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Pero… ¿cuándo estuvo poblada Castilla?

2 marzo, 2019

A nuestros políticos se les llena la boca hablando de despoblación, de que hay que luchar contra ella, y de que hay que repoblar Castilla. Y la verdad es que, cuanto más hablan y prometen, más se despuebla el Duero, pues son expertos en hablar y prometer pero… nada más, pues una cosa es predicar y otra dar trigo. Ahí están los páramos yermos, los campos vacíos, los vallejos tan escondidos y solitarios como antes de aparecer el hombre sobre la tierra.

Para más inri, en estos últimos años no solo se despuebla Castilla: se despueblan las ciudades pequeñas y medianas, y nadie pretende que Europa se repueble efectivamente, pues ni queremos tener hijos ni queremos que las gentes de África, Asia y América ocupen nuestros espacios cada vez más solitarios (!).

Claro que si a todo lo anterior le unimos que nuestros páramos casi siempre se encontraron solitarios ¿qué podemos hacer?

Solo recordaré que en la época prerromana la población y la cultura, la civilización, se asentaban en Andalucía, Cartagena, Levante, es decir, en las orillas del Mediterráneo. Llegaron los romanos y no subieron mucho más arriba de Mérida ni más al oeste de Zaragoza, salvo las legiones que se instalaron cerca de la montaña cantábrica para tener a raya a los astures, que allí se habían refugiado los más fieros. Ya en la época visigoda, tenemos la siguiente división territorial político-religiosa heredada del bajo Imperio romano: Amaya y Oca, en el norte de Burgos, dependían de Tarragona; Astorga de Braga; Ávila y Salamanca, de Mérida; Palencia, Segovia y Osma, de Toledo. Es decir, que la zona que luego sería Castilla y León estaba alejada de las ciudades importantes, de lo que hoy llamaríamos centros de poder, es más, fue zona de rayas y fronteras, perdida en la lejanía. Y no digamos lo que hoy es provincia de Valladolid: perteneció a Palencia, Astorga, Salamanca y Segovia. Lo más alejado de la civilización. Y lo más despoblado.

Pero si damos un paso más, nos encontramos que el valle del Duero fue arrasado por cristianos y musulmanes en el siglo VIII y ya no se volvió a poblar hasta bien avanzado el siglo XI. E, incluso, a partir de ese momento las pueblas eran, en su mayoría, de escasa importancia. Nada que ver con las grandes ciudades y poblaciones de Andalucía y la Mancha. Si a los musulmanes no les interesó subir más arriba de Madrid, los cristianos prefirieron pasar casi de largo hasta Andalucía.

En fin, poco a poco se fue reponiendo algo hasta finales del siglo XIX, pero siempre su densidad de población estuvo muy por debajo de la densidad de las costas… El siglo XX fue terrible, primero por la guerra civil -no hay mas que ver las listas de caídos en las fachadas de nuestras iglesias, al margen de los tristes ajustes de cuentas– y luego, los que quedaron se fueron al País Vasco, Barcelona, Asturias. En nuestros días Castilla se encuentra atravesada por autovías, autopistas y trenes de alta velocidad, que se han usado más para salir que para entrar. Y se usarán para pasar.

Tal vez todo esto forme parte de un designio trágico e inevitable hacia nuestra tierra. O del encanto del Duero, según se mire. Pero todo es aprovechable: si no conseguimos lo que nadie logró, podemos cambiar de táctica y fomentar nuestros encantos y atractivos, que sin lugar a dudas tenemos. Al menos, este blog intenta describirlos.

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Unos días después de publicada esta entrada un amigo me manda estas dos tiras de JM Nieto, expuestas -junto con otras- hasta el 7 de abril en el Teatro Zorrilla de Valladolid. La primera está ambientada en el despoblado de Mazariegos (Valle Esgueva); en la segunda vemos la típica trasera de cualquier pueblo de la provincia: se encuentra en perfecto estado, no como la de la última fotografía.

Por el norte de Palencia: el románico de Aguilar

10 noviembre, 2018

Esta vez nos hemos ido a una ruta por la provincia de al lado y, en concreto, hemos dado la vuelta al embalse de Aguilar, visitando pequeños pueblecitos que tienen verdaderas joyas por iglesias. Se trata de la ruta popularizada por Jesús Calleja, y hemos comprobado que hay un montón de ciclistas que la han subido a Wikiloc.

El día no pudo salir mejor para el mes de noviembre: sol, temperatura agradable, nada de viento. Hace pocos días pasó un temporal que pintó de blanco las crestas de la cordillera y sus picos más importantes. Y se anunciaba otro para el día siguiente.

No hace falta estar pendiente del mapa ni del GPS; la ruta está perfectamente señalizada en todos sus cruces y desvíos. Y, en general, el firme es bastante bueno. La zona peor para nosotros fue, ya al final, en el monte Royal, pues la pendiente -de bajada- era muy fuerte y el firme resbalaba a causa de la humedad.

Por lo demás, fue una auténtica gozada rodar entre bosques de robles, arroyos con chopos dorados, prados en los que pastaban vacas y ovejas, picos y rocas… y con un aire claro y limpio. El embalse lo vimos poco, solamente al salir y, ya de vuelta, al pasar por la presa. También en el alto del Chozo, antes de caer a Vallespinoso. El Pisuerga lo cruzamos por el puente de Salinas, y en el prado de su ribera hicimos una parada técnica de avituallamiento.

Fuimos a buen ritmo, al que nos marcaron Fran y Luis, que se salían del pelotón. Menos mal que este último pinchó más de una vez. Jesús, aunque a veces iba rezagado y ponía pie en tierra si las cuestas se empinaban demasiado, pudo tirar en todo momento gracias al café con chupito que se tomaría en la meta. Joaquín hizo un alarde de poderío en la primera parte… que no tuvo continuación en la última. Y los demás hicimos lo que pudimos para salir con dignidad en las fotos y llegar a la meta dentro del control.

El románico de esta zona no sigue exactamente los cánones de este estilo, pero se deja llevar por su aire e inspiración. Es algo así como la encarnación del románico según el espíritu y buen saber de los constructores locales. Una auténtica joya que también se funde con la naturaleza de la montaña en que nació. Junto a casi todas las ermitas se ha levantado un sencillo camposanto, que no las desluce, pues está perfectamente conjuntado (bueno, esos mármoles modernos, grandes y grises sí pueden deslucir un poco y no contribuyen nada a la vida eterna del que reposa…)

Dejo aquí las iglesias por las que pasamos, por su orden:

  • Santa Juliana, en Corvio. Es del siglo trece y llama la atención su torre, muy estrecha de fondo pero con la misma anchura que la nave.
  • San Martín, en Matalbaniega, de finales del siglo doce, que nos sorprende en medio de un amplio prado y posee dos portadas que parecen hundirse en la pradera.
  • San Juan Bautista, en Villavega, construida entre los siglos doce y trece. En el interior destaca una gran pila bautismal igualmente románica.
  • Santa María la Real, Cillamayor de mediados del siglo doce. Tal vez su origen esté ligado a un antiguo monasterio. Su pórtico resplandece al mediodía, especialmente si hace sol como en nuestro trayecto. Realmente es algo que les ocurre a casi todas estas iglesias, pues están construidas –total o parcialmente– en piedra arenisca o caliza de tonos anaranjados.
  • San Andrés, en Matabuena. Nos costó un poco acceder a ella por que se encuentra en un alto. Pero mereció la pena, por ella misma y por el paisaje del valle de Santullán y las montañas tras las que se extiende el valle del Ebro que pudimos contemplar.

  • San Bartolomé, en Bustillo de Santullán. Antes de acceder a ella bebimos en una fuente tradicional, a la entrada del pueblo, que cuenta con una vaso metálico encadenado. Y luego, en un corro, había otras dos sencillas fuentes que aprovechaban la abundancia de agua en el lugar.
  • Santa Marina, en Villanueva de la Torre, de finales del siglo XII. Se levanta en una ladera de fuerte pendiente, motivo por el cual tiende a deslizarse, y se aprecian importantes grietas. Pero sigue en pie después de nueve siglos. También pasamos junto a una preciosa fuente de estanque y, naturalmente, junto a la torre que da nombre al pueblo.
  • San Pelayo, en Salinas de Pisuerga, no es románica, sino del siglo XVI, igual que el puente por donde cruzamos a la orilla derecha del Pisuerga. Junto al puente, una pesquera que eleva el agua hacia el caz de un molino.
  • La iglesia de la Asunción de la Virgen, en Barcenilla de Pisuerga, tampoco es románica, pero merece la pena acercarse a ella y a su magnífico pórtico oculto entre árboles.
  • Santa Eulalia y la Asunción, de finales del siglo doce, están en Barrio de Santa María.

  • Y Santa Cecilia, en Vallespinoso, de finales del siglo XII, sale de la misma roca sobre la que se levanta y con la que se confunde, dominando el valle. Un curioso arco bajo la escalera de la torre la hace más original, si cabe.

Faltaría el monasterio premostratense Santa María la Real, en Aguilar de Campoo, que se encuentra en el origen de muchas de las iglesias por las que hemos pasado. He aquí el trayecto.

Atravesando Valladolid con don Jorgito el Inglés

1 octubre, 2018

George Barrow -o don Jorgito el Inglés- fue un viajero que anduvo por España durante los años 1835-1840 enviado por la Sociedad Bíblica británica para divulgar el Nuevo Testamento sin notas por nuestra península. Sabía multitud de lenguas, desde el manchú al romaní, esta última aprendida viviendo entre gitanos durante varios años. Incluso llegó a publicar el Evangelio de San Lucas en romaní (Embeo e Majaró Lucas, Madrid 1837).

En su libro La Biblia en España (con nota previa para la edición española de Manuel Azaña), narra su periplo viajero y, puesto que pasó por nuestros campos, vamos a acompañarle en su andadura vallisoletana.

Salida de Salamanca

El día 10 de junio de 1835 partió en su caballo y casi se pierde: la ruta se Salamanca a Valladolid, a veces carril a veces senda, es muy difícil de distinguir; no tardamos en perdernos y anduvimos mucho más de lo que en rigor es necesario. Ya se ve que los caminos de entonces no estaban tan bien trazados como las actuales carreteras…

Durmió, con sus acompañantes en Pitiega –pueblecito formado por chozas de tierra– y de allí se dirigieron a Pedroso, donde de nuevo hicieron noche para salir hacia Medina del Campo. Ese día anota que hizo mucho calor y que en todo lo perteneciente a España la inmensidad y la sublimidad se asocian. Grandes son sus montañas y no menos grandes sus planicies, ilimitadas, al parecer. A pesar de que estaban todavía en primavera, ésta no debía haber sido especialmente húmeda, pues exclama ¡cuánta melancolía por doquier; qué escasas las notas vivas, joviales! …tierra sin límites, donde los olmos, las encinas y los fresnos son desconocidos; tierra sin verdor… O tal vez exageraba, al acordarse de los siempre verdes campos ingleses.

Medina del Campo

En Medina, la ciudad de la llanura, se fija en que inmensas ruinas la rodean por todas partes y que estaba llena de gente, pues en dos días se celebraría la feria. Por eso le costó que les admitieran en la posada, ocupada principalmente por catalanes. Al día siguiente reanudaron la ruta pasando por tierras muy semejantes a las de días anteriores y a medio día pararon en una venta a media legua del Duero. No sabemos dónde se sitúa esta venta, pues tanto Valdestillas como Villanueva se encuentran a poco más de una legua de Puente Duero…

Riberas del Duero

Aquí el paisaje cambia de verdad para el Inglés, y escribe que las márgenes del Duero son muy bellas y pobladas de árboles y arbustos en los que trinaban melodiosamente a nuestro paso algunos pajarillos a la vez que un delicioso frescor subía del agua que, a veces, se embravecía entre las piedras o fluía veloz sobre la blanca arena o se estancaba con mansedumbre en las pozas azules, de considerable hondura.

Y junto al Duero recuerda a una mujer, como de treinta años, vestida a lo labrador, con pulcritud, que miraba fijamente el agua, arrojando a ella, de vez en cuando, flores y ramitas. Me detuve un momento y la hablé, pero sin mirarme ni contestar, siguió contemplando el agua como si hubiera perdido la conciencia de cuanto le rodeaba.

Y continúa: “¿Quién es esa mujer?”, pregunté a un pastor que encontré momento más tarde. “Es una loca, la pobrecita, -respondió-. Hace un mes se le ahogó un hijo en esa poza y desde entonces ha perdido el juicio. La van a llevar a Valladolid a la Casa de los Locos. Todos los años se ahoga bastante gente en los remolinos del Duero; este es un río muy malo. Vaya usted con la Virgen, caballero”.

Valladolid

Cruzaron el río por un hermoso puente de piedra si bien, a continuación, entraron en los mezquinos y ralos pinares que bordean el camino a Valladolid. Parece que el inglés no podía seguir mucho tiempo sin vituperar el paisaje por el que cruzaba y que no acababa de comprender.

Ya en Valladolid, le llamó la atención su forma, pues se encuentra en el fondo de un valle de escabrosas pendientes y aspecto insólito. Comenta que tiene muchos conventos, que es ciudad fabril y con su comercio en manos de catalanes. Se hospedaron los dos primeros días en la Posada de las Diligencias, para quedarse luego en el Caballo de Troya. Contactó con libreros, con los colegios Inglés y Escocés, con el de las Misiones Filipinas. Cuenta diversas anécdotas y sucedidos hasta que, después de permanecer diez días en Valladolid, continuó viaje.

Dueñas y Palencia

Pasa por Dueñas, situada en una ladera sobre la que se alza una montaña de tierra calcárea coronada por un castillo en ruinas. Le llaman la atención sus bodegas, donde se guarda el vino que en abundancia produce la comarca y que se vende principalmente a navarros y montañeses.

Terminamos con la llegada a la ciudad del Carrión: Dos horas de caballo nos pusieron en Palencia, ciudad antigua y bella, admirablemente situada a orillas del Carrión… ¡Menos mal que los ríos eran para don Jorgito como un oasis en medio de las terribles estepas castellanas!

Un adiós al otoño

3 diciembre, 2017

El otoño se nos va. Llega el invierno, que blanquea de madrugada los campos convirtiendo en hielo el rocío. Ya las temperaturas han dejado de ser suaves y otoñales para convertirse en frías e invernales. Bastante le ha costado al otoño entrar  y olvidarse del verano, pero no le ha costado nada salir para dejarnos la compañía del invierno. Casi hemos tenido tres estaciones en un mismo mes.

También han llegado, al mismo tiempo, las nieblas. De momento, nieblas tímidas que se han retirado de campos y pinares -y de la ciudad- pocas horas después de salir el sol. Tal vez dentro de poco -por la Purísima- las nieblas se hagan más pegajosas y persistentes, aunque no parece. De momento, son volátiles. Ya que no llueve, esperemos al menos disfrutar de días con mañanitas y tardes soleadas, aptas para el paseo en bici. Porque las nieblas para los rodadores son nefastas: se te mete el frío y la humedad por todo el cuerpo. A veces, al cruzar por el puente del Pisuerga, parece que la niebla sale de del río por evaporación…

A pesar de la sequía y de las heladas tardías la primavera pasada, no ha sido mal año para los frutos silvestres, de manera que la despensa de algunos animales no está vacía.

Tampoco, en algunos casos, para los cultivados, como bien puede apreciarse en estos olivos cercanos a La Seca ya preparados para apañar la aceituna.

Pero como siempre, en otoño lo más dominante en el paisaje son los tonos amarillos y ocres de las hojas de los árboles. Comienzan los chopos a amarillear, luego van siguiendo sauces, álamos, plátanos… Este año han tardado en vestirse de otoño y, al poco de estrenar el traje, han llegado los fríos invernales que los han dejado desnudos…  Porque las encinas y pinos permanecen todo el año vestidos. Los robles, esperarán con las hojas amarillas hasta bien entrado el invierno…

Y así se presentaba hace unos días la acequia de Simancas, vacía de agua y cubierta de hojarasca.

Y los arbolitos de este camino en Pozaldez daban frío sólo de verlos, tan desnudos ante la noche ya próxima, tan frágiles, tan expuestos a los vientos…

Claro que, cerca de los anteriores, este viejo negrillo (¡¡uno de los pocos que quedan en nuestros campos!!) también se resistía -tranquilo y fuerte- a perder todas las hojas, pequeñas -como buen olmo- y bien amarillentas. Al lado de la hilera de jóvenes árboles, parecía el patriarca de la tribu. ¡Ojalá nos dure muchos años!

Hasta las iglesias de Santa María y San Boal parecían prepararse, sobre campos despejados, a pasar el invierno de la manera más suave posible.

Pues eso, a otoño muerto, ¡bienvenido invierno!

 

Jornadas sobre la trashumancia

15 septiembre, 2017

 Aquí dejo el cartel con el programa de las Jornadas sobre la trashumancia y el comercio de la lana, a celebrar mañana y pasado, que organiza un año más la Asociación de Amigos del Museo de las Ferias y del Patrimonio de Medina del Campo. Con una salvedad: que la charla sobre “La memoria del camino: rutas trashumantes del ayer a hoy” será el domingo a las 11:00 y la que versa sobre la Cañada Real Burgalesa será el sábado a las 12:30. O sea, se intercambia el horario. Ya contaremos cómo ha ido, pero se promete interesante para los amigos de la trashumancia y sus merinas y cañadas.

Antonio

16 junio, 2017

No es una buena foto pero no importa. Es Antonio Piñero pasando junto al roble de Valdelaguna, en el término de Pesquera de Duero, en pleno Cerrato, allá por los inicios de la década de los 90 del pasado siglo, seguramente al comienzo de la primavera. Eran también los primeros años de nuestras salidas en bici por estos campos de Dios.

Pero Antonio, desde el pasado día 5 de junio ya no está entre nosotros; se lo ha llevado una larga enfermedad que también le mantuvo apartado de la bici durante los últimos años de su vida. Duro y resistente como pocos, llegó a romperse la clavícula y varias costillas en las bajadas de los páramos, pero estaba deseando curarse para volver a la bici… y fracturarse otra costilla más.

Dicen algunos sabios –y yo los creo- que los paisajes de esta tierra no son más que un reflejo apagado de otros más hermosos y perfectos que hay en otro mundo, donde no llega la contaminación ni el dolor. Seguro que Antonio ya rueda por ellos, joven y sonriente. Descanse en paz.