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Montes y dehesas en la Tierra de Medina

10 mayo, 2015
Ruta

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En mayo suele ser apetecible pasear por nuestras dehesas. Si están sembradas de cereal, su suelo lo veremos verde y si fueran praderas para pasto, el suelo estará esmaltado de todo tipo de colores. Les encinas, con frecuencia centenarias y robustas, han sido lavadas y hasta abrillantadas por las lluvias de abril. Ofrecen un panorama distinto. Un contrapunto a nuestro paisaje habitual. Una esporádica y nunca segura fiesta que depende de la bondad de la primavera.

De manera que decidimos acercarnos a los montes y dehesas de la Tierra de Medina. Aunque en lo alrededores de Medina hay pinarillos aislados, encontraremos monte en los límites con la provincia de Ávila. Allá fuimos y no nos equivocamos.

Atravesando el monte de Bobadilla por la cañada de Extremadura

Atravesando el monte de Bobadilla por la cañada de Extremadura

Monte de Bobadilla

Este monte debe atesorar muchos años de cuidados. Sus viejas encinas están unas en zonas de cultivo y otras –las más- en tierras utilizadas para pasto de ganado vacuno, como bien pudimos comprobar. Tendrá como 10 km2 y la mayoría se encuentra vallado. Se puede contemplar desde los límites, pues está rodeado de caminos o bien gracias a la cañada de Extremadura, que lo cruza por el medio: se ha respetado su anchura si bien hay vallas de alambre de espino en los linderos.

Monte del Duque

Monte del Duque

Pequeños lavajos salpican estos montes, que son aprovechados para abrevar el ganado. Igualmente, a lo largo del trayecto encontramos humedales y prados que denotan la existencia de agua en el subsuelo, si bien la mayoría se encontraban secos.

Monte del Duque

También era una fiesta el monte del Duque, igualmente adehesado, si bien aquí predomina el cultivo de cereal. Es menor, pero tiene la gran ventaja de que se encuentra abierto, y la circulación por sus caminos es libre. Sus encinas están bien olivadas, y la mayoría es de porte centenario. A la vuelta también pasamos por el monte del Prisco, parecido al del Duque.

Otro aspecto del monte del Duque

Otro aspecto del monte del Duque

La verdad es que asistimos a una verdadera fiesta de alegría y color. Las propias encinas eran todas diferentes, variando entre diversas tonalidades de verde –del claro al más oscuro- y del amarillo, las que estaban en flor. En los suelos nos llamó la atención la invasión de la arenaria roja, una planta que, como indica el nombre, vive a sus anchas en la arena. Y eso que esta arena es –sobre todo en los caminos- dura y compacta, y sin casi humedad. Pues allí estaba nuestra arenaria dando color a todo. Además, abundaban diferentes tipos de margaritas, gébanas, nazarenos, y otras flores del más variado color.

Bajo el negrillo

Bajo el negrillo

 Un negrillo

 ¡Sí, en Blasconuño de Matacabras! En la misma plaza de la iglesia, donde también hay una cruz de granito, en el centro. Es de tamaño mediano. Nos hicimos una foto para la posteridad pues, tarde o temprano, desaparecerá. También nos comentaron que aun quedaba otro, junto al depósito de agua.

 Casas Nuevas

 Curioso que así se llamen cuando ese están cayendo de viejas y, sobre todo, de puro abandono. Nos acercamos porque tiene un delicioso pozo de estrecha boca y protegido por una caperuza que es continuación del mismo brocal, los dos en ladrillo. Seco, eso sí. Si están así las Nuevas, ¡cómo estarán las Viejas!

 Escargamaría

 O Descargamaría. Al parecer, tiene su origen en un poblado medieval, y debió ser importante pues todavía es cruce de caminos. Ahora es un lugar destinado a la guarda de maquinaria agrícola o almacén, pues aprovechando una construcción anterior, dispone de una amplia nave en uso. El resto es ruina de lo que fue: varias casas donde vivía la gente que explotaba las dehesas cercanas; también vemos los restos de una espadaña donde debió haber una ermita. Lleva camino de convertirse en un gran palomar, pues estas aves lo han descubierto como lugar tranquilo para anidar.

Hacia Villaluz...

Hacia Villaluz…

Villaluz

Es una casa de labranza que se está deshaciendo. Delante –al sur- posee un amplio empedrado cubierto ya de maleza. Figura como despoblado medieval y está situada en un lugar privilegiado, en el confín suroccidental de la Provincia. Domina el ancho valle del Trabancos, la llanura que se extiende hacia Cantalapiedra –se ven sus casas-, los pinares de Ávila y las encinas del Duque. No es de extrañar el nombre dedicado a la luz: si en esta vasta llanura todo es luminoso, lo es más cuando nos subimos a una loma como esta.

...y desde Villaluz

…y desde Villaluz

A sus pies remoloneaba dando curvas el río Trabancos, que hoy es una lengua de arena seca. Hasta mediados del siglo pasado, traía agua, y era algo más que un arroyo, pues hasta trabajaba moliendo grano. Hoy, cuando llueve mucho, pueden llegarse a formar charcos en el cauce. ¿Hay algo más triste que un río seco? ¿Quién le robó su agua a nuestro Trabancos?

(Hasta aquí llegamos. Continuamos en la entrada siguiente relatando la vuelta)

Despoblados y torrejones

6 abril, 2010

(El río del olvido, y 3)

El Recorvo

Entre el Eván de Arriba y el Puente de la carretera de la Nava, el río hace dos curvas: una amplia y otra más cerrada; la zona se conoce por el Recorvo. Vemos algunas teleras y casetas de riego. El lecho del río es de arena sobre hierba; abundan los troncos y ramas de árboles. También es llamativa la cantidad de álamos desmochados y secos. ¿Qué huracán ha pasado por aquí? ¿O simplemente es la terrible sequía que ha terminado por asfixiar no sólo al río, sino también a todo lo que tenía vida en sus riberas? A pesar de todo, el paisaje es atractivo y encantador. Las cuestas bajan del Este –fuente María, el Torrejón-  ofrecen en su parte alta inclreíbles miradores sobre el valle.
Por fin, aparecen paredes y barcos rocosos en la orilla derecha. En la izquierda, un pinar.

La zona del Puente: despoblado de Trabancos

A escasos metros del viejo puente,  en la orilla del río y antes de llegar a la casa de la Huerta, se encontraba Trabancos que, hoy despoblado, llegó a contar con término e iglesia propios. Vemos en los alrededores una casa de camineros, un largo abrevadero, una casa a la que se llega por un camino adornado de almendros y, en la otra orilla del río, un molino ¡mucho agua debía traer el viejo Trabancos! reconvertido en establo y un pinar al que suelen venir vecinos de los alrededores a pasar la tarde. Un lugar tranquilo, en suma.
Ya despoblado, ante la ruina de su iglesia, en 1806 se trasladó el Cristo (gótico, datado hacia 1400) hasta Nava del Rey. Afortunadamente, hoy podemos contemplarlo en la capilla del viejo cementerio. Al menos, ¡no se lo ha tragado el olvido!

El Torrejón de la Nava

Del puente llegamos a un vado en el que se cruzaban caminos y cañadas.
Estamos en uno de los trechos más hermosos e interesantes del río: va desde un vado a otro durante unos 3,5 km.  A lo largo de su lecho se extiende un buen bosquete de chopos,  álamos y sauces, con un amplio prado en el que crecen también escobas. Como es lógico, nadie aparecerá por aquí y sólo nos molestarán los conejos –ahora en expansión- y las aves: palomas, pitos, perdices en las lindes, algún azor y, en lo más alto del cielo podríamos ver buitres.
Pero no todo acaba aquí; cerca del primer vado, en el que hubo una venta para caminantes, en la orilla derecha vemos los restos de una impresionante fortaleza de planta anular, el Torrejón, que debía vigilar el paso. También contemplamos buena parte del cauce y, al fondo, las torres de Santa María y San Pedro, de Alaejos.

En la misma orilla, aguas arriba –hay que subir al paramillo por un camino agradable- tenemos la misteriosa Casa de las Cantera, con curiosos agujeros de los que se extraía silicato de alúmina. Paseamos por sus inmediaciones pisando el empedrado de la era y las canteras con sus antiguas dependencias. Por otro camino bajamos a la ribera del Trabancos; el de más al sur nos conduce a una caseta junto a un  abrevadero. También nos podemos asomar al valle en La Cuadrada, que tiene un bosquecillo de encinas.
Y por si fuera poco, en la orilla opuesta está Valdefuentes. Hoy sólo queda una casa solitaria en medio de tierra de labor, pero antaño fue una localidad independiente de Alaejos. En 1623 contaba con 12 vecinos, pero en ese mismo año se abandona su parroquia de Nuestra Señora del Castillo. Siete años después ya se cita como despoblado. Hoy vemos un montón de piedras, alguna labrada, junto al vado y los restos de otro torrejón hacia el Oeste, junto a una reguera. ¡Ah! Y un retablo, en el lateral de la iglesia de San Pedro, de Alaejos.


El sitio no puede ser más impresionante. Y lleva la firma del Trabancos: pequeños barrancos escarpados en la orilla derecha y amplios campos en la izquierda.
De aquí hasta Castrejón el paisaje  cambia sin cambiar la firma. El inmenso Prado de la orilla izquierda y la cuesta de la derecha. Han desaparecido los árboles.

Y de Castrejón a Villaluz

Es, quizá, la parte menos interesante de esta excursión. Pero tiene su encanto, como todo el Trabancos. Hasta Fresno, el cauce está cubierto con carrizo, hay barrizales si ha llovido y algunos árboles.  En  Lagascahay puente. La arboleda, conforme nos acercamos a Fresno, parece que se va ampliando; tanto que es difícil acceder al río.  Junto al mismo río, podemos visitar la ermita de la Soledad, de Fresno.

Ya terminando el trayecto, nos acercamos hasta Villaluz, en la orilla derecha. Fue una casa de labor y señala el lugar de un despoblado, igual que Escargamaría y La Garda, que se encuentran casi a un tiro de piedra. El coto redondo de Escargamaría es citado por primera vez en 1265, aunque en el inventario de Floridablanca, a finales del XVIII aparece como despoblado. Al lado, en el monte Zarandón, hemos visto un ejemplar de alcornoque. Ya en la provincia de Ávila, el paisaje se adehesa… Si continuáramos durante casi 45 km más, llegaríamos a las fuentes del Trabancos. Lo dejamos para otro momento.

Este río no tiene agua, pero lleva en su cauce  tantos recuerdos de otros tiempos y un paisaje tan distinto que se resiste a morir definitivamente…