De vértigo

29 septiembre, 2016

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Todas las excursiones son distintas. Aunque pases por el mismo sitio que has atravesado en otras ocasiones, siempre variará la época del año, la luz, los colores, los aromas del campo, o el ánimo del ciclista… de tal forma que es muy verdadero aquello de que nadie se baña dos veces en el mismo río, ni cruza dos veces por el mismo campo.

De manera que esta vez también hubo descubrimientos a pesar de que la zona era bastante conocida.

Salimos desde la ermita de Cubillas. Unas llamativas e inmensas tinas de barro se encuentran apartadas en un campo; se nota que estamos en tierras de vino, y su elaboración también forma parte del paisaje. En el valle que forma el arroyo del Prado siguen pastando caballos, si bien las praderías están ya secas y extenuadas por el largo verano. Al cruzar el Portillejo nos metemos en la provincia de Palencia, y pasamos entre el lejano Pisuerga y la torre del telégrafo, que sigue en pie; dejamos la Sobrepeña y la Cuesta Redonda al norte para entrar en Dueñas por la curiosa Cerca.

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El trayecto se suaviza ahora gracias al perfil llano del Canal y al frescor del agua y de los chopos. A pesar de que el Canal lo conocemos bien, nunca nos habíamos acercado a la fuente del Tío Bruno, a cien metros de la esclusa 37: acompañada por matas de negrillo, expulsa un generoso chorro de agua. Después, por la sirga derecha, pasamos junto a pequeños cerros que protegen el páramo y llegamos al Soto de Albúrez, con su esclusa triple –la primera ovalada y las otras dos cuadradas- y su centralita eléctrica. La tarde estaba preciosa y el verdor de los alrededores del Canal contrastaba con la aridez de los campos cercanos.

El ancho valle del arroyo Vallejuelos pretende romper el páramo pero no lo consigue. La cañada real leonesa baja a este valle y vuelve a subir por una cuesta empinadísima que nosotros también subimos hacia el norte con la bici de la mano. Hasta las antenas –desde las que se ve ya Palencia- seguimos por la cañada y luego nos introducimos en el arcabuco del monte El Viejo, hasta que finalmente nos asomamos al valle de San Juan.

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Y aquí está la principal novedad de esta excursión. Tomamos un sendero verdaderamente aéreo en muchos tramos, de auténtico vértigo, con curvas continuas y cerradas que bordean una caída cortada a pico sobre el fondo del valle. De vez en cuando, la gravilla te  hace derrapar y las ramas de las encinas te dan en la cara. Pero el paisaje es hondo –demasiado- y único. No es nada normal encontrar un sendero aéreo en estas tierras llanas. Una vez más, ha merecido la pena venir a rodar por estos andurriales. Caminos, campos sembrados de pacas, arroyos, tractores trabajando, encinas y otros árboles aparecen aquí a vista de pájaro. Si esta orilla está cortada a pico como hemos dicho, la otra cae durante casi tres kilómetros desde el ras del páramo y nos muestra bien a las claras cuanto posee…

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Después, nos dejamos caer por Valdenegrillos hasta Dueñas sin tocar pedal, pues son ¡5 km de bajada!

Ya sólo nos queda tomar la pista de Quintanilla de Trigueros al tiempo que, mientras se pone el sol, cruzamos el arroyo Valdeazadas, que viene del monte de Dueñas. Al llegar a los corrales de Rascaviejas nos salimos de la pista para entrar en Cubillas por las Fuentes.

Aquí, el mapa del recorrido.

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El último coto

24 septiembre, 2016

el-ultimo-coto-tordesillasEn el libro que lleva ese título, Miguel Delibes recoge sus aventuras cinegéticas del año 1986 al 91. Como él mismo explica, el coto es El Bibre, dos leguas al sur de la Santa Espina, rayando con Tordesillas y Villalar de los Comuneros, en los términos de Vega de Valdetronco, San Salvador, Bercero, Marzales,  Gallegos, Velilla y Villavieja; el coto aprovecha sobre todo la ladera de los páramos, por lo que puede decirse que es estrecho y alargado. Y es el último porque se refiere tanto a la decadencia física del cazador como a esa gradual desaparición de la naturaleza y su sustitución por unas tierras peinadas y acicaladas, cada día menos propicias a la ocultación y a la sorpresa.

Pinarillo. A la izquierda, el cerro de San Juan.

Pinarillo. A la izquierda, el cerro de San Juan.

Bueno, pues por allí nos dimos un paseo un día tórrido de este mes de septiembre. El campo estaba muy seco, duro y polvoriento. Y lleno de maleza amarilla. Es lo lógico, después de una primavera lluviosa como pocas y un verano seco como pocos.

¡Cuanta desolación! (Villavieja)

¡Cuanta desolación! (Villavieja)

El camino de Santiago nos llevó de Tordesillas a Villavieja a la vista por el este del cerro Carrecastro, y luego a Bercero, pasando entre el cerro de San Juan y las estribaciones del páramo. Aunque no habíamos ascendido demasiado, las vistas profundas ya se habrían a nuestros ojos desde la ladera. Luego, desde el pico de Fray Gaspar y otros salientes de la paramera salpicados de cárcavas blancas, polvorientas y calcinadas, pudimos contemplar la amplitud y profundidad del valle del Hornija y de la llanura de Toro. Y, estando de pie en el mismo pico de Fray Gaspar, ¡qué bien se entendían algunas narraciones de don Miguel en El último coto!

Hacia el pico de Fray Gaspar

Hacia el pico de Fray Gaspar

Bajamos por la fuente de los Santos, dejando a la derecha la Mambla y luego Vega de Valdetronco. Enseguida nos entretuvimos en Marzales, para contemplar una vez más su curiosa iglesia de tres edificios bien diferenciados y el puente sobre el Hornija, ya a la salida. En el escenario de la batalla de Villalar alguien colocó un monumento conmemorativo, y en éste, una placa con los versos Desde entonces ya Castilla / no se ha vuelto a levantar. Como si lleváramos cinco siglos de siesta ininterrumpida. En fin. Al lado, tres arcos de un viejo puente, testigo de la batalla.

Puente de Marzales

Puente de Marzales

El camino a Tordesillas fue cuesta abajo y con el viento en popa. Como veíamos debajo la torre de Santa María, psicológicamente no nos costó nada llegar (aunque había que dar pedales, conste). Entramos por la ermita de San Roque, que no es mal mirador del Duero.

*  *  *

Pico

Pico de Fray Gaspar

El primer pájaro exigió un tiro espectacular, diabólico, de arriba abajo, casi vertical, entre mis pies. (…/…) Para que suceda una cosa así, el cazador tiene que estar en lo alto, y yo estaba en la cima del Pico de Fray Gaspar, allí donde la ladera se desploma casi a pico, y la perdiz me rodeaba por la cortada, a toda velocidad. De entrada le tomé rápidamente los puntos, adelanté los caños a tiempo y, cuando hice fuego, el pájaro cayó dando volteretas hasta la falda del cerro…(27.XI.88)

 *  *  *

Laderas de la Mambla

Laderas de La Mambla

La cuadrilla cazó en el cuartel de La Mambla, ladera de pimpollos y mata esteparia, muy querenciosa para la perdiz. Para obviar las cárcavas y el guijo, el viejo cazador optó por faldear la cuesta y en la primera hora y media, salvo los gazapillos que pululaban en torno a los vivares, no vio pieza. (21.X.87)

El pozo de San Juan

16 septiembre, 2016

Pervive en Tordesillas el edificio de la iglesia de San Juan Bautista, que fuera parroquia hasta finales del s. XIX para entonces agregarse a la de Santa María. Se levanta en un lugar estratégico, justo en el espigón de peña que mira hacia el suroeste, bien elevado sobre el Duero, de tal manera que su entrada norte está al nivel del otero pero su entrada sur necesita ya escaleras.

Torre de San Juan (i)

Torre de San Juan (i)

Su origen se pierde en la noche de los tiempos, seguramente se remonte al siglo XI, cuando Tordesillas tenía ya 6 parroquias, aunque fue totalmente reconstruida en el s. XVI y reformada posteriormente. Su planta, con dos naves,  es un tanto irregular, y el material empleado en la construcción muy variado: piedra de sillería, mampuesto, ladrillo y tapial. Sería, pues, la típica iglesia castellana sencilla y normal.

La sorpresa

Pero guarda una sorpresa al visitante que se acerque: un pozo a los pies de la nave principal, ya en el coro bajo que levanta un peldaño, cerca del muro norte. Sí, un pozo con su brocal muy desgastado de dos piezas de peña o caliza blanda y actualmente con agua, según comprobamos. Además, los vecinos de Tordesillas lo tienen por muy profundo, y lo es, pues está en lo alto del otero.

Aspecto del brocal (protegido ahora por una reja para evitar accidentes)

Aspecto del brocal (protegido ahora por una reja para evitar accidentes)

No es muy corriente un pozo así en una iglesia, salvo en algunas ermitas de la Virgen, como la Soterraña de Olmedo pero el pozo está fuera de la nave propiamente dicha, o la palentina cripta de San Antolín, donde le pozo se encuentra varios metros bajo tierra, como formando parte de la propia cripta. El pozo de la Salud, de la ermita de San Roque de Medina del Campo está al exterior, compartiendo muro con la ermita. El pozo, en fin, de Nuestra Señora de Tiedra Vieja se encuentra fuera de la nave de la ermita, en el patio.

Por otra parte, este pozo parece muy antiguo, seguramente se construyó antes que la actual iglesia, tal vez al mismo tiempo que la inicial o incluso antes. No parece que sea cómodo horadar un agujero de esas características construida ya la iglesia. Tiene, por tanto, un poco de misterio.

"Pozo" de la Soterraña

“Pozo” de la Soterraña (Olmedo)

Poco más podríamos decir, pues para las guías turísticas al uso o monumentales, el pozo ¡no existe! Precisamente por eso se escribe esta entrada. Y porque forma parte del paisaje de la vieja Tordesillas, para que no sea el pozo del olvido.

El agua y las mañanitas de San Juan

Pero la iglesia está dedicada a San Juan Bautista, santo al que se venera como el Precursor de Jesucristo y, por ello, de la Vida que todo lo fecunda. Su nacimiento se celebra el 24 de junio –la noche de San Juan- y hay un sinfín de tradiciones y ritos –litúrgicos y sobre todo populares- asociados a ese agua que da la vida.

Detalle del brocal

Vista lateral

De hecho en Ain Karen, cerca de Jerusalén, se conserva un Manantial de la Virgen junto al que, según la tradición, tuvo lugar el encuentro entre la Virgen María y la madre de San Juan, ésta con el santo en su vientre. Los peregrinos suelen beber de sus aguas. Y San Juan nacería poco después junto a este mismo manantial para luego dedicarse a bautizar, o sea, a regenerar por el agua.

Las aguas de San Juan  produjeron también, en Baños de Cerrato, la curación de los males renales del rey Chindasvinto, que construyó el templo dedicado al Bautista. Y hay costumbres referidas al agua que, precisamente esa noche, sana al que se baña en el río y purifica a quien se lava la cara y las manos. Son muchas las canciones tradiciones que cuentan las propiedades del agua, que esa mañana ayuda en casamientos y facilita embarazos:

Mañanita de San Juan,
cuando el árbol floreaba,
iba la Virgen  María,
por una fuente sagrada
(…/…)
con un libro en las sus manos
dio la bendición al agua:
-Bienvenida la doncella
que viniese aquí por agua
que si del agua bebiese
muy pronto será casada

Por tanto, seguramente la gente vendría a este pozo a por agua –para beberla y guardarla en casa- en la madrugada de San Juan, el día 24 de junio. Pues es claro que el pozo no está de adorno, sino desgastado por el uso. Pero es una pena no saber nada de estas posibles costumbres. Tal vez el Cronista oficial de la Villa podría intentar aclarar este misterio a través de los archivos parroquiales y redescubrirnos así viejas tradiciones.

Curiosas coincidencias

Otro aspecto singular de esta iglesia es que ahora, ya restaurado el edificio, está dedicada a promover la defensa de la vida humana, precisamente en el vientre de las embarazadas. ¡Qué casualidad! Desde luego, los de este Centro Internacional para la Defensa de la Vida Humana –CIDEVIDA- no podían haber elegido lugar mejor, aunque no creo que lo hayan hecho a propósito.

Detalle del interior de San Juan

Detalle del interior de San Juan

Por otra parte, la iglesia posee una serie de pinturas murales recientemente restauradas, como el edificio mismo. Destaca la ingenua y colorista personificación de las Bienaventuranzas en la bóveda de la capilla mayor. Antaño tanto el coro bajo como el alto –la tribuna- tuvieron diferentes puertas y ventanas a través de las cuales las vecinas monjas Comendadoras de San Juan Bautista de Jerusalén asistía a las celebraciones litúrgicas.  Curiosamente esta comunidad, cuyo patrón es San Juan, nació en Tordesillas fundada por Isabel García, La Emparedada, en el siglo XV.

Otra coincidencia es que su retablo principal se encuentra ahora acompañando a la Patrona de Valladolid. Aquí figuraba una Virgen de la Encarnación –que curiosamente también tiene que ver con la gestación, tanto humana como divina-, pero la representación del Bautismo del Señor la contemplamos ahora en el retablo de la iglesia de San Lorenzo, en Valladolid. Y la de San Lorenzo era la Virgen de los Aguadores… (!)

Portada sur

Portada sur

Si nos trasladamos a la capilla de la Vulnerata en el Colegio de San Albano o de los Ingleses de Valladolid, veremos que  posee también un pozo en su interior. Ya antes del Colegio, parece que hubo aquí –o muy cerca- una iglesia templaria dedicada a San Juan. ¿Procedería de entonces el pozo?  Claro que tal vez pueda deberse a que San Albano –cuya fiesta se celebra, por cierto, el 22 de junio, muy cerca de San Juan- está (¡también!) particularmente relacionado con el agua, pues poco antes de ser martirizado abrió un manantial ante sus verdugos. Por si fuera poco, tal pozo muestra en el brocal esta inquietante leyenda: Puteus vetus et sacrarium antiquum aediculae, o sea, Viejo pozo y antigua cámara secreta de la capilla. Ya se ve que un simple pozo en lugar sagrado puede dar para mucho…

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Exteriores

Nuestra visita bien puede terminar con un paseo por la calle Bellas Vistas, a la que da la puerta del sur, desde donde contemplamos el esplendor del Duero con su puente y sus viejas aceñas. Desde esta calle puede accederse a lo que fue vivienda del sacristán –que tenía una pequeña huerta entre la puerta de su casa y la de la iglesia, y que regaría gracias al pozo–  y desde ella, a la potente torre-espadaña, lo más noble de la iglesia, que destaca en el perfil de la Villa desde la otra ribera.

Casas sobre la peña

Casas sobre la peña

Un poco más abajo nos llamarán la atención los restos de las casas que se levantan directamente sobre la peña, siendo los muros de aquellas la continuación de ésta. Y más abajo aun veremos que la peña rezuma a veces agua; incluso hay una fuente…   pero de las conectadas a la red municipal de agua.

Nota.- Al contemplar el pozo de San Juan no pensé que habría un ovillo por desliar. Después de escribir estas líneas creo que el tema da para un estudio amplio y profundo, pero hay que dejárselo a los expertos.

Nota 2.- La iglesia de San Cebrián de Mazote -seguramente la más antigua de toda la provincia- también tenía un pozo a los pies, en el segundo ábside mozárabe. Según Joaquín Diaz en su Álbum de Valladolid, sobre él se pasaba a los niños herniados la noche de San Juan para curarles de su dolencia. (28.09.16)

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Fuentes de Duero, delicioso y pintoresco lugar cerca de Valladolid

8 septiembre, 2016
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El antiguo término municipal de Fuentes de Duero lo contiene todo: río con deliciosas alamedas, una pesquera, fuentes, lagunas, canales y acequias, encinas centenarias, monte de robles y sabinas, pinarillos, cerros y páramo, cañadas reales, un viejo olivar, viñedos, una olvidada vía férrea con su puente de hierro, una torre defensiva, una ermita románica… ¿se puede pedir más en un pequeño territorio que no llegará  a los 15 km2?

E historia, también posee historia porque las primeras referencias documentales datan del año 1200, si bien la iglesia románica parece anterior a esa fecha. El término dibuja un triángulo: la base, por el sur, es el Duero, aunque también tiene una franja de terreno en la orilla izquierda de este río, por el este limita con Tudela y por el oeste con La Cistérniga. El punto más alto del triángulo se denomina las Cuatro Rayas (de Fuentes, Tudela, Renedo y La Cistérniga). Precisamente en ese punto se encuentra la pequeña zona de páramo y el peculiar cerro de las Encinas, desde el que se domina todo Fuentes a la perfección además de buena parte del paso del Duero por Valladolid.

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Encina junto a la vía de Ariza

Desde este cerro en dirección al sureste nos topamos con uno de los pocos olivares que hay en nuestra provincia. Y en dirección suroeste, la cañada real leonesa nos lleva hasta los Pinos Altos y luego, siguiendo la acequia de la Almenara, llegaríamos hasta la pesquera de Herrera.

Preciosos montes de encina y roble con alguna sabina los tenemos en la zona limitada por el Duero, el término de Tudela y la vía de Ariza, pero también junto a la Almenara y a lo largo de toda la ribera. Y pinares en la Cabezada –el monte de la orilla izquierda del Duero-  y en puntos de la ribera derecha. Los vamos a encontrar vallados, pues se utilizan para pastos de ganado vacuno. Con tanto monte y tanto agua, la fauna es abundante y variada. Por ejemplo veremos más de una garza imperial, que aquí cuenta con una colonia.

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La torre

Del Canal hacia el Duero, buen terreno de regadío habitualmente verde. Y del Canal hacia el páramo, predominio de un precioso y ondulado campo de secano. Toda la ribera es un verdadero vergel, sobre todo en verano.

La localidad, hoy Caserío de Fuentes, se encuentra junto a la iglesita de Santiago. Al lado, en medio de un sembrado, los hombres y el tiempo han respetado un crucero de piedra, y cerca del río se levanta la torre defensiva que controlaba el paso del Duero en barca. Es, casi, un auténtico castillo. En otro tiempo estuvo almenada y más tarde se convirtió en silo y palomar. Pero hoy todavía podemos ver su porte y su interior; algunas ventanas son como las de cualquier castillo: cuentan con dos poyos o asientos a los lados que permiten sentarse para mirar por la ventana y hablar con otra persona sentada enfrente. No sé si tienen nombre en castellano, pero en gallego se llaman parladoiros por razones evidentes. La puerta a ras de tierra es posterior pues, como buena torre defensiva, se impedía adecuadamente el paso al posible enemigo. También podemos ver los restos de una casa palaciega.

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La fuente con el viejo lavadero

Cerca y protegida por dos hileras de chopos con abundante hiedra veremos también una  fuente con lavaderos y abrevaderos. Hoy ya casi no se aprecia por la intrusión de la hierba, pero hasta hace muy pocos años se veía un hermoso lavadero. Menos mal que todavía fluye agua en abundancia y siguen creciendo los berros.

Y la pesquera, donde en otros tiempos las aceñas reducían a polvo el grano de cereal producido en los campos gracias a la fuerza del Duero. Pero fuente también hay en Los Lagares, en la Media Luna y en la ladera del Taragudo Alto; esta última –denominada de los Chopos- sigue manando en la orilla derecha del Canal, mientras sus escombros descansan a pocos metros en la orilla izquierda. Adivina lo que ocurrió al trazar el Canal…

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Viniendo desde Tudela

Otro núcleo habitado estaba en Los Lagares, junto a la cañada real (o junto a la autovía, hoy). Como en el Caserío era complicado instalar bodegas debido a la altura del nivel freático, éstas se horadaron en el lugar que se llamaría, por tenerlos también, Los Lagares. Hoy continúa elaborando buen vino en estos lugares Bodegas Társila.

Fuentes ha visto pasar la historia por sus campos, pues era paso obligado desde Simancas o Valladolid hacia el Este. Si hoy lo atraviesan la autovía, el Canal, o la avejentada vía de Ariza, ayer lo cruzaron la calzada romana de Clunia, la senda de los Aragoneses y varias cañadas reales. Pero lo mejor es el Duero que –además de cruzarlo- lo ha diseñado y fabricado.

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El Puente de Hierro

Y otro de los muchos lugares pintorescos del término lo tenemos en el Puente de Hierro –gracias al cual la vía salta el Duero- y sus alrededores. Una parte del término se explotó para la extracción de grava, razón por la cual han quedado unas inmensas lagunas en las que es habitual contemplar las más variadas aves acuáticas.

En fin, que tenía mucha razón don Pascual Madoz cuando allá por el siglo XIX definió este término como delicioso y pintoresco. Pero lo mejor es descubrirlo dando un garbeo. Para ello recomendamos el camino de sirga del Canal, o el que discurre junto a la vía de Ariza, o la cañada real leonesa también denominada de Pinos Altos, o…

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Algunos corrales en el páramo sur de Fombellida (y 2)

3 septiembre, 2016

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Desde Fombellida los ganados accedían al páramo del sur por distintas cañadas o, por mejor decir, coladas. La primera y más utilizada –hoy es también el camino más usual y con mejor firme- es la de la Nava, luego, en dirección al este vienen: la de los Vallejos, pues llega a tres distintas colas o nacimientos de arroyos, la de Valdoma, que cuenta con algún manantial en la subida y se acaba justo al llegar al páramo, si bien antes continuaba hasta los corrales de Valdoma y la de Santa María, que sube por el vallejo divisorio con Canillas.

Los corrales de Valdoma siguen parcialmente en pie en las Hoyadas, a escasos metros del vallejo por el que sube la colada. Se encuentran rodeados de tierras destinadas al cereal, lo que indica que antes no todos sus alrededores eran puramente agrícolas. Desde ellos divisamos el paisaje de este peculiar páramo, con sus quejigos y encinas que señalan lindes y caminos.

En las Viñas

En el Hogazo

Al comienzo de la caída de la cuesta de la Vela, a pocos metros del camino de San Llorente, se esconden unos humildes corrales. Asentados en el último escalón de su valle o cuesta, no levantan casi del ras del páramo, por lo que pasan desapercibidos. Además, son de ese color gris oscuro que les hace confundirse con el resto de las piedras de la comarca. Distinguimos, a duras penas, chozo de lo que parece un montón de piedras. Ahí siguen, desafiando al olvido. ¿Cuántos años más?

No es que sea muy definitdo este mapa, pero da una idea de la situación de estas construcciones pastoriles

No es que sea muy definitdo este mapa, pero da una idea de la situación de estas construcciones pastoriles

Al comienzo del valle de Valendero, que cae hacia Torre de Esgueva vemos dos grupos de corrales. El de la izquierda conserva muy bien dos de sus vallados; no se distingue ningún chozo, pero pudo haberlo. El de la derecha, bien metido en las tierras de labor está reducido a un puro montón de piedras, pero podemos ver la entrada al chozo que hubo, sólo la entrada.

Desde el corral de Matacaderas, en el cerral del páramo, se contempla una bonita imagen de Torre. Fueron grandes estos corrales, pero ya están totalmente arruinados. O sea, ruina de ruinas.

Torre desde Matacaderas

Torre desde Matacaderas

No situamos por un momento en el término de Torre. A escasos metros de la raya de Fombellida para ver los corrales de Las Viñas, en un picón sobre el Valle Esgueva desde el que se vuelve a contemplar Torre. Mantienen un chozo en buen estado. Y a 300 m al sur, en un valle que se abre hacia Castroverde, que vemos al fondo, tenemos los restos de otras corralizas. Tuvieron chozo: una puertecilla abierta en un muro circular lo confirma.

Caño

En el barco del Caño

Otro chozo no muy derruido lo vemos en los corrales del Hogazo, a la vera de la colada de la Nava. Muy cerca, en el barco del Caño tenemos un curioso corral de planta cuadrangular, también en buen estado de conservación. Lo de curioso lo digo porque es el único de esta forma en la zona (hay otro similar en el páramo del norte). Está, además, en una suave ladera junto al camino, cerca de un bosque de robles. Desde aquí mismo vemos otros corrales, en el inicio del barco, bien protegidos por la ladera y los robles, que podríamos denominar de la Mañera, por el lugar en que se encuentran. Tuvieron al menos dos chozos.

En el barco del Caño

En la Mañera

Y, para finalizar, citaremos los corrales de la Isilla, en una llanura del páramo cuando éste va a caer por el barco de San Antonio hacia el arroyo del Charcón. Con robles alrededor son, seguramente, los más extensos del término. Con la ayuda de Google Maps hemos contado más de 30 departamentos o corrales menores en los que está dividido. Tiene también un chozo de buen porte.

En el valle, junto a la colada de Santa María

En el valle, junto a la colada de Santa María

Curiosamente, abajo, en el mismo valle del Esgueva, Fombellida posee un chozo, justo al lado de la colada de Santa María, cuando ésta inicia la ascensión al páramo.

Estos son algunos de los corrales al sur de la localidad. Más adelante, en otra entrada, procuraremos hablar de los que se levantan en el páramo del norte, que no son pocos.

 

Corrales de Fombellida (1)

28 agosto, 2016

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Cuanto más ascendemos por el Valle Esgueva más estrecho se hace y, por tanto, ganan espacio y relevancia en detrimento del valle mismo los páramos que lo bordean, que normalmente se encuentran abiertos por vallejos secundarios. De esta forma, se hace más importante la ganadería –propia del páramo y vallejos- que la agricultura, que siempre ha buscado las vegas de tierra suave y fértil. ¿Siempre? Bueno, siempre hasta ayer, que hoy las cosas han cambiado gracias a la maquinaria agrícola que llega a todas partes y, aunque las tierras no sean amorosas, algo sacan.

El caso es que el término de Fombellida está plagado de corralizas y chozos de pastor. O mejor, de ruinas de esos elementos. Antaño tuvo mucha importancia la ganadería, sobre todo de ovino. Los pastores llevaban el ganado al monte y ahí permanecía largas temporadas, pues no lo bajaban mientras hubiera pasto. Y para eso debían usar una estructura mínima, con el fin de guardarlo por la noche, de ahí las corralizas, y para guarecerse el pastor, los chozos. Hoy, ya digo, todo ello es una ruina. En Fombellida algunos vecinos de más de 60 años recuerdan haber utilizado estas corralizas.

Refugiados

Refugiados

El páramo al sur del pueblo no es el típico raso, pues está compuesto por pequeños vallejos, barcos, navajos, lomas y hoyadas. Además, todavía conserva cuarteles y rodales de monte de encina y roble con algunos enebros. Los caminos y linderas están señalados, con frecuencia, por hileras de quejigos. Y en los campos de cultivo se han respetado algunos robles y encinas solitarios. Todo esto le da al paisaje un aire distinto y peculiar. Sólo por contemplarlo merece la pena dar un paseo por aquí. Se supone que hace muy pocos siglos el bosque se extendía por toda la paramera, la agricultura era mínima y la ganadería lo llenaba casi todo. Además, la tierra no es excesivamente buena, está llena de piedras, tantas que a veces la tapan, y algunos majanos son muy recientes.

Vallejo

Vallejo

Las corralizas suelen encontrarse allí donde comienza un vallejo, aprovechando el espacio existente entre el cerral y el bocacerral. Así, se protegen con la ladera de las posibles inclemencias atmosféricas. Esto ocurre en la mayoría de los corrales que vemos en los páramos de la provincia. Quizá lo que les distingue de otras comarcas es la piedra utilizada, que no está tallada ni mínimamente trabajada. Las piedras usadas, en su mayoría, están recogidas directamente del suelo, o de la cuesta del páramo. Por eso, es siempre irregular y tiende a ser de tamaño más bien pequeño. Es de un gris muy oscuro, con abundantes manchas negras debido a la acción del clima extremo al que se ve sometida. También esto da a los corrales una fisonomía propia, como más pobre o humilde que en otros páramos.

Corrales

Corrales

¿Cuál es el mejor momento del año para visitarlos? Sin duda, la primavera. Podríamos decir que, en ella, lucen con todo su esplendor y aparecen como lo que son, construcciones pastoriles en un momento de bucólica alegría. El verano no es buen momento: con las hierbas ya resecas y altas parecen construcciones abandonadas y arruinadas por completo –y eso son- caídas en una especie de basurero perdido y olvidado. Aparte de que se hace costoso avanzar entre tanta maleza para verlos de cerca.

Sea como fuere, lo cierto es que forman parte de nuestra historia menor y que están cayendo por los rápidos del impetuoso río del olvido. ¿Recuperaremos alguno? ¿Será demasiado tarde cuando empecemos a valorarlos? Misterio. De momento, forman parte de ese paisaje que, sí, habla a los poetas pero también, en otro lenguaje, nos habla a todos de lo que fueron y cómo vivieron aquellos hombres que, hasta hace casi un siglo, lo sacaban todo, y todo lo esperaban, del campo y de la lluvia, del ganado y de los montes…

Chozo

Chozo

Como nos ha quedado un poco larga esta primera parte, dejamos la segunda para otra entrada en la que hablaremos de algunas corralizas en concreto.