El río de la frontera

(El río del olvido, 2)

El Trabancos recorre unos 40 km por la provincia de Valladolid, después de recorrer 45 por la de Ávila. Vamos a acompañarle desde su desembocadura en el Duero hasta Villa Luz, en el límite provincias. Esta vez, no señalamos la ruta en el mapa porque hemos cabalgado por su orilla, aprovechando los cembos que existen a lo largo de casi todo el trayecto, aplanados por el paso de vehículos o de personas. En algún caso nos tocará meter el piñón grande y el plato pequeño, pero para eso están las bicis todo terreno.

Esta vez el mapa nos ha quedado algo pequeño: tendrás que pincharle un poco para verlo bien.

Entre otras muchas cosas, el Trabancos nos recuerda el tiempo que fue frontera entre Castilla y León, allá por los siglos XII y XIII. Los restos de sus torrejones así lo cuentan, y también los documentos: el 1 de junio de 1183 apud Fraxinum et Lavanderam firmaron los reyes de León y Castilla uno de sus muchos tratados de paz. Fraxinum (Fresno el Viejo) era León y Lavaderam, (cerca de Carpio), Castilla. O sea, que lo firmaron al lado del Trabancos. Río de paz.

Pero comencemos el recorrido.

De Bayona a la Cañada

El Trabancos, aunque está muerto desde su nacimiento, muere –técnicamente- en el Duero junto a Bayona, que si antiguamente fue una localidad habitada hoy es una sencilla casa de labor. La maleza nos impide acercarnos a la desembocadura (bayona significa lugar de bayones, carrizos). Entre el Duero y la carretera el cauce atraviesa un ancho prado con alamedas  protegido a su vez por pinares.


Y entre los puentes de la carretera y el ferrocarril, una vieja presilla tomaba agua para una acequia, lo cual indica que no siempre estuvo muerto el río. Hoy no serviría, pues la zona represada se ha llenado de piedra y tierras transportadas por la corriente.
Seguimos avanzado y vemos restos de una noria y, al lado, lo que pudo ser una bodega y restos de una caseta. Un buen talud protege las alamedas de los fríos vientos del Este. Desde arriba contemplamos el paisaje del valle. Enfrente, una gravera se aprovecha de los acopios milenario del río: seguro que acabarán en el firme del AVE. Se divisa, en fin,  una zona de bosque y maleza, llena de vida en cualquier época del año.
El cauce –cantos rodados y arena- indica que, de vez en cuando, en épocas lluviosas, pasa algo de agua. En la orilla derecha dejamos los restos de un molino (estamos en Valdelobos, cerca del lugar donde se levantó Pozuelo, hoy despoblado), atravesamos la cañada real de Salamanca, bien amojonada, muy concurrida hasta mediados del siglo pasado, y nos plantamos en Villa Lucía (también conocida en los mapas como Santa Lucía del Anís) abandonada por sus habitantes pero muy bien acompañada por hileras de almendros. Curiosa construcción en cuesta y en forma de triángulo; aun podemos apreciar el material con que se cubrían los establos.


Así son los ambientes del Trabancos hoy: llenos de vegetación y vacíos de sus gentes, despoblados.

El viejo Evanejo en sus  jóvenes praderas

Al poco el río se abre de nuevo en inmensas praderías, ahora verdes y esmaltadas de chirivitas, con algún bosquete de álamos como la alameda del Conde. Arriba, la tierra de labor es llamativamente roja.


Y los prados nos conducen hasta el primero, para nosotros, de los Evanes: el de Abajo, en el que destaca la construcción de una ermita apoyada en un viejo muro. Ya se les nombra en 1265, como Febam de Suso y Febam de Yuso. Y es que la villa de Eván de Arriba y el lugar de Eván de Abajo debieron conocer su máximo auge en los años en que estuvieron separados los reinos de León y de Castilla (1157-1230). El origen de estas poblaciones pudo estar en sus fortalezas, construidas en tapial, cantos rodados y cal: hoy todavía impresionan sus restos. En 1631 Eván de Arriba contaba únicamente con cinco vecinos, aunque se fueron despoblando con el paso del tiempo hasta convertirse en cotos redondos o fincas privadas, pasando en 1843 a la jurisdicción de Siete Iglesias.


En Eván de Abajo todavía podemos ver los restos de la fortificación, que debió de ser un recito circular de unos 45 metros de diámetro y un torreón, del que subsiste un paredón almenado. A su abrigo se levantó en el XVIII la iglesia de San Miguel, de una sola planta rectangular, testero plano, espadaña a los pies y portada abierta a mediodía, realizada en ladrillo y tapial. En Eván de Arriba se conservan los restos, muy similares a los anteriores, de su fortaleza medieval de planta circular con torreón cuadrado. Muy próxima se encuentra la parroquia de Santa Cecilia, también construida en el XVIII, y muy similar a la vecina de abajo.
Estos dos lugares, junto con Pozuelo y Pinilla, vigilaban los pasos al sur del Duero, en la línea fronteriza con el reino de León, al Oeste.
Conforme nos aproximamos al Eván de Arriba el prado va desapareciendo y en el cauce abundan aguas estancadas y carrizos.  El puente de este Eván es una compuerta para detener las aguas del Trabancos. Y por aquí, más vale tomar la carretera general para saltar al otro lado y evitar, al mismo tiempo, las faraónicas obras del AVE.
Por cierto, que el Trabancos se llamó Eván o Evanejo hasta que tomó el nombre de Trabancos, hoy despoblado como luego veremos.


Y una sugerencia: desde la asomada del Eván (donde termina el camino que antes llegaba desde Pollos hasta el Eván de abajo) hasta el trazado del AVE, una agradable y estrecha cañada nos lleva a media altura y con subidas y bajadas continuas por el límite de Sieteiglesias con la Nava. Descubriremos desde una amplia perspectiva el amplio valle del Trabancos. Merece la pena.

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3 comentarios to “El río de la frontera”

  1. Carlos Says:

    Buenas, habría algún inconveniente en tomar el mapa de los pueblos que pertenecían a los reinos de León y de Castillla según el Tratado de Fresno-Lavandera para una posible publicación? Siempre se citaría la fuente. Saludos, y muchas gracias.

  2. Carlos Says:

    Estos pequeños ríos están casi siempre secos porque al estar comunicados con el gran acuífero de los Arenales, de donde se extrae gran cantidad de agua para los regadíos, también les extraen el agua a ellos.Tienen el mismo problema que el Esgueva.

  3. Francisco Marcos Says:

    Yo me he bañado en el río Trabancos a su paso por Fresno el Viejo. Y cubría.

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