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Atravesando Valladolid con don Jorgito el Inglés

1 octubre, 2018

George Barrow -o don Jorgito el Inglés- fue un viajero que anduvo por España durante los años 1835-1840 enviado por la Sociedad Bíblica británica para divulgar el Nuevo Testamento sin notas por nuestra península. Sabía multitud de lenguas, desde el manchú al romaní, esta última aprendida viviendo entre gitanos durante varios años. Incluso llegó a publicar el Evangelio de San Lucas en romaní (Embeo e Majaró Lucas, Madrid 1837).

En su libro La Biblia en España (con nota previa para la edición española de Manuel Azaña), narra su periplo viajero y, puesto que pasó por nuestros campos, vamos a acompañarle en su andadura vallisoletana.

Salida de Salamanca

El día 10 de junio de 1835 partió en su caballo y casi se pierde: la ruta se Salamanca a Valladolid, a veces carril a veces senda, es muy difícil de distinguir; no tardamos en perdernos y anduvimos mucho más de lo que en rigor es necesario. Ya se ve que los caminos de entonces no estaban tan bien trazados como las actuales carreteras…

Durmió, con sus acompañantes en Pitiega –pueblecito formado por chozas de tierra– y de allí se dirigieron a Pedroso, donde de nuevo hicieron noche para salir hacia Medina del Campo. Ese día anota que hizo mucho calor y que en todo lo perteneciente a España la inmensidad y la sublimidad se asocian. Grandes son sus montañas y no menos grandes sus planicies, ilimitadas, al parecer. A pesar de que estaban todavía en primavera, ésta no debía haber sido especialmente húmeda, pues exclama ¡cuánta melancolía por doquier; qué escasas las notas vivas, joviales! …tierra sin límites, donde los olmos, las encinas y los fresnos son desconocidos; tierra sin verdor… O tal vez exageraba, al acordarse de los siempre verdes campos ingleses.

Medina del Campo

En Medina, la ciudad de la llanura, se fija en que inmensas ruinas la rodean por todas partes y que estaba llena de gente, pues en dos días se celebraría la feria. Por eso le costó que les admitieran en la posada, ocupada principalmente por catalanes. Al día siguiente reanudaron la ruta pasando por tierras muy semejantes a las de días anteriores y a medio día pararon en una venta a media legua del Duero. No sabemos dónde se sitúa esta venta, pues tanto Valdestillas como Villanueva se encuentran a poco más de una legua de Puente Duero…

Riberas del Duero

Aquí el paisaje cambia de verdad para el Inglés, y escribe que las márgenes del Duero son muy bellas y pobladas de árboles y arbustos en los que trinaban melodiosamente a nuestro paso algunos pajarillos a la vez que un delicioso frescor subía del agua que, a veces, se embravecía entre las piedras o fluía veloz sobre la blanca arena o se estancaba con mansedumbre en las pozas azules, de considerable hondura.

Y junto al Duero recuerda a una mujer, como de treinta años, vestida a lo labrador, con pulcritud, que miraba fijamente el agua, arrojando a ella, de vez en cuando, flores y ramitas. Me detuve un momento y la hablé, pero sin mirarme ni contestar, siguió contemplando el agua como si hubiera perdido la conciencia de cuanto le rodeaba.

Y continúa: “¿Quién es esa mujer?”, pregunté a un pastor que encontré momento más tarde. “Es una loca, la pobrecita, -respondió-. Hace un mes se le ahogó un hijo en esa poza y desde entonces ha perdido el juicio. La van a llevar a Valladolid a la Casa de los Locos. Todos los años se ahoga bastante gente en los remolinos del Duero; este es un río muy malo. Vaya usted con la Virgen, caballero”.

Valladolid

Cruzaron el río por un hermoso puente de piedra si bien, a continuación, entraron en los mezquinos y ralos pinares que bordean el camino a Valladolid. Parece que el inglés no podía seguir mucho tiempo sin vituperar el paisaje por el que cruzaba y que no acababa de comprender.

Ya en Valladolid, le llamó la atención su forma, pues se encuentra en el fondo de un valle de escabrosas pendientes y aspecto insólito. Comenta que tiene muchos conventos, que es ciudad fabril y con su comercio en manos de catalanes. Se hospedaron los dos primeros días en la Posada de las Diligencias, para quedarse luego en el Caballo de Troya. Contactó con libreros, con los colegios Inglés y Escocés, con el de las Misiones Filipinas. Cuenta diversas anécdotas y sucedidos hasta que, después de permanecer diez días en Valladolid, continuó viaje.

Dueñas y Palencia

Pasa por Dueñas, situada en una ladera sobre la que se alza una montaña de tierra calcárea coronada por un castillo en ruinas. Le llaman la atención sus bodegas, donde se guarda el vino que en abundancia produce la comarca y que se vende principalmente a navarros y montañeses.

Terminamos con la llegada a la ciudad del Carrión: Dos horas de caballo nos pusieron en Palencia, ciudad antigua y bella, admirablemente situada a orillas del Carrión… ¡Menos mal que los ríos eran para don Jorgito como un oasis en medio de las terribles estepas castellanas!

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Valladolid, cruce de paisajes

4 junio, 2016

Cerro SC

La ciudad de Valladolid se asienta sobre un verdadero cruce de comarcas. Por un lado –hacia el este- se encuentra en la comarca del Cerrato, como Cabezón de Cerrato, pues la Esgueva, después de moldear buena parte de ese territorio, desemboca en el Pisuerga precisamente por Valladolid. El último accidente cerrateño es, seguramente, el cerro de San Cristóbal, insignia de la ciudad.

Iniciando la bajada hacia Valladolid desde el páramo

Iniciando la bajada hacia Valladolid desde el páramo

Pero también es cierto que por el norte, Valladolid –y en particular sus barrios de la Victoria y la Maruquesa- se asienta sobre las laderas del páramo de Torozos, moldeadas por el Pisuerga desde su orilla derecha. Las cuestas de la Maruquesa son, sin duda, otra insignia.

Dársena del canal. Al fondo, Cuesta de la Maruquesa

Dársena del canal. Al fondo, Cuesta de la Maruquesa

Pero hay más: la ciudad, por el sur, se extiende hacia el Pinar de Antequera, último bosque importante de la Tierra de Pinares. De esta manera, con sólo caminar unos pocos kilómetros, podemos contemplar tres comarcas naturales, con sus paisajes específicos. Y a todo ello debemos sumar las riberas, sotos y meandros del Pisuerga, que por sí solos también constituyen otro peculiar paisaje lleno de vida y frescor.

Pinar de Antequera

Pinar de Antequera

Claro que la cosa no queda aquí pues, desde el punto de vista histórico, nuestra ciudad se encuentra en la línea del Duero, ancha frontera con las marcas musulmanas durante los primeros siglos de la Reconquista. Pero también se sitúa en la misma raya fronteriza del reino de León con el condado de Castilla. A pesar de que al principio de la Edad Media Valladolid no existía –era una pequeña aldea dependiente de Cabezón y protegida también desde Simancas- luego acabó siendo cabeza de un amplio alfoz, asiento de Consejos y sede de la Corte.

Laderas cerca de Zaratán

Laderas cerca de Zaratán

 

 

Huellas de Almanzor en Valladolid

6 enero, 2016

Almanzor en Valladolidl(1)Cuando, después de la derrota de Abderramán III en Simancas los reyes de León habían avanzado hasta el Sistema central, hizo acto de presencia en la escena musulmana el general Almanzor, que llevó a cabo más de 50 aceifas ocampañas, casi todas contra los reinos cristianos del norte y especialmente contra el de León. El territorio que hoy es provincia de Valladolid no se libró de ser arrasado por este caudillo musulmán. No hemos señalado una ruta específica; sus correrías fueron continuas por nuestro país y sólo han quedo señaladas las destrucciones más importantes. Pero veamos los lugares que fueron objeto de sus aceifas.

Adalia

Ermita de la Virgen de las Viñas antes de la restauración

Ermita de la Virgen de las Viñas antes de su restauración

Si en las primeras campañas arrasó Cuéllar y Salamanca, en la cuarta se dirigió contra al-Daliya, que bien puede ser nuestra actual Adalia, junto al arroyo Daruela y en las proximidades de Mota del Marqués. Se introdujo, por tanto, en un valle muy abierto del páramo de los Torozos. Adalia (al-Daliya) significa viña en árabe y precisamente en las afueras del pueblo se levanta la ermita de la Virgen de las Viñas, o sea de Adalia. Por tanto, conserva el mismo nombre, tanto en árabe como en castellano. Curioso, ¿no?

Bien es cierto que al-Daliya igualmente pudo tratarse de un despoblado del mismo nombre al lado del también arroyo Adalia, cerca de Toro.

Simancas

La tradición de las Siete doncellas mancas se remonta más allá de los tiempos de Almanzor

La tradición de las Siete doncellas mancas se remontaría más allá de los tiempos de Almanzor

Era la ciudad fortificada más importante de la zona central de la cuenca del Duero, de lo que hoy es Valladolid. No podía faltar en las razias de Almanzor, que estaba decidido a hacer de este valle otro desierto, como lo hiciera unos siglos antes Alfonso I. Fue el objetivo de la de la 18ª campaña. Cuentan las crónicas árabes que Almanzor no dejó en pie ni las murallas, que hizo miles de prisioneros, y que las aguas del Pisuerga se volvieron rojas de sangre cristiana durante la batalla. O sea, la sangre sí que llegó esta vez al río. Como dato curioso, entre los prisioneros que hizo estaba el caballero zamorano Domingo Sarracino Yáñez, martirizado en Córdoba dos años después por intentar convertir a sus carceleros y desde entonces venerado como santo. Su mujer, Violante, se fue a vivir a aquella ciudad para visitarle con fecuencia.

 

Portillo

En la 29ª campaña, conquistó Burbil en un día, y en la 32ª, uno o dos años más tarde, Burtil, a la que cercó y consiguió que sus habitantes se la entregaran mediante capitulación; destruyó el castillo y regresó. Parece que ambos nombres se refieren a Portillo. Tiene toda su razón de ser, pues desde Portillo se controlaba un inmenso territorio y era paso desde el sudeste hacia León. El caudillo estratega no daba puntada sin hilo y al tomar Portillo tomaba todas las aldeas que dependían de él –sobre todo en el Raso-y cortaba las comunicaciones de los que por allí pretendieran cruzar.

Panorámica desde Portillo

Panorámica desde Portillo

Merece la pena subir a esta localidad, que conserva un castillo muy posterior al tiempo de Almanzor. La vista desde el pico Calvario, en el extremo occidental del cerro, nos da idea de la importancia que tuvo este punto de observación y vigilancia; además, en él se han descubierto restos de una torre y foso pertenecientes a una fortaleza altomedieval.

Pedrosa del Rey

Pedrosa del Rey

Pedrosa del Rey

En su afán por destruir las poblaciones y fortalezas de la línea del Duero, Almanzor destruye en la 44ª campaña Batrisa, seguramente Pedrosa del Rey. Es posible que lo arrasado estuviera en el cerro de las Canteras, que domina la actual Pedrosa, y es una de las últimas elevaciones desprendidas del páramo de Torozos.

San Román de Hornija

Más cerca del Duero y no lejos de Pedrosa está San Román de Hornija, objetivo de la 45ª campaña de Almanzor. No era fácil llegar allí, pues no hay puentes sobre el ancho río Duero –no los hay hoy en día- y Sant Ruman era un lugar relativamente tranquilo donde monjes mozárabes rezaban y entonaban letanías a Dios de manera pacífica. De nada les valió, pues hasta allí llegó Almanzor arrasándolo todo. Y es que todo lo cristiano junto al Duero debía ser destruido.

Estas columnas y sus capiteles son anteriores a Almanzor

Estas columnas y sus capiteles son anteriores a Almanzor. Él no pudo con ellas, pero nosotros, sí.

Una consecuencia de este saqueo, que ha llegado hasta nuestros días son los innumerables capiteles y restos de columnas mozárabes que hay desperdigadas por toca la comarca, utilizados en las casas de los pueblos o incluso como pilas de agua bendita en algunas iglesias.

A Dios gracias, no llegó a San Cebrián de Mazote, bien escondido entre los pliegues del páramo, por lo cual podemos admirar todavía hoy una insólita maravilla de arte mozárabe.

Aguilar de Campos

San

San Andrés, en Aguilar

En la campaña 46ª superó esta barrera de los páramos para introducirse en los Campos Góticos, o sea, la actual Tierra de Campos, y conquistó Aguilar. Sin duda, esta localidad con sus iglesias, el trazado de sus calles, las casas trogloditas, es una de las más antiguas de Campos. Además los restos –al menos en la memoria- de su castillo sobre un cerro, en una tierra relativamente llana, atestiguan que pudo ser una plaza fuerte. Las fuentes árabes, siempre exageradas hablan de 20.000 cristianos muertos y 50.000 apresados (!).

Y Montemayor de Pillilla

A sólo 13 km de Portillo se encuentra este Montemayor, que en la 53ª campaña sufrió el acoso del caudillo árabe. Se sitúa en el comienzo de un suave descenso del páramo, en un amplio picón del mismo. Posee agua en abundancia y se han encontrado restos de construcciones medievales. Durante la campaña fueron muertos 10.000 cristianos y apresados otros tantos.

Plaza de toros de Montemayor

Plaza de toros de Montemayor

También tenemos noticia de que conquistó el antiguo castillo de Peñafiel, y seguramente hiciera lo mismo con todas las fortalezas -innumerables- que se levantaban en prácticamente en todos nuestros cerros. Pero, en fin, dejemos aquí la acción guerrera y destructora de Almanzor, que supuso un paso atrás en la Reconquista para los reinos cristianos, especialmente para el de León. Sin embargo, los condes y reyes posteriores reconquistaron y repoblaron ese terreno devastado y yermo. Fue el sino del valle del Duero durante más de dos siglos y medio.

* * *

NOTA.- Tradicionalmente, Almanzor llegó sólo hasta Simancas y Portillo. Nosotros hemos seguido el análisis textual del Dikr bilad al-Andalus, realizado por R. Martínez Ortega, experto en toponimia hispánica medieval. Lo podéis leer aquí.

Fuentes del Duero

12 agosto, 2014

 

Fuentes de Duero

Fuentes de Duero

La ribera del Duero era, antes, una ribera humana. Ahora es una ribera sucia y salvaje. Me explico.

Hace cincuenta años, la ribera solía disponer de un sendero a media altura –ni pegando al agua ni ya por fuera de la vegetación- bajo la protección de los árboles. Subía, bajaba, giraba, según lo accidentado de la ladera. Desde él, se podía acceder a lugares de pesca, tablas y pedregales del río, y también a fuentes y manantiales. Hoy las cosas han cambiado y  la ribera está impracticable, las zarzas y otros arbustos han ocupado el lugar del sendero y con dificultad se puede acceder a esos lugares. Incluso las playas naturales y los rápidos de cantos rodados han desaparecido, y hoy todo lo llena la pecina y arbustos y matas de árboles crecen donde antes sólo había agua.

¿Qué ha pasado? Por un lado, que ya todos vivimos de espaldas al río, a pesar de que se nos llene la boca hablando de ecologismos y negativas a trasvases y cosas así. Ya no hay pescadores, ya nadie pretende recolectar frutos en la ribera, ni busca el agua de sus fuentes, ni los aprovechamientos de saúcos o espadañas… Además, ¿habrá descendido el nivel medio del caudal? Tal vez, pues es claro que las extracciones de agua para riego u otros usos no hacen más que crecer. Por tanto, la ribera duerme el sueño oscuro del olvido.

Morena

En todo esto pensaba al visitar, hace unos días las fuentes de La Morena y La Nieves, junto al caserío de Ibáñez, en el término de Herrera de Duero. Cuesta lo suyo llegar a ellas sorteando ramas y zarzales y, cuando llegas, están cubiertas de vegetación, con los caños obstruidos y los abrevaderos llenos de tierras.

Otras han desaparecido por completo: en Puente Herrera y junto al mesón los Almendros, también de Herrera, había sendas fuentes que abastecían de agua y regaban huertas contiguas. Imposible encontrarlas. Se encuentran enterradas.

Nieves

Por el contrario, en Tudela han reaparecido la fuente del Rey y otra de factura similar en la misma orilla aguas arriba, superado el pueblo. A veces hasta dan agua; no estaría mal limpiarlas también por dentro.

Junto al caserío de Fuentes de Duero, había una fuente preciosa junto al río, bajo una chopera, con su espacio para lavanderas. ¿Seguirá allí?

Fuente Juana

Fuente Juana

La fuente Juana, en Laguna, se encuentra casi tapada por la vegetación y, cuando consigues acceder a ella ves que se ha convertido en una especie de charca. Después de urbanizar la zona, camina hacia el olvido. La fuente de San Pedro Regalado sigue viva –y con cangrejos- tras las ruinas del Abrojo.  En la orilla izquierda –o sea, en Boecillo- vemos la fuente del Rector, limpia y remozada. Y, también restaurada, la de Villarmayor.

Entre Puente Duero y el río, las Fuentes del pueblo –lavadero con dos caños encontrados- están sucias y olvidadas. Antes de la confluencia, también en la orilla derecha, sobrevive a duras penas el manantial o fuente del Batán.

Los árboles señalan la fuente del Batán

Los árboles señalan la fuente del Batán

Los manantiales de la ribera eran innumerables. La peña que aflora en la ladera sudaba agua fresca y, mediante incisiones o canalillos se dirigía a un pequeño depósito al que se le podía enchufar un caño y ¡hecha la fuente! Hoy el problema es acceder a la peña.

Días de otoño

13 noviembre, 2011

Después de un largo verano parece como que no quiere entrar el invierno. Los días siguen siendo soleados y la temperatura no puede ser más suave. Las lluvias, tardías, no han sido las suficientes para los buscadores de setas: se les ve con la cesta (vacía) en el brazo y con cara de circunstancias, como pensando más en la temporada próxima que en ésta.

Pero la naturaleza no falla a pesar de todo. Los árboles se van desprendiendo de su hoja, cada uno a su ritmo y siguiendo su propio temperamento: los chopos ya están desnudos, los álamos y sauces se encuentran a mitad de camino, los almendros parece que no se han enterado todavía –a pesar de que son los más madrugadores- de que tienen que ir dejando el abrigo y los robles, con la hoja dorada, no la soltarán hasta las fuertes heladas de enero y febrero.

Por su parte, los milanos rojos llenan los cielos, las avefrías los campos, las lavanderas hasta las calles de los pueblos y la silueta de las grullas se deja ver entre lo pardo de las tierras o dibujándose en el aire. Es la temporada de invierno.

Todavía no vuelve el verde a los praderíos, ribazos y perdidos, aunque en muchos de los campos sembrados, el cereal ya ha nacido.

Y el aire se ha vuelto limpio y trasparente, como no lo veíamos desde la primavera. Abundan los contornos definidos y los atardeceres o amaneceres llenos de matices y colorido.

Pasó, definitivamente, el verano y el ciclo vuelve a empezar.

Las fotos pertenecen a estos últimos días en lugares próximos a la ciudad.

Tierra de fronteras (2)

25 noviembre, 2010

Al sur del Duero, las cosas estuvieron más claras, relativamente. Aunque hubo escaramuzas y una importante batalla en Castrejón, lo cierto es que la Tierra de Medina -que siempre fue Castilla- limitaba al oeste con León; y fueron de León Castronuño, Torrecilla de la Orden y Fresno el Viejo (¡con su joya románico mudéjar: la iglesia de San Juan!) De multitud de fortificaciones quedan todavía las piedras, testigos mudos de aquellas lejanas batallas: los Evanes, Nava, Alaejos, Tovar, Serracín… Y el río Trabancos marcaba, por si había alguna duda, el límite a defender.

En total, que este hubiera podido ser un mapa fronterizo de Valladolid hacia el siglo XII, aunque bien sabemos que la línea fronteriza casi no existía, que en tierras de León había plazas castellanas, y al revés, que la frontera no la marcaba una raya, sino los castillos y plazas. También sabemos que el Cerrato, así como las tierras de Peñafiel, Olmedo y Medina del Campo siempre fueron castellanas, y que entre el Pisuerga y el Cea hubo una frontera móvil y flexible.

En otras entradas pasearemos por Castillos y despoblados, como ya lo hicimos por el río Trabancos.