Posts Tagged ‘Viñas’

Tierra

26 marzo, 2020

Tierra, tierra que luego da vino. Tierra que sabe transformar el agua. Tierra ondulada, amarillenta con sobrios adornos verdes en forma de encinas o de lengua en la que se cultiva trigo. La viña aun no se ha despertado, aunque la primavera pueda venir adelantada. Así son los campos de Toro. Por aquí pasamos cuando, hace cuatro años (26.03.16), nos pasmábamos ante las variadas fuentes de la comarca, próximas a los ríos Duero y Guareña.

Viñas, almendros, siestas

2 abril, 2015

Bodega de Basilio

Por fin hizo un buen día aunque el sol no madrugó demasiado debido a que esa noche nos habían cambiado la hora. Pero salió. Le acompañó una brisa suave y unas nubes altas, de gasa, que le quitaron un poco de potencia. Hemos dejado atrás el invierno y la fuerza del sol va a más cada día.

¿Destino? Fuensaldaña, para almorzar en una bodega. Pero este objetivo lo dejamos para la siguiente entrada. Aquí hablaremos del trayecto.

Hacia Fuensaldaña

Hacia Fuensaldaña

De Valladolid a Fuensaldaña, subidas y bajadas. Pero no costaba (casi) subir debido a que habíamos empezado un día primaveral y los campos brillaban con tanta luz. Además, llevábamos muy pocos kilómetros en las piernas.

Al salir de la bodega enfilamos la cuesta más potente del término municipal. Nos auguraron que nos bajaríamos de las bicis. ¡Quiá!, que el milagroso clarete nos había infundido una segunda fortaleza -¿o eran alas?- que nos hacía capaces de subir las cuestas más empinadas. Eso sí, al llegar arriba, después del almuerzo y la subida se impuso por consenso una ligera siestecilla (bueno alguno dijo que se había desvelado y se dedicó a pasear. ¿O lo soñó?) Sea como fuere, si los bacillares llevaban todo el invierno durmiendo, ¿qué menos que unos ciclistas dejaran reposar por unos momentos sus músculos mientras otros órganos trabajaban para trasformar mosto, pan y tortilla de patata en pura fuerza?

La cuesta

La cuesta

Seguimos camino. Todo majuelos y almendros en flor, cantos rodados y tierras anaranjadas, flores en los perdidos, cebadas verdes, el cielo blanquiazul y el horizonte limpio. Vamos, que no costaba pedalear. Todo esto nos recordaba los matices del clarete: parece como si los vinos trasformaran el paisaje en color, aroma y sabor. También nos animaron las liebres, pues vimos unas cuantas parejas corriendo sin bajar las orejas, con la cabeza vigilante.

Desde Trasdelanza. Al fondo, Valladolid

Desde Trasdelanzas. Al fondo, Valladolid

Subimos a Trasdelanzas para contemplar toda la comarca en un solo panorama: Mucientes, la torre del castillo de Fuensaldaña, la iglesia de Cigales, y sus coloridos campos. O sea, el reino terrenal del Clarete. Y mas al fondo, el cerro San Cristóbal y Valladolid. Bajamos al valle del arroyo del Prado para seguir por la ladera de ladera de Porreras, en la falda sur del teso Blanco, que arriba está cubierto de almendros. Ahora, Trasdelanzas se ve desde todas partes.

Majuelo y almendros

Majuelo y almendros

Decidimos acercarnos hasta la Casa de Quijada, cerca de la fuente del Tío Pajarito, en la ribera del Prado, ya cerca de la autovía. El paraje sigue siendo agradable, con alamedas, praderas, majuelos, y el arroyo en medio. Pero de la casa sólo quedan las ruinosas paredes de barro, bien asentadas sobre piedra.

Enfilamos hacia Valladolid pasando cerca de la fuente de Valdetán, con sus álamos gigantes en la ladera, y llenamos los bidones en la bien conocida fuente de San Pedro. Y desde el Berrocal conectamos con el Canal de Castilla para llegar a la dársena por el camino de sirga. Cayeron unos 42 km. ¡Ojalá vengan más días primaverales!

Y el track de Miguel Ángel.

Casa de Quijada

Casa de Quijada

Majuelos de La Seca

17 enero, 2010

Para volver desde la Virgen de la Peña nos alejamos del Duero y subimos ligeremente la cuesta en dirección a la Seca, pero sin llegar a esta localidad. Dejada la carretera, atravesamos el Plantío, un pinar que tiene también prados en algunos claros del monte, que siguen antiguos cursos estacionales de agua como el barco del Corneta.  No hay peligro: el firme es muy bueno por mucha agua que haya caído.

Después, salimos a horizonte abierto, siempre con brisas agradables, salvo temporal. Y empiezan los majuelos, cuidados, perfectos, limpios, aclarados en esta época, normalmente con gente trabajando. Alguna encina solitaria se siente acompañada por las viñas. Pasamos junto al charco Vascarlón mientras subimos, poco a poco, en dirección a La Seca. Detrás se ve perfectamente el páramo de los Torozos con Villavieja del Cerro delante.

Torcemos al a izquierda, siempre acompañados de majuelos. Una cruz metálica junto a una encina recuerda la vida eterna y, por tanto, la muerte de alguien en ese lugar. El gran valle del Duero se vislumbra, inmenso y amplio, hacia el Norte. Al fondo sigue dibujándose el páramo; se distinguen bien Matilla de los Caños y Velliza.  Cruzamos una carretera y empezamos a bajar suavemente hacia Serrada. Majuelos, prados, encinas, pinares. De los prados se levanta un bando de cinco avutardas. Nunca antes las habíamos avistado por estos lugares. La luz se refleja en los cantos rodados que parecen brillar. Las ruedas hacen sonar la grava mientras bajamos por el barco del Lobo.

En algunas cepas han quedado abundantes rampojos. No hay uvas más dulces que éstas, aunque tengan mala pinta por su color y arrugas. Y están más dulces aún las de verdejo que las negras de tempranillo.

Cruzamos Serrada hacia el Este, hasta que bajamos a los pinares de Villanueva. Con el último sol de la tarde llegamos a esta localidad por la fuente Lavar.

Buena parte del camino lo hemos hecho sobre la plataforma detrítica que va, elevada entre el Duero y algunos arroyos, desde Herrera hasta cerca de Toro. Al parecer, primero la modelaron los ríos al actuar sobre las terrazas existentes y, más tarde, grandes avenidas de agua la recubrieron de grava.Se trata de una formación geológica peculiar, no muy común.