De Valladolid al embalse de Encinas

26 junio, 2015

Olmos embalse Encinas(1)Estaba escrito que la jornada del 20 de junio algunos rodadores habituales nos iríamos a pegar un baño al embalse de Encinas con algunos chavales de unos 14 años. Llegó el día y con cuatro jóvenes –César, Fernando, Pablo y Alberto-, otros cuatro mayores –Chucho, Juan, Chuco y el que suscribe- enfilamos desde las inmediaciones del puente de la Hispanidad toda la ribera del Pisuerga en Valladolid para llegar a la desembocadura de la Esgueva. Allí, ya no nos despegaríamos de ella hasta Olmos.

El equipo al completo en Olmos de Esgueva

El equipo al completo en Olmos de Esgueva

A la salida, por los Pajarillos, nos estaba esperando –sin saberlo nosotros- Jesús, estudiante de Arquitectura que sabía de nuestro proyecto por terceros. Naturalmente, le dimos la bienvenida y.. ¡a rodar! El día estaba agradable, no caluroso, con viento en contra que en unos momentos se agradecía y en otros no tanto. Los primeros kilómetros fueron de saludo a otros ciclistas y corredores que llenaban la senda de la Esgueva. A partir de Renedo, la densidad de circulación bajó un poco.

Un parón en el camino

Un parón en el camino

Nos paramos a charlar con algún pescador de cangrejos que se estaba divirtiendo y casi sin darnos cuenta estábamos en Olmos. Allí nos encontramos con Miguel y otro amigo y a pesar de la invitación a hacerlo, no nos acompañaron; se volvieron a Valladolid. Gracias a la pista verde habíamos llegado a buena velocidad.

Juan, César, Fernando y Chuco

Juan, César, Fernando y Chuco

Ahora empezaba lo peor.. o lo mejor, según se mire, pues íbamos a rodar por un firme siempre peor -¡¿pero no llevamos bicis todo terreno?!- y, a la vez, por un paisaje precioso. Subimos por una pista larga y tendida: la colada de Cañadillo, de más de tres kilómetros hasta llegar arriba, en el páramo de la Dehesa. Y ahora, a disfrutar del páramo, o sea, un inmenso plano con la bóveda celeste de complemento; aunque más bien es una estrecha lengua de páramo entre los valles del Jaramiel y del Esgueva.

Aparecieron los primeros robles. Enseguida nos metimos en el monte de Valderrobledo, donde ya eran abundantes y enormes. Se agradecía su sombra. La colada de Cuento Sordo mantiene su anchura y sus pastos. Nos hicimos una foto en un chozo de pastor. Todo rodaba bien.

En casa de la tía Chelo nos repusimos

En casa de la tía Chelo nos repusimos

Al llegar a la carretera de Piña a Castrilllo, nos tiramos hacia este pueblo, para aprovisionarnos de agua y tomar el valle del Jaramiel. Pero como habíamos salido muy tarde de Valladolid, se nos hizo la hora de comer y sacamos los bocatas en el Caño. Alguien se acordó de su tía Chelo, y allá que fuimos a saludarla. Total que acabamos por terminar de comer en su casa. Una casa fresca de pueblo es mucho para unos corredores cansados… Con agrado comprobamos que es una tía hospitalaria, además de dulce (por el de membrillo que ella misma había elaborado, entre otras razones). Pero como la pillamos con rulos, pues no nos dejó hacernos una foto con ella. Otra vez será, nos dijo que seguíamos teniendo sus puertas abiertas de par en par para la próxima vez que apareciéramos por allí.

En Jaramiel de Abajo

En Jaramiel de Abajo

Bueno, en Castrillo se quedaron Fernando y César. El primero por dificultades en la bici y el segundo por problemas en el trasero causados por el sillín. En fin. Y poco después se quedaría Alberto, tras dar dos vueltas de campana en la bajada de la cuesta de la ermita de Capilludos. Tenía la espalda como esos flagelantes de la Rioja en Semana Santa. Pero el susto no pasó de ahí. De los jóvenes sólo quedaba Pablo: increíble, no hacía más que darnos hachazos continuamente, hasta que llegamos al embalse. A algunos nos dejó agotados, hay que reconocerlo.

Alberto -experto en caídas volteadas- y Pablo, "El Intratable"

Alberto -experto en caídas de espalda- y Pablo, “El Intratable”

El valle del Jaramiel estaba precioso, húmedo y verde. Aquí se ha salvado la cosecha en buena parte. Las espigas de trigo estaban bien granadas y todavía verdes. Incluso muchas cebadas estaban en pleno proceso de maduración. Las laderas altas, cubiertas de robles. Aquí aun no ha llegado el verano, estábamos en primavera avanzada. Pasamos por las Casas de Jaramiel, la finca Monte Alto y Jaramiel de Arriba, hasta que, a la altura de las Casas de los Guardias se nos acabó el camino por el valle. Por un robledal subimos al páramo.

En el chozo de

En el chozo de Valderrobledo

Ahora la ruta se desarrollaba en zig-zag, pues no hay un camino claro de Este a Oeste para llegar directamente al pantano, por el páramo, sin pasar por Encinas. Llegamos a las fuentes del Jaramiel y después de rodar por caminos enyerbados que a alguno le dieron la puntilla, bajamos al embalse donde disfrutamos de una buena merienda y un bañito reparador. También nos esperaba la furgoneta, que había traído una barca.

Pablo empieza a saborear la victoria

Pablo empieza a saborear la victoria

Bueno, pues lo habíamos logrado, por lo menos el grueso del pelotón. 82 km. de nada. Para volver, la furgoneta hizo dos viajes de manera que un grupo todavía se dio un paseo –por carretera y ya con viento a favor- hasta Piña de Esgueva. En el grupo estaban Fernando, bici repuesta, y Alberto, hombre repuesto, que se desquitaron de la segunda parte de la ida en furgoescoba.

Pablo, intratable. En la próxima salida tendremos que racionarle la gasolina. Porque esa fue otra: nos dejó sin agua a todos. ¡Así cualquiera!

Fin del trayecto

Fin del trayecto

Valles de Trigueros

20 junio, 2015

Captura de pantalla completa 19062015 232823Trigueros del Valle es una localidad digna de ser visitada: posee una ermita que conserva aires mozárabes, viejas casas excavadas en tierra que sirvieron de vivienda hasta el siglo pasado, un castillo en el valle –del levantado sobre el paramillo no queda nada-, la iglesia de San Miguel que es una joya románica, un hermoso recinto-fuente (Tovar) y unas calles con empinadas subidas, escaleras, pozos y casas de piedra que nos recuerdan un pueblo de montaña más que de nuestra llanura.

O sea, ¡casi nada! Esto es lo que suelen comentan las guías turísticas al uso. Pero, como siempre, hay más, pues el término municipal se extiende desde el páramo –limita con la provincia de Palencia- hasta el Canal de Castilla, y posee monte bajo y de encina, vallejos, cuestas, cultivos de secano, majuelos y un poco de regadío. Veamos.

En el valle del arroyo del Pradillo

En el valle del arroyo del Pradillo

Recomendamos, por ejemplo, la subida por el valle del arroyo del Pradillo, iniciándola en el mismo pueblo. Al principio, veremos un valle amplio, en el que las laderas no están muy inclinadas, apropiadas para cultivar la uva. Recibe al valle que viene de las Callejas y vemos tres caminos que salen a la izquierda. El último se mete hacia la Casa del Monte, cuyos alrededores se encuentran vallados si bien el camino es de libre acceso.

Mientras al Oeste hay laderas suaves con monte de buenas encinas, al Este tenemos abruptas laderas de yeso blanco a las que se agarran pequeños arbolitos que no han podido desarrollarse bien. Es un valle verdaderamente perdido y olvidado; vamos subiendo hasta que el camino se enyerba y finalmente nos deja en la carretera de Ampudia. Podríamos seguir un poco más –ya por el páramo- hasta llegar al corral de la Nicanora, en el término de Quintanilla e Trigueros.

 

El Chamorro

El Chamorro

Volvemos por el no menos olvidado camino de San Juan. Tan olvidado que prácticamente todo el trayecto se encuentra no ya meramente enyerbado, sino cubierto por una hierba alta y densa que casi nos impide rodar. Menos mal que lo hacemos cuesta abajo. Al fondo, a la izquierda, vemos Quintanilla de Trigueros. A la derecha una curiosa plataforma rematada por un roble: es el alto del Chamorro. Realmente vamos por la misma raya municipal. Perdido el camino de San Juan, salimos a otro que por la derecha nos conduce -de nuevo- al arroyo del Pradillo después de bordear un sembrado gracias a un pequeño senderillo, pues este camino también, en parte, se ha perdido.

Las Callejas

Las Callejas

Otros paseo agradable podemos darlo por el páramo que separa Trigueros de Corcos a través del camino de la Calera. Desde allí podemos contemplar el amplio valle con Trigueros en la lejanía, o el valle de Corcos con esta localidad justo bajo nuestros pies. Y si siguiéramos por el páramo hacia el Norte, después de atravesar montecillos de encina y roble, llegaríamos por senderos casi perdidos a las Callejas, olvidado lugar desde el que se contempla Valdemuñón, con sus encinar, laderas de caliza y, más abajo, sembrados que aprovechan el poco espacio que ofrece el valle. Pero lo mejor de este paisaje es su soledad: nadie nos va a molestar aquí. Seguro.

Encina en el páramo

Encina en el páramo

Y un último paseo: subir a la paramera donde se levanta el Castillo, o sea, la ermita, y llegar hasta la fuente del Conde (seguramente estará seca, pero es un curioso manantial a modo de pozo) ya en territorio de Quintanilla. Veremos que estamos sobre una de las muchas terrazas formadas por el Pisuerga a lo largo de unos dos millones de años, pues el páramo más reciente queda todavía por encima. O también, podemos ir hacia el Este, entre viñas muy cuidadas para luego, bordeando la terraza, admirar el paisaje del valle, y caer por el agradable lugar de la Higueruela y su alberca a la fuente Canalejas, donde hubo un poblado prerromano y hoy sigue, a duras penas, manando en compañía de unos álamos.

En definitiva, ni la localidad ni el término de Trigueros nos van a defraudar.

Fuente de Canalejas

Fuente de Canalejas

 

Corcos del Valle, cruce de caminos

13 junio, 2015

CorcosEl término municipal es una estrecha franja que va desde la provincia de Palencia hasta el Pisuerga. Lo conocido de Corcos se encuentra cerca del río: el monasterio de Palazuelos, el castillo de Aguilarejo y el Canal de Castilla, además de las agradables riberas. Como mucho, puede aparecer en las guías la iglesia de Santa María la Mayor, cuya torre en piedra y ladrillo reluce con el sol poniente. Pero Corcos es mucho más que todo eso.

Corcos al fondo

Corcos al fondo

Además de la ribera, tiene dos tipos de paisajes claramente definidos: el páramo y las terrazas onduladas que caen hacia el río. En el primero se asienta o asentaba el monte y en las segundas, esos viñedos que destilan un excelente clarete. Pero entre medias existe un tercer paisaje que participa un poco de ambos: terraplenes, ondulaciones, laderas y terrazas de conglomerado.

O sea, que es ideal para rodar en bici: cuestas suaves con agradables panoramas y excelentes caminos de arena y grava en los que no se forma barro.

Atardecer en el páramo de Corcos

Atardecer en el páramo de Corcos

El nombre de Corcos

No sabemos el origen de este nombre, pero en algunas comarcas de Palencia, Valladolid y –sobre todo- Burgos, a los patos se les llama corcos, onomatopeya que hace referencia al graznido de estas aves. Tal vez abundaron por aquí, país de riberas, arroyos y lagunajos. O tal vez provenga de quercus, pues en algunas comarcas asturianas llaman corcos a los robles, y aquí los hubo en abundancia. O, según otros, podría provenir de un antiguo término que significaba cruce de caminos.

Caminos del páramo

Campo amapolado cerca de la Barranca

Campo amapolado cerca de la Barranca

Pues nada, demos un paseo por esos ramales desde la cruz. El primer camino al oeste es el de la Mesilla y, efectivamente, allá nos lleva. Tiene la pega de que nos encontramos al terminar la subida con una escombrera, pero luego serpentea por la llanura hasta caer al barco de la Barrera, ya en el término de Cigales. Enfrente, vemos las Casas de la Mesa, y a ellas podemos acceder por cualquiera de los sentidos del camino al que hemos caído.

El segundo –siguiendo el sentido de las agujas del reloj- es el camino de la Barranca o de Villalba, que a los dos lugares nos lleva, si bien este último nos queda lejos. ¡Qué subida tan cómoda! El primer kilómetro se encuentra incluso asfaltado. Hasta la Barranca cruzamos campos de cereal en los que se elevan buenos robles y, más al oeste, vemos las encinas del monte de Corcos, o lo que queda de él. Toda esta paramera fue antaño monte; hoy quedan robles y encinas aislados, y algunos rodales interesantes.

Chozo del Cura

Chozo del Cura

El siguiente camino sale ya detrás de la iglesia, junto a las tapias ruinosas del viejo cementerio. Es el camino de Valoria o de Ampudia, que también fue vereda de ganados. Nos lleva cerca del corral y chozo del Cura que a duras penas sigue en pie: una enorme grieta lo recorre de arriba abajo, está medio desmochado y tiene el dintel partido. Pura ruina, vamos. Pero podrían rehacerle, como se ha hecho con un guardaviñas que luego veremos.

y cañadas

Ahora vamos por la cañada Leonesa, pues a través de Corcos cruzaban los ganados merinos de la montaña de León y de Palencia. Podían llegar por la cañada de la Mendoza y cruzaban hasta Cabezón y luego a Renedo. O bien seguían por la cañada que venía de Dueñas e iba hacia Valladolid. La verdad es que toda nuestra provincia estaba atravesada por una densa red de vías pecuarias. Por esta vía llegamos, siguiendo el arroyo del Prado, hasta el monte donde se asientan las ruinas de la casa de Villegas. Ahora, no son más que restos de barro y piedra. Al lado, una nave y una antena.

Cañada Leonesa

Cañada Leonesa

Tomando hacia arriba esta cañada podemos desviarnos a la izquierda por el camino del Puerto, por el que llegaremos a un buen encinar. Y si nos desviamos un poco más adelante a la derecha, nos presentaremos en la casa de Villegas.

Y, si continuamos de frente, llegaremos a una de las cañadas más genuinas y entrañables de la Provincia, que se halla justo entre las provincias de Valladolid y Palencia. Hoy no se usa, salvo para pasto de los rebaños de Corcos, y es una franja no muy larga de monte, entre tierras de labor. Tiene un poco de todo: encinas, robles, escobas, variadas plantas aromáticas, hierba… Eso sí, nos vigilan a un paso los molinillos gigantes. Se llama vereda de la Raya.

Encinas

Encinas

También detrás de la iglesia y atravesando una chopera sale el camino de Trigueros, que sube -corto y pindio- al páramo para dividirse en otros cinco caminos que nos llevan a través de monte bajo hacia la cañada de la Raya, a Quintanilla, a Trigueros y hacia el sureste. Pero en cuestión de metros ya nos hemos salido del término municipal.

Si queremos darnos un atracón de pedaleo breve e intenso, tenemos también la subida de las bodegas, recostadas en una empinada ladera. Pero parece que últimamente no se utiliza demasiado.

Majuelo

Majuelo

Campos y bacillares

Y, finalmente, podemos rodar por los caminos que van hacia el sur y que salen de la carretera que va hacia la autovía o de la que va a Trigueros. Aquí predominan los campos de cereal y los viñedos, las subidas y bajadas, las hileras de almendros, algunos pinos y encinas aislados, y tímidas choperas que señalan algún manantial.

Destacaremos dos simpáticos guardaviñas, de tipologías bien diferentes: uno en la carretera hacia el sur, un kilómetro antes de llegar a la fuente de San Pedro, en un alto. Es como un cubo de piedra, con bóveda de cañón al interior y relativamente amplio, de unos 2,5 m de altura y anchura.

Guardaviñas

Guardaviñas

Y el segundo en la zona que llaman del Hechizal, cerca ya del término de Trigueros. Es como un chozo de pastor pero más alto de lo habitual. Las piedras son más bien lajas relativamente estrechas, todo lo cual le da un aspecto un tanto estilizado y esbelto. Hace años estaba desmochado, pero alguien lo ha restaurado. ¡Bien!

Así es Corcos: una franja estrecha de terreno que cae poco a poco, sin barrancos ni taludes, desde la paramera de Torozos hasta el mismísimo Pisuerga. Pero si saltásemos el río nos encontraremos con un talud de más de 100 metros. Lo que ha bajado durante más de 15 km, aquí sube en unos pocos metros. Enigmático Pisuerga.

Camino entre avenas y bacillares

Camino entre avenas y bacillares

Caminos del noroeste: de Tordesillas a San Cebrián de Mazote

6 junio, 2015

Tordesillas San CebrianSi la semana pasada habíamos recorrido una parte del descatalogado GR-30, esta vez nos decidimos a recorrer otra parte de su tramo occidental. Salimos de Tordesillas teniendo que atravesar las autovías que rodean la localidad como si fueran una moderna muralla encargada de protegerla.

Enseguida encontramos dos señales inequívocas de que íbamos en la buena dirección: la blanca y roja del GR-30 y la flecha amarilla del Camino de Santiago del Sureste. Parte del recorrido lo hacemos paralelo a la Autovía del Noroeste (A-6) hasta que lo abandonamos para acercamos hasta Villavieja del Cerro, inconfundible por su cerro de San Juan, donde ya han sido restañadas sus recientes heridas en el humano intento de levantar en su ladera una pista de esquí. Ahora queda la moderna construcción del edificio de recepción de visitantes junto a la que salimos del pueblo siguiendo las flechas amarillas, pero en vez de subir al páramo, lo rodeamos para pasar por donde antaño estuvo enclavado el pueblo de Arenillas, del que no queda nada ya que los franceses se ocuparon de quemar lo poco que encontraron en pie. Según Pascual Madoz era un despoblado de la provincia de Valladolid, partido judicial de la Mota del Marqués, diócesis de Palencia. Situado en un llano sumamente agradable al pie de una cuesta que se eleva en la parte sur, su cielo es hermoso y despejado, y el clima sano, se componía de cuarenta vecinos. Esta localidad junto con la vecina de Bercero y las de Berceruelo, Villavieja y Velilla formaban las cinco villas sobre las que tenía jurisdicción Tordesillas.

La llanura del páramo

La llanura del páramo

En la fuente de la Trillona paramos a refrescarnos donde un coro de ranas saltan presurosas al agua buscando refugio. Bercero fue una localidad antaño famosa por la confección de artículos de mimbre, cestos y cuévanos. A principios de los años sesenta su antigua ermita de San Roque fue trasladada piedra a piedra a la entonces recién inaugurada Feria de Muestras de Valladolid.

Puente sobre el Hornija en Gallegos

Puente sobre el Hornija en Gallegos

Subimos al páramo por breve espacio pues a los pocos kilómetros descendemos en una larga bajada hasta Gallegos de Hornija. Cruzamos el río por su puentecito herreriano y divisamos a lo lejos la ermita de la Virgen del Villar patrona de todas las localidades del valle. Seguimos nuestro camino para ascender y atravesar otro espigón del páramo. Arriba comprobamos que al tradicional cultivo de cereales le ha salido un competidor con los campos de lavanda que perfuman con su característico olor. A su lado contrasta un campo rojo tapizado de amapolas (papaver roheas) de las que nos acordaremos cuando en nuestra vuelta nos encontramos con varios campos sembrados de adormidera blanca (papaver somniferum) cuyo destino será la industria farmacéutica.

Adormidera. Al fondo, las últimas cuestas del páramo

Adormidera. Al fondo, las últimas cuestas del páramo

Al rato nos hemos plantado en Adalia, donde antaño floreció la singular industria textil del blanqueo de los lienzos de lino que se realizaba con ceniza en pilones llenos de agua, con los que comerciaban los maragatos para ser vendidos en Madrid. En un suave ascenso paralelo al arroyo Retortero volvemos al páramo para, casi sin darnos cuenta plantarnos en San Cebrián de Mazote y dirigir nuestras ruedas hacia su ermita donde descansamos y comemos a la sombra de su imponente moral.

Molino

Molino

Toca emprender camino de vuelta para lo cual decidimos seguir el curso del río Bajoz, que en estas fechas ya comienza a flaquear el agua que lleva, aunque sirve para regar las huertas contiguas. Al poco llegamos al molino de Villamor, situado en la margen izquierda mientras que en la derecha se encuentran lo corrales del mismo nombre, ya que aquí estuvo el despoblado de Villamor, junto al teso que lleva el mismo nombre. A tiro de piedra se encuentra Mota del Marqués protegida por su castillo de lo que solo queda la recién consolidada y restaurada torre del homenaje. Es el único resto visible de lo que fuera esta fortaleza levantado a principios del XIII por Alfonso IX de León para la defensa de la frontera con el reino de Castilla, teniendo la particularidad de la planta circular de su torre, que para unos proviene de los castillos catalanes de los siglo X y XI y para otros, esta forma cilíndrica, tendría su origen en Oriente, descendiente directo de las fortificaciones bizantinas imitadas por los castillos musulmanes de Siria que conocieron los cruzados.

Camino de Santiago

Camino de Santiago

Seguimos el trazado de la antigua Cañada de Coruñeses y del antiguo Camino Real a Galicia, parcialmente ocupado por la moderna autovía, por lo que nuestro discurrir se hace bastante monótono hasta llegar a Vega de Valdetronco, donde destaca el esqueleto de su ermita de Canteces. Si hemos dicho que Adalia se dedico al blanqueo de lienzos, aquí se dedicaron durante muchos años a sacar el barro blanco para encalar y enjabelgar paredes y que era conocido como Blanco España. El arreglo de trillos con el pedernal de las cuestas era otra de las actividades a las que se dedicaron sus habitantes durante mucho tiempo hasta que la mecanización de la agricultura dejaron para el olvido estos aperos de labranza.

El sofocante calor nos hace acelerar nuestro paso pues la sed aprieta y solo pensamos en llegar a Tordesillas y sentarnos tranquilamente en una terraza para descansar y disfrutar de una cerveza fresquita después de más de 70 kilómetros que hemos hecho esta jornada. Y eso hacemos.

Track de la excursión.

Torozos: comienzo y final de un sendero

29 mayo, 2015

plano ruta

En esta ocasión -los titulares del equipo tenían otros menesteres- optamos los reservas por una ruta sencilla y circular, tratando de averiguar qué había sido del descatalogado sendero GR 30 de los Montes Torozos, en este caso solamente su principio y su fin.

El sendero en cuestión comenzaba y terminaba en Valladolid y fue patrocinado en su momento por la Diputación Provincial y homologado por la Federación vallisoletana de senderismo, tratando de buscar entre los nexos culturales y geográficos algún aliciente turístico que, finalmente, no llegó a cuajar.

Señalización

Señalización

Pero el día fue magnífico para pedalear: soleado y fresco. Además, el molesto viento que soplaba del noreste lo esquivamos eficientemente con la misma orientación de la ruta y la cobertura que nos ofrecían algunos vallejos.

Comenzamos en el parque donde desagua el Canal de Castilla para dirigirnos hacia la Bambilla: la salida de la ciudad es un obstáculo molesto para el ciclista (y paseante) hasta rebasar las rondas, seguramente uno de los hándicaps a los que tuvo que enfrentarse el GR 30.

Cárcel y relojo de sol. Villanubla

Ventanuco de la cárcel y reloj de sol. Villanubla

Pasamos por la depresión de la Bambilla, El Calderón (809), Pedrosa y Valdecarros, donde encontramos un viejo pozo con su abrevadero, y en un plis-plas nos encaramamos al páramo apareciendo en Villanubla a través de su enorme polígono. Allí dimos un breve paseo observando algunos detalles curiosos de sus edificios.

Ciñéndonos fielmente al recorrido buscamos el Hontanija en Santa Olalla, paraje molinero donde los haya. Después tornamos a la derecha por el camino de la Boada, al pie de la pista del aeropuerto. Allí permanecen los restos del molino del Monzón y del Cabrito además de la casa de la Guada, cada vez mas ruinosa, a los pies del arroyo. No deja de asombrarnos como ese escaso caudal podía manejar tantos ingenios en tan poca distancia y desnivel.

Subimos al páramo de nuevo, el campo aún está magnífico, y podemos apreciar algunas casas dispersas, la Base Aérea y una cortina en el horizonte de aerogeneradores. Sin embargo lo más llamativo: el viejo Pino Wamba, sólo y enfermo, luchando por sobrevivir.

Pino Wamba

Pino Wamba

Bajamos por el valle de Valcavado, cuesta abajo y con viento de espaldas, la situación ideal. Sin embargo hemos de utilizar el freno para disfrutar del verdor y de su magnífica arboleda. La fuente no es ya fuente sino un exhausto pozo explotado por un tractor.

Al llegar a Wamba, recorrimos el agradable sendero verde en torno al arroyo Garrapinilla, salpicado de huertas; y finalizamos, como no, en la Iglesia de Santa María de la O, o María en gestación. En el osario reflexionamos – Como nos vemos se vieron y como los vemos quizás nos verán otros ciclistas que paseen entre las ruinas de los antiguos aerogeneradores que abundaban por lo Torozos…- Partimos algo sobrecogidos y extremando algo más la prudencia si cabe.

El famoso osario

El famoso osario

Aquí dejamos el principio o final del sendero para, mediante un atajo, dirigirnos a Ciguñuela y después a Zaratán y Valladolid, el otro principio o final del mismo extinto GR.

Subimos de nuevo, a través del camino de Santiago, donde encontramos algunos peregrinos bien pertrechados. Llegamos a Ciguñuela, allí nos recreamos con dos grandes obras, su hermosa torre renacentista y un simpático jardín cuidado con esmero, probablemente ¡el más pequeñito de la provincia!

Jardincillo en Ciguñuela

Jardincillo en Ciguñuela

Aunque no muy merecido en cuanto a esfuerzo, al pie de la torre, disfrutamos y reposamos nuestras viandas. Enfilamos después hacia Zaratán, atravesando su enorme parque fotovoltaico bajamos por el camino del Pozuelo volviendo a Valladolid entre grises autovías donde ya no encontramos señal alguna del extinto sendero.

Al final cayeron 50 km. No está mal. Aquí, el track de Miguel Ángel.

Texto y fotos, Javiloby

Mapa, Miguel Ángel

Y de Ampudia a Valladolid (Atravesando Torozos, II)

25 mayo, 2015
Prados, robles, gigantes

Prados, robles, gigantes

(Viene de la entrada anterior)

Como Ampudia se asienta en la ladera, la cuesta hasta llegar al páramo no fue muy dura. Atrás quedaba, definitivamente, el mar de Campos con la torre en punta de la colegiata emergiendo de la superficie.

¡Mucho ha cambiado la paramera! Ahora está sembrada de un ejército de gigantes con lanzas giratorias en ristre; antes, las hileras de encinas y robles limitaban los rectangulares campos de cereal. Ahora, la repoblación forestal ha llenado buena parte del páramo de pinos carrasqueños; antes abundaban los majuelos, pues pudimos descubrir los restos de algún guardaviñas rodeado de almendros en medio del pinar.

Campo de trigo

Campo de trigo

En todo caso, todavía quedan abundantes manchas de monte de encina y roble, y tanto esa superficie como la que estuvo dedicada a cereal, se encontraban salpicadas de hierba más o menos alta adornada de multitud de flores. Un fiesta natural, vamos. Hasta animaba a pedalear. Por el monte, distinguimos también algunos chopos y álamos que señalaban la existencia de aguas subterráneas que estaban aprovechadas por pozos con sus respectivos abrevaderos.

Pozo de La Mudarra

Pozo de La Mudarra

Estábamos en el páramo esencial, ese enorme plano de dos mil kilómetros cuadrados que se extiende entre los ríos Sequillo, Carrión, Pisuerga y Duero, o de Palencia a Tordesillas y de Valladolid a Medina de Rioseco. Antes habíamos surcado también el páramo accidental, o sea, los valles y vallejos –con sus motas, cerros y alcores- esculpidos por las aguas sobre los sedimentos de un viejo mar interior.

Finalmente, en vez de salir a la Barranca o a las casas de la Mesa, salimos a la carretera de Cigales a Valoria del Alcor, lo que nos permitió observar algunos viejos pozos: el Nabujil –frente al caserío de Megeces-, el de La Mudarra o el de Canillas. Todos tenían agua (y pájaros que salían asustados). De la carretera nos fuimos hasta lo que queda de las casas de Ángel Benito, metidas ya en el monte de Mucientes, pero antes pasamos a saludar a un viejo roble, amigo de hace muchos años, entre la carretera y el monte. Comprobamos que sigue vivo, con ramas cortas, pocas hojas y el grueso tronco hueco y abierto por algunas heridas. Ya tiene varias centenas de primaveras. ¡Que siga muchas más!

Cerca de Mucientes

Cerca de Mucientes

Y dejándonos caer llegamos, entre viñas y almendros, a Mucientes. Aun nos quedaba la ermita de la Virgen de la Vega, Tras de Lanzas, majuelos, subidas y bajadas, la fuente de San Pedro, el Berrocal y el Canal. Y de la Dársena, cada mochuelo a su olivo. Dependiendo del los respectivos olivos, nos hicimos 83, 91 o 97 km. Alguno acabó muy cansado, otros no tanto. ¡Hasta la próxima!

El viejo roble

El viejo roble


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