Entre Tudela y Traspinedo por senderos

Muchos recorridos los conocemos muy bien, pero no cansan. Tienen un aquel que les hace adecuados en todo momento y, a la vez, distintos. Es el caso, por ejemplo del trayecto desde Tudela a Traspinedo por el páramo y, de vuelta, por la ribera del Duero.

Subimos por un antiguo firme perfectamente conocido, muy  suave y sin dejar de contemplar el amplio valle del Duero.   Ya arriba, bordeamos el cercado de Toros Taru y nos acercamos al vallejo de la dehesa de Tovilla, donde está la fuente de Arriba y álamos y chopos que rompen el bosque de encina y roble.

Después, el sendero nos lleva por el mismo cerral, si bien las vistas no abundan precisamente por la abundancia de arbolado, que las impide. El monte se alterna con sembrados y el sendero nos ofrece la posibilidad de ir por la ladera.

Finalmente, un camino ancho nos deja en las ruinas del humilladero de Traspinedo. Atravesamos el pueblo y luego, por el antiguo camino del apeadero, cruzamos la vía e Ariza y la carretera de Soria para acercarnos a la dehesa de Peñalba, tomar por unos metros el canal del Duero y conectar, finalmente, con el otro sendero, o– la senda del Duero.

Un poco más y estamos de vuelta en Tudela. Trayecto corto, intenso, interesante y hermoso. No se le puede pedir más. He aquí el recorrido, de unos 28 km.

La cuesta La Parrilla

Es una de las cuestas más conocidas de la provincia, y eso que hay unas cuantas, casi tantas como subidas a los páramos. Hace ya tiempo, durante los años setenta y ochenta del pasado siglo, incluso tenía lugar una prueba de automóviles y motos puntuable para el campeonato de España: la Subida a La Parrilla; debía de ser una prueba espectacular gracias a las revueltas que entonces mantenía la carretera. Hoy, desgraciadamente, por carretera es una subida feota y ordinaria, totalmente recta, sin la gracia que tienen las curvas, y eso que la falda del páramo y toda cuesta en sí es preciosa; existe la costumbre –que ha llegado hasta nuestros días- de subir a la cuesta el cinco de febrero a dar un paseo y merendar. Empezó siendo una romería con motivo de la festividad de San Francisco de San Miguel, el santo de La Parrilla, y hoy unos llegan a La Parrilla y otros no, que la Parrilla está muy lejos para ir andando en habiendo como hay automóviles.

Encinas, carretera, sauces, pinos…

Yendo a la bici, que es lo que interesa, diremos que esta subida es una de las más suaves, agradables, variadas y hermosas de las muchas que tenemos en la provincia. Eso sí, hay que saber dar con el perfil adecuado. A ello vamos.

Empezaremos en el cruce de la carretera con la línea de Ariza, donde tomamos la cañada real Leonesa. Unos cientos de metros por el pinar, con un firme enarenado que nos hará sufrir un pelín, pero que servirá para valorar más aun el suelo por el que rodaremos más tarde. No sólo veremos pinar, también algunos juncos que señalan el cauce de una antigua reguera.

La vieja carretera entre almendros

El sendero que llevamos se empina un poco pero aparece el firme –asfalto más o menos bacheado- de la antigua carretera. Surgen también zarzales en los que justo ahora se pueden comer excelentes zarzamoras. Vemos también abundantes sauces. O sea, que claramente hubo un arroyo. Y algunso almendros. Cañada, carretera vieja, carretera nueva, arroyo… todo lo hubo en esta subida.

La carretera nos da una preciosa revuelta de 360 grados –si estamos muy fuertes también podríamos subir por un sendero adyacente- y nos saca a la carretera actual, por donde recorremos unos 250 metros.

El sendero alto

Y, en un momento determinado, antes de llegar a los quitamiedos del lado izquierdo, sale un sendero en ese lado. Un sendero que inmediatamente se convierte en lo mejor de la subida: una senda con un firme excelente que discurre entre matas de roble y encina y que nos permite ver el amplio paisaje de la cuesta y del valle del Duero: aquí, majuelos y algunos almendros; un poco más allá pinares y matas de encina en la ladera; luego Tudela y más alfombras pinariegas; al fondo, campos cultivados que conectan con las laderas del valle y de los páramos; más lejos aún, los cerros de Geria y Tordesillas… Y, contemplando todo, no te das cuenta de que vas ascendiendo, pues la cuesta es muy suave, como si el firme hubiera sido trazado pensando en un ferrocarril. Supongo que formaría parte del camino anterior a la vieja carretera… Sea como fuere, esta subida es perfecta para cualquier ciclista a cualquier edad. Eso sí: ¡ojo con los 250 m de carretera actual! Los coches se embalan en esta recta, aunque sea de subida, y no digamos de bajada…

Laderas de la cuesta

Ya arriba, junto a la cañada, vemos que en la cabecera del antiguo arroyo abundan los chopos y los sauces y todo está más verde, pero no encontramos ninguna fuente, aunque hay trazas de que pudo haber un manantial.

Tienes otras dos subidas en las que seguramente te acabarás bajando de la bici: una al oeste, que se toma cerca de la granja de camellos y sube por las antiguas minas de yeso, y la otra –ya no es propiamente en la cuesta de La Parrilla- por el camino de Valdecarros, al este. Sin contar los muchos senderos utilizados por las motos para subir incluso por la línea de máxima pendiente…

De paseo hasta Tudela

La Cisterniga Tudela Herrera

El último sábado amaneció fresco y soleado. En cuanto nos pusimos manos a la obra –o pies en los pedales- comprobamos que, además, un viento del noreste aumentaba la sensación de frío que no cedió en ningún momento del día.

Fue un paseo tranquilo: nos habían citado a comer en Herrera y allá nos fuimos con la ayuda de las burras. Tomamos la sirga del canal del Duero y al cruzar FASA decidimos ir en busca del arroyo Espanta. Allí estaba, a pesar de los pesares que el pobre ha tenido que sufrir durante los últimos decenios. Sucio, pero con agua. Prometemos una próxima entrada sobre este maltratado curso de agua; de momento no decimos más, mantenemos el suspense.

En el Taragudo Alto
En el Taragudo Alto

Después, nos dirigimos a los famosos pinos del ramal perdido de la cañada real leonesa, que algunos conocemos bien aunque otros no se habían acercado. El lugar es un espléndido mirador sobre las laderas de la Cistérniga, Fuentes y el valle del Duero. No deja de asombrar. A los pies de los pinos pasamos por la curiosa y vieja acequia –antes arroyo de Santa Cruz- que viene de la finca Retamar y por el camino de los Melonares. Lugares tan sencillos como preciosos, y más ahora que los campos están o verdes o con ese color pastel de la tierra húmeda y labrada en espera de la siembra…

Camino de los Melonares
Camino de los Melonares

Después, cruzamos la dehesa de Fuentes descubriendo buenos ejemplares de encina, roble y pino. Lástima que esté vallada: dan ganas de salirse del camino para rodar por tan estupendo monte pero… Sin embargo, antaño, cuando todo era más libre, cruzábamos a la otra orilla por cualquiera de los muchos vados del río.

En Tudela, después de acercarnos al Batán, hicimos rampas y toboganes por las cuestas de la Parrilla. ¡Espléndido panorama entre viñas y almendros sobre la localidad, las Mamblas, el Duero!

Laderas de Tudela
Laderas de Tudela

Y bajo las copas de los pinos llegamos a Herrera. Después de repostar regresamos por el pinar de Solafuente y los Valles hasta Laguna. Tras un rato de charla con los pescadores del lago, asistimos a un suave y rojizo atardecer entre los campos y prados cercanos a Villa Leonor, que permanecen tal cual, sin urbanizar, en contraste con el cercano y ya desaparecido Prado Boyal.

Villa Leonor
Villa Leonor

Sencillo y bonito paseo. Con el sol, el frío lo hemos sobrellevado bastante bien. Una última observación: peinando las lagunas de Fuentes hemos visto las primeras golondrinas; siete días antes (5 de marzo)vimos el primer avión, peinando las cebadas del valle del Trabancos.

Modernos cultivos en Laguna
Modernos cultivos en Laguna

 

La Senda del Duero en Tudela, un paseo muy recomendable

DSCN5844Seguimos junto al Duero, esta vez cerca de Tudela. La senda de hoy tiene algunos tramos verdaderamente excepcionales, en los que el camino se convierte en un estrecho sendero de apenas un metro de anchura y avanza cubierto por la frondosidad de los árboles de la ribera que le dan abundante sombra en lo más cálido del estío, sube y baja en continuos toboganes, da vueltas y revueltas para adaptarse al río y su ribera, salva arroyos y manantiales gracias a rústicas pasarelas de madera y, en fin, las aguas del Duero se dejan ver casi de continuo y con ellas alguna garza e incluso algún martín pescador…

Ya hemos paseado por senderos similares entre La Peña y Tordesillas, o entre Peñafiel y Pesquera. Pero aun no habíamos estrenado este que, por supuesto, no nos ha defraudado en absoluto.

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Hay que tomar algunas precauciones y circular con prudencia en las proximidades de Tudela, para no dar un susto a los andarines que encontremos. Luego, lejos ya de la población, habrá que rodar atentos para no chocar con otro ciclista que venga de frente. Todo tiene sus inconvenientes y sus ventajas, pues rodamos tan ocultos, tan metidos en la ribera, que la vegetación nos impide ver bien al que viene y ser vistos por él. No obstante, en algún momento, el sendero toma contacto –durante unos pocos metros- con los campos de cultivo próximos. También pasaremos junto a algunas fuentes y manantiales.

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En total, son sólo siete kilómetros desde Tudela –la senda se toma en la orilla izquierda, cerca de la nueva pasarela que está unos 300 m aguas arriba del puente de piedra- hasta el lugar donde el Canal del Duero se cruza, mediante un acueducto, con el río. Luego, continúa por la sirga del Canal hasta Sardón y Quintanilla de Onésimo. ¡Recomendable, sin duda!

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Laderas de La Parrilla

Laderas de Tudela

El Duero deja los páramos de la orilla izquierda al pasar por Tudela. La cuesta popularmente conocida como de La Parrilla será la última que encuentre por esa orilla, pues por la derecha le acompañan hasta Tordesillas. El páramo de La Parrilla se dirige desde el Duero hacia el sur, al encuentro del río Eresma entre Alcazarén y Olmedo.

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Ya hemos dado hace poco un paseo por esta falda, pero no habíamos tomado el sendero en su inicio. Hay que subir desde Tudela por el camino que hay junto a la carretera de la Parrilla, paralelo, que acaba conectando con la carretera antigua. En la primera revuelta, seguimos de frente por un camino y tomamos enseguida la senda que sale a la derecha atravesando el curso de un minúsculo arroyo seco. Ya estamos encaminados.

Ahora pasamos encima de un majuelo que al fondo nos presenta Tudela, luego por un pinarillo. Lo mejor es el paisaje que nos acompaña, tanto en primer plano como de fondo: el valle del Duero, los páramos lejanos, los pinares de Tudela y Herrera… También pasamos entre viejos almendros abandonados.DSCN5537

El sendero hace continuas curvas, subidas y bajadas. Es alegre y vivo, nada aburrido, con cambios continuos de paisaje. Alguna subida es fuerte pero, como es corta, si hemos tomado carrerilla podremos con ella. Si nos obliga a bajar de la bici tampoco se nos hará larga.

Pasamos junto a antiguas minas de yeso, también por caleras ya destruidas,  y por los restos de unos colmenares. Al final, entre pinares, llegamos a La Parrilla.

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Subida a La Parrilla, descanso en el Duero

Ruta muy completa: cuenta con subida al páramo, pinares y ribera del Duero. Es corta -unos 36 km- y no muy dura.
Tudela se encuentra abrazada por el Duero. En los últimos años han sabido aprovechar esta situación y las riberas se encuentran cuidadas y aptas para el paseo y el descanso. También hay amplios espacios para la pesca. Por cierto, cada vez salen más lucio percas.

Subida a la Parrilla

Antes de iniciar la subida cruzamos la vieja vía de Ariza. Los pinos y las majoletas nacen entre los dos raíles. Curiosa vía de comunicación.
La subida es el único tramo duro de toda la excursión; se trata de una cuesta empinadísima al final. Como además el camino se encuentra con profundas roderas o surcos, acabamos por bajarnos de la bici. Pero no dura nada. De modo que, una vez arriba, a respirar profundamente entre encinas y a ver el amplio paisaje del Duero. A veces se muestra con bancos de niebla que se acojen a la hospitalidad de las riberas…
Después de acercarnos al vallejo de Tovilla con su fuente, un buen camino nos lleva hasta la carretera; al otro lado nace -hay un manantial- el arroyo Valdalar. Y en un momento estamos en La Parrilla.

…y bajada

Hemos señalado un posible camino de bajada. Hay otro, un poco menos suave si no tomamos el desvío a la izquierda por el puertecillo. Entre arenosos pinares que ya huelen a resina llegamos a la pista forestal que nos llevaría -en sentido cotrario al de Herrera- hasta Fuente Mínguez . También podríamos acercarnos a visitar la ermita del Compasco.

Pinares

Ahora, por la pista nos flanquean buenos pinos de los pinares. Como no tenemos la  posibilidad de tomar un camino que no existe, vamos por la carretera en dirección Tudela. Luego volveremos a salir a otra carretera, la de las Maricas. Y siguiendo por el asfalto a través del raso de Portillo, que hasta aquí llega, nos desviamos finalmente a Hererra.

Herrera

Pueblecito pequeño, dependiente de Tudela. A juzgar por las pintadas –Herrera sola-, también quiere independiencia, como El Bierzo o Cataluña.

¿Qué ver por aquí? Además de los profundos pinares, la ribera del Duero. Y, en la ribera, la vieja pesquera en la que funcionó una aceña en el mismo lugar donde también hubo un puente de barcas. Y una cueva que, según la leyenda, conectaba con el castillo de Portillo. Hoy solo queda lo que fue un lagar. La gran piedra protege una esquina de la construcción. También abundanron en la ribera las fuentes y manantiales. Abundaron.

Pinos y riberas

Un camino cómodo, tranquilo y acogedor nos conduce entre pinares, encinas y el arbolado del río hasta Tudela. Tan descansados vamos que en alguna de las asomadas del Duero se impone el baño. Parece que ya estamos en verano y casi no ha empezado la primavera…