Posts Tagged ‘Villabaruz’

De Valdenebro a Villabaruz por una Tierra distinta

28 junio, 2018

Hicimos esta excursión cuando empezaba el buen tiempo y el calor, después de la larga temporada de lluvias y borrascas, lo cual auguraba una Tierra de Campos muy distinta a lo habitual, vestida de verde y con abundantes flores, o sea, todo lo contrario a esa austeridad castellana con la que suele presentarse.

Y así fue, al menos en buena parte del trayecto. Salimos de Valdenebro y hasta subir al páramo de san Buenaventura se extendían a nuestro paso campos verdes de cereal, pero también extensiones totalmente rojas de amapolas, o salteadas de blanco y amarillo, por las diferentes especies de margaritas. O azules por las malvas y linos… Una auténtica explosión de luz y color donde lo que domina habitualmente son los pardos, pajizos y marrones, como si esta Tierra de Campos pudiera estar de fiesta al menos una vez en primavera cada muchos años…

Cardos y amapolas

El páramo lo han poblado de olivos que producen un aceite excelente. Hasta el cerro y vértice geodésico del Moclín fuimos por un camino que había desaparecido debido a la abundante hierba. Después de contemplar el panorama, nos lanzamos a campo traviesa (y por campo florido, claro) hasta tomar un camino que nos llevó hasta Villanueva de san Mancio. La abundancia de hierba y flores junto a la ya elevada temperatura producía una especie de humedad dulzona y densa que llenaba el aire que atravesábamos de mosquitos. Lo nunca visto en esta Tierra. Menos mal que no tenían ganas de picar.

Colores variados

De Villanueva a Tamariz el paisaje cambió. De alguna forma, volvimos durante unos kilómetros a la típica austeridad terracampina, a pesar de la primavera. Campos de cereal y de forraje, algunos -de color marrón- en barbecho, o bien con girasoles a punto de nacer. La torre de San Juan a pesar de su altura y grietas no se ha caído. Pero sigue amenazando derrumbarse. Dos viejos pozos que abastecieron el pueblo quedan, a las afueras, como en recuerdo de sus antiguos trabajos para mantener a la población. Antes de seguir camino, en el corro de San Antón rendimos pleitesía a don Purpurino.

Ermita de la Virgen del Castillo

Nos acercamos a la ermita de la Virgen del Castillo o de los Pastores. Estaba cerrada, pero el paisaje que se divisa desde su promontorio, cuyos pies lame el Sequillo, merece la pena. Como tantas otras pequeñas alturas de esta Tierra, ofrece mucho más de lo que uno se imagina: campos, pueblos y campanarios, hileras de árboles, pequeñas alamedas. Y todo, ahora, de mil colores.

Villabaruz es un pueblo perdido en la inmensidad de Tierra de Campos, casi en tierra de nadie, junto a la raya de Palencia. Pero aquí se celebra, por estas fechas, una danza de paloteo tradicional y casi mágica. La portada de la iglesia también resulta muy original con su porche. Salimos del pueblo para buscar la fuente de Piliebre que ya no existe. En su lugar -en campos de labor- las últimas lluvias habían dejado un gran charco.

Gracias por ceder el paso

Castil de Vela nos recibió con los que queda de su castillo en el correspondiente altozano. Y había ¡milagro! un bar abierto donde pudimos tomar una caña. Cruzado el Canal de Castilla nos acercamos a la ermita y fuente de Villainvierno. La ermita, en su colina, se encontraba asfixiada por la maleza y con dificultad pudimos acercamos. La fuente, con su techado de grandes lajas, había sido protegida para que no la invadieran las máquinas en su laboreo; al menos en su alberca viven felices las ranas.

Un poco más, por la orilla del Sequillo -y siguiendo de cerca la línea de las amapolas en un campo de cereal bien cuajado- nos presentamos ante las ruinas de la ermita del Cristo de Santa Marina: pero no están ninguno de los dos, que está arruinada. A su lado, la fuente, impertérrita al destino de las piedras, sigue manando. Antes de llegar a Belmonte estuvimos a punto de chocar con un rebaño que venía por nuestra izquierda. Pero el pastor, gentilmente, nos cedió el paso, lo que es de agradecer pues, de otro modo, hubiéramos tragado polvo.

En Belmonte

Belmote, su castillo y sus bodegas, Palacios de Campos luego. Bordeando las laderas de Torozos por el este, nos alejamos definitivamente de la Tierra de Campos y paramos a refrescarnos en la caudalosa fuente del Barrio. Habíamos completado unos 58 km por una Tierra alegre, jovial, festiva y llena de color como no suele dejarse ver, y hasta un poco embriagadora, al menos para los mosquitos que volaban como borrachos…

Aquí la ruta.

Anuncios

Riberas del Sequillo

1 octubre, 2010

75 km aprox.

El Sequillo, ese río humilde que dice la verdad ya en su nombre de pila, atraviesa la Tierra de Campos por una zanja que los hombres han movido varias veces en el trascurso de los siglos. Pero tiene su valle y sus riberas, al menos en sentido amplio. Al ser una tierra llana, las diferencias de altura desde el río a las lomas que lo separan de otros valles –unos 40 metros- son suficientes para contemplar inmensos territorios.
En esta ruta, fuimos hacia el Norte por la orilla izquierda desde Tamariz hasta Herrín y volvimos por la derecha. Antes de empezar, daba pena ver el campo. Estaba feo: todo aparecía amarillo pajizo, pálido, o marrón suave. La otoñada –por falta de lluvias- no ha llegado todavía. Pero esto fue solo una primera sensación, pues bien sabemos que aunque el nombre de la comarca es Tierra de Campos, en realidad el paisaje es de tierra y de cielo. La luminosidad del día con sus desperdigadas nubes nos acompañó y el cielo trasformó la tristeza de la tierra en un paisaje alegre en conjunto.


En Tamariz, levantado sobre un talud del Sequillo,  hay que acercarse a la torre en ruinas, para verla antes de que termine de derrumbarse por completo. Luego, salimos por el cementerio, enseguida contemplamos la ermita de la Virgen del Castillo y todo un amplio panorama en el que se perfilan numerosas torres y, tras pequeñas subidas y bajadas de lomas con guiños de la torre de Castil de Vela, llegamos a Villabaruz. Antes hemos buscado, sin éxito, las fuentes  Manuela y Piliebre. Cerca de la primera emerge la humedad de su manantial y la segunda ha desaparecido, o han desaparecido sus accesos.


Villabaruz es pequeña y limpia. Casa de barro y palacios de piedra ya caídos. Uo original porche rodea tres fachadas de la iglesia, bien en alto.
Camino de Villarramiel nos paramos en el alto del Torrejón para ver el paisaje. Como los nombres nunca engañan, aquí debió levantarse un torrejón. Y, efectivamente, en la cima encontramos abundantes restos de cerámica, incluso alguna con adornos cuneiformes. Divisamos la enhiesta  torre de la iglesia de Villarramiel.
Seguimos de frente para salir a la carretera y ver si queda algo de la laguna de la Magdalena. Nada. Aunque, a juzgar por la calva en el rastrojo, esta primavera debió volver por sus fueros perdidos. Al fondo, un solitario pozo también en medio del rastrojo. Tiene agua. Se ve que s una zona todavía húmeda…


En Villarramiel nos confunden con peregrinos.  Recién tomado el camino de Herrín pero ya en pleno campo, nos encontramos con una Cruz solitaria que parece conmemorar una muerte, pero no logramos descifrar más que alguna palabra suelta, pues las inscripciones se han llenado de musgo, ahora seco.  Y una agradable bajada nos conduce por el camino del Majuelo hasta el arroyo  Hondo, donde debería estar la fuente del Tío Eusebio, que tampoco encontramos. Tal vez el acceso estuviera por otro camino. O está seca.


Pero el siguiente punto es la fuente de las Tortas. Vemos de lejos unos álamos que nos indican el lugar. Al llegar, allí está: un amplio estanque, ahora seco, y la típica fuente de arca en ladrillo macizo, bajo el nivel del suelo, de la que sale un hilillo de agua. El fondo parece de peña y el agua parece saludable, nos sienta bien.  El lugar ha sido adornado, además de con árboles, con una mesa y una parrilla donde acabamos asando unas salchichas. ¿Qué mejor sitio para reponer fuerzas?  Como nos quedamos descansando, luego seguiremos la ruta…. Pero en la siguiente entrada.