En busca de las fuentes del Valcorba, desde Quintanilla de Onésimo

24 julio, 2015

Fuentes del arroyo Valcorba

Este vez se trataba de llegar a las fuentes del Valcorba desde Quintanilla de Onésimo para regresar valle abajo. Fuimos con Manuel y Álvaro, ambos de Quintanilla.

El camino hasta Minguela fue casi una línea recta:

  •  Primero, la subida por el camino del Basilón hasta el monte. Buena pista pero muy empinada al final. Para mantenernos fresquitos preferimos subir a pie los últimos metros. A la izquierda vemos un encharque producido por un manantial próximo: aquí, hace muchos años se instalaba una caldera para sacar la esencia del espliego, y hasta los chavales llevaban ramos para recibir luego, a cambio, unas pesetillas que se invertirían en las fiestas de San Mateo en Valladolid.
Aquí nace el arroyo Valimón

Aquí nace el arroyo Valimón

  • Ya arriba, en el monte, fuimos por un camino precioso y recto –salvo un breve giro de 90 grados a la derecha y otros 90 a la izquierda- hasta la ermita del Cabañón. Hubo que salvar un obstáculo: una valla metálica que tenía un buen agujero por el que atravesar agachados, cosa nada complicada. El camino, estrecho y       con dos roderas que hacían posible el avance, pasa junto a piñoneros, negrales, matas de encinas y algunas sabinas. Pero también vimos, ocupados ya por pinos, abundantes corrales: o sea, que antaño esto no era un monte. O no lo era tan denso.
En el páramo abierto

En el páramo abierto

  • Y salimos a la ermita del Cabañón, ya en el páramo abierto. Nos paramos en la fuente del Tasugo, que conocemos bien, donde nace el arroyo Valimón. ¡Seguía echando, a estas alturas del año, dos hermosos chorros de agua, a pesar de que está casi en el ras del páramo! Los de Quintanilla nos hablaron de otra fuente en el páramo, la de Carrecuéllar -a la altura de Vegasicilia- que también está casi al ras. Tendremos que ir a verla, en otro momento. Ahora, a atravesar el páramo, un páramo lleno de pequeñas ondulaciones, hoyadas y navas. Al fondo, la sierra de Segovia. Avanzamos por el camino o cañada que separa los términos de Cogeces y Langayo y que está casi borrado, hasta la carretera de Cogeces a Peñafiel. Esto fue una suerte, pues muchos de los caminos de este páramo son en realidad anchas pistas rectilíneas y con buen firme; muy aburridas, por tanto.
En la fuente de Minguela

En la fuente de Minguela

  • A partir de la carretera, el paisaje cambia ligeramente pues primero cruzamos entre los arroyos del Valdelapeña y Valdecascón, que tira cada uno hacia su valle -estamos en el alto de la Mesa, 903 m- y luego llaneamos por la inmensa planicie que separa Cogeces y Campaspero. Al fondo, nos esperan los chopos de Minguela.

Y, casi sin pretenderlo, nos presentamos en Minguela, entrando por la cañada de la Yunta. La verdad es que nos fue imposible pasear por el terreno donde se levantó esta población, que estaba asfixiado por la maleza, especialmente por ortigas. Y, bien ortigados, llegamos hasta la fuente, completamente seca. Una vez más nos impresionó el tamaño del arca, a pesar de que tiene el techo ya caído. No pudimos acercarnos a las cuevas de la visera caliza, ni a otros lugares, e iniciamos al poco el camino de vuelta saludando desde lejos a las ruinas de la iglesia.

Iniciando el

Iniciando el “descenso” en Minguela

En Bahabón nos refrescamos un poco y seguimos valle abajo. Esta segunda parte de la excursión ya la hemos hecho y relatado en otras entradas del blog, así que poco diremos. Pero siempre impresiona y agrada hacer el valle de un tirón, disfrutando en pocas horas de las continuas variaciones del paisaje, desde las grandes calizas desprendidas al lado del camino hasta el gran valle abierto próximo ya al Duero.

Después de Bahabón, Torrescárcela y luego Aldealvar. Van pasando laderas pinariegas, molinos como el de los Álamos, corrales como los de la Dehesa, casas de labranza como el Quiñón, poblados prehistórico como la Pared del Castro…Y también hace acto de presencia la arena, que fastidia al ciclista como pocos elementos. Cuando llegamos a la carretera de Montemayor de Pililla decidimos seguir por el asfalto hasta Santibáñez, pues no vamos muy bien de tiempo y el camino que va por la orilla izquierda del arroyo tiene algunos bancos de arena.

En pleno esfuerzo

En pleno esfuerzo

En Santibáñez descansamos otro poco y tomamos el camino que más directamente lleva a Quintanilla, que bordea el pico Miranda, atraviesa el prado del Aceite y cruza los bacillares de la Abadía de Retuerta, lugares todos estos de Sardón de Duero. Finalmente, nos presentamos en Quintanilla después de habernos echado a la andorga 59 km de nada.

Girasoles en la ladera

Girasoles

La ruta por el Valcorba hasta su desembocadura en el Duero difícilmente puede hacerse en bici: no hay camino y la arena que a lo largo de milenios se ha depositado aquí hace complicado ir sobre dos ruedas; lo mejor es caminar. Pero merece la pena, pues veremos zonas húmedas, con abundante sombra de arbolado, y restos de molinos y balsas, de cuando el arroyo era caudaloso y proveía de fuerza y agua hasta llegar a su último término, Traspinedo.

Bikes y Birras, segunda edición

15 julio, 2015

12 julio 029

Por segundo año consecutivo un grupo -450 inscritos esta vez- de ciclistas todo terreno nos reunimos en Sardón de Duero para afrontar este trayecto, que terminaría en la piscina de la localidad reponiendo fuerzas gracias a unas sabrosas birras con empanada.

Primera subida, y bajada por Yeseras

El recorrido, precioso; no tiene otro calificativo. La primera subida fue al páramo de Quintanilla de Onésimo. Ya arriba, dejamos a un lado la alambrada de La Planta, con jabalíes y corzos, y a otro el pinar del Cabezo de las Arroyadas, con abundantes caleras. La bajada, por la estrecha senda de las Yeseras provocó un embudo en los ciclistas, pues alguno se lo pensó dos veces antes de bajar por sitio tan empinado. Sin embargo otros, a la vista del parón, optamos por tirarnos directamente por la ladera, que las margas yesíferas estaban bien mulliditas. Ya se ve que cada corredor es diferente: al que esto escribe le adelantaban en las cuestas arribas, pero ganaba terreno en las bajadas. Mientras, el telón de fondo del paisaje no era otro que el inmenso y luminoso valle del Duero con la Abadía de Retuerta destacando.

12 julio 031

Ascensión al Carrascal

La segunda subida fue desde Quintanilla de Onésimo por el camino de Basilión, de buen firme. Aun así, algunos se bajaron de la bici para caminar los últimos metros, muy empinados. Nos fuimos hacia el Este por el Carrascal (precioso bosque mixto de pino, encina, roble y enebro), que bordea el monte de Vegasicilia a la izquierda, y deja un chozo de pastor a la derecha, hasta que nos acercó, entre pequeños campos de cultivo y rodales de moente, por la Hoyada del Cura a la bajada por otro lugar precioso: Valdelascuevas. En una ladera abrupta vemos estos entrantes, las cuevas, protegidos por viseras de piedra caliza. Pero claro, como estábamos más atentos al terreno para no caer, no nos fijamos en todo esto. Justo en el cerro encima de las cuevas, hubo un importante poblado prerromano. Es el pico del Castro, ya en los dominios de Pintia.

12 julio 044

Tercera y última

La última subida fue desde Quintanilla de Arriba, por las Cárcavas. Hubo una rampa doblemente criminal, porque además de ser empinadísima engañaba al sufrido rodador, pues parecía que habíamos llegado al páramo y, de eso, nada. Así que otra rampa más y ahora sí, habíamos coronado nuestra última subida al altiplano. De la bajada no hablamos, que se bajan solas, ya sabemos el dicho ese: para las cuestas arriba quiero mi burro, que las cuestas abajo yo me las subo.

12 julio 047

Por la senda fresquita del Duero hacia la meta

Pasamos por Quintanilla y nos metemos en la senda del Duero. Se agradece el frescor, ahora que el sol empezaba a calentar bien. En el puente está el avituallamiento: bebemos y descansamos un poco.

La siguiente etapa es por la sombra gracias a que seguimos la senda del Duero, confundidos en la densa ribera, hasta las proximidades de Olivares. ¡Así da gusto! Esta senda es tan entretenida como cansada. Por un lado subes y bajas continuamente, por lo que derrochas fuerzas, pero como vas pendiente de no salirte del camino, no notas el esfuerzo… hasta que terminas el sendero.

En Quintanilla de Onésimo dudamos si seguir la ruta dura y larga, de 80 km con 7 subidas al páramo en total, o la blanda y suave, de 60 km y 3 subidas, que ya hemos hecho prácticamente. Pero la duda dura un segundo y la decisión es instantánea. En poco más de 5 kilómetros estábamos en las piscinas de Sardón.

12 julio 022

Agradable recorrido, muy bien organizado y con abundantes voluntarios que ayudaban en todo momento a los ciclistas en ruta. ¡Enhorabuena a los organizadores y mil gracias a los voluntarios!

¡Hasta el año que viene!

Cuando el calor aprieta, el páramo

11 julio, 2015

Cigales Santa Cecilia¿Qué se puede hacer cuando el calor aprieta? Pues hay muchas posibilidades. Una, salir a primera hora de la mañana o a ultima de la tarde. Otra, planear el recorrido junto a ríos y canales. Y otra –como la del domingo pasado- rodar por el páramo de los Torozos, que suele disfrutar de una temperatura entre 3 y 4 grados por debajo de los valles, y no digamos ya de Valladolid ciudad.

Robledal cerca de la Barranca

Robledal cerca de la Barranca

De manera que salimos de Cigales y enfilamos la amplia vaguada de Valcaliente para terminar la subida al páramo por la Barranca. Esta última parte –con manantial y todo- discurre bien protegida del sol por la densidad de su monte de robles. Rodamos sobre una alfombra verde.

Ya arriba nos acercamos, para seguirla, a la cañada de la Raya, que ahora tiene una pista paralela, que da servicio a los aerogeneradores. Después, a campo traviesa por terrenos ya cosechados, con el suelo bien duro y por tanto muy ciclable, hasta la carretera de Ampudia. Aquí tomamos un camino que pasa junto a una tenada y se mete por pinares que llegan a oscurecerse debido a su densidad y que ya teníamos olvidados desde hace muchos años.¡Cómo cantaban las cigarras!

Por los campos cosechados

Por los campos cosechados

Al salir del pinar, el camino desapareció en la dirección que nos interesaba, de manera que hicimos un pequeño trayecto campo a través. Luego, nos encontramos con que habían puesto puertas al campo, menos mal que se podían abrir y cerrar. Al fin tomamos una cañada que nos sorprendió con un tremendo tobogán hasta que acabamos por perderla en otro denso monte, esta vez de encinas y carrascas. De manera que salimos a la carretera que, en cuestión de muy pocos kilómetros, nos dejó en Santa Cecilia del Alcor, donde nos refrescamos en su fuente. Precioso pueblo instalado en el comienzo mismo del vallejo que se dirige a Ampudia y pasa junto al monasterio de la Virgen de Alconada..

Subiendo el "tobogán" de la cañada

Subiendo el “tobogán” de la cañada

La vuelta fue más sencilla, pues atravesamos el monte de Dueñas: pasamos por su corazón, recorrimos algunos de sus senderos, y salimos al término municipal de Quintanilla de Trigueros, ya en la provincia de Valladolid, y rodando algo a campo traviesa de nuevo. Saludamos a los Tres Pinos y, por campos de cereal y viñedo, pasamos junto a la bodega Museum y su encina nueve veces centenaria. Al fin, nos plantamos en Cigales y sufrimos un poco debido al calor y a los caminos de grava, algunos en pronunciada subida.

En el monte de Dueñas

En el monte de Dueñas

Interesante y variada excursión. Parte por sombra –montes de pino y roble-; muchos trayectos por terreno sin camino pero firme; páramo y laderas; por aprovechamientos tradicionales en el monte –si se contempla desde el cielo aparecen cuadrados cuyos limites son robles y encinas; carreteras por las que nadie circula…

Y todo terminó dándonos un baño junto al –ahora más que nunca- famoso puente de Cabezón de Pisuerga.

Esto no son los accesos a NY

Esto no son los accesos a NY

Perdido en Quintanilla de Trigueros

4 julio, 2015

Triguero del Valle(1)Seguimos por las laderas del páramo de los Torozos y nos acercamos a Quintanilla de Trigueros, por donde todos los cronistas pasan como de puntillas. Tal vez porque está en un rincón de la provincia, como queriendo entrar en la de Palencia y salirse de Valladolid. La historia nos cuenta muchas cosas de Trigueros del Valle y de Cubillas, pero al llegar a Quintanilla todo enmudece –menos el paisaje- y parece como si esta localidad no existiera.

Nada más lejos de la realidad. Quintanilla se levanta en un espigón del páramo, orientada al mediodía, rodeada de valles y sobre un hontanar que asegura el suministro permanente de agua y frescura en verano; junto al hontanar vemos hoy un moderno merendero y allí nos podemos acercar a la fuente Vieja, que suministró el agua al pueblo hasta que fue sustituida por la fuente Nueva, en el centro de la localidad para comodidad de todos. Vemos que mana agua, pero ya no sale por los caños debido a que retiraron la puerta y el líquido se escapa por ella.

Fuente Vieja

Fuente Vieja

La historia de Quintanilla se pierde en la noche de los tiempos, tal vez porque Trigueros llevó siempre la fama. Antaño hubo dos Quintanillas –de Yuso y de Suso-, y varios poblados en este lugar del páramo donde también convergen los términos de Dueñas, Santa Cecilia del Alcor, Ampudia y Trigueros. Su iglesia nos habla de una larga tradición, pues conserva algunas de sus originales trazas románicas. Frente a la iglesia, la ermita de la Virgen del Arco, de rara advocación.

Alcanzando el páramo, que puede ser ondulado cerca de los bordes

Alcanzando el páramo, que puede ser ondulado cerca de los bordes

Y el paisaje, típicamente torozano: vallejos y arroyos, fuentes y manantiales, montes de encinas y roble donde abunda tomillo y lavanda, caliza y yeso, prados y, últimamente, han retornado los majuelos al amor del clarete de Cigales. De esta comarca de páramos y ribera es el término más pastoril: los campos son con frecuencia ondulados y en cuesta, con piedra abundante, más apropiados para avena que para candeal, y el monte lo inunda casi todo. Por eso vemos muchos más restos de corrales y chozos que en cualquier otro lugar de la zona. Si vamos a rodar, una precaución: aquí hay varias fincas cercadas, por lo que es posible que, después de tomar un camino, nos tengamos que dar media vuelta sin haber llegado donde pretendíamos. Casas Nuevas, Casas Viejas, Los Cabezos o La Torre –ésta ya en Ampudia- son esas fincas que ponen puertas al campo.

Pequeñas encinas. Al fondo, se vislumbra el valle del Pisuerga

Pequeñas encinas. Al fondo, se vislumbra el valle del Pisuerga

Pero vayamos a la ruta de hoy. Salimos de Trigueros por el camino del Monte para tomar el de Valdepolos, que nos conduce al páramo. Hacemos un parón en para contemplar el inmenso panorama de estos valles que funden páramos, terrazas y ribera. Y enseguida estamos en la planicie, ahora presidida por los molinos de Ampudia. Tomamos un camino que bordea la valla de la Casa del Monte y que, poco a poco, quiere difuminarse. Robles, encinas, carrascas. El verde del monte contrasta vivamente con el amarillo de la cebada y, ambos, con el intenso azul del cielo.

Bordeando los límites de la finca Casa del Monte

Bordeando los límites de la finca Casa del Monte

Cruzamos la carretera de Ampudia a Quintanilla y el camino quiere ahora desaparecer por completo. Al superar los corrales de la Nicanora, al fin lo consigue. Extraño paisaje; es un monte –o al menos lo parece- que antaño estuvo en parte sembrado, una especie de dehesa venida a menos. Luego pasamos por zonas destinadas a pinar, y otra vez monte de encinas. Al rodar por el monte veo un enorme jabalí que no me ha visto a mí; meto ruido para avisarle y no tengamos un encontronazo. Me mira y sale corriendo en dirección contraria a donde me encuentro. ¡Menos mal!

Rodando por la ladera

Rodando por la ladera

Pero estoy perdido. Definitivamente. Hace tiempo que dejé el camino y no vislumbro otro. Parece –según el mapa- que al Este puede haber uno y allá vamos, atravesando monte con enormes calveros plantados de girasol. Efectivamente, hay un camino que sigo hacia el sur, en dirección a Quintanilla. Al poco, después de dos grandes encinas, un pozo con dos largos abrevaderos. Debe de ser el Pozo Perdigón. Sigo y ¡mi gozo lo dejé en el pozo!: un portón cerrado y bien candado. Al Sur, un vallado de varios kilómetros; al Este otro vallado con ganado vacuno, del Oeste vengo y allá no pienso volver. ¿Tendré que salir hacia el Norte para luego dar la vuelta…? Me decido por arriesgar un poco. Pasaré aunque sea saltando vallas. Menos mal que al llegar veo un paso entre las dos fincas cercadas. Respiro. Nos hemos salvado una vez más.

Contraste

Contraste

Ahora ya es todo pasear sin agobios. Montes de buena encina con algún roble hasta las proximidades de Quintanilla; el sol poniente y la luna creciente. Nos hemos ganado un agradable descanso junto a los manantiales y fuentes que lamen los pies de Quintanilla.

A la vuelta, pasamos por la fuente del Conde –seca- y la luna nos espera sobre el campanario de la Virgen del Castillo. Abajo, Trigueros enciende sus luces. Sólo hay que dejarse caer hasta la plaza del pueblo.

Vieja encina

Vieja encina

De Valladolid al embalse de Encinas

26 junio, 2015

Olmos embalse Encinas(1)Estaba escrito que la jornada del 20 de junio algunos rodadores habituales nos iríamos a pegar un baño al embalse de Encinas con algunos chavales de unos 14 años. Llegó el día y con cuatro jóvenes –César, Fernando, Pablo y Alberto-, otros cuatro mayores –Chucho, Juan, Chuco y el que suscribe- enfilamos desde las inmediaciones del puente de la Hispanidad toda la ribera del Pisuerga en Valladolid para llegar a la desembocadura de la Esgueva. Allí, ya no nos despegaríamos de ella hasta Olmos.

El equipo al completo en Olmos de Esgueva

El equipo al completo en Olmos de Esgueva

A la salida, por los Pajarillos, nos estaba esperando –sin saberlo nosotros- Jesús, estudiante de Arquitectura que sabía de nuestro proyecto por terceros. Naturalmente, le dimos la bienvenida y.. ¡a rodar! El día estaba agradable, no caluroso, con viento en contra que en unos momentos se agradecía y en otros no tanto. Los primeros kilómetros fueron de saludo a otros ciclistas y corredores que llenaban la senda de la Esgueva. A partir de Renedo, la densidad de circulación bajó un poco.

Un parón en el camino

Un parón en el camino

Nos paramos a charlar con algún pescador de cangrejos que se estaba divirtiendo y casi sin darnos cuenta estábamos en Olmos. Allí nos encontramos con Miguel y otro amigo y a pesar de la invitación a hacerlo, no nos acompañaron; se volvieron a Valladolid. Gracias a la pista verde habíamos llegado a buena velocidad.

Juan, César, Fernando y Chuco

Juan, César, Fernando y Chuco

Ahora empezaba lo peor.. o lo mejor, según se mire, pues íbamos a rodar por un firme siempre peor -¡¿pero no llevamos bicis todo terreno?!- y, a la vez, por un paisaje precioso. Subimos por una pista larga y tendida: la colada de Cañadillo, de más de tres kilómetros hasta llegar arriba, en el páramo de la Dehesa. Y ahora, a disfrutar del páramo, o sea, un inmenso plano con la bóveda celeste de complemento; aunque más bien es una estrecha lengua de páramo entre los valles del Jaramiel y del Esgueva.

Aparecieron los primeros robles. Enseguida nos metimos en el monte de Valderrobledo, donde ya eran abundantes y enormes. Se agradecía su sombra. La colada de Cuento Sordo mantiene su anchura y sus pastos. Nos hicimos una foto en un chozo de pastor. Todo rodaba bien.

En casa de la tía Chelo nos repusimos

En casa de la tía Chelo nos repusimos

Al llegar a la carretera de Piña a Castrilllo, nos tiramos hacia este pueblo, para aprovisionarnos de agua y tomar el valle del Jaramiel. Pero como habíamos salido muy tarde de Valladolid, se nos hizo la hora de comer y sacamos los bocatas en el Caño. Alguien se acordó de su tía Chelo, y allá que fuimos a saludarla. Total que acabamos por terminar de comer en su casa. Una casa fresca de pueblo es mucho para unos corredores cansados… Con agrado comprobamos que es una tía hospitalaria, además de dulce (por el de membrillo que ella misma había elaborado, entre otras razones). Pero como la pillamos con rulos, pues no nos dejó hacernos una foto con ella. Otra vez será, nos dijo que seguíamos teniendo sus puertas abiertas de par en par para la próxima vez que apareciéramos por allí.

En Jaramiel de Abajo

En Jaramiel de Abajo

Bueno, en Castrillo se quedaron Fernando y César. El primero por dificultades en la bici y el segundo por problemas en el trasero causados por el sillín. En fin. Y poco después se quedaría Alberto, tras dar dos vueltas de campana en la bajada de la cuesta de la ermita de Capilludos. Tenía la espalda como esos flagelantes de la Rioja en Semana Santa. Pero el susto no pasó de ahí. De los jóvenes sólo quedaba Pablo: increíble, no hacía más que darnos hachazos continuamente, hasta que llegamos al embalse. A algunos nos dejó agotados, hay que reconocerlo.

Alberto -experto en caídas volteadas- y Pablo, "El Intratable"

Alberto -experto en caídas de espalda- y Pablo, “El Intratable”

El valle del Jaramiel estaba precioso, húmedo y verde. Aquí se ha salvado la cosecha en buena parte. Las espigas de trigo estaban bien granadas y todavía verdes. Incluso muchas cebadas estaban en pleno proceso de maduración. Las laderas altas, cubiertas de robles. Aquí aun no ha llegado el verano, estábamos en primavera avanzada. Pasamos por las Casas de Jaramiel, la finca Monte Alto y Jaramiel de Arriba, hasta que, a la altura de las Casas de los Guardias se nos acabó el camino por el valle. Por un robledal subimos al páramo.

En el chozo de

En el chozo de Valderrobledo

Ahora la ruta se desarrollaba en zig-zag, pues no hay un camino claro de Este a Oeste para llegar directamente al pantano, por el páramo, sin pasar por Encinas. Llegamos a las fuentes del Jaramiel y después de rodar por caminos enyerbados que a alguno le dieron la puntilla, bajamos al embalse donde disfrutamos de una buena merienda y un bañito reparador. También nos esperaba la furgoneta, que había traído una barca.

Pablo empieza a saborear la victoria

Pablo empieza a saborear la victoria

Bueno, pues lo habíamos logrado, por lo menos el grueso del pelotón. 82 km. de nada. Para volver, la furgoneta hizo dos viajes de manera que un grupo todavía se dio un paseo –por carretera y ya con viento a favor- hasta Piña de Esgueva. En el grupo estaban Fernando, bici repuesta, y Alberto, hombre repuesto, que se desquitaron de la segunda parte de la ida en furgoescoba.

Pablo, intratable. En la próxima salida tendremos que racionarle la gasolina. Porque esa fue otra: nos dejó sin agua a todos. ¡Así cualquiera!

Fin del trayecto

Fin del trayecto

Valles de Trigueros

20 junio, 2015

Captura de pantalla completa 19062015 232823Trigueros del Valle es una localidad digna de ser visitada: posee una ermita que conserva aires mozárabes, viejas casas excavadas en tierra que sirvieron de vivienda hasta el siglo pasado, un castillo en el valle –del levantado sobre el paramillo no queda nada-, la iglesia de San Miguel que es una joya románica, un hermoso recinto-fuente (Tovar) y unas calles con empinadas subidas, escaleras, pozos y casas de piedra que nos recuerdan un pueblo de montaña más que de nuestra llanura.

O sea, ¡casi nada! Esto es lo que suelen comentan las guías turísticas al uso. Pero, como siempre, hay más, pues el término municipal se extiende desde el páramo –limita con la provincia de Palencia- hasta el Canal de Castilla, y posee monte bajo y de encina, vallejos, cuestas, cultivos de secano, majuelos y un poco de regadío. Veamos.

En el valle del arroyo del Pradillo

En el valle del arroyo del Pradillo

Recomendamos, por ejemplo, la subida por el valle del arroyo del Pradillo, iniciándola en el mismo pueblo. Al principio, veremos un valle amplio, en el que las laderas no están muy inclinadas, apropiadas para cultivar la uva. Recibe al valle que viene de las Callejas y vemos tres caminos que salen a la izquierda. El último se mete hacia la Casa del Monte, cuyos alrededores se encuentran vallados si bien el camino es de libre acceso.

Mientras al Oeste hay laderas suaves con monte de buenas encinas, al Este tenemos abruptas laderas de yeso blanco a las que se agarran pequeños arbolitos que no han podido desarrollarse bien. Es un valle verdaderamente perdido y olvidado; vamos subiendo hasta que el camino se enyerba y finalmente nos deja en la carretera de Ampudia. Podríamos seguir un poco más –ya por el páramo- hasta llegar al corral de la Nicanora, en el término de Quintanilla e Trigueros.

 

El Chamorro

El Chamorro

Volvemos por el no menos olvidado camino de San Juan. Tan olvidado que prácticamente todo el trayecto se encuentra no ya meramente enyerbado, sino cubierto por una hierba alta y densa que casi nos impide rodar. Menos mal que lo hacemos cuesta abajo. Al fondo, a la izquierda, vemos Quintanilla de Trigueros. A la derecha una curiosa plataforma rematada por un roble: es el alto del Chamorro. Realmente vamos por la misma raya municipal. Perdido el camino de San Juan, salimos a otro que por la derecha nos conduce -de nuevo- al arroyo del Pradillo después de bordear un sembrado gracias a un pequeño senderillo, pues este camino también, en parte, se ha perdido.

Las Callejas

Las Callejas

Otros paseo agradable podemos darlo por el páramo que separa Trigueros de Corcos a través del camino de la Calera. Desde allí podemos contemplar el amplio valle con Trigueros en la lejanía, o el valle de Corcos con esta localidad justo bajo nuestros pies. Y si siguiéramos por el páramo hacia el Norte, después de atravesar montecillos de encina y roble, llegaríamos por senderos casi perdidos a las Callejas, olvidado lugar desde el que se contempla Valdemuñón, con sus encinar, laderas de caliza y, más abajo, sembrados que aprovechan el poco espacio que ofrece el valle. Pero lo mejor de este paisaje es su soledad: nadie nos va a molestar aquí. Seguro.

Encina en el páramo

Encina en el páramo

Y un último paseo: subir a la paramera donde se levanta el Castillo, o sea, la ermita, y llegar hasta la fuente del Conde (seguramente estará seca, pero es un curioso manantial a modo de pozo) ya en territorio de Quintanilla. Veremos que estamos sobre una de las muchas terrazas formadas por el Pisuerga a lo largo de unos dos millones de años, pues el páramo más reciente queda todavía por encima. O también, podemos ir hacia el Este, entre viñas muy cuidadas para luego, bordeando la terraza, admirar el paisaje del valle, y caer por el agradable lugar de la Higueruela y su alberca a la fuente Canalejas, donde hubo un poblado prerromano y hoy sigue, a duras penas, manando en compañía de unos álamos.

En definitiva, ni la localidad ni el término de Trigueros nos van a defraudar.

Fuente de Canalejas

Fuente de Canalejas

 


Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 105 seguidores