Por San Marcos, agua en todos los charcos

29 abril, 2016

Despejando

Abril ha sido lluvioso. En la mayoría de nuestras salidas sabíamos que podíamos encontrarnos con algún aguacero de esos que van mojando una larga franja de terreno. Así ocurrió en la última, una tarde en los alrededores de Medina del Campo. Vimos cómo se acercaba no ya una nube descargando, sino el mismo chubasco, de color gris, llenándolo todo de agua.

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Nos mojamos –menos de lo previsto, por lo providencial de un pinarillo puesto en nuestro camino- pero inmediatamente después gozamos de una espectacular salida del sol entre las nubes y aguas que, poco a poco, se iban aclarando; todo esto incluyó un pequeño arco iris. Luego quedó el ambiente entre sombras y luces –los diferentes trozos del paisaje se iban iluminando o ensombreciendo por momentos- y, finalmente, brilló el solo en toda su intensidad -algún borrego intentó taparlo- hasta que cayó la noche. Naturalmente, enseguida nos habíamos secado y entrado en calor.

Todo esto ocurría mientras subíamos a las Lomas del Aire, desde donde se domina el campo de Medina, y -por el oeste- el valle del Zapardiel al bajar hacia Dueñas de Carrión, que cruzamos.

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Aprovechamos también para acercarnos al Caño de la Dehesa, preciosa y original fuente restaurada hace muy poco, que vierte sus aguas a una lagunita, en la ladera llena de chopos del también arroyo de la Dehesa. Al lado hay un pinarillo con mesas para merendar.

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Después, siempre vigilados por la espigada torre de Villaverde, nos acercamos al despoblado de Romaguitardo, a cuyos pies se ha formado un lavajo gracias a las lluvias caídas últimamente. Sólo quedan restos de la iglesia y el montículo donde estuvieron las bodegas. Ni una cosa ni otra faltaban en los pueblos castellanos.

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La vuelta la hicimos en parte por la cañada de Salamanca, que discurre junto a la vía del tren y en parte por la de Extremadura, que tomamos en las Salinas y de la que nos despedimos –en plena anochecida- en el nada romántico charco Lavaculos, que venía muy bien a los rebaños para abrevar… (Por cierto, por San Marcos solían terminar los contratos de arrendamiento de pastos en Extremadura y las merinas volvían hacia los puertos de Burgos y León utilizando estas cañadas. Estarían, como ta,bién nosotros las hemos encontrado, llenas de charcos)  

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Lavajos, lagunas, navas y boyones

23 abril, 2016

Lagunas Medina(1)Al sur de Medina del Campo son muy abundantes las lagunas, lavajos y navas. Por esas tierras, siempre se ha entendido por laguna una buena extensión de agua que veía reducido su tamaño en verano pero nunca se llegaba a secar del todo; al menos quedaba siempre un fondo de légamo y barro. Por lavajo se entendía algo parecido, normalmente más pequeño.  Lavajo viene de navajo que a su vez viene de nava que significa según el DRAE tierra sin árboles y llana, a veces pantanosa, situada generalmente entre montañas. Pero en tierras de Medina se llaman navas a zonas a veces alargadas, siempre irregulares, sin árboles, normalmente entre tierras de labor en las que crece una hierba rala con pequeñas calvas blancas por las sales, con frecuentes encharcamientos y algún lavajo, y con humedad permanente en el subsuelo. En nuestros páramos, una nava es una extensión más o menos amplia, hundida, en la que se suele acumular el agua en épocas lluviosas.

La más occidental de las Lagunas Reales

La más occidental de las Lagunas Reales

Las Lagunas Reales estaban sin agua pero preciosas. Cada una con su un enorme e irregular redondel dibujado por hierba joven y flores de diferentes tonalidades. Un poco  más oscuro en los bordes, bien señalados también por la hierba alta de la pradera contigua. Menos brillante y con pequeñas flores de tono amarillo en el interior del círculo. Daba gloria ver tanto verde y tan vivo, hasta el punto de olvidarnos que de agua –de laguna, por tanto- no tenían nada. Y es una pena, pues precisamente estas lagunas que eran prácticamente permanentes, hoy día no se recuperan ni en temporadas de diluvio. Seguramente porque su terreno absorbe el agua que cae del cielo y el manantial -procedente del acuífero de los Arenales- ya no les llega.

Lavajo Rabiosa

Lavajo Rabiosa

Exactamente lo mismo ocurría con otro gran lavajo, antaño permanente: el lavajo Rabiosa, que descubrimos –de repente- en  medio de un pinar. A su lado, otro lavajo más grande ha desaparecido trasformado en un campo de cereal. Como ya no se alimenta del manantial, los agricultores lo utilizan para sus fines. También estaba sin agua la laguna del Simplón, que debió tener un origen artificial, o los muchos restos de antiguos lavajos que encontramos a lo largo del curioso arroyo del Malpaso. Lo de curioso va porque en muchos tramos no tiene cauce definido, es una lengua verde con algunas hondonadas en las que debió registrarse algún lavajo, a juzgar por la forma y los restos.

Lavajo de la Juncia

Lavajo de la Juncia

Pero la jornada nos deparó otras muchas sorpresas con agua:

  • El lavajo de la Juncia y otros próximas en los pagos del Dornajo y el Voleo habían vuelto por sus fueros perdidos a ocupar zonas en actuales campos de labor. Estaban llenos de esas pequeñas flores blancas, propias de estos encharcamientos.
  • Al oeste de los anteriores y al este del Raviosa, la zona de los Chirivines –verdadera nava en lucha con el agricultor- se veía salpicada de multitud de encharcamientos, sobre todos de pequeño tamaño.
  • La Navilla, en el límite de Velascálvaro y Rubí, y rodeada de pinares parecía que no tenía agua, pero al acercarnos, sí que la había, entre hierba alta y juncales.
  • las charcas de los Salmuerales, que se habían juntado todas para celebrar la lluvia caída. Además, cazaban las cigüeñas y cantaban la ranas.

    En las Navas, Rubí de Bracamonte

    En las Navas, Rubí de Bracamonte

Pero también encontramos con agua el lavajo de los Boyones y su fuente respectiva, en Rubí, y seca la laguna de Arahuete, en las navas al norte del mismo término municipal. Y desaparecida, la laguna boyón de Ruiz. (Y aquí tenemos una variante de bodón, emparentada con bayón y bayona… Ya se ve que en toda esta zona de Pinares-Olmedo-Medina hubo muchas y muy variadas lagunas; desgraciadamente parece que ya sólo conservamos los nombres)  

También tuvimos la grata sorpresa de encontrar con abundante agua las Navas, al este de Rubí de Bracamonte y al oeste del arroyo de la Valenosa. Se trata de una larga –casi 1 km-, ancha e irregular lengua con abundantes encharcamientos, hierba, ranúnculos y zonas de calvero. Para recorrerla despacio, disfrutando a cada paso del espléndido panorama cercano.

Arroyo

Arroyo de Malpaso

Nos olvidamos –a propósito- algunas navas más por las que anduvimos, o casi navegamos. Y es que todo rezumaba agua después de una intensa temporada de lluvias. Tampoco hemos contado que nos fue muy fácil avistar patos, cigüeñuelas y avutardas. ¡Y ojalá terminen por llenarse las Lagunas Reales!

Laguna Boyones

Laguna Boyones

Una mirada al paisaje

14 abril, 2016

El pasado fin de semana asistimos a un simposio sobre el paisaje organizado por Joaquín Díaz en la bodega Heredad de Urueña. La sede parecía elegida a propósito pues se levanta en una ligera elevación sobre Tierra de Campos que domina la suave vega del Sequillo a la vez que resulta dominada por el perfil murado de Urueña, encaramada en el canto del páramo.

Mirando el paisaje desde la "Heredad"

Mirando al paisaje desde la “Heredad”

Las intervenciones fueron gratas e interesantes. Gratas porque se estaba allí muy a gusto con Germán Delibes, que nos explicó como si lo estuviéramos viendo el paisaje en un poblado hacia el año 2.500 a. C. en Villalba de los Alcores, o con Miguel Delibes de Castro que nos contó sus experiencias a propósito del paisaje y ecología, o también con Juan M. Báez Mezquita que disertó de manera deliciosa sobre el paisaje a través de la historia de la pintura. E interesantes porque profesionales tan buenos supieron poner a disposición del público su sabiduría acumulada durante años de dedicación y trabajo. La verdad es que les seguíamos encantados y absortos en su discurso. No sé el tiempo que utilizaron en sus charlas, pero se nos pasaron en un abrir y cerrar de ojos.

Otras conferencias fueron, también, muy sugerentes. Por ejemplo Leonardo Servadío  nos condujo a un futuro hipotético, posible y tal vez inquietante en el que, después de regenerar las urbes, campo y naturaleza estarían presentes en las ciudades, a la vez que éstas podrían llenar un campo automatizado y tecnificado.

Atardecer en el páramo

Atardecer en el páramo

Por su parte Albert Cortina, propuso las modernas y progresistas Cartas del paisaje, que funcionan como instrumentos de concertación y participación frente a reglamentaciones u ordenanzas. Además, estas técnicas ya se están experimentando de manera positiva en algunas regiones españolas, como el Priorato. En su intervención, José Luis Carles nos ayudó a percibir la sonoridad del paisaje, y Cristina Palmese, por su parte, nos llevó de paseo a saborear paisajes tan visuales como sonoros…

Para terminar, la Heredad de Urueña nos invitó a degustar sus caldos. Un agradable tinto y un clarece de primera ciertamente.

Urueña desde el canto florido

Urueña desde el canto florido

Si el sábado hizo un día excelente para contemplar la puesta de sol en la paramera y disfrutar del comentado paisaje, nosotros aprovechamos el domingo a medio día para dar un paseo por los alrededores de Urueña. Pero hizo terrible: viento helado y racheado, con aguaceros continuos. A pesar de eso y de que el barro de los caminos se nos pegaba a las suelas, logramos llegar a las ruinas del monasterio del Hueso, subir al páramo de Almaraz y bajar a la ermita de la Anunciada. Ya de vuelta a la ciudad, nos tomamos un clarete –para entrar en calor- al pasar por Torrelobatón.

¡Muchas gracias, Joaquín!

 

Paisajes y (más) fuentes de Toro

8 abril, 2016

fuentes de Toro 2

No pudimos resistir la tentación y nos fuimos, un día más, a seguir descubriendo fuentes del término de Toro. Nos están esperando desde hace siglos. Tal vez se mantienen en pie, como haciendo un esfuerzo especial, para dejarse ver por nosotros. Así que no es cuestión de dejarlo para más adelante. Ya nadie las usa, casi nadie las cuida y muy pocos se preocupan de ellas. Sólo algún loco que las ha redescubierto y está haciendo lo indecible para recuperar al menos algunas.

Además, es una manera estupenda de contemplar el paisaje. El campo que rodea Toro, sobre todo al sur, es variado y diverso: encinas, pinos, bosques de álamos, saucedas en los ríos o arroyos; interminables colinas, cerros y motas, y algún despeñadero como el de Villabuena del Puente; campos de cereal y cuidados majuelos; monte bajo, algunas praderas… Las colinas y mogotes facilitan la perspectiva para ver con mayor amplitud de campo. En fin, no sabemos si esta vez las fuentes eran el objetivo o la excusa.

Desde Matalobas

Desde Matalobas

Partimos de Toro, donde nos aprovisionamos de productos alimenticios de la tierra, ricos en energía, para hacer frente al pedaleo de la excursión. El agua lo encontraríamos a lo largo del trayecto, o eso pensábamos.

La primera sorpresa –agridulce- llegó con la fuente de Matalobas: con la restauración le han devuelto su antigua nobleza. Pero debido a las explotaciones de una gravera que hay un poco más arriba, que ha trastocado su manantial, se ha quedado sin agua. De todas formas, tan bueno como la fuente es el panorama que desde ella se divisa y que pasa bajo las ramas de las encinas, a modo de teatro natural: el perfil de Toro con su Colegiata y gran parte de la vega. Merece la pena.

Pedorra preciosa

Pedorra preciosa

La segunda parada, fuente de la Pedorra. Otra sorpresa, pues se trata de una vieja y artística fuente, como pocas. Posee varios abrevaderos delante, pero eso es lo de menos. Lo de más es el cuidado arco de piedra arenisca labrada que cuenta incluso con un adorno –medio perdido ya- encima de la clave. ¿Qué artista se entretuvo embelleciendo la fuente? Misterio. Domina con señorío el suave valle del arroyo Ballesteros. Ya no tiene agua pero ¡cuántos agricultores habrán bebido de ella y cuantos ganados habrán abrevado aquí! ¿Sólo le queda esperar la ruina completa y posterior desaparición?

Escondida Casca

Escondida Casca

Sin acceso, perdida entre el pinar y la pradera del mismo arroyo Ballesteros, escondida tras un almendro, permanece la humilde fuente de Casca. Nos costó encontrarla. Su bóveda es de ladrillo y se cierra con puerta de metal, que aun conserva. El arca mantiene agua. Al norte, sigue dominando la torre de la Colegiata.

La siguiente parada fue en el Pilón de las Zanjas. ¡Qué pena! Se encuentra al final de un vertedero suponemos que ilegal y, para colmo, algún desalmado lo ha destrozado. Ha tirado al pilón el triángulo de ladrillo de la pared del fondo que lo adornaba y ha roto el arca. De todas formas, mana agua. Está complicado acercarse a él; pero el vallejo es precioso: se adorna con álamos, almendros, chopos y algún nogal.

Desde el Pilón de las Zanjas.

Desde el Pilón de las Zanjas.

La fuente la Francesa también se encuentra en otro hermoso valle, asentada sobre una de sus laderas. Vemos al fondo una arboleda y allí está, con dos grandes abrevaderos que aprovechan su líquido elemento. Su construcción es muy pobre, desarrapada, con ladrillos y piedras desgastados y parcheada de cemento. Amenaza ruina total. Pero el sitio es precioso y nos permite contemplar la profundidad del valle de la Francesa y parte de la Guareña..

Al fondo se esconde la fuente de Peñacabras

Al fondo se esconde la fuente de Peñacabras

La fuente de Peñacabras, de rústica mampostería, se ha quedado sin acceso. Y casi se queda sin nada, salvo el agua. Se encuentra en una pequeñísima alameda que limita con tierras de labor y un pinar. El agricultor ha roturado los bordes del pinar y casi arrasa la fuente, que actualmente se encuentra oculta entre la maleza, pero tiene agua que forma un pequeño lagunajo.

En el Palomar

En el Palomar

Y llegamos a la casa del Palomar, otro de los preciosos lugares que esconde esta tierra toresana. Nos recibe a un lado del sendero de acceso el esqueleto tenebroso –se ha puesto de repente el día gris- de una vieja encina y al otro lado, otra descomunal encina, viva. Al fondo, enormes álamos que han sacado partido de los hontanares de la Paloma. Y dos hermosas fuentes: la primera alimenta un lavadero, en el que todavía queda una piedra de lavar, y un estanque; la segunda, que se encuentra en lo más enmarañado de un zarzal, es medianamente accesible gracias a que alguien ha abierto un sendero que pronto desaparecerá. No tiene arca, el agua surge de un caño en una pared frontal que forma un rincón con la lateral. Sus aguas, a los pocos metros, llenan un lavajo.

Fuente Manteca

Fuente Manteca

La fuente Manteca también es curiosa. Se encuentra en un ancho valle  dedicado al cereal y a la vid y rodeado de monte de encinas. Domina una pequeña pradera; su arca es de piedra y ladrillo, y su abrevadero –moderno- es generoso. Tiene agua refrescante y de buen sabor. ¡Idílico y perdido lugar!

Y llegamos a la fuente Marlota, tan curiosa como su nombre y a unos metros del camino de lo que fue el monte Iniesta. Tiene diferentes niveles:  arriba vemos el arca, con el  frente de ladrillo revocado con cemento y los laterales con la piedra original, más abajo el caño con chorro generoso de agua buena, fresca y sabrosa –damos fe- y finalmente, el abrevadero. Todo está asfixiado por la maleza de juncos y zarzas. Le haría falta un buen desbroce.

Arca de la fuente Marlota

Arca de la fuente Marlota

En diversos puntos de esta excursión vimos alcaravanes. Siempre en el aire, pues en cuanto se posaban, dejábamos de verlos. ¡Qué manera de mimetizarse en el terreno, especialmente en los majuelos!

No nos detenemos en la fuente de los Pilones, que dejamos en una alameda a 400 m del camino, y de la fuente Marlota bajamos hasta Villabuena del Puente. El puente también tiene su fuente y pilones pegados a él, pero está clausurada y cerrada.

Lavadero de San Tirso

Lavadero de San Tirso

Como amenaza lluvia tomamos la directa. Después de saludar al cerro de la Nariz, sólo pasamos por la fuente los Villares, la más grande de la comarca, que ya conocemos. El viento de culo y la misma lluvia nos llevan volando hasta Toro. Como llegamos antes de lo previsto, tomamos la senda del Duero y visitamos las tres fuentes que manan entre las cárcavas y el río, prácticamente en la misma orilla: la del Hospital, con su pequeña alberca, que sirvió para regar la huerta cercana y que se encuentra seca; la de la Teja, pequeña y simpática y con su chorrito de agua, y el Lavadero de San Tirso, que sirviera de manera especial a las lavanderas toresanas, pues sus aguas son templadas.

Cuestecillas

Cuestecillas

Ya sólo nos quedaba subir por la cuesta hasta la ermita de la Virgen del Canto y, desde el mismo canto, dirigir una última mirada a la vega del Duero, a las ondulaciones de los montes toresanos, y a la torre de la Colegiata. Y todavía nos quedan fuentes para unas cuantas excursiones más.

Toro y la Colegiata

Toro y la Colegiata

Primavera en la paramera

4 abril, 2016

Velilla 2016

Jueves Santo, día para estrenar la primavera. Hemos dado un paseo por los valles y páramos occidentales de Torozos: páramo de Velilla, valle de los Berceros, páramo del Monte, valle del Hornija. Esto facilita la contemplación de paisajes diferentes: raso, valles y vallejos, muelas y mamblas, y llanura de Villalar. Las piernas se resienten con las cuestas arriba pero se relajan cuesta abajo. ¿Qué más se puede pedir para una breve mañana de 35 km?

El Hornija

El Hornija

Y ya casi hemos comentado la excursión. Todavía podemos añadir que el firme de los caminos estaba en perfecto estado a pesar de las últimas lluvias y que el cereal aquí, en las alturas, no llegaba aun a la altura de un palmo. Pero lo que más nos impresionó fue ver el río Hornija en su ancho valle como pocas veces: con abundante y limpia agua corriente. Y es que estamos acostumbrados a todo lo contrario: hasta hace pocos meses era un cauce seco, sobre todo al salir del páramo, o bien tenía un hilillo de agua sucia. También contemplamos algas y ovas que ondeaban a la corriente cual banderas al viento. Y si a esto le unimos el precioso puente de Gallegos, pues está dicho todo. ¡Que dure así el año entero!

Dejando atrás Berceruelo

Dejando atrás Berceruelo

Pasamos por varios pueblos que parecían despoblados. En Berceruelo visitamos las ruinas de la iglesia románica y las bodegas junto a las eras. En Gallegos, el ábside de la iglesia parecía estar sujetado y elevado por los cipreses que le rodean. En Vega de Valdetronco nos refrescamos en la fuente, junto a la iglesia de original fachada. En Bercero, en fin, rodamos por sus calles que son una lección viva de arquitectura popular… Pero gente, poca.

Entre suaves laderas

Entre suaves laderas

También pasamos junto a la mambla de Vega, de donde antaño se extraía el Blanco España; en otra ocasión nos acercaremos a ver cómo están sus pequeñas canteras. Igualmente, nos quedamos con las ganas de asomarnos al valle de Bercero desde el pico de Fray Gaspar, y también lo dejamos para otra ocasión. La verdad es que el paisaje es siempre inagotable. No sólo porque es ancho y variado, casi inabarcable; también porque cambia con las estaciones del año, y hasta con el día y la noche. Menos mal que no se mueve y que aquí nos espera para otras excursiones…

Traseras en Bercero

Traseras en Bercero

El Espanta, un arroyo asesinado

31 marzo, 2016

De entre los cauces menores que llegaban a Valladolid aportando arboledas y prados al paisaje, además de algunas aguas al Pisuerga, encontramos por su margen derecha los arroyos Berrocal, Pozo Patilla y Madre, y por la izquierda los ramales de la  Esgueva y el arroyo Espanta.

Arroyo Espanta

Este último brota -por no decir brotaba- en el pago de La Majarresa, un vallecillo en término de la Cistérniga a unos 800 m de altitud, en el que se recogen las aguas de los últimos páramos del Cerrato. Desde allí su escaso e intermitente caudal resbalaba hasta entrar en el pueblo por el Camino del Cementerio hasta la Cruz, entre las eras, y después se paseaba entre las calles reuniendo las aguas de otros manaderos y arroyuelos menores hasta llenar un pilón que servía de lavadero.

Apenas nace ya lo encontramos canalizado

Apenas nace ya lo encontramos canalizado

Al dejar el pueblo se relajaba perezoso por los fértiles pagos de La Vega, Las Dragas, Los Alamares y finalmente Argales, hasta  desembocar en el barrio del Cuatro de Marzo; su caño se colaba al final de la actual calle Espanta por debajo del arranque de la Carretera de Rueda y  los desaparecidos Jardines de La Rubia, llegando al Pisuerga justo dónde hoy encontramos un moderno mirador.

Trabajando duro como colector del polígono La Mora Trabajando duro como colector del polígono La Mora Trabajando duro como colector del plígono La Mora

Trabajando duro como colector del polígono La Mora

En la actualidad apenas sobrevive a las duras agresiones a las que se ve sometido. Se ve sometido a un auténtico calvario debido a la presión urbanística e industrial: primero como colector de La Cistérniga, algo más allá el polígono de la Mora y después FASA y Argales. No lo puede soportar. Su pequeña corriente se convierte en un hilacho infecto de aguas negruzcas y malolientes que atraviesa bajo vías, carreteras y canales; a veces entubado, otras, las menos, a cielo abierto tratando de mostrar la imagen digna que le hemos robado. Hasta que desemboca en…. ¿Quién sabe dónde desemboca?

Desembocadura clausurada en el Cuatro de Marzo

Desembocadura clausurada en el Cuatro de Marzo

La  CHD, cuando define su cauce lo lleva aguas abajo, sobre la acequia de Valladolid. Sin embargo,  la realidad es que parte se desvía al colector de San Cristóbal que entra en Valladolid por San Isidro y el resto se pierde entre el conjunto de nuevas infraestructuras que suponen el nuevo colector construido en paralelo a la nueva VA 30 que culmina en la EDAR.

Retazos de dignidad entre aguas pardas

Retazos de dignidad entre aguas pardas

En resumen: el arroyo está perdido, muerto. Es realmente lo que menos ha importado salvar en cualquiera de las actuaciones realizadas en su entorno, salvo para dejar un paso de escorrentías. Una vez más, hemos sido incapaces de armonizar nuestro crecimiento con el sostenimiento de la naturaleza.

Javiloby

Crucero de La Cistérniga

Crucero de La Cistérniga


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