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Valoria y Valvení

5 octubre, 2016

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Esta excursión discurre por los últimos valles y cerros del Cerrato, cuando éste desaparece cortado por el caudaloso río Pisuerga. Valoria se encuentra a unos 2 km de la desembocadura del arroyo Madrazo en ese río, bien protegida por el pico del Águila al norte y por las laderas de Aguileras, al sur. Posee una original iglesia de planta exagonal, un viejo molino, palacios, una quesería, bodegas modernas y tradicionales…

Las bodegas

Empezamos la excursión por éstas últimas, y nos acercamos a la Bodega Grande, que en realidad es un grupo de bodegas de las de toda la vida especialmente cuidadas. Merece la pena dar un paseo por sus senderos para contemplar de cerca estas construcciones tradicionales. Son muchas, y las hay de todo tipo, tal vez las más llamativas sean esas con la fachada construida en piedra de tonalidades rosadas. Ideales para pasar una agradable tarde en compañía de amigos o familiares. Delante del montículo en el que se agrupan vemos una pradera en la que hasta hace poco hubo una fuente que ahora está clausurada.

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En la Bodega Chica

La denominada Bodega Chica no tiene nada que ver. Hubo menos bodegas y ahora no hay ninguna, pues todas están reducidas a escombros: o bien hundidas o bien saturadas de tierra y porquería.

De manera que subimos al páramo por el camino de San Millán. Bueno, pues este camino se acaba sin previo aviso cuando queda un kilómetro hasta arriba. Se ve que en otra época fue utilizado, pues el firme –destrozado por la escorrentía y lleno de maleza- puede adivinarse. Pero… como somos ciclistas todo terreno, llegamos al páramo como buenamente podemos. Al final, con la bici al hombro.

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Desde arriba

Una lengua de páramo

Como siempre, ha merecido la pena. Estamos en una lengua, o istmo más bien, pues dominamos tanto el valle del norte –del que venimos- como del sur. La parte más ancha se aprovecha para cultivo de cereal y la más estrecha es perdido con alguna encina. Pasamos junto al vértice Senderillo que también da nombre a las laderas hacia Valvení, o Miralrío, si miráramos hacial el Pisuerga .

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Pico de la Muedra

Navegando entre dos valles nos acercamos al pico de la Muedra o del Castillo. Desde luego, es un lugar perfecto para un edificio defensivo, pues domina un amplio territorio. Pero no queda rastro. Hacia Valvení las laderas, de tonalidades blancas, están acarcavadas por efecto de la lluvia y otros elementos.

Descendemos a campo traviesa. Desde abajo también impresiona la falda de este cerro: potente, proporcionada, blanca, formando una especie de circo acogedor, con un resalte de caliza más oscuro tres metros por debajo de la rasante del páramo…

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Laderas

Valvení, benigno ¡y largo!

Una suave subida y descendemos, esta vez, a San Martín, donde iniciamos un largo ascenso de 10 km hasta llegar de nuevo al páramo. El valle se irá, poco a poco, estrechando. A la derecha, hazas que ascienden suavemente; a la izquierda, laderas empinadas y mogotes desprendidos. Cada pocos metros, el paisaje cambia.

Pasamos por la Granja San Andrés donde pensábamos saludar a sus mastines, que suelen salir al encuentro de los ciclistas, pero deben estar trabajando con sus ovejas. De todas formas, nos paramos en las ruinas de la Ermita Vieja, antigua parroquia de San Andrés en otros tiempos que, a duras penas, mantiene el cementerio en un cercado contiguo: Aquí también vemos la fachada de un antiguo palacete, casas de labranza, ruinas y una fuente.

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Fuente de Santiago

El valle es tan largo que no cuesta subirlo. Las laderas se van llenando de robles y en el fondo de la cuenca hay abundante humedad e incluso corren todavía hilos de agua. Y llegamos a la fuente de Santiago que se encuentra a media ladera no lejos del ras del páramo. Echa dos chorros de agua, lo que no está mal pues ya nos encontramos en septiembre y sin llover. La han limpiado y han ampliado un espacio llano ideal para descabezar una siestecilla.

Un poco más y pasamos junto al Roblón, alto, enhiesto, en mitad de lo poco que queda de vallejo. Ya arriba, conectamos con la cañada real Burgalesa, donde alguien ha colocado un cartel explicativo.

…y el valle del Madrazo

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Cubillas

¡Qué agradable y largo descenso hasta Población de Cerrato! Pero no paramos sino a coger  agua. Por la cañada de Dueñas subimos, a campo traviesa y cruzando un descuidado joso, al páramo de enfrente. De nuevo nos paramos a contemplar el paisaje y luego a examinar un chozo de pastor con su correspondiente corral.

La etapa siguiente nos lleva al Castillo y a las minas de cal que hay encima de Cubillas. Bueno del Castillo sólo queda el topónimo, como en la Muedra. Cierto que es el lugar ideal para levantar uno, pero lo edificaron y luego –piedra a piedra- se lo llevaron, de forma que no quedan ni las huellas. De la explotación de cal quedan las laderas blancas bien abiertas con entrantes y salientes. Y, debajo, las casas, campos y caminos de Cubillas en medio de este valle cerrateño. Destacan una enorme iglesia –desproporcionada para tan pequeña localidad- y una ermita ya en la afueras. Junto a la iglesia vemos las bodegas o cubillas.

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Restos de las viejas minas

Y aprovechamos la carretera para pedalear con menos esfuerzo y llegar a Valoria por la plaza del Hortal, donde ya no hemos encontrado el viejo pilón.

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Valvení

23 septiembre, 2014

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O sea, vallis benignus, esto es, apacible, suave, templado. Es el valle del arroyo del Prado, que cuenta con altas laderas –casi verticales en muchos de sus tramos- que caen desde el borde del páramo. El núcleo habitado es San Martín, pero antaño también lo estuvieron la Granja de San Andrés, la Granja Quiñones y otros.

No es normal un valle así en nuestra provincia. Abundan las caídas de los páramos, pero forman valles muy anchos –Pisuerga, Duero- o muy largos -Esgueva- , o bien vallejos mínimos o no muy profundos, abundantes en Torozos. Aquí, sin embargo, el desnivel es de casi 150 m. Por eso, se encuentra perfectamente protegido de los vientos, no está tan a la intemperie como los páramos o los anchos valles.

¿Cuáles son los atractivos de este Valvení? Muchos y variados. Veamos.

Cueva

Cueva cerca de Miralrío

Las laderas

Las que caen desde el Este, hacia Valoria, son blancas como algodones con pequeñas manchas oscuras, están saturadas de caliza y yeso, brillan al sol y sus pliegues resaltan  de manera espectacular con los últimos rayos de la tarde. Por la parte más cercana al canto están cortadas a pico, y se van suavizando algo conforme van cayendo. Constituyen un perfecto mirador hacia la zona más abierta de Valnení y del valle del Pisuerga. De hecho se llaman Miralrío. En ellas podemos ver algunas pequeñas cuevas utilizadas para extraer yeso.

Pero aquí Valvení posee un vallejo complementario: Valdecelada, que en 6 km asciende suavemente al páramo. En bici, se trata de un desnivel que ni se nota, especialmente si vamos contemplando las laderas, que van progresivamente de un blanco desértico a un verde enciniego, y a mitad de camino nos toparemos con el Cabezo de las Cuevas.

 

Encina que se asoma al valle

Encina que se asoma al valle

Montes

Valdecelada nos conduce –es el camino del Puerto- hasta el monte del Aguilón, densamente poblado de matas de encina. Ciertamente hay alguna encinas viejas, sobre todo donde el monte se asoma en cortados a la Granja San Andrés. El panorama sobre Valvení no deja de ser espectacular.

Además, por las laderas del Este se extienden también montes de matas de roble entre los que destaca algún ejemplar adulto.

 

Tupida y solitaria encina

Tupida y solitaria encina

Páramos

En el páramo del Norte tenemos la Granja Hernani, corralizas y algunos chozos de pastor. Tal vez la peculiaridad más notable de estos páramos sea la abundancia de enormes encinas –y algún roble- que salpican los campos de labor. Le da una nota diferente. El ciclista solitario no se siente, si fuera posible, tan solo como en las parameras totalmente rasas. Además, el término de San Martín llega a asomarse al Vallesgueva por Villanueva de los Infantes. Y por su raya discurren casi 9 km de la cañada real Burgalesa.

 

Granja San Andrés

Granja San Andrés

Vallejos

Además de Valdecelada, por encima de San Andrés, Valvení se divide en tres vallejos. Uno toma la dirección de Cubillas de Cerrato; el contrario quiere dirigirse hacia Piña de Esgueva, por la Cuesta Alta; y el tercero, el valle de Santiago, que llega hasta los corrales del Raso en la cañada real Burgalesa, encierra una joya única en la provincia: el famoso Roblón. Muy cerca, la fuente de San Pedro. Claro que no se acaban en todo esto, pues los pliegues de las laderas forman otros vallejos, pero mucho más pequeños.

Las Peñas

 Ya hemos visitado hace unos años las Peñas de Gozón, donde podemos observar parte de un pueblo medieval, oculto bajo una tierra que se va cuarteando y desprendiéndose para caer por el cortado al Pisuerga. A la vez, gozaremos de una excelente vista sobre el soto de Aguilarejo y sobre la boca de Valvení.

Derrumbaderos

Derrumbaderos

Ribera

 En las Peñas vemos el ancho valle del Pisuerga que, desde la caída a nuestros pies se extiende en suave subida hasta el páramo de enfrente. Abajo –ciertamente es peligroso pasar entre el río y las Peñas, pues los desprendimientos están patentes- hay estupendos sitios para pescar tencas. El Pisuerga es aquí una corriente perezosa que, entreteniéndose en meandros, parece no querer avanzar.

Río arriba llegamos hasta la Granja Quiñones, donde vemos los restos de unas aceñas; antaño hubo también un paso de barca.

 

Almendros, majuelo, rastrojos...

Almendros, majuelo, rastrojeras…

…y San Martín

San Martín es la cabeza del término municipal. Todavía tiene aspecto señorial, y no sólo por los restos del castillo: abundan las casas de sillería, en piedra muy trabajada y pulida. Se nota que ha sido la capital de un valle relativamente rico. A pesar de todo, también abundan las casas en ruina. Pero al menos parece que existe una lucha entre la conservación y la destrucción. ¿Quién ganará?

Especial encanto tiene el camino de las Bodegas por que nos acercamos a las laderas de Miralrío. A la derecha vamos dejando un número indeterminado de bodegas típicas, con sus zarceras y sus fachadas, preparadas muchas de ellas para las meriendas. A la izquierda veremos los restos de una antigua ermita, una de tantas que han desaparecido. Otra fue la de San Sebastián, de la que ya sólo queda memoria. E hileras de almendros que parecen colocados estratégicamente sobre las lomas.

Bodegas

Bodegas

Pero antaño hubo más núcleos de población, además de las granjas citadas. (Por cierto, en la e San Andrés suele haber tres o cuatro mastines que pueden dar un buen susto al ciclista si tiene miedo a los canes). El monasterio de San Andrés, que en otro tiempo fuera cabeza cultural del Valle se levantó en el vallejo de Santiago, donde hoy quedan cuatro piedras mal colocadas.

Este valle no defraudará a quien se acerque a recorrerlo.

El Roblón

El Roblón

Los cortados del Pisuerga en Cabezón y San Martín

19 mayo, 2008

Esta provincia se encuentra surcada por numerosos ríos, algunos caudalosos como el Pisuerga o el Duero, otros medianos como el Cea o el Duratón y otros más pequeños, tanto que en veranos secos desaparecen, como el Cega o el Sequillo. Por no contar aquellos otros que les ocurre al revés, que sólo aparecen en épocas muy lluviosas, como el Trabancos o el Zapardiel.

Pero otro día hablaremos de ríos, y pasearemos por sus riberas. Hoy solo traemos a colación el amplio valle que el Pisuerga forma antes de entrar en Valladolid, cuando separa la comarca del Cerrato del páramo de los Torozos.

Si hay un sitio especialmente adecuado para contemplarlo, son los denominados Cortados de Cabezón, perfectamente accesibles –incluso en coche- desde la carretera que une Cabezón con Valora la Buena y San Martín de Valvení. En bici se puede ir relativamente bien desde Cabezón. Y digo relativamente porque hay algunos tramos especialmente técnicos, que requieren llevar bien ajustado el casco, protegidas las espinillas y poseer unos huesos flexibles. Bueno, es un recorrido que -en bici- no se lo recomiendo a todo el mundo.

Pero ya accedamos desde abajo –en bici o caminando- o desde arriba, lo importante para divisar horizontes amplios es situarse en el cerral o canto del páramo. Desde allí veremos, en primer término, al perezoso Pisuerga avanzar hacia el suroeste. Un meandro y luego otro.Una curva y otra. No quiere avanzar en línea recta. Y marcha sin prisa. Pero su acción ha conformado estos cortados. A los largo de siglos o milenios, ha ido lamiendo sistemáticamente las tierras y el páramo se desmorona, impotente -sin rocas que le defiendan- a su lenta pero poderosa fuerza. Si de nuestro cerro al Pisuerga hay unos pocos metros, desde el río al páramo de enfrente son varios los kilómetros existentes. Razón por la cual un vasto panorama se abre ante nuestros ojos. Aguas arriba divisamos Dueñas y Venta de Baños, mientras aguas abajo vemos Valladolid.

Más allá del Pisuerga se extienden fértiles tierras de regadío salpicadas por casas de labranza y algunas factorías. El Canal, la línea del ferrocarril, la autovía de Burgos se aprovechan de la llanura para discurrir (al contrario del río) sin curvas ni sobresaltos. También distinguimos el antiguo monasterio de Santa María de Palazuelos. Más lejos, como aprovechando la suave falda del páramo, nos parece distinguir los viñedos de la denominación Cigales. Y salpicando el valle, Cabezón, Cigales, Dueñas…y urbanizaciones que surgen por su especial cercanía a Valladolid.

Los cortados se pueden recorrer por arriba, por el cerral, o bien por abajo, por una senda cerca del río. El panorama es impresionante especialmente por la parte alta, debido al magno panorama dominado.

Ya al final, aguas arriba, antes de convertirse en el valle de Valvení, nos deparan una última sorpresa: los restos de un antiguo poblado, abriéndose después de enterrados para ir cayendo, poco a poco no sólo por el precipicio del tiempo –la Historia no los recuerda- sino por los cortados del Pisuerga.

Bello y romántico a mas no poder.

Ver también Una fuente en el cortado y Peñas de Gozón