nombre de Corcos

No sabemos el origen de este nombre, pero en algunas comarcas de Palencia, Valladolid y –sobre todo- Burgos, a los patos se les llama corcos, onomatopeya que hace referencia al graznido de estas aves. Tal vez abundaron por aquí, país de riberas, arroyos y lagunajos. O tal vez provenga de quercus, pues en algunas comarcas asturianas llaman corcos a los robles, y aquí los hubo en abundancia. O, según otros, podría provenir de un antiguo término que significaba cruce de caminos.

Caminos del páramo

Campo amapolado cerca de la Barranca

Campo amapolado cerca de la Barranca

Pues nada, demos un paseo por esos ramales desde la cruz. El primer camino al oeste es el de la Mesilla y, efectivamente, allá nos lleva. Tiene la pega de que nos encontramos al terminar la subida con una escombrera, pero luego serpentea por la llanura hasta caer al barco de la Barrera, ya en el término de Cigales. Enfrente, vemos las Casas de la Mesa, y a ellas podemos acceder por cualquiera de los sentidos del camino al que hemos caído.

El segundo –siguiendo el sentido de las agujas del reloj- es el camino de la Barranca o de Villalba, que a los dos lugares nos lleva, si bien este último nos queda lejos. ¡Qué subida tan cómoda! El primer kilómetro se encuentra incluso asfaltado. Hasta la Barranca cruzamos campos de cereal en los que se elevan buenos robles y, más al oeste, vemos las encinas del monte de Corcos, o lo que queda de él. Toda esta paramera fue antaño monte; hoy quedan robles y encinas aislados, y algunos rodales interesantes.

Chozo del Cura

Chozo del Cura

El siguiente camino sale ya detrás de la iglesia, junto a las tapias ruinosas del viejo cementerio. Es el camino de Valoria o de Ampudia, que también fue vereda de ganados. Nos lleva cerca del corral y chozo del Cura que a duras penas sigue en pie: una enorme grieta lo recorre de arriba abajo, está medio desmochado y tiene el dintel partido. Pura ruina, vamos. Pero podrían rehacerle, como se ha hecho con un guardaviñas que luego veremos.

y cañadas

Ahora vamos por la cañada Leonesa, pues a través de Corcos cruzaban los ganados merinos de la montaña de León y de Palencia. Podían llegar por la cañada de la Mendoza y cruzaban hasta Cabezón y luego a Renedo. O bien seguían por la cañada que venía de Dueñas e iba hacia Valladolid. La verdad es que toda nuestra provincia estaba atravesada por una densa red de vías pecuarias. Por esta vía llegamos, siguiendo el arroyo del Prado, hasta el monte donde se asientan las ruinas de la casa de Villegas. Ahora, no son más que restos de barro y piedra. Al lado, una nave y una antena.

Cañada Leonesa

Cañada Leonesa

Tomando hacia arriba esta cañada podemos desviarnos a la izquierda por el camino del Puerto, por el que llegaremos a un buen encinar. Y si nos desviamos un poco más adelante a la derecha, nos presentaremos en la casa de Villegas.

Y, si continuamos de frente, llegaremos a una de las cañadas más genuinas y entrañables de la Provincia, que se halla justo entre las provincias de Valladolid y Palencia. Hoy no se usa, salvo para pasto de los rebaños de Corcos, y es una franja no muy larga de monte, entre tierras de labor. Tiene un poco de todo: encinas, robles, escobas, variadas plantas aromáticas, hierba… Eso sí, nos vigilan a un paso los molinillos gigantes. Se llama vereda de la Raya.

Encinas

Encinas

También detrás de la iglesia y atravesando una chopera sale el camino de Trigueros, que sube -corto y pindio- al páramo para dividirse en otros cinco caminos que nos llevan a través de monte bajo hacia la cañada de la Raya, a Quintanilla, a Trigueros y hacia el sureste. Pero en cuestión de metros ya nos hemos salido del término municipal.

Si queremos darnos un atracón de pedaleo breve e intenso, tenemos también la subida de las bodegas, recostadas en una empinada ladera. Pero parece que últimamente no se utiliza demasiado.

Majuelo

Majuelo

Campos y bacillares

Y, finalmente, podemos rodar por los caminos que van hacia el sur y que salen de la carretera que va hacia la autovía o de la que va a Trigueros. Aquí predominan los campos de cereal y los viñedos, las subidas y bajadas, las hileras de almendros, algunos pinos y encinas aislados, y tímidas choperas que señalan algún manantial.

Destacaremos dos simpáticos guardaviñas, de tipologías bien diferentes: uno en la carretera hacia el sur, un kilómetro antes de llegar a la fuente de San Pedro, en un alto. Es como un cubo de piedra, con bóveda de cañón al interior y relativamente amplio, de unos 2,5 m de altura y anchura.

Guardaviñas

Guardaviñas

Y el segundo en la zona que llaman del Hechizal, cerca ya del término de Trigueros. Es como un chozo de pastor pero más alto de lo habitual. Las piedras son más bien lajas relativamente estrechas, todo lo cual le da un aspecto un tanto estilizado y esbelto. Hace años estaba desmochado, pero alguien lo ha restaurado. ¡Bien!

Así es Corcos: una franja estrecha de terreno que cae poco a poco, sin barrancos ni taludes, desde la paramera de Torozos hasta el mismísimo Pisuerga. Pero si saltásemos el río nos encontraremos con un talud de más de 100 metros. Lo que ha bajado durante más de 15 km, aquí sube en unos pocos metros. Enigmático Pisuerga.

Camino entre avenas y bacillares

Camino entre avenas y bacillares

Caminos del noroeste: de Tordesillas a San Cebrián de Mazote

6 junio, 2015

Tordesillas San CebrianSi la semana pasada habíamos recorrido una parte del descatalogado GR-30, esta vez nos decidimos a recorrer otra parte de su tramo occidental. Salimos de Tordesillas teniendo que atravesar las autovías que rodean la localidad como si fueran una moderna muralla encargada de protegerla.

Enseguida encontramos dos señales inequívocas de que íbamos en la buena dirección: la blanca y roja del GR-30 y la flecha amarilla del Camino de Santiago del Sureste. Parte del recorrido lo hacemos paralelo a la Autovía del Noroeste (A-6) hasta que lo abandonamos para acercamos hasta Villavieja del Cerro, inconfundible por su cerro de San Juan, donde ya han sido restañadas sus recientes heridas en el humano intento de levantar en su ladera una pista de esquí. Ahora queda la moderna construcción del edificio de recepción de visitantes junto a la que salimos del pueblo siguiendo las flechas amarillas, pero en vez de subir al páramo, lo rodeamos para pasar por donde antaño estuvo enclavado el pueblo de Arenillas, del que no queda nada ya que los franceses se ocuparon de quemar lo poco que encontraron en pie. Según Pascual Madoz era un despoblado de la provincia de Valladolid, partido judicial de la Mota del Marqués, diócesis de Palencia. Situado en un llano sumamente agradable al pie de una cuesta que se eleva en la parte sur, su cielo es hermoso y despejado, y el clima sano, se componía de cuarenta vecinos. Esta localidad junto con la vecina de Bercero y las de Berceruelo, Villavieja y Velilla formaban las cinco villas sobre las que tenía jurisdicción Tordesillas.

La llanura del páramo

La llanura del páramo

En la fuente de la Trillona paramos a refrescarnos donde un coro de ranas saltan presurosas al agua buscando refugio. Bercero fue una localidad antaño famosa por la confección de artículos de mimbre, cestos y cuévanos. A principios de los años sesenta su antigua ermita de San Roque fue trasladada piedra a piedra a la entonces recién inaugurada Feria de Muestras de Valladolid.

Puente sobre el Hornija en Gallegos

Puente sobre el Hornija en Gallegos

Subimos al páramo por breve espacio pues a los pocos kilómetros descendemos en una larga bajada hasta Gallegos de Hornija. Cruzamos el río por su puentecito herreriano y divisamos a lo lejos la ermita de la Virgen del Villar patrona de todas las localidades del valle. Seguimos nuestro camino para ascender y atravesar otro espigón del páramo. Arriba comprobamos que al tradicional cultivo de cereales le ha salido un competidor con los campos de lavanda que perfuman con su característico olor. A su lado contrasta un campo rojo tapizado de amapolas (papaver roheas) de las que nos acordaremos cuando en nuestra vuelta nos encontramos con varios campos sembrados de adormidera blanca (papaver somniferum) cuyo destino será la industria farmacéutica.

Adormidera. Al fondo, las últimas cuestas del páramo

Adormidera. Al fondo, las últimas cuestas del páramo

Al rato nos hemos plantado en Adalia, donde antaño floreció la singular industria textil del blanqueo de los lienzos de lino que se realizaba con ceniza en pilones llenos de agua, con los que comerciaban los maragatos para ser vendidos en Madrid. En un suave ascenso paralelo al arroyo Retortero volvemos al páramo para, casi sin darnos cuenta plantarnos en San Cebrián de Mazote y dirigir nuestras ruedas hacia su ermita donde descansamos y comemos a la sombra de su imponente moral.

Molino

Molino

Toca emprender camino de vuelta para lo cual decidimos seguir el curso del río Bajoz, que en estas fechas ya comienza a flaquear el agua que lleva, aunque sirve para regar las huertas contiguas. Al poco llegamos al molino de Villamor, situado en la margen izquierda mientras que en la derecha se encuentran lo corrales del mismo nombre, ya que aquí estuvo el despoblado de Villamor, junto al teso que lleva el mismo nombre. A tiro de piedra se encuentra Mota del Marqués protegida por su castillo de lo que solo queda la recién consolidada y restaurada torre del homenaje. Es el único resto visible de lo que fuera esta fortaleza levantado a principios del XIII por Alfonso IX de León para la defensa de la frontera con el reino de Castilla, teniendo la particularidad de la planta circular de su torre, que para unos proviene de los castillos catalanes de los siglo X y XI y para otros, esta forma cilíndrica, tendría su origen en Oriente, descendiente directo de las fortificaciones bizantinas imitadas por los castillos musulmanes de Siria que conocieron los cruzados.

Camino de Santiago

Camino de Santiago

Seguimos el trazado de la antigua Cañada de Coruñeses y del antiguo Camino Real a Galicia, parcialmente ocupado por la moderna autovía, por lo que nuestro discurrir se hace bastante monótono hasta llegar a Vega de Valdetronco, donde destaca el esqueleto de su ermita de Canteces. Si hemos dicho que Adalia se dedico al blanqueo de lienzos, aquí se dedicaron durante muchos años a sacar el barro blanco para encalar y enjabelgar paredes y que era conocido como Blanco España. El arreglo de trillos con el pedernal de las cuestas era otra de las actividades a las que se dedicaron sus habitantes durante mucho tiempo hasta que la mecanización de la agricultura dejaron para el olvido estos aperos de labranza.

El sofocante calor nos hace acelerar nuestro paso pues la sed aprieta y solo pensamos en llegar a Tordesillas y sentarnos tranquilamente en una terraza para descansar y disfrutar de una cerveza fresquita después de más de 70 kilómetros que hemos hecho esta jornada. Y eso hacemos.

Track de la excursión.

Torozos: comienzo y final de un sendero

29 mayo, 2015

plano ruta

En esta ocasión -los titulares del equipo tenían otros menesteres- optamos los reservas por una ruta sencilla y circular, tratando de averiguar qué había sido del descatalogado sendero GR 30 de los Montes Torozos, en este caso solamente su principio y su fin.

El sendero en cuestión comenzaba y terminaba en Valladolid y fue patrocinado en su momento por la Diputación Provincial y homologado por la Federación vallisoletana de senderismo, tratando de buscar entre los nexos culturales y geográficos algún aliciente turístico que, finalmente, no llegó a cuajar.

Señalización

Señalización

Pero el día fue magnífico para pedalear: soleado y fresco. Además, el molesto viento que soplaba del noreste lo esquivamos eficientemente con la misma orientación de la ruta y la cobertura que nos ofrecían algunos vallejos.

Comenzamos en el parque donde desagua el Canal de Castilla para dirigirnos hacia la Bambilla: la salida de la ciudad es un obstáculo molesto para el ciclista (y paseante) hasta rebasar las rondas, seguramente uno de los hándicaps a los que tuvo que enfrentarse el GR 30.

Cárcel y relojo de sol. Villanubla

Ventanuco de la cárcel y reloj de sol. Villanubla

Pasamos por la depresión de la Bambilla, El Calderón (809), Pedrosa y Valdecarros, donde encontramos un viejo pozo con su abrevadero, y en un plis-plas nos encaramamos al páramo apareciendo en Villanubla a través de su enorme polígono. Allí dimos un breve paseo observando algunos detalles curiosos de sus edificios.

Ciñéndonos fielmente al recorrido buscamos el Hontanija en Santa Olalla, paraje molinero donde los haya. Después tornamos a la derecha por el camino de la Boada, al pie de la pista del aeropuerto. Allí permanecen los restos del molino del Monzón y del Cabrito además de la casa de la Guada, cada vez mas ruinosa, a los pies del arroyo. No deja de asombrarnos como ese escaso caudal podía manejar tantos ingenios en tan poca distancia y desnivel.

Subimos al páramo de nuevo, el campo aún está magnífico, y podemos apreciar algunas casas dispersas, la Base Aérea y una cortina en el horizonte de aerogeneradores. Sin embargo lo más llamativo: el viejo Pino Wamba, sólo y enfermo, luchando por sobrevivir.

Pino Wamba

Pino Wamba

Bajamos por el valle de Valcavado, cuesta abajo y con viento de espaldas, la situación ideal. Sin embargo hemos de utilizar el freno para disfrutar del verdor y de su magnífica arboleda. La fuente no es ya fuente sino un exhausto pozo explotado por un tractor.

Al llegar a Wamba, recorrimos el agradable sendero verde en torno al arroyo Garrapinilla, salpicado de huertas; y finalizamos, como no, en la Iglesia de Santa María de la O, o María en gestación. En el osario reflexionamos – Como nos vemos se vieron y como los vemos quizás nos verán otros ciclistas que paseen entre las ruinas de los antiguos aerogeneradores que abundaban por lo Torozos…- Partimos algo sobrecogidos y extremando algo más la prudencia si cabe.

El famoso osario

El famoso osario

Aquí dejamos el principio o final del sendero para, mediante un atajo, dirigirnos a Ciguñuela y después a Zaratán y Valladolid, el otro principio o final del mismo extinto GR.

Subimos de nuevo, a través del camino de Santiago, donde encontramos algunos peregrinos bien pertrechados. Llegamos a Ciguñuela, allí nos recreamos con dos grandes obras, su hermosa torre renacentista y un simpático jardín cuidado con esmero, probablemente ¡el más pequeñito de la provincia!

Jardincillo en Ciguñuela

Jardincillo en Ciguñuela

Aunque no muy merecido en cuanto a esfuerzo, al pie de la torre, disfrutamos y reposamos nuestras viandas. Enfilamos después hacia Zaratán, atravesando su enorme parque fotovoltaico bajamos por el camino del Pozuelo volviendo a Valladolid entre grises autovías donde ya no encontramos señal alguna del extinto sendero.

Al final cayeron 50 km. No está mal. Aquí, el track de Miguel Ángel.

Texto y fotos, Javiloby

Mapa, Miguel Ángel