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Coruñeses

18 agosto, 2012

Es otro de tantos rincones escondidos en el páramo de los Torozos. Sí, escondido pues aunque cruce por encima la carretera Valladolid-León, pocos reparan en él. A lo más, es conocido por que fue, en su momento, un apeadero del tren burra. Aun quedan ruinas del puente del ferrocarril, la trinchera y el firme. Ahora la trinchera está llena de huras de conejos. ¡Ah! Delibes lo conocía bien, más de una vez  vino a cazar perdices por aquí.

El arroyo de Coruñeses nace en el término de Valdenebro de los Valles, muy cerca del monte Las Liebres. Enseguida junto al cauce, ya bien hundido respecto del ras del páramo, crece una alta y estrecha alameda que sobresale llamativamente en la planicie. Muy cerca, un chozo de piedra caliza, planta cuadrada y falsa cúpula debió servir para refugio de pastores o, más bien, guardaviña pues, aunque está cerca del monte, tal vez estas tierras estuvieran dedicadas hasta mediados del pasado siglo a viñedos.

Coruñeses debe su nombre, sin duda, a gallegos que vinieron a establecerse en este lugar. Madoz dice que es un sitio relativamente peligroso, pues se encontraba entre los montes de Torozos y el de Sardanedo. Hoy quedan por aquí, además, tres casas de labor y ruinas de varias más, además de restos de corrales, palomares y balsas que recogieron agua para riego.

Después de cruzar bajo la vía del trenecillo y luego de carretera, el arroyo se va hundiendo  a la par que se ensancha. Es un lugar fresco y verde incluso en los veranos mas duros. Veremos los restos de unas arquetas que señalan una antigua conducción de agua hasta una caseta que esconde un aljibe; de allí, según nos comentaron, salía otra conducción que llegaba hasta Medina de Rioseco. Debía ser, pues, de abundante caudal.

También veremos dos molinos de cubo a media ladera izquierda, cerca de Valverde de Campos. Se abastecían de otro buen canal, bastante elevado para lo que es común por estas comarcas. Y también descubrimos los restos de otro molino, ya en Valverde, en la ladera derecha, entre una fuente que ya no se utiliza y el firme del tren.

A todo esto el tren burra, que cruzó por encima del arroyo, no se alejó demasiado, pues giró hacia el Este buscando precisamente nuestro valle para seguirlo y reaparecer en Valverde por la ladera derecha, donde vemos la ruinosa estación.

Otras alamedas surgen junto al arroyo Coruñeses, además de frutales, pozos, norias y una moderna captación  de agua. Con el paso de los años, hizo tan grande y llano su valle que se extendió la población de Valverde, ya en la Tierra de Campos.

Entre Coruñeses y Valdenebro, otro día de niebla

20 enero, 2012

Otro día de niebla, aunque tardó más en despejar. Salimos de las fuentes del río Hornija, o sea, de La Mudarra y nos dirigimos a Valverde de Campos sin ver poco más allá de diez o doce metros. Todo helado, habría unos tres o cuatro bajo cero y los cristales de hielo se habían pegado a plantas y hojas de encinas y pinos. Además de los ciclistas, bandos de bisbitas, algún tímido petirrojo y grajos, que siempre los hay.

Al bajar al valle del arroyo de Coruñeses, primera sorpresa: un molino de cubo en bastante buen estado. Al principio nos parecía parte de la vieja infraestructura del Tren Burra –que en realidad discurría por la ladera de enfrente-  pero al subir descubrimos el cubo. Segunda sorpresa: otro molino de cubo que aprovechaba el agua del primero -¡esto es ahorro de energía, y lo demás son cuentos!- unos metros más abajo. Este se encuentra en peor estado, con una caseta ruinosa adosada a un lado. Cerca del cauce del arroyo, una fuente o salida de aguas de una reguera y los restos, con cangilones y todo, de una noria. Además, el frío parecía remitir un  poco. Estábamos de suerte.

En Valverde visitamos –por fuera- la iglesia de Santa María y la ermita del Cristo, además de una antigua casona y rodamos luego por el firme del tren tras comprobar que la vieja estación se encuentra en un lamentable estado, con buena parte de los muros derrumbados.

Cuesta abajo, nos desviamos por un camino que nos condujo a la carretera general. Allí tomamos un camino hacia el Sur, hacia Valdescopezo. Pero antes de llegar, otra sorpresa: justo donde el camino deja de ser paralelo a la carretera general una fuente que tiene poco de rústica y sencilla. Una gran arca en piedra de cantería, cuadrada  con paredes de amplias proporciones, profunda, y cerrada con una bóveda de arco que, de lejos, parecía un puente. Desconocemos su nombre y origen pero –por lo bien construida- es muy posible que sirviera a las huertas del convento de Valdescopezo.


Y refugiados junto a una de las grandes tapias, más bien murallas, de Valdescopezo, dimos cuenta del almuerzo a la vez que se iba disipando la niebla.

En dirección a Valdenebro ya brillaba el sol y paramos a limpiar las bicis junto a la fuente del Barrio.

Al pasar cerca de un barco donde el mapa señala Cueva del Tío Montanero, desmontamos de las burras para buscarla. Después de un buen paseo por el valle y sus laderas, nada de nada. Sólo pudimos disfrutar de buenas vistas al lejano Palacios de Campos. Otra vez será. Volveremos a buscarla aunque ya se ve –si habéis leído la entrada anterior- que no somos expertos en descubrir cuevas.

De vuelta ya, pasamos bordeando el monte de Las Liebres junto a un montículo artificial de tierras en el se adivinaban algunos muros de piedra, un tanto misterioso: ¿de los viejos carboneros del monte? Los robles habían perdido las hojas gracias a las últimas heladas y hasta parecían tener frío, pues no calienta mucho este sol de invierno un tanto brumoso.

Parameras de Torozos

20 junio, 2010

Esta ruta se inica en La Mudarra, típica localidad del páramo de los Torozos. En ella predomina la piedra para construir, vemos abundantes palomares y algún chozo de era, además de cercados de piedra. Pero lo más agradable de todo tal vez sea el hontanar donde nace el río Hornija. En el mismo pueblo tenemos, en primer lugar, la fuente Porras, con un esquema del río y un poema de Godofredo Garabito, poeta nacido en la localidad; pero también nos podemos resfrescar en la fuente Oliveti, en la de San Antonio, o incluso en la de los Cuatro Caños. Además, el pequeño vallejo que da inicio al Hornija es fresco y acogedor, especial para guarecerse una tarde de verano…

Ya en camino, la primera parte del trayecto discurre por el ras del páramo. Por los restos de corrales entendemos que esta llanura fue, en otro tiempo, monte de abundantes pastos. A esa misma conclusión nos lleva la abundancia de pozos, que seguramente servirían para que abrevara el ganado. En el término de Castromonte la boca de los pozos se encuentra a ras de tierra; para evitar peligros ahora han colocado encima grandes anillos prefabricados en cemento. Les quita todo su encanto, pero así se evita que algún despistado se caiga.

Pasamos junto a la fuente de las Panaderas, que es el manantial donde nace el río Bajoz. Justo al lado, uno de los pozos.

En Castromente vemos más palomares y más fuentes, y simpáticos senderos junto al río. También se asienta al lado de un agradable vallejo. En su término se encuentra el monasterio de la Santa Espina. Si fuéramos allá, antes nos toparíamos  con un pequeño embalse donde abundan tencas, gallipatos y tritones. Pero no nos lleva en esa dirección nuestro sendero de hoy.

Seguimos navegando por el ras del páramo dejando el nacimiento de otro escondido vallejo entre Castromonte y Valverde y nos asomamos a Tierra de Campos: Tordehumos, Villabrágima,Medina de Rioseco y las inmensidades horizontales de esta tierra inabarcable e inacabable, con el cielo que le infunde luz y tonalidades diferentes en cada estación del año y en cada momento.

Nuestro camino, luego de pasar junto al vértice  de la Calva, no encuentra salida y debemos recorrer un corto lindero hasta dar con el camino que cae hacia Valverde de Campos, que tiene también palomares y una fuente de aguas frescas en la plaza.

Subimos de nuevo al páramo -suave y corta subida- por el camino previsto, o bien por el firme del Tren Burra. De una forma u otra, llegamos a la carretera que une Valladolid con Medina de Rioseco, si bien antes podemos acercarnos a otro mirador sobre Medina de Rioseco por un camino que sale haci el Norte. Al llegar, un extenso prado o erial se extiende entre restos de corrales.

Y dejamos para la próxima entrada un paraje distinto que tiene algo de mágico: ¡Valdescopezo! Pero no adelantemos acontecimientos…