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Valdesamar, un manantial en el páramo

31 diciembre, 2015

Matilla de los Caños 2015(1)Tomando como punto de partida la histórica ciudad de Simancas, vamos a realizar un recorrido -en buena parte por el páramo de los Torozos- para rodar a gusto por buenos caminos y estirar bien la piernas.

La primera meta volante la tenemos en un cerro que se divisa bien desde el valle del Pisuerga, luego del Duero: se trata del teso de Valdelamadre, perfectamente localizable por sus antenas de telefonía. Pasamos antes junto al crucero y ermita de Geria y luego enfilamos una cuesta larga y suave (salvo en sus últimos metros). Nos asomamos a contemplar la enorme extensión de territorio –tierras de labor, pinares, ríos, pueblos, vías de comunicación- que se extiende a nuestros pies.

Fuente de Matilla

Fuente de Matilla

Ahora es cuesta abajo, con algunos toboganes. Dejamos a un lado Pedroso, jurisdicción de la Abadesa de Tordesillas y nos presentamos en Matilla de los Caños. Enorme, preciosa, espectacular fuente de enormes caños con… ¡un hilillo de agua! Al menos podemos acercarnos a las eras, donde vemos una peculiar caseta o chozo con un tejado que recuerda un birrete sin borla.

Comenzamos la segunda subida seria de la jornada desde Matilla. Pasamos por la fuente de Carralate: junto a ella han colocado dos mesas para merendar. El último tramo lo hacemos a campo traviesa hasta que conectamos con el camino, ya en el ras del páramo.

Caminar alguna vez es sano

Caminar alguna vez es sano

Ahora, ¡a rodar sin (casi) esfuerzo! Tenemos la llanura por delante y hacemos algunas paradas. La primera en el manantial y humedal de Valdesamar, con sus juncales y charcas, secas por el momento. Tanto en los pozos como en los charcos podríamos encontrar tritones y gallipatos. Pero hoy no es el caso. Aquí nace el arroyo de Juncos Gordos, enseguida acompañado por altos chopos y otros manantiales. Antiguamente, movió piedras molineras allá abajo, entre Berceruelo y Bercero. Vemos también los restos de unos corrales, expresión de lo que fue este páramo para la ganadería.

Corrales de Valdesamar

Corrales de Valdesamar

Y rueda que te rueda, llano y llanura, almendros y majanos, raudos pasamos junto a los imaginarios rebollos del Rebollar, donde ahora se hacen ejercicios de tiro. Un poco más y comenzamos a descender del páramo por las fuentes de los Navarros y de los Pocicos, ya en el término de Ciguñuela. En todo esta zona han plantado abundates cerezos, así que en primavera se unirán más árboles floridos a los ya tradicionales almendros. Una bajada no exenta de toboganes nos deja en las orillas del Pisuerga. Hemos vuelto a Simancas.

* * *

La crónica negra de Valdesamar

El paraje de Valdesamar no puede ser más evocador: praderas, humedales, manantiales, chopos; lejos de cualquier lugar habitado; sólo se divisa el cielo y las siluetas de algunos árboles y arbustos en el horizonte; las calandrias y alondras cantan en lo más alto del aire. Es una suave e idílica nava con salida hacia el oeste. Pues bien, aquí tuvieron lugar, hace siglos, dos horribles sucesos.

La Cruz. Los chopos del arroyo parecen desfilar en procesión, apenados por la muerte de Domingo.

La Cruz. Los chopos del arroyo parecen desfilar en procesión, apenados por la muerte de Domingo.

El más cercano en el tiempo lo conmemora la llamada Cruz del Pastor, en la orilla de uno de los caminos que llevan a Torrelobatón. En el anverso de cruz, de piedra, está grabado: AQUI MURIO DOMINGO ABOIN OTERO CRUELMENTE ASESINADO EL DIA 11 DE JUNIO DE 1888 RIP. La inscripción dice lo importante; de los detalles nada sabemos.

El otro suceso ocurrió 47 años antes, 13 de noviembre de noviembre de 1841 cerca de la venta de Valdesamar (venta Casa Blanca, todavía hoy vemos sus ruinas), en el camino real que se dirige a Tordesillas. Se trata de la horrorosa muerte de Juan Francisco Aparicio, vecino de Almagro, casado, traficante, a manos de tres gitanos armados con trabucos y tercerolas que actuaron ocultos bajo mantas blancas. Le asesinaron para robarle, según consta en el Boletín Oficial de León, núm. 100 de 1841.

Restos de la venta Casa Blanca

Restos de la venta Casa Blanca

Y es que en cualquier sitio puede ocurrir cualquier cosa…

La nava de Torrelobatón

8 abril, 2014

Torrelobaton y sus navas

Después de recorrer las navas de Wamba y Peñaflor, nos quedaba otra en la misma zona de páramo: la de Torrelobatón. Y allá nos fuimos algunos.

Esta es distinta, pues los agricultores de la comarca han construido un desagüe para asegurar que sus cosechas no se inundan. Y ha sido relativamente fácil hacerlo, pues entre los bordes del páramo y de la nava, la distancia –o sea, el grosor del dique– tendrá como 150 metros. La conducción irá unos 12 o 15 metros por debajo de la superficie normal del páramo. Lo que no está claro es si los grandes agujeros desde los que se ve la conducción son naturales –dolinas en forma de embudo- o artificiales. Sea como fuere, lo cierto es que la nava ya no se inunda por mucho que llueva.

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La nava tiene forma de óvalo irregular y, curiosamente, se encuentra rodeada de vías pecuarias, entre las que destaca un importante ramal de la Cañada Real Leonesa. La cruzan varios caminos que se adornan con hileras de acacias –de la época de la concentración parcelaria- y almendros. Ahora ofrece una idílica imagen pastoril pues parece una inmensa pradera, si bien no es otra cosa que el cereal creciendo. Quedan todavía los restos de un chozo de pastor, testigo mudo de lo que antaño significaron estas tierras.

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Otra cosa que llama la atención en sus alrededores es la gran cantidad de piedra caliza, de todos los tamaños, que vemos sobre la superficie del páramo. Hasta parece imposible que pueda crecer algún cultivo. Además, los límites de las tierras de labor se parecen a los lindones de algunas zonas de Tierra de Campos pero sin encinas.

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Vemos que los pozos –todos con su correspondiente abrevadero- tienen el ras del agua al mismo nivel del suelo que pisamos, tan alto está por aquí el nivel freático.

Finalmente, vimos un corral en forma de cuadrilátero –de una media hectárea de superficie- con una tapia en piedra perfectamente trabajada y ordenada. Parecía, más bien, el vallado de un huerto urbano.

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Ya de vuelta nos refrescamos en la fuente de los Cañicos y, después de disfrutar de otro agradable paseo por el páramo de la ribera izquierda del Hontanija, nos dejamos caer, rodando, sobre Castrodeza. Los almendros estaban perdiendo ya su flor.

Nava

Páramos y vallejos comuneros

21 julio, 2012

Otra excursión por el páramo de los Torozos, siempre agradable en verano (y, para nosotros, ¡también en invierno!). Esta vez nos situamos en el suroeste, zona más abierta por los vallejos que tienden a seguir la inclinación de la mitad norte de la meseta castellana. Por aquí anduvieron las tropas comuneras hasta que fueron derrotadas en Villalar. El castillo de Torrelobatón fue una de las escasas conquistas de los Comuneros.

Partimos de este castillo, levantado sobre la mota alrededor de la cual se asienta la localidad y, dejando atrás la ribera fresca del Hornija, subimos al páramo.

Aquí la actividad parece frenética, frente a lo que es habitual. Hay un continuo ir y venir de tractores y camiones, y las cosechadoras engullen trigos y cebadas con hambre insaciable. Parece que la cosecha es buena y al menos los agricultores podrán hacer frente este año a la crisis. Pero también hay actividad en los aires: aguiluchos, cernícalos e incluso águilas calzadas se esfuerzan por conseguir comida para sus crías. A veces se alían con las cosechadoras, que levantan algunos reptiles y pollos de otras aves.

Visitamos la fuente de los Curas, que vierte directamente al arroyo Zorita. La fuente de los Almendros ya no existe. El arroyo lleva agua y mantiene verdes los alrededores. Bercero y –sobre todo- Berceruelo se encuentran en un agradable y protegido vallejo.

Pasado Bercero, un paseo nos lleva hasta la fuente de la Trillona. Seguimos hasta Vega de Valdetronco por el Camino de Santiago, bien señalado por flechas amarillas. Por aquí el páramo ya ha terminado y el paisaje se abre hacia las extensas tierras de labor que acompañan al Duero.

Pero en Vega de Valdetronco subimos de nuevo al páramo. No encontramos el manantial de Valdeperrillo, pero sí el Pozuelo y sus abrevaderos en un estado lamentable.

En Adalia –o sea, majuelo en árabe- visitamos la ermita de Nuestra Señora de las Viñas, restaurada pero sin viñedos.

Las choperas del Bajoz por San Cebrián de Mazote nos dieron sombra y frescor hasta la ermita de Santa Marta, en la ladera del páramo, bien protegida por la vegetación. En una pequeña explanada se han instalado mesas a la sombra de un inmenso moral que nos ofreció abundantes moras. También el lugar posee buena fuente.

Desde aquí, por el páramo y a la vista de los aerogeneradores, fuimos hasta Barruelo y por carretera –ya un poco cansados y con casi 60 km en las piernas- hasta Torrelobatón.

Fotos de Miguel Ángel

El valle del Hornija

1 octubre, 2011

El río Hornija nace en La Mudarra y muere en el Duero, cerca de Villaguer. Recorre algo más de 50 km, todos por la provincia de Valladolid y toma sus aguas de fuentes y arroyos del páramo de los Torozos. Es una de esas grietas que se abren en el páramo, dándole frescura y haciendo una inmensa planicie fracturada.

Vamos a recorrer sus primeros kilómetros, esos en los que su valle está siempre verde, aun en los peores momentos del verano más seco. Lo vemos salpicado de mimbreras y chopos, con las rocas de color rosa del páramo que se asoman, curiosas, a contemplarlo. Es un río en el que no falta el rumor del agua y el canto de los pájaros. También se dejan caer por sus prados y matorrales –no es difícil verlos- gamos, jabalíes y zorros.  Excelente lugar para perderse… y para dar un paseo en bici o andando.

Torre, Peñaflor, la Mudarra

Tres localidades se levantan en la primera parte del Valle del Hornija. La primera es La Mudarra, que se encuentra en el mismo ras del páramo. Lo mejor aquí es dar un paseo por el Hornija niño, sus muchas fuentes y abrevaderos, prados, sauces y choperas. Pocos pueblos poseen tantos y tan caudalosos manantiales.

Peñaflor, por su parte, se encuentra en un mirador, en un cabezo, sobre el valle. Nada mejor que dar un paseo por el borde para contemplar el valle desde diferentes puntos de vista. A vista de pájaro veremos las hileras de chopos, palomares, y las tierras de labor, como divididas en mil pedazos.

Y Torrelobatón, sobre un teso en medio de los valles de Hornija y Ontanija, que aquí se juntan. Si Peñaflor se encuentra donde el Valle empieza a abrirse, Torre está donde termina definitivamente de abrirse. Sólo le queda al valle recorrer un breve camino entre suaves caídas del páramo para llegar a Vega de Valdetronco, donde se pierde en la llanura. En Torre todo el mundo ve el castillo de los Comuneros, pero hay otras cosas que merecen también la pena. Por ejemplo, las muchas casas blasonadas; la plaza del Ayuntamiento, porticada y con un arco; la alberca vieja y otras fuentes; la arruinada iglesia de San Pedro que con sus altas columnas y arcos apuntados debió ser tan hermosa como esbelta. Hoy se cae poco a poco.  Y la iglesia de Santa María, aun viva, de peculiares arcos de medio punto que van de la cabecera a los pies conformando tres airosas naves.

De manera que La Mudarra, Peñaflor y Torre forman parte del paisaje del Valle e incluso puede  decirse que lo completan y perfeccionan.

Corrales y cañadas

El valle lo atravesaba un concurrido ramal de la cañada leonesa oriental. Venía de Medina de Rioseco y aparecía a la altura de la fuente de Umayor: siguiendo por el canto derecho, bajaba al valle para subir de seguido al páramo de  y bajar de nuevo a Torre. Ya se ve que los pastos del valle estaban vetados al os merinos, y que les hacían subir y bajar de los páramos. Claro que así también podían abrevar en el Hornija. Luego, se dirigía hacia Tordesillas en línea más o menos recta.

Muy cerca del Vallejo de Umayor vemos unos viejísimo corrales –piedra ennegrecida por el paso del tiempo- con un sencillo chozo en el centro. Antaño, los pastores no dejaban la majada en todo el verano.  En el arroyo de la Reguera vemos un curioso y amplio corral: tapia alta de piedra coronada por  una especie de vertiente a dos aguas. Es una construcción poco común por aquí, y no sé si sirvió para huerta –un arroyo lame la tapia-  o para recogida de ganado. ¿La vertiente es por razones de conservación? ¿O para evitar asaltos de los lobos?

Restos de corrales, algunos con pozos y abrevaderos, los vemos por los páramos contiguos.

Molinos y palomares

El Hornija era –es- un río con abundante agua, razón por la cual se llenó de molinos harineros. Podemos verlos todavía en Torre (estuvo funcionando hasta hace poco, restaurado) o en La Mudarra, donde confluye el arroyo del Gorgojón (el molino utilizaba el agua de las dos corrientes). Cerca de Umayor, en una intrincada alameda con dificultad llegamos a un viejo batán.

Bajo Peñaflor distinguimos varios palomares en buen estado que adornan el Valle. Pero también los veremos en las cercanías de La Mudarra y de Torre.

 Fuentes, navas y manantiales

El valle lo formaron sus fuentes y manantiales. Y muchos de ellos aun se encuentran vivos. La Mudarra se asienta en la mismas fuentes que dan luz al Hornija, y conforme bajamos junto al río distinguiremos más. Todas con agua. Y numerosos manantiales que surgen en ese lugar que vemos excepcionalmente verde, lleno de juncos.

Una de las fuentes más famosas es la de la Salud, en la carretera que sube desde Peñaflor a la Espina. Su chorro es generoso. De la de Umayor queda el abrevadero, pues ha sido captada para consumo. Se la oye fluir con fuerza en su caseta.  Y si bien bajo Torrelobatón no hay fuentes, en sus alrededores –sobre todo hacia el Sur- no faltan.

Y en el páramo que queda entre Torre y Peñaflor, al Este del Hornija, se suele formar dos inmensas laguna en momentos de lluvia abundante y persistente, pues el páramo no es rasante, sino en forma de nava. Todo un espectáculo digno de verse.

Poco antes de llegar a Torre recibe las aguas del arroyo Antanal que viene de San Pelayo y se surte de una de las fuentes mas caudalosas de toda la provincia. Y es que en las interioridades de la paramera existe verdadero embalse de regulación natural.

Miradores

Conforme se va abriendo, el valle muestra toda su belleza. Tal vez lo mejor de Peñaflor sea la placita mirador al final de la calle del Sol, sobre las bodegas. La línea recta que aquí parece seguir el río hace que la vista pueda contemplar una gran extensión de valle. Pero no es el único lugar. Las rocas calizas entre el valle del Hornija y los arroyos de la Reguera y son sitios excepcionales para la contemplación. También son excelentes observatorios de aves. Cuando los buitres se acercan por estos lares, suelen acabar reposando en estas rocas, pues dominan un amplio panorama.

Aerogeneradores (!)

Hasta hace unos años, estos molinillos estaban en el monte San Lorenzo, pero últimamente han llegado hasta el canto del páramo para asomarse al Hornija. La cañada real leonesa, que atraviesa ríos, montes, ciudades y tierras de labor pasa ahora bajo estos gigantes. ¡Qué le vamos a  hacer! Una cosa es cierta: el Hornija ha perdido parte de su poesía…

Despedimos, por el momento, al Hornija y a su Valle. Tiempo habrá de acompañarle hasta Vega y luego hasta su desembocadura cerca de San Román

Ondulaciones del páramo

16 septiembre, 2010

El páramo es una llanura que tiende al infinito; suele verse perfectamente la línea del horizonte, sencillamente  recta, donde se unen el cielo y la tierra. Según otros -que también tienen razón- es una cima que se acerca al cielo, una cima totalmente llana en la que encaja perfectamente la bóveda celeste con su multituud de estrellas y galaxias…


Esta cima se derrama en laderas y vallejos más o menos abruptos y cortados. Pero el páramo también es ondulado.Para comprobarlo, no hay más que pasar por Villasexmir, Adalia o Mota del Marqués. Por aquí, cansada la paramera de ser llana se deshace, perdiendo altura, en multitud de vaguadas y hondonadas, más bien amplias, siempre abiertas. Sólo algún teso, mambla o mota quiere ser testigo, quiere recordarle al páramo lo que fue. Pero no lo conseguirá, pues estas estribaciones de Torozos se van perdiendo hasta que recuperan de nuevo una llanura, ya no tan absoluta, en los campos abiertos del Este zamorano.

No hay mas que darse este paseo que hoy proponemos para descubrir la belleza de estas tierras que parecen no querer ser de nadie: ¿Castilla o León? ¿llanuras o valles? ¿cerros o vaguadas? ¿Parameras o tierras bajas?…

El punto de partida es Torrelobatón, donde vemos el único castillo tomado por los Comuneros, su victoria más preciosa. Subimos al cerro Grimata, poblado hoy de antenas y antaño castro prerromano. Ya se ve que pasan los siglos y no cambiamos de preferencias. A campo traviesa, que todo son rastrojos y las bicis todo terreno, nos acercamos a una pista que nos deja rodar hasta Villasexmir, con su iglesia abandonada y su frontón de tierra. Cruzado el Hornija subimos de nuevo al páramo por una colada. O mejor subimos, sin más. No sabemos a dónde. Aquí ya se vislumbran en todo su esplendor las llanuras del Oeste y las ondulaciones en las que se pierde, o se muere, la paramera de los Torozos. Mogotes, muelas, mamblas, motas, cuestas, cotarras. Y dada la época en la que estamos, todo amarillo, pálido, marrón, terriblemente seco. Parece que la tierra pide agua pero -de momento- no se le concede lo pedido. Hasta el aire parece transportar más polvo que humedad. Las regueras y los pozos por los que pasamos están secos; la tierra se agrieta.

En Mota del Marqués podemos visitar el castillo y la iglesia del Salvador, en ruinas que dominan la llanura… ¿para qué? O el palacio de los Ulloa, en buen estado y con simpático tapial. También la iglesia donde se venera la Virgen de Castellanos, de antigua tradición. O la vieja fuente (pozo, más bien) del caño.

La vuelta la hacemos visitando San Cebrián de Mazote, con su joya mozárabe, y cabalgando por el páramo -aquí otra vez llano- a la par que escoltados por los ciclópeos molinillos.

Al fin, descansamos en la pradera de Torrelobatón, junto a la ermita del Cristo.

Llegó el verano

16 julio, 2010

¡Y con qué fuerza! Junio fue un mes de temperaturas agradables, con poco calor y abundantes lluvias. Incluso los primeros días de Julio también fueron suaves. La primera fotografía -tomada el 4 de este mes-  muestra un agradable camino en el páramo, entre Torrelobatón y Robladillo, con acacias y abundane hierba, todavía verde.  Pues justo una semana después, el mismo camino aparece ya con la maleza bien seca. Además, la rueda delantera levantaba continuamente polvo que se fijaba en la cadena y piñones de la bici gracias a la grasilla. Por no hablar de la temperatura, excesiva a pesar de estar en lo alto del páramo. Menos mal que luego ha ido bajando…

Las cosechadoras estaban trabajando a tope y nada se escapaba al terrible calor estival. Bueno, algo sí: el manantial de Valdesamar, que en invierno acoge tritones y gallipatos, conservaba algo de humedad y frescor, con abundantes juncos y hierba verde.

Y nos acordamos de aquellos versos de Machado los que ahora cabalgamos en máquinas ligeras que brillan al sol…

El ciego sol, la sed y la fatiga.
Por la terrible estepa castellana,
al destierro, con doce de los suyos
-polvo, sudor y hierro- el Cid cabalga.