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Valdesamar ya no es lo que era

18 febrero, 2020

 

Valdesamar era un manantial, una zona pantanosa en medio de la paramera de Torozos. Tuvo un amplio corral para guardar el ganado por la noche, un pozo con abundante agua y abrevaderos, una pradera, enhiestos chopos que se veían desde muchos kilómetros a la redonda, una fuente… Hoy aun posee algo de todo eso, pero tiene también nuevos caminos que parecen autopistas y unos gigantescos molinos que producen, si hay viento, energía eléctrica.

El corral

Pero claro, buena parte de la poesía de Valdesamar ha desaparecido. El progreso, siempre el progreso, que parece incompatible con la belleza de nuestros campos. Menos mal que se ha respetado la Cruz del Pastor –y por tanto su memoria- al construir una de las autopistas. Incluso la han limpiado y sus letras pueden leerse mejor. Mas los chopos están enfermos, algunos se han secado… ¿tendrán la culpa los soberbios molinos?

En el humedal de Valdesamar nace el arroyo de Juncos Gordos y hemos aprovechado para seguirlo hasta su desembocadura en el río Hornija.

Valle del arroyo de los Molinos antes de Berceruelo

Arroyo de los Molinos y batalla de Villalar

Tras pasar junto a  los chopos –cada vez más muertos- da vida a la fuente del mismo nombre que el arroyo, hoy en realidad un pozo con una pradera que se ve perfectamente desde la carretera de Tordesillas a Torrelobatón. De inmediato, pasa a llamarse arroyo de los Molinos: deja la paramera y la transforma en un valle amplio y poco profundo, con forma de arco. Aquí da vida a una pradera y a los Prados Nuevos, hasta que llega a Berceruelo, pequeño pueblo protegido en su cauce.

Arcos del puente

Entre Berceruelo y Bercero el arroyo movió dos molinos, uno de ellos parece que tuvo dos cubos. Después, sale a campo abierto alejándose de las laderas del páramo –con el pico de Fray Gaspar al frente- y se convierte en una zanja prácticamente seca, sucia y obstruida… Pero su último tramo fue testigo nada menos que de la batalla de Villalar, pues el famoso puente de los Fierros sorteaba nuestro arroyo, y no el Hornija, a poco más de 100 metros.

Arenillas

De vuelta

Ya de vuelta, volvimos a acompañar en buena parte del trayecto a nuestro arroyo, o bien seco, o bien con encharcamientos pestilentes. Cerca de Bercero paramos a reconocer el lugar donde antaño se levantó un pueblo, Arenillas, hoy desaparecido. De entrada, el topónimo hace honor a lo que nos encontramos. Además, numerosas piedras y restos de cerámica estaban desperdigados en ese mismo lugar, denotando que estuvo habitado. Peor lo que más nos impresionó fue el curioso brocal del pozo que allí vimos: cuatro cuerpos de piedra caliza, de dos formas diferentes,  apoyados sobre las paredes del pozo casi a ras de tierra, que encastran perfectamente y forman un curioso brocal móvil. Debería conservarse, al menos por su originalidad.

El pozo (taponado, evidentemente)

Velilla y sus canteras

Después de subir al páramo siguiendo el arroyo Zorita, llegamos a Velilla, donde nos entretuvimos contemplando el paisaje desde la balconada del atrio de la iglesia. Al inicio de la excursión habíamos visitado las canteras abandonadas en la raya de Berceruelo, que comparte con este municipio.

Aquí dejamos el trayecto seguido según Durius Aquae.

Valdesamar, un manantial en el páramo

31 diciembre, 2015

Matilla de los Caños 2015(1)Tomando como punto de partida la histórica ciudad de Simancas, vamos a realizar un recorrido -en buena parte por el páramo de los Torozos- para rodar a gusto por buenos caminos y estirar bien la piernas.

La primera meta volante la tenemos en un cerro que se divisa bien desde el valle del Pisuerga, luego del Duero: se trata del teso de Valdelamadre, perfectamente localizable por sus antenas de telefonía. Pasamos antes junto al crucero y ermita de Geria y luego enfilamos una cuesta larga y suave (salvo en sus últimos metros). Nos asomamos a contemplar la enorme extensión de territorio –tierras de labor, pinares, ríos, pueblos, vías de comunicación- que se extiende a nuestros pies.

Fuente de Matilla

Fuente de Matilla

Ahora es cuesta abajo, con algunos toboganes. Dejamos a un lado Pedroso, jurisdicción de la Abadesa de Tordesillas y nos presentamos en Matilla de los Caños. Enorme, preciosa, espectacular fuente de enormes caños con… ¡un hilillo de agua! Al menos podemos acercarnos a las eras, donde vemos una peculiar caseta o chozo con un tejado que recuerda un birrete sin borla.

Comenzamos la segunda subida seria de la jornada desde Matilla. Pasamos por la fuente de Carralate: junto a ella han colocado dos mesas para merendar. El último tramo lo hacemos a campo traviesa hasta que conectamos con el camino, ya en el ras del páramo.

Caminar alguna vez es sano

Caminar alguna vez es sano

Ahora, ¡a rodar sin (casi) esfuerzo! Tenemos la llanura por delante y hacemos algunas paradas. La primera en el manantial y humedal de Valdesamar, con sus juncales y charcas, secas por el momento. Tanto en los pozos como en los charcos podríamos encontrar tritones y gallipatos. Pero hoy no es el caso. Aquí nace el arroyo de Juncos Gordos, enseguida acompañado por altos chopos y otros manantiales. Antiguamente, movió piedras molineras allá abajo, entre Berceruelo y Bercero. Vemos también los restos de unos corrales, expresión de lo que fue este páramo para la ganadería.

Corrales de Valdesamar

Corrales de Valdesamar

Y rueda que te rueda, llano y llanura, almendros y majanos, raudos pasamos junto a los imaginarios rebollos del Rebollar, donde ahora se hacen ejercicios de tiro. Un poco más y comenzamos a descender del páramo por las fuentes de los Navarros y de los Pocicos, ya en el término de Ciguñuela. En todo esta zona han plantado abundates cerezos, así que en primavera se unirán más árboles floridos a los ya tradicionales almendros. Una bajada no exenta de toboganes nos deja en las orillas del Pisuerga. Hemos vuelto a Simancas.

* * *

La crónica negra de Valdesamar

El paraje de Valdesamar no puede ser más evocador: praderas, humedales, manantiales, chopos; lejos de cualquier lugar habitado; sólo se divisa el cielo y las siluetas de algunos árboles y arbustos en el horizonte; las calandrias y alondras cantan en lo más alto del aire. Es una suave e idílica nava con salida hacia el oeste. Pues bien, aquí tuvieron lugar, hace siglos, dos horribles sucesos.

La Cruz. Los chopos del arroyo parecen desfilar en procesión, apenados por la muerte de Domingo.

La Cruz. Los chopos del arroyo parecen desfilar en procesión, apenados por la muerte de Domingo.

El más cercano en el tiempo lo conmemora la llamada Cruz del Pastor, en la orilla de uno de los caminos que llevan a Torrelobatón. En el anverso de cruz, de piedra, está grabado: AQUI MURIO DOMINGO ABOIN OTERO CRUELMENTE ASESINADO EL DIA 11 DE JUNIO DE 1888 RIP. La inscripción dice lo importante; de los detalles nada sabemos.

El otro suceso ocurrió 47 años antes, 13 de noviembre de noviembre de 1841 cerca de la venta de Valdesamar (venta Casa Blanca, todavía hoy vemos sus ruinas), en el camino real que se dirige a Tordesillas. Se trata de la horrorosa muerte de Juan Francisco Aparicio, vecino de Almagro, casado, traficante, a manos de tres gitanos armados con trabucos y tercerolas que actuaron ocultos bajo mantas blancas. Le asesinaron para robarle, según consta en el Boletín Oficial de León, núm. 100 de 1841.

Restos de la venta Casa Blanca

Restos de la venta Casa Blanca

Y es que en cualquier sitio puede ocurrir cualquier cosa…

Llegó el verano

16 julio, 2010

¡Y con qué fuerza! Junio fue un mes de temperaturas agradables, con poco calor y abundantes lluvias. Incluso los primeros días de Julio también fueron suaves. La primera fotografía -tomada el 4 de este mes-  muestra un agradable camino en el páramo, entre Torrelobatón y Robladillo, con acacias y abundane hierba, todavía verde.  Pues justo una semana después, el mismo camino aparece ya con la maleza bien seca. Además, la rueda delantera levantaba continuamente polvo que se fijaba en la cadena y piñones de la bici gracias a la grasilla. Por no hablar de la temperatura, excesiva a pesar de estar en lo alto del páramo. Menos mal que luego ha ido bajando…

Las cosechadoras estaban trabajando a tope y nada se escapaba al terrible calor estival. Bueno, algo sí: el manantial de Valdesamar, que en invierno acoge tritones y gallipatos, conservaba algo de humedad y frescor, con abundantes juncos y hierba verde.

Y nos acordamos de aquellos versos de Machado los que ahora cabalgamos en máquinas ligeras que brillan al sol…

El ciego sol, la sed y la fatiga.
Por la terrible estepa castellana,
al destierro, con doce de los suyos
-polvo, sudor y hierro- el Cid cabalga.