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Las bicicletas y los ríos son para el verano

18 agosto, 2013

DSCN3572La bicicleta es una máquina silenciosa y perfecta, como un velero, tan práctica que uno se asombra de que también sea tan poética, escribía ayer Muñoz Molina en El País. Lo resume perfectamente, práctica: te lleva a donde tu quieras, te sirve para hacer deporte o trasladarte de lugar; poética: te descubre la naturaleza, los paisajes, los hablares o mensajes del viento y de la tierra, y te acerca al paisanaje…

En estos días de verano te puede acercar y llevar por paisajes arbolados con sombra y por cursos de agua. Con ella puedes descubrir el monte de Mucientes, o el de la Santa Espina, o las manchas de roble de los altos cerratenses, con abundancia de verde todavía. O pedalear por los caminos de sirga del canal de Castilla o del canal del Duero, o por las sendas de tantas acequias que riegan nuestros campos. Especialmente umbrías las de Laguna, por ejemplo.

Tudela

Con la bici te acercas al Pisuerga o al Duero, o al Duratón, o tal vez al Adaja, a pegarte un baño. Cuidado con las corrientes, que este verano –debido a la abundancia de agua embalsada- no se han agostado. Cuidado con las entradas al agua en las riberas, que a veces es complicado salir. Pero son muy numerosos los lugares donde refrescarse y pegarse un baño; hay que buscar las playas de arena o grava, y los sitios remansados donde no cubra demasiado. Pero lo tenemos aquí cerca. Y, aunque la bicicleta es agradecida en verano porque siempre disfrutaremos de una mínima brisa, nos facilita el chapucón sin demasiados problemas. Porque nos acerca a todo lo que está en el campo.

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De manera que el calor no es excusa para quedarse en casa o descansando bajo la sombra de un árbol.

Pescador

Fresco verano

28 junio, 2013

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Estas fotografías corresponden a la primera jornada del verano que acaba de llegar. Una húmeda y fría primavera ha dado paso a un fresco verano. Otros años por estas fechas las cosechadoras ya estaban trabajando en nuestros campos. El pasado domingo –al menos en el páramo de los Torozos, por la zona de Torrelobatón- no había ninguna cebada madura, aunque bastantes apuntaban ya al amarillo. Y el trigo estaba aun verde, con ese tono verde azulado que augura una excelente cosecha… si no llega la piedra.

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Además, los bordes de los caminos, las laderas y perdidos estaban salpicados de color: lino blanco y azul, olorosa salvia, grandes margaritas,  achicoria, rosas silvestres, tamarillas… y en el cereal la línea de las amapolas. Aunque en algunos campos había más flores rojas que espigas.

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Las perdices y otras aves, aunque hayan criado mal, ahora se están desquitando: si el cereal sigue alto, sus depredadores no las encontrarán con tanta facilidad. Lo aguiluchos rasean continuamente los campos en busca de piezas despistadas que llevarse al coleto.

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No hizo nada de calor, tampoco ha apretado demasiado estos días, por lo que podrían mantenerse mas tiempo los campos con tal colorido. El amarillo del estío aun está lejos.

Buena temporada para seguir paseando en bici. Los caminos están duros para rodar aunque algunos se encuentran, por las lluvias pasadas, demasiado enyerbados.

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Pero no hay que preocuparse, que meses tenemos por delante para  llegar a disfrutar de tórridas jornadas veraniegas. Al tiempo.

Los canales y acequias son para el verano

29 julio, 2011

Siempre es bueno pasear por la parva de la Ría y por los senderos que acompañan a otros canales y acequias. Sin embargo, en pleno verano suelen estar acompañados por la sombra de los árboles que crecen en sus orillas y, además, se nota la frescura del agua que transportan. Aunque este año el verano no está siendo especialmente caluroso, todavía queda el mes de agosto y buena parte del mes de septiembre por delante. Seguro que los calores volverán a sus naturales cauces y nosotros bien podemos aprovechar para huir –un poco- de ellos por senderos canaliegos.

Hasta Valladolid llegan el Canal de Castilla y el Canal del Duero. Los dos tienen buenos caminos para pasear andando o en bici y buenas sombra. El del Duero en Casi todo su recorrido; el de Castilla al llegar a Valladolid y en el Ramal de Campos, en Medina de Rioseco.

Y en las cercanías de la Ciudad tenemos algunas acequias realmente emboscadas entre hileras de árboles y arbustos:

  • Acequia de Laguna, que nace del Canal del Duero cerca de la ermita de la Virgen del Villar y reparte frescor durante casi 5 kilómetros hasta que desagua en el Duero.

  • Acequia de Puente Duero, que es una continuación de la acequia de Laguna. Discurre entre pinares y chopos  durante mas de 5 kilómetros y desemboca, como su nombre indica en Puente Duero. Es especialmente agradable, pues posee un senderillo por el que sólo se puede avanzar en fila india, y los árboles y arbustos que la pueblan no sólo te saludan, sino que prácticamente te dan la mano.
  • Acequia de Valladolid, que podemos tomar a la altura de las Arcas Reales y nos lleva entre chopos y sauces, bordea el pinar de Antequera, cruza la cañada real de Puente Duero cerca de Covaresa, pasa junto al centro de recuperación de aves y, después de dar vida a la acequia de Simancas en un fresco y umbrío lugar, se dirige al Pisuerga por El Barrio, cerca de la EDAR. Tiene algo más de 8 kilómetros.

  • Acequia de Simancas. Nace en la acequia anterior y cruza por pinares, campos de labor y algunas urbanizaciones, hasta que llega a la carretera de Pesqueruela, donde muere en el Pisuerga, después de recorrer casi 6 kilómetros.
  • Acequia de Santovenia. Es continuación del Canal del Duero. Cuando éste se cruza con la cañada real Burgalesa para morir en el Pisuerga, continúan las aguas por la acequia de Santovenia 4 kilómetros mas. Se adorna con hileras de álamos hasta caer al Pisuerga, a la altura del puente del ferrocarril, ya en el término de Cabezón.

 

Otros canales y acequias son los de Pollos, San José, Castronuño, o el de Riaza. Pero estos tienen ya el vaso de cemento y les falta el encanto de la vegetación. En Tudela hay dos acequias que surgen del Canal del Duero y tienen un poco de arbolado. Del Canal de Macías Picavea quedan restos, pues ahora discurre entubado.

Verano

27 junio, 2011

Esta vez el verano oficial y el real han venido juntos, pues estos primeros días de la estación están siendo asfixiantes. Un viento suave del suroeste lo está invadiendo todo con su temperatura ardiente. Menos mal que por estas parameras el calor suele ser seco, y el de estos días no es una excepción. Es un consuelo, pero se aguantan mejor 38 grados secos que 33 húmedos.  Y como diría Machado -Manuel, en este caso-  ¡Quema el sol, el aire abrasa!  En fin, es lógico que en verano caliente.

Los trigales están todavía algo verdes, les falta poco para madurar por completo. Las cebadas, sin embargo, están doradas, y algunas ya se han cosechado. Y ¡qué buena cosecha! Hasta las endrinas ya apuntan maneras, y aun les queda todo el verano. Los ribazos unos verdes aun y otros no tanto; todavía algunas flores adornan los límites de caminos y campos, pero va ser por poco tiempo.

Las fuentes todavía gotean, pero dentro de una semana muchas estarán agostadas. Y los pájaros y aves buscan la sombra, salvo los pollos que están aprendiendo a volar. Les pasa como a nuestros chavales, que no pasan ni frío ni calor.

Pues a pasear por la mañanita temprano y a beber agua, y a esperar a que pase el calorcito, que pasará.

Llegó el verano

16 julio, 2010

¡Y con qué fuerza! Junio fue un mes de temperaturas agradables, con poco calor y abundantes lluvias. Incluso los primeros días de Julio también fueron suaves. La primera fotografía -tomada el 4 de este mes-  muestra un agradable camino en el páramo, entre Torrelobatón y Robladillo, con acacias y abundane hierba, todavía verde.  Pues justo una semana después, el mismo camino aparece ya con la maleza bien seca. Además, la rueda delantera levantaba continuamente polvo que se fijaba en la cadena y piñones de la bici gracias a la grasilla. Por no hablar de la temperatura, excesiva a pesar de estar en lo alto del páramo. Menos mal que luego ha ido bajando…

Las cosechadoras estaban trabajando a tope y nada se escapaba al terrible calor estival. Bueno, algo sí: el manantial de Valdesamar, que en invierno acoge tritones y gallipatos, conservaba algo de humedad y frescor, con abundantes juncos y hierba verde.

Y nos acordamos de aquellos versos de Machado los que ahora cabalgamos en máquinas ligeras que brillan al sol…

El ciego sol, la sed y la fatiga.
Por la terrible estepa castellana,
al destierro, con doce de los suyos
-polvo, sudor y hierro- el Cid cabalga.

Ardores estivales

28 agosto, 2009

Girasoles

Por fin, los ardores veraniegos han  visitado nuestra tierra los pasados días de este mes de agosto. Parecía que no iba a hacer calor de verdad pero, al final, ¡vaya si lo ha hecho! ¡Ni por la noche hemos respirado!Páramo
Los campos estaban agostados, vestidos de amarillo pálido. Cuando nos hemos metido a campo traviesa con la bici, daba pena ver las profundas grietas de la tierra en los campos cosechados.Estaban pidiendo agua a gritos. Pero tendrán que esperar al otoño. Por contra, el agua -procedente del subsuelo-  abundaba en los campos de maiz y remolacha. Pero la humedad caliente que llegaba como un fuerte vaho al ciclista tampoco ayudaba nada. Sólo la brisa, cuando era contraria, ayudaba a sobre llevar los calores.

atardecer
Claro que lo mejor era salir a la caída de la tarde, cuando ya los campos habían dejado de arder. Y lo mejor de todo era llegar a una acequia o al Duero y zambullirte sin piedad. Parecía que la piel, o reseca o agotada con el sudor, renacía de nuevo.
En los campos quedaba la sed continua del estío, los amarillos vivos de los girasoles -casi la única alegría de la paramera catellana- y los majoletos verdes en medio de tanta calorina.
A nuestro lado, el majestuoso Duero. Y nosotros, respirando. Un verano más.

Duero