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Cerrales de Autilla del Pino

24 noviembre, 2019

El páramo de Torozos: una comarca cuyo paisaje no se agota nunca y cuyas laderas conforman un entramado de barcos, lomos, alcores, cerrillos, cárcavos, valles y vallejos… Esta vez nos fuimos al norte, relativamente lejos de Valladolid –que también está en la falda de Torozos, como Palencia, Rioseco o Tordesillas- para comenzar nuestra rodada en Santa Cecilia del Alcor, situada en un valle de unos 15 km que taja el páramo desde Paredes del Monte hasta Ampudia.

Santa Cecilia la conocíamos bien, de hecho hemos almorzado más de una vez en la fuente junto al arroyo, pero al comenzar el descenso por la ladera del páramo hacia Pedraza surgió la primera sorpresa: la ermita del Salvador, junto al caserío de Villarramiro, poblado en el s. XI y despoblado unos siglos después, hoy casa y almacén de labranza. Pues ahí está la ermita, románico tosco y rural, pero sencillo y encantador, aguantando el paso de los tiempos; pronto cumplirá el milenio si no lo ha hecho ya. Poco después, pasamos por el caserío de Buena Vista o Villarramiro de abajo y, dejándonos caer, llegamos a Pedraza de Campos.

Ermita del Salvador, Villarramiro.

Milanos, cernícalos, cogujadas, bandos de bisbitas, palomas y algunas avutardas fueron nuestra compañía, con las montañas nevadas al norte y la pared de Torozos al sur, hasta llegar a Revilla de Campos. Revilla impresiona: es un pueblo de barro en que el suelo de las calles es todavía de ese mismo material. La mitad de las casas está arruinada, volviendo a la tierra. La otra mitad, ¡ay! lo estará pronto. La iglesia tiene un pórtico entrañable y acogedor, bien protegido por el norte y el este, y con un murete al sur y oeste. Se levanta dominando una amplia pradera con charca, camposanto y un campito de fútbol… que no sabemos cuándo se utilizó por última vez.

Revilla de Campos

Zigzagueando por campos reverdecidos vamos a dar a la vía del trenecillo Palencia-Villalón, que ha sido reacondicionada como senda para caminantes y ciclistas. Por ella seguimos hasta Villamartín, con visita obligada a sus palomares, y luego continuamos en dirección a Palencia o, mejor, hacia donde se cuela el Carrión entre esos dos inmensos páramos que vemos al fondo; pero no llegamos, nos desviamos hacia el km 8 antes del fondo.

Villamartín

Estamos a poco más de un kilómetro del punto más septentrional del páramo de los Torozos, que coincide precisamente con la subida de la cañada de Merinas de la Mendoza. Pero como hace unos cinco años subimos por ese punto, ahora no llegamos y subimos por este en el que estamos. Hay un camino que figura en el mapa hasta más arriba de media ladera y que se vislumbra desde la vía. Y lo atacamos. Pero al llegar a la falda, justo cuando se inicia la subida en serio, desaparece. Así que… ¡p’arriba con la burra a cuestas!

Panorama

Desde abajo, a media ladera, se veía como un espacio largo y plano a media ladera… ¿sería el acceso a una bodega o cueva, o a un horno de cal? Pues no. El camino subía hasta una lengua en la que se cultivaba, y aun se cultiva, cereal. En la subida pasamos por una zona con juncos y algunos chopos; hay agua, es una manadero, ¿será de la antigua fuente del Trueno? Tal vez los agricultores han transformado estas empinadas laderas en bancales por su abundante humedad.

Fuente de Valdelarroñada

Pero la segunda sorpresa importante del día se produce cuando quedan escasos metros para alcanzar el cerral. ¡Hay un sendero! No está tan trillado como otros que hemos visto en la zona de Valladolid o Villagarcía, pero ahí está. Y no solamente un sendero, algo más: entre el borde del sembrado, que coincide con el cerral, y la caída casi vertical, hay como una plataforma inclinada por la que va el sendero y cuando éste desaparece, la plataforma, de terreno duro con musgo o hierbecilla rala es estupenda para rodar. O sea, que vas como un señor en bici disfrutando del paisaje de la ladera y de la inmensa Tierra de Campos.

Campos de tierra

Por cierto, que esta Tierra, comienza a estar verde. Nada de agreste, seca, austera y gris. Son como suaves praderíos o bien terrenos preparados para la siembra divididos por caminos, regatos y linderas, y adornados por pueblos y pequeñas alamedas o árboles aislados… Un placer para la vista. Aunque el viento es helado y viene de frente, no nos enteramos. Nos enteramos de lo bueno.

Por si fuera poco nos topamos con dos fuentes sencillas, recostadas sobre la pradera y mirando al infinito. Son las de Valdelarroñada y Valdequique, de piedra con amplio abrevadero. Maravillosos lugares. Habrá que volver despacio, pues el sol se encuentra a escasos grados del horizonte, dejando escapar sus rayos entre las nubes.

Camino de los Álamos

Pasamos raudos por Autilla del Pino, luego por Paradilla del Alcor –sus ruinas a media luz asustan- y por el camino de álamos llegamos a Santa Cecilia, entrando por el cementerio.

¡Increíble recorrido entre Campos y Torozos! Aquí se puede ver.