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El monte de Zaratán

18 junio, 2011

Seguimos por los alrededores de Valladolid y del páramo de los Torozos. Últimamente no hemos podido salir mucho más lejos, pero también estas proximidades encierran sorpresas.

En esta última salida, al llegar a Zaratán vimos que un de los caminos –hoy calle- lleva por nombre Camino del Monte. Y pensé ante tanta urbanización: ¡qué tiempos aquellos cuando aquí hubo monte!

Yendo por el firme del Tren Burra, acabamos en otro camino que tomamos a la izquierda, hasta donde arranca el valle por cuya ladera hemos subido. Aquí, en vez de tomar el camino que baja de nuevo, vimos un sendero de no más de 20 centímetros de anchura, en la ladera contraria a la subida. Y he aquí la sorpresa: ¡en un momento, nos encontramos en medio de un tupido monte!

Y es que este monte, reliquia de otro más antiguo, aprovecha la ladera inculta. El sendero sube y baja, por pendientes y vaguadas, entre robles, encinas y arbustos variados. En esta época, además, todo está salpicado de mil colores y aromas: lino blanco y azul, tomillo salsero, salvia, lavanda, jaguarcillo, romero… ¡Qué descubrimiento! Lo teníamos al lado de Valladolid y no nos habíamos dado cuenta.

Poco a poco bajamos por toboganes, rozando algunos campos de cereal que han respetado enormes robles; en las vaguadas abundan los juncos, tal vez hubo fuentes o manantiales.

Al fin, después de cinco o seis kilómetros, acabamos saliendo al camino que viene del páramo y que termina en la carretera de Zaratán a Wamba.

Desde luego, este monte ya no es extenso, pero intensidad no le falta.

Vallejos del páramo cerca de Valladolid

12 mayo, 2011

Nuestro punto de partida hoy es Zaratán, que  por ser una localidad limítrofe con Valladolid, ha crecido de manera extraordinaria durante los últimos años. Pero sigue teniendo algo de su encanto rural –en el buen sentido de la palabra, claro, que ahora la ortodoxia nos persigue-  de siempre. Buena prueba de ello es que nada más salir por el camino de Arroyo de la Encomienda , dejamos a la derecha un viejo palomar rodeado de almendros y de un tapial de barro, y a la izquierda la humilde fuente de la Garbancera, que todavía mana.

Si siguiéramos de frente acabaríamos en las obras de urbanización de Ikea, pero al llegar al arroyo Biobala tomamos un camino que nos sube hasta el páramo del Borciadero. Y entre campos de cereal salpicados de malvas, amapolas y dientes de león, y teniendo como telón de fondo Parquesol, llegamos a una empinadísima cuesta final en la que nos bajamos de la bici.


Y ¿qué nos encontramos arriba? Pues un huerto solar. Y es que vivimos en uno de los países más ricos del mundo mundial: nos podemos permitir el lujo de generar abundante energía eólica y solar, lo cual significa que –como no siempre hay viento o sol- hemos de tener otra fuente fija alternativa para esta producción. O sea, que tenemos casi doblada nuestra infraestructura de generación. Lo cual se paga, como es lógico. Si al menos los molinillos fueran neutrales con la fauna y el paisaje…

Cruzada la carretera de Wamba torcemos hacia el Este para bajar por el vallejo de Carrecastellares, y lo primero que nos encontramos es el viejo pozo de Manasopas. Aunque ya no se utiliza, tiene agua ¿o tal vez sopas? No lo puedo decir, pues no lo probamos. Y bajamos una larga cuesta salpicada de robles. Ya se ve que no hay que irse muy lejos de Valladolid para toparse con un robledal. A pesar de que el quejigo es perezoso, ya tienen abundante hoja. Una confirmación más de lo adelantada que va esta primavera.

Un repecho fuerte y corto y nos presentamos en el firme del tren Burra. Sorpresa: el firme está renovado con gravilla, lo han ensanchado en algunas zonas, en otras han colocado barandillas y protección contra los desprendimientos, han recreado apeaderos con sus vías y, además, ahora se puede subir directamente hasta el páramo, pues se ha reabierto el itinerario a través de una finca que lo invadía. Ya conocemos el paisaje: la ruta, que discurre entre robles y a media ladera, es una larga balconada sobre el valle.

En Villanubla es interesante acercarse a la zona de los Pocicos, a la fuente de los Ángeles y al nacimiento del río Hontanija, donde también parece que manan sopas, aunque simplemente borbota el agua.

Después de pasear por la llanura de la paramera, una descansada cuesta nos conduce por otro de los mil vallejos de Torozos hasta Fuensaldaña. Hay fuente, castillo, bodegas…  De aquí nos vamos hacia Valladolid precisamente por el camino  las bodegas, cruzamos la explotación ganadera Argales –no hay perros- y llegamos a la fuente el Sol, donde podemos descansar para reponer fuerzas, que han sido 32 kilómetros con subidas y bajadas.

Fuente de la Bambilla

2 septiembre, 2009

Vereda hacia Fuensaldaña

¡Grata sorpresa! Esta fuente se ha conservado perfectamente. ¿Razón? Pues seguramente se deba a que ha pasado desapercibida, escondida, durante los últimos años.

Se encuentra en la orilla misma de una vereda que conduce desde Zaratán a Fuensaldaña (en el término de Valladolid, si no no la traeríamos a colación), semioculta en el herbazal. Casi nadie utiliza ya la vereda, en ella crece abundante maleza y su inicio está cortado desde Zaratán por la autovía (hay que tomarla por la pista de servicio pasado el desvío a Equinoccio). Total, que todos nos hemos olvidado de ella pero… ahí sigue.

Es la típica arca que recibe a un manantial. Diminuta, el lado por el que sale el agua es de una pieza de piedra caliza y por dentro pueden observarse las demás paredes de piedras unidas. Este tipo de fuentes se conocen a veces como pocicos, y así se llama el pago próximo por el Este. Por eso, tal vez se la conozca también como fuente del Pocico.Bambilla

Cuando la vimos, el agua estaba un poco turbia: quizá se debiera a que el caudal estaba casi estancado debido a los ardores de la estación, en pleno estío.

Total, una pequeña joya que podríamos recuperar. El paraje es muy agradable, pues el camino discurre por una ladera en la que vemos arriba abundante vegetación y almendros, y en el otro lado, un campo de labor.  Además, entre Zaratán y la fuente también nos sorprenderá un rústico puentecillo dobre un reguero sin nombre. Sin embargo, entre éste y Zaratán hay un vertedero. ¿Se podría eliminar vertedero y dejar paseo, puentecillo y  fuente?

Mapa de las fuentes de Valladolid

El trenecillo de Torozos: de Zaratán a Villanubla

28 septiembre, 2008

En Valladolid aun queda el recuerdo del Tren Burra, que tenía la estación junto al puente Mayor en la plaza de San Bartolomé y unía la ciudad con Medina de Rioseco, si bien luego continuaba hacia otras localidades de la Tierra de Campos.

Pero aquí solo hablaremos de la ascensión a Villanubla; muchos viajeros recuerdan cómo la subida desde Zaratán al páramo, bordeando la ladera y ganando poco a poco altura era verdaderamente lenta. Se cuenta –algún testigo así nos lo ha narrado- que los viajeros se apeaban del tren cuando iba lleno porque la máquina no podía más, y subían andando hasta el ras del páramo, donde todos -salvo los enfermos, que seguían en sus asientos- esperaban la llegada del trenecillo. Una vez allí continuaba, ahora raudo, hasta Villanubla, Torozos, La Mudarra, Coruñeses, Rioseco…

No queda nada del trenecillo, salvo el trazado de la subida. Y, efectivamente, podemos seguir las huellas de este viejo artefacto. En Zaratán nos dirigimos a la parte más alta del pueblo y, antes de llegar al depósito de agua, nos topamos con un viejo puente –se está reconstruyendo en estos momentos- bajo el que pasaba el ferrocarril. Ya estamos encaminados.

Son algo más de tres kilómetros de subida. De tranquila y pacífica subida. No se nota el desnivel. Incluso, si tenemos el viento a favor, parecerá que vamos llaneando sin dificultad.

El paisaje merece la pena. Siempre encaramados en la ladera. A nuestra izquierda, un amplio vallejo que suele sembrarse de cereal. Atrás, en la lejanía del horizonte, el valle del Duero. A la derecha, la ladera del páramo. El firme se conserva perfectamente. Cruzamos entre robles, más tarde vemos chopos que denotan humedad ¿habrá un manantial cerca?, luego pasamos entre dos buenas paredes de yeso tal vez alguno eche pie a tierra, abajo vemos un pozo con su abrevadero… y, al final, cuando estamos casi arriba, el paso se corta por una tapia. Debemos descender -¡cuidado!- unos pocos metros para tomar el camino que se veía en el valle y… ¡ya estamos en el páramo!

De aquí a Villanubla hay algo menos de tres kilómetros. El firme casi no se conserva; un camino lo aprovecha pero está bastante mal y mejor ir por el paralelo que está un poco mas al oeste. Aquí podemos ver los antiguos almacenes de la estación dedicados hoy a motel.