Posts Tagged ‘Villalba’

Adiós, abril

4 mayo, 2018

¡Qué manera de despedirse abril! Con cara de pocos amigos, fresquito, lluvioso y ventoso! Y es que el día 29 salimos a dar un paseo entre Villalba de Adaja y Olmedo. ¿Qué ocurrió? Pues que nos mojamos, nos embarramos y nos quedamos un poco helados gracias al vientecillo, a pesar de que estamos en plena primavera. Lo del cambio climático lleva unos meses sin funcionar, la verdad. Y es que es tan cambiante el tiempo…

Salimos en dirección a Pozaldez y a mitad de camino nos encontramos con que la fuente del Artillero, habitualmente seca, había renacido. Ahora se encuentra junto a un olivar (y nos es que haya cambiado de sitio, es que lo han plantado cerca). Paramos un momento en la estación del ferrocarril (788,8 metros sobre el nivel medio del Mediterráneo en Alicante) y nos fuimos por el cordel de Vallesmiguel en dirección a ese molino. Antes hicimos parada obligada en la fuente de Aguanverde, que tenía el segundo pilón totalmente sumergido en el agua. Los renacuajos, felices, coleaban entre las ovas y ranúnculos. Y aquí nos cayó el primer chaparrón.

Nubes de abril

Pasamos Calabazas y bajamos hasta las aguas del Adaja. Una vez más, nos convencimos de que el molino de Vallesmiguel ya no existe. Queda alguna piedra del molino o del puente y poco más. Las aguas venían recias y la maleza impedía llegar a ellas. Por el pinar nos dirigimos hacia el puente del Negral. Mientras, caía un segundo aguacero con abundante granizo. En la desembocadura en revuelta del arroyo Torcas, ya en la orilla derecha nos paramos a contemplar el río y sus numerosos puentes.

Los Eriales

El siguiente paso fue cruzar junto a la charca o bodón de los Eriales. Las cigueñuelas estaban de fiesta y no hacían más que gritarnos y volar a nuestro alrededor. Los patos salieron volando sin contemplaciones y algún avefría nos observaba de lejos, al igual que algún que otro limícola lejano. Poco después, pasamos junto a otra zona encharcada cercana a una gravera.

La Vega, con el cerro del telégrafo al fondo

En Olmedo paramos en la fuente de la carretera de Hornillos, que tenía agua, y nos acercamos al cementerio para contemplar los restos consolidados de una hermosa ermita románicadel siglo XII que estuvo dedicada a Nuestra Señora de las Nieves o de la Vega.

Pusimos rumbo a Valviadero y ese fue nuestro error, pues hubimos de darnos la vuelta al intentar cruzar por el collado que separa el monte del telégrafo del páramo de El Alto. La pegajosa y molesta arcilla bloqueó las ruedas de las bicis y salimos como pudimos de allí, mientras una nube cruzaba sobre nuestras cabezas descargando el tercer aguacero de la jornada. Como hacía bastante viento nos secamos enseguida, al igual que con los dos primeros.

En la ribera del Adaja

Vuelta a Olmedo. Tomamos la tranquila carretera de Hornillos que discurre entre la Vega y la Majada, con charcas, bodones y abundantes prados donde pasta ganado vacuno. Otra parada en la casa Navilla y otro tirón hasta Hornillos, donde nos asomarnos al Eresma. Después, por el camino de la Higuera del Judío, ya sin aguaceros, acabamos en Villalba, que se estaba secando gracias al viento. En el cielo quedaban amplios jirones de nubes algodonosas que reflejaban la luz de un sol en pugna por dejarse ver. En los lejanos horizontes parecían ganar, sin embargo, las nubes grises que seguían descargando chaparrones…

Entre Hornillos y Villalba

Para nosotros, el refrán se cumplió en exceso: abril abrilero, cada día dos aguaceros… Claro que donde dice dos bien podemos decir tres. Aquí, el recorrido en Wikiloc

Adiós, abril…

Entre Campos y Torozos

4 diciembre, 2015

Villerias 2015

Estamos en los límites de Tierra de Campos, pues mientras que Villerías es plenamente terracampina, Montealegre –aunque se apellida de Campos- está sobre una loma entre Torozos y Campos, y Villalba se levanta sobre el páramo si bien su término municipal pertenece en parte a Campos. En todo caso, este será un paseo tranquilo y relativamente corto: de Villalba a Villerías, y vuelta. Sin embargo, el viento puso lo peor y el frío –el primer día de verdadero invierno- hizo el resto. Está claro que los músculos del ciclista funcionan mejor en verano que en invierno. Pero somos todo terreno y todo clima.

En primer lugar, nos acercamos a la picotera de Landemesa. Picotera es a pico algo así como ladera a lado. O sea, en este caso, un terreno que tiene esa forma. Este término también se usa en el vecino Valdenebro. Y tanto en aquí como allí el terreno estuvo plantado de majuelos y con linderas de almendro y vallas de piedra.

Camino de Landemesa

Camino de Landemesa

Estamos donde el páramo se acaba y aparece la infinita Tierra de Campos. La caída no es tan fuerte como en otras laderas de Torozos, pues aquí se compensa con la mayor altura de la comarca terracampina. La vista disfruta como pocas veces: una llanura que se une al cielo allá al fondo, con tonalidades ocres, amarillas, verdes. Encima, nubes aborregadas de color blanco y gris pasean rápidas flotando en el aire. En el páramo, al Este, aparecen los molinos de Ampudia y, salteados por tierra que se extiende a nuestros pies, los pueblos, con la torre de la iglesia que les personaliza: Torremormojón, Pedraza, Mazariegos, Baquerín, Castromocho, Villerías, Capillas, Villarramiel…

Tierra de Campos. Mormojón al fondo

Tierra de Campos. Mormojón al fondo

Bajamos a campo traviesa por una zona de monte bajo y buscamos cerca de la carretera de Matallana a Alcor las fuentes de Toruelo –que no encontramos- y Pinilla, que descubrimos a duras penas totalmente asfixiada por la maleza y rota por la desuso. Sí que percibimos que se trata de una zona donde afloran los manantiales, pues los arroyos llevan agua y en medio de los campos de cultivo quieren surgir zonas pantanosas. Pero lo que más nos llama la atención es el horno de cerámica relativamente bien conservado, en el lado norte de la carretera y junto a pequeño cabezo.

El horno

El horno

Ahora tomamos el viejo camino de Montealegre a Ampudia hasta que nos quedamos a cuatro kilómetros de esta localidad. Los molinos nos centran una atención que se la quitan a la majestuosa torre de Ampudia. Entre Ampudia y Valoria distinguimos, ahora en tierra de labor, los corrales y chozo del Junco. A nuestra derecha, a unos seis kilómetros, el inconfundible alcor de Mormojón.

Torcemos hacia Villerías por el camino que viene de Valoria del Alcor, que aparece escondida entre los pliegues de la ladera. Subimos y bajamos por un camino en tobogán que nos sitúa cerca de una laguna –seca por el momento- que ha quedado en medio de un campo de labor. Curiosamente pertenece al término de Torremormojón, que llega hasta aquí en forma de lengua. El resto del campo es de Villerías (norte) y Ampudia (sur). Hay otras lagunas de las que ya no queda ni rastro.

Villerías al fondo. En primer plano, una de las lagunas

Villerías al fondo. En primer plano, una de las lagunas

Después de un paseo por Villerías –palomares y queso- tomamos el camino del cementerio y, un poco más allá, aparecemos en la fuente Rosa, recientemente rehecha. Es un lugar curioso como pocos. La fuente mana en lo alto de un teso extendido, si bien nos recuerda más un pozo que una fuente, pues el arca está en el fondo de un espacio de superficie pentagonal al que se baja por unas escaleras de piedra, como las paredes. La piedra es blanca, si bien quedan como tres cilindros de tonalidad rosa que debieron pertenecer a la antigua fuente. Era la fuente que abasteció a la localidad hasta principios de los años 70, luego condujeron sus aguas hasta el pueblo –vimos la fuente al tomar el camino del cementerio- y finalmente, el agua corriente, se toma del Canal de Castilla.

Aspecto de fuente Rosa

Aspecto de fuente Rosa

Bajamos a campo traviesa y enseguida tomamos un camino que nos conduce al que viene de Ampudia y lo tomamos en dirección a Montelegre. También se le conoce como cañada Zamorana. Una auténtica muralla nos da sombra –no se agradece, hoy preferimos sol- y el camino que se hace cañada nos lleva junto a lagunas y humedales. O se acumula o mana el agua. Todo extremadamente húmedo. Poco antes de llegar a la carretera descubrimos, a la izquierda, otra fuente que mana en tierra de labor.

Desde el castillo

Desde el castillo

En Montealegre nos acercamos al castillo para contemplar de nuevo la inmensidad de esta Tierra. ¡Qué buen mirador, el cerral, para descubrir los campos de tierra! Desde aquí descubrimos nuevas torres: Meneses, Boada, Castil de Vela, Capillas, Abarca, Autillo… Y el sol anuncia su puesta haciendo brillar algunos campos verdes al mismo tiempo que oímos la voz de Jorge Guillén, presente siempre en Montealegre:

Esta luz antigua
De tarde feliz
No puede morir

Ya solo nos queda poner rumbo a la localidad amurallada en la que comenzamos a rodar. Y lo hacemos por el camino viejo de Villalba, que abunda en subidas y bajadas. De vez en cuando, a través de un vallejo o en nuestra memoria, nos asomamos a Tierra de Campos. La luz antigua de tarde feliz muere per resucitará mañana…

De vuelta con las luces cayendo

De vuelta con la  luz antigua