De Palencia a Valladolid atravesando Torozos

23 mayo, 2015

Palencia Ampudia Valladolid Esta vez nos fuimos en tren a Palencia: el día se presentaba agradable y sin prisas por volver a casa, y el viento lo tendríamos más bien de espaldas. Así que dicho y hecho, a eso de las once estábamos en la estación de Palencia. Atravesamos el Carrión y sus islas y, por el Canal, llegamos a la esclusa Treinta, de Viñalta, acompañada de su enorme silo. La idea era subir por la cañada real de la Mendoza. Demasiado arroz para un galgo, o demasiada cuesta para una burra vieja. Ante tal panorama, algunos propusieron cambiar de rumbo: menos mal que, a su derecha, salía un camino que, en zigzag, salvaba con bastante dignidad la subidilla. Y, sin bajarnos (casi) de la burra, al poco estábamos arriba. Justo habíamos subido por el extremo que se encuentra más al norte del páramo de los Torozos. O por la cola del bacalao, que diría Blas Pajarero. Como era la primera vez que lo hacíamos, le pusimos una cruz a la vez que contemplábamos la vega del Carrión y Tierra de Campos, que ya empieza a amarillear. Justo debajo pasan el Canal de Castilla, la carretera de Villamartín y el viejo trazado del tren de Villalón. Un poco más allá, el Valdeginate, que drena la Nava y se dirige al Carrión. Acá, Palencia y el Cristo del Otero. De teloneros, el Curavacas y el Espigüete.

Tramo de subida de la Mendocina al páramo

Tramo de subida de la Mendocina al páramo

Y a pedalear un poco por la Mendoza o Mendocina. Estaba verde, con hierba rala y abundancia de flores. La verdad es que la cogimos en el mejor momento del año. Prácticamente conserva su anchura de cañada real y va haciendo un zigzag que se acomoda al borde del páramo, pues no se separa de él. Ya se ve que, por aquí, los agricultores arrinconaron a los pastores. ¡Menos mal que no les obligaron a cañadear por la misma ladera! Lo de Mendoza se debe a una noble terrateniente del siglo XV, Dª Teresa de Mendoza. Y es que las cañadas son muy viejas, remontándose más allá del siglo XII. Ésta no es una excepción.

Tierra de Campos desde Autilla del Pino

Tierra de Campos desde Autilla del Pino

Por ella rodamos hasta tomar un camino que, pasando por la Bola, nos dejó en Autilla del Pino. Allí nos encontramos un canizo o autillano, cantero e hijo de canteros, y orgulloso de serlo pues nos enseñó una leyenda, en la fuente, que hace honor a la Piedra y al Hombre. Después, visita obligada para todo el que pasa por aquí: el mirador de Tierra de Campos, pues de un vistazo pueden verse kilómetros y kilómetros de la Tierra.

Por Matacanes

Por Matacanes

¿Siguiente etapa? Pues donde la realidad se hace eternidad, donde se estudia el paisaje espiritual de Castilla, o sea, Paradilla del Alcor. O al menos es lo que escribió Unamuno al visitar este caserío que tiene iglesia y castillo, páramo y mirador. Pensaba que la mecánica le estaba cerrando al hombre la visión de la vida natural; aquí, sin embargo, vivía el campesino natural. Pues si don Miguel viera cómo utilizan algunos el androide o el iphone escribiría cosas terribles. En fin. Pero nos dejó cosas preciosas:

 Torremormojón, Baquerín, Pedraza, Paredes de Nava –de donde salieron Berruguete a tallar madera y Jorge Manrique a tallar en romance castellano-, Fuentes de Nava, con su torre; Guaza de Campos y otros más… Un gran lago de tierra dulce, desnuda y luminosa en que parecen ancladas las naves de grandes iglesias. Tierra blanca –otras son rojas, y otras negras- de una dulce desnudez caliza y yesosa…

Pero sigamos. Algunos no se conformaron con ver Paradilla, sino que se lanzaron ladera abajo por los Matacanes y Valdeparada para conocer un poco más a fondo estas faldas que no son ni Campos ni páramo, pero que tienen algo del brillo de ambas.

Los chopos del camino

Los chopos del camino

Y ahora, a rodar y rodar por el humilde camino de los Chopos que nos marcaba la dirección de Ampudia. Dejamos al sur Paredes del Monte y Santa Cecilia del Alcor, al norte, laderas blancas de yeso y al fondo –paisaje moderno- molinillos que producen energía eléctrica y pingües beneficios para algunos listillos. Finalmente, antes de llegar a un pinar o monte que vemos en lontananza, decidimos bajar al valle, muy cerca del molino del caserío de Rayaces. Entramos un momento a saludar a la Virgen de Alconada y, por el camino del Vía crucis –donde hay una capillita en recuerdo de un milagro de la Virgen- llegamos a Ampudia. Aunque la hemos visto cien veces, impresiona la torre de la colegiata de San Miguel con sus múltiples y puntiagudos pináculos que sólo persiguen un objetivo: hacerla más bella. Y ya lo creo que lo consiguen. Aunque las calles de la localidad, con sus rústicos soportales, no le van a la zaga.

Iglesia de Paradilla

Iglesia de Paradilla

(Continuamos en la próxima entrada)

Páramos y riberas entre Pesquera de Duero y San Martín de Rubiales

17 mayo, 2015

Roturas

De Pesquera de Duero hacia Roturas fuimos por la carretera para calentar motores. Entre las Pinzas –al Este- y nosotros se suceden campos de cereal y bacillares. Un enorme chopo en medio del valle le da el contrapunto a la horizontalidad del paisaje.
Roturas es peculiar. Mezcla de casas restauradas y casas en derrumbe libre, en invierno está prácticamente vacío y, en verano, con varias casas rurales, se llena de vida. La iglesia de San Esteban cuenta con un retablo de piedra caliza, cosa nada habitual, y, a la vez, un viejo lagar parece querer quitarle espacio a la iglesia, pues se posiciona a escasos centímetros de la misma torre… Y, por si fuera poco, hay que venir aquí expresamente, pues la carretera no va a ninguna otra parte.

En Isarrubia

En Isarrubia

Subimos por un camino –majuelos y álamos- hasta la fuente de la Criada, de amplio pilón, casi en el ras del páramo y con árboles para descansar a la sombra. Seguimos nuestra excursión entre campos de un verde radiante donde el trigo y la cebada –o sus dueños- confían que seguirá lloviendo y luciendo el sol. Aquí la llanura se abre hacia el hondo valle de los Piñeles, por un lado, y por otro hacia los de Curiel y el Cuco. Entre medias, navas y hoyas que hacen la tierra más húmeda y la rasante menos sería. Incluso una loma –La Revilla-se levanta sobre el llano.
En éstas, hemos llegado a Jarrubia o Isarrubia, donde nos espera una fuente con dos generosos caños y los restos de un pueblo donde aún pueden verse parte de los muros de lo que debió ser la iglesia y, junto al camino, las piedras de sillería sobre la que se apoyó alguna construcción importante. Si en los bordes del valle de los Piñeles aflora el yeso seco que impide el crecimiento de cualquier vegetal, en este comienzo del valle, por el contrario, se extiende una verdadera selva de pobos, arbustos de todo tipo y plantas que crecen sin control. Total, que resulta imposible penetrar en tan fragoso paraje.

Chozo de Valdesosnal

Chozo de Valdesosnal

Los siguientes puntos por los que cruzamos son fuentes que nacen en cabeceras de valles del término de Corrales de Duero. Todas son distintas y diferentes, pero coinciden en brotar cerca del cerral, donde acaba la piedra caliza y aparecen unas estrechas praderías –entre las piedras y los campos cultivados- precisamente gracias a la proximidad de los manantiales.
La primera que visitamos es la fuente de Valdesosnal, muy cerca de un precioso chozo de pastor que parecía recordar el origen de la localidad, Corrales, como asiento –en tiempos ya lejanos- de rebaños y pastores.

Fuente de Valdemeso

Fuente de Valdemeso

Después de visitar otro chozo medio derruido en el páramo, nos plantamos en la fuente de San Pedro. Además de un prado tenía cerca una plantación de almendros. En esto se parecía a la de Isarrubia. Y finalmente estuvimos en Valdemeso, protegida por un espino blanco. La verdad es que todas las fuentes soltaban agua con alegría.

Robles y campos

Robles y campos

A partir de aquí pusimos rumbo a la provincia de Burgos, si bien ya habíamos hecho alguna incursión, atravesando montes de roble, entre fuente y fuente. Por cierto, la inmensa mayoría de estos árboles ya tenía hoja, y en algunos estaba bien crecidita. La caída hacia el valle del Duero –al fondo la Manvirgo- es, por así decirlo, escalonada. Con dos o tres paramillos por debajo del nivel alto del páramo, que van cayendo progresivamente. Estos páramos menores se encuentran sembrados de cereal y adornados por pequeños bosquetes y robles en hilera o solitarios. Algunos de gran prestancia. Pero al final, vemos allá abajo las casas de San Martín de Rubiales. La torre de la iglesia con escalera de caracol adosada, casas de buena piedra, palomares y casetas de barro. Y detrás de todo, la enorme planicie pinariega que ocupa la vega del Duero.

Amenazadores pedruscos protegen la entrada de la Provincia

Amenazadores pedruscos protegen la entrada de la Provincia

Como el pueblo está en cuesta, nos dejamos caer hasta el puente del río. Antes, sus aguas discurrían rompiendo en una pesquera tradicional. Ahora el río ha sido roto por una centralita eléctrica. Cosas de la vida difíciles de parar.
Y a partir de aquí, entre el Duero y la ladera del páramo, rodamos hacia el Oeste. Justo donde comienza la provincia de Valladolid la ladera cae directamente hasta el río, de tal manera que el terreno tiende a hundirse y el camino ha quedado a veces obstaculizado por las enormes piedras calizas se desprenden del páramo. Menos mal que ahora está todo bien seco y no parece que haya deslizamientos. Enseguida nos acercamos hasta el puente del gasoducto y luego al del viejo ferrocarril de Ariza. Ahora seguimos la vía hasta la finca El Pinar y de ahí rodamos ya por un camino. La vieja estación está vallada y no podemos acercarnos.

Junto al Duero

Junto al Duero

Un poco más y nos asomamos al otro puente de hierro, donde un pescador pone a prueba su paciencia, pues ¡no ha pescado nada en todo el día!
En Bocos empezamos a rodar por la estrecha Senda del Duero: va encajada en la ribera y agradecemos el frescor que nos da la sombra continua de chopos y álamos. Aunque alguno se queja de las bajadas y subidas que no paran… Pero cuando nos hemos querido dar cuenta, estamos en el puente medieval de Peñafiel. Ya sólo nos queda un paseo por la senda verde –bueno, ya no le queda pintura verde- hasta Pesquera con la Pinzas como telón de fondo.

Por la Senda del Duero

Por la Senda del Duero

 

Cañada de Cantalapiedra a Cervillego

13 mayo, 2015
Cereal y colza

Cereal y colza

Por esta vía pecuaria volvimos de regreso (ver entrada anterior). Antaño fue un camino hollado y pastado por todo tipo de ganados. Buena parte del trayecto lo hace justo por el límite de Valladolid y Ávila. Volvimos volando, gracias al viento a favor que soplaba del suroeste.

Al poco de iniciar la vuelta, en el monte del Zarandón, descubrimos, mezclados con pinos, seis o siete alcornoques. Casi no hay este tipo de árboles en nuestra Provincia, pero aquí podemos verlos.

En los límites del monte de Bobadilla

En los límites del monte de Bobadilla

Esta cañada se cruza con la cañada real de Extremadura, que viene de Bobadilla y va a Horcajo de las Torres.¡Cuánto ganado merino de la sierra de la Demanda y de la montaña de Riaño pasó por aquí a lo largo de los siglos! En el cruce de las dos vías pecuarias vemos una inscripción en una buena piedra dedicada a Tino el alcalde de Madrigal que amaba las cañadas. Como se fue antes de tiempo, ellas todavía le lloran.

Cañada real de Extremadura

Cañada real de Extremadura

Si en el viaje de ida predominaba el monte y la dehesa, ahora dominan los campos de cereal. Además, bien variados: trigo, cebada, avena y centeno. Todos verdes, pero cada parcela con tonalidades y alturas diferentes. El trigo, de verde oscuro, encañado y bajo; la cebada, verde suave y espigando; el centeno alto, verde pajizo y con lustrosa espiga, aunque es el que menos cantidad ofrecerá al agricultor. Y la avena, por su cuenta.

Pozo Bueno

Pozo Bueno

Y fuentes: Dorada, en la misma cañada; del Morisco y de la Gabriela en las cercanías. Ya no queda ni rastro. Se secaron y desaparecieron. Y lo peor: poco antes de llegar a Cervillego de la Cruz nos paramos en el Pozo Bueno, que surtía de agua a esta localidad durante siglos. Hasta que se secó. ¿Por qué? ¿Por las mismas razones que el Trabancos? Al menos los vecinos lo tienen todavía en el corazón y uno de ellos ha restaurado la construcción. Pero el milagro del agua es otra cosa.

Toda esta zona al sur de Medina hasta hace unos años estaba dedicada fundamentalmente al cultivo de la remolacha. Hoy, sin embargo, la mayoría del territorio está dedicado al cereal y plantas forrajeras. Como son cultivos que requieren menos agua, ¿volverán a brotar los manantiales?

Cruz -nueva- de Cervillego

Cruz  -nueva-  de Cervillego

Al llegar a Cervillego visitamos la nueva Cruz, pues la anterior fue fulminada hace no mucho por el rayo. También nos fijamos en una enorme casa que, con su amplio corral, se encuentra en el centro del pueblo. Ya en Valladolid nos enteramos de que conocíamos a sus propietarios, y nos la enseñaran en otro momento; ya contaremos cómo es por dentro. Y también me acordé de que, allá por el 58 la tía carnal de quien esto escribe era maestra por estos lares y aun se acuerda, por ejemplo, de las riquísimas tortilla que le hacía la señora Mena –con su hija Filito-, en cuya casa se alojó. Buen pueblo y buena gente. Se ve.

De allí nos fuimos –atravesando uno de los muchos prados o humedales típicos de la comarca- hasta Fuente el Sol, donde visitamos el castillo-cementerio, entre cuyas murallas descansan en paz los difuntos del pueblo. La localidad posee una torre de la iglesia exenta, cosa que no es muy normal.

2 mayo 174

 

 

 

Montes y dehesas en la Tierra de Medina

10 mayo, 2015
Ruta

También la puedes ver en wikiloc

En mayo suele ser apetecible pasear por nuestras dehesas. Si están sembradas de cereal, su suelo lo veremos verde y si fueran praderas para pasto, el suelo estará esmaltado de todo tipo de colores. Les encinas, con frecuencia centenarias y robustas, han sido lavadas y hasta abrillantadas por las lluvias de abril. Ofrecen un panorama distinto. Un contrapunto a nuestro paisaje habitual. Una esporádica y nunca segura fiesta que depende de la bondad de la primavera.

De manera que decidimos acercarnos a los montes y dehesas de la Tierra de Medina. Aunque en lo alrededores de Medina hay pinarillos aislados, encontraremos monte en los límites con la provincia de Ávila. Allá fuimos y no nos equivocamos.

Atravesando el monte de Bobadilla por la cañada de Extremadura

Atravesando el monte de Bobadilla por la cañada de Extremadura

Monte de Bobadilla

Este monte debe atesorar muchos años de cuidados. Sus viejas encinas están unas en zonas de cultivo y otras –las más- en tierras utilizadas para pasto de ganado vacuno, como bien pudimos comprobar. Tendrá como 10 km2 y la mayoría se encuentra vallado. Se puede contemplar desde los límites, pues está rodeado de caminos o bien gracias a la cañada de Extremadura, que lo cruza por el medio: se ha respetado su anchura si bien hay vallas de alambre de espino en los linderos.

Monte del Duque

Monte del Duque

Pequeños lavajos salpican estos montes, que son aprovechados para abrevar el ganado. Igualmente, a lo largo del trayecto encontramos humedales y prados que denotan la existencia de agua en el subsuelo, si bien la mayoría se encontraban secos.

Monte del Duque

También era una fiesta el monte del Duque, igualmente adehesado, si bien aquí predomina el cultivo de cereal. Es menor, pero tiene la gran ventaja de que se encuentra abierto, y la circulación por sus caminos es libre. Sus encinas están bien olivadas, y la mayoría es de porte centenario. A la vuelta también pasamos por el monte del Prisco, parecido al del Duque.

Otro aspecto del monte del Duque

Otro aspecto del monte del Duque

La verdad es que asistimos a una verdadera fiesta de alegría y color. Las propias encinas eran todas diferentes, variando entre diversas tonalidades de verde –del claro al más oscuro- y del amarillo, las que estaban en flor. En los suelos nos llamó la atención la invasión de la arenaria roja, una planta que, como indica el nombre, vive a sus anchas en la arena. Y eso que esta arena es –sobre todo en los caminos- dura y compacta, y sin casi humedad. Pues allí estaba nuestra arenaria dando color a todo. Además, abundaban diferentes tipos de margaritas, gébanas, nazarenos, y otras flores del más variado color.

Bajo el negrillo

Bajo el negrillo

 Un negrillo

 ¡Sí, en Blasconuño de Matacabras! En la misma plaza de la iglesia, donde también hay una cruz de granito, en el centro. Es de tamaño mediano. Nos hicimos una foto para la posteridad pues, tarde o temprano, desaparecerá. También nos comentaron que aun quedaba otro, junto al depósito de agua.

 Casas Nuevas

 Curioso que así se llamen cuando ese están cayendo de viejas y, sobre todo, de puro abandono. Nos acercamos porque tiene un delicioso pozo de estrecha boca y protegido por una caperuza que es continuación del mismo brocal, los dos en ladrillo. Seco, eso sí. Si están así las Nuevas, ¡cómo estarán las Viejas!

 Escargamaría

 O Descargamaría. Al parecer, tiene su origen en un poblado medieval, y debió ser importante pues todavía es cruce de caminos. Ahora es un lugar destinado a la guarda de maquinaria agrícola o almacén, pues aprovechando una construcción anterior, dispone de una amplia nave en uso. El resto es ruina de lo que fue: varias casas donde vivía la gente que explotaba las dehesas cercanas; también vemos los restos de una espadaña donde debió haber una ermita. Lleva camino de convertirse en un gran palomar, pues estas aves lo han descubierto como lugar tranquilo para anidar.

Hacia Villaluz...

Hacia Villaluz…

Villaluz

Es una casa de labranza que se está deshaciendo. Delante –al sur- posee un amplio empedrado cubierto ya de maleza. Figura como despoblado medieval y está situada en un lugar privilegiado, en el confín suroccidental de la Provincia. Domina el ancho valle del Trabancos, la llanura que se extiende hacia Cantalapiedra –se ven sus casas-, los pinares de Ávila y las encinas del Duque. No es de extrañar el nombre dedicado a la luz: si en esta vasta llanura todo es luminoso, lo es más cuando nos subimos a una loma como esta.

...y desde Villaluz

…y desde Villaluz

A sus pies remoloneaba dando curvas el río Trabancos, que hoy es una lengua de arena seca. Hasta mediados del siglo pasado, traía agua, y era algo más que un arroyo, pues hasta trabajaba moliendo grano. Hoy, cuando llueve mucho, pueden llegarse a formar charcos en el cauce. ¿Hay algo más triste que un río seco? ¿Quién le robó su agua a nuestro Trabancos?

(Hasta aquí llegamos. Continuamos en la entrada siguiente relatando la vuelta)

Rodando contra los elementos (entre Valladolid y Zamora)

7 mayo, 2015
Capeando el temporal

Capeando el temporal estoicamente

Esta excursión se prometía un tanto arriesgada, pues los pronósticos del tiempo anunciaban lluvia. No mucha, ni segura, pero como podía presentarse, salimos pertrechados con prendas impermeables. Pero cayó algo más que agua. No hemos preparado el mapa al uso pero la ruta la podéis ver aquí o aquí mismo:

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En primer lugar nos cayó (en suerte) una rotura de la cadena de una bici. El sujeto pasivo del accidente llevaba una larga vida de ciclista sin este contratiempo. Y, ciertamente, es más difícil de arreglar que un simple pinchazo. Menos mal que llevábamos tronchacadenas y con la ayuda de seis manos –algunas expertas- se pudo solucionar y continuar ruta. Esto ocurría justo cuando empezábamos a bajar hacia Benafarces.

Descarga en Benafarces

Descarga en Benafarces

El segundo contratiempo fue una nube. Una nube que provocó una lluvia intensa si bien relativamente breve. Ocurrió precisamente cuando acabábamos de perder un camino en medio de la llanura toresana, entre los términos de Villalonso y Morales. Total, que además de empaparnos, nos llenamos de barro. Claramente fue una nube traicionera, pues al llegar a Morales los campos estaban bien secos.

Además de todo esto, pudimos visitar con calma Pedrosa del Rey, Casasola, Benafarces, Villalonso y Morales. No está mal, contando que sólo nos hicimos 44 km.

Casasola

Casasola

De Pedrosa a Casasola fuimos dando la vuelta al cerro de las Canteras, evitando el camino de las Portillas, para ahorrar esfuerzos. Estos parajes constituyen los confines del páramo de los Torozos: varias cuestas redondas, tesos y paramillos se resistieron a desaparecer cuando las aguas del Duero y otras corrientes los desgajaron, hace muchos miles de años, del páramo-madre. Por eso, es un paisaje peculiar: si el páramo cae en laderas claras y rotundas hacial el Sequillo y el Pisuerga, aquí se pierde en suaves laderas, innumerables cuestas y tesos de mil formas. ¡Ah! Cruzamos por las tierras de Doña Aldonza, seguramente llamadas así en recuerdo de aquella noble que, en 1250 poseía heredades precisamente cerca de Casasola.

En Casasola dejamos a un lado la ermita de Nuestra Señora de Gracia y al otro el teso de la Horca al subir al alargado paramillo, también llamado de las Canteras por motivos obvios, pues de aquí salió una caliza grisácea que, bien tallada, se utilizó para muchas casas e iglesias de la zona y, por supuesto, en el castillo de Villalonso.

Se aleja hacia el Este la tromba de agua

Se aleja hacia el Este la tromba de agua

Antes de iniciar la bajada, contemplamos la llanura de Toro. Una nube acá y otra acullá soltaban sus aguas sobre campos y poblaciones. Benafarces se veía esfumada entre las aguas. O, también, los campos de colza brillaban con un amarillo vivo aprovechando el más mínimo rayo de sol. Todo típico de la estación. Después de arreglar la cadena, nos dejamos caer hasta Benafarces, donde pudimos ver las piedras del páramo que pertenecieron ala torre de su iglesia, amontonadas ahora un poco más allá de donde cayeron, al parecer debido a que vencieron los cimientos.

De vuelta

De vuelta hasta salió el sol

Y a rodar hasta Villalonso, donde visitamos el castillo y el pueblo. Antes de llegar a Morales, sufrimos el fuerte aguacero y decidimos poner rumbo a Pedrosa. Cruzamos la hondonada del Bajoz que mostraba también sus campos verdes y laderas con alguna encina y luego a volar, viento en popa, hasta Pedrosa. El flanco norte nos lo cubría el teso de la Furnía, uno de los últimos baluartes de Torozos, como ya hemos comentado. Por cierto, que por aquí descubrimos un águila dando cuenta de un conejo. Lo levantamos y, como durante 200 metros no fue capaz de coger altura, acabó soltando su presa.

Arquitectura tradicional de una comarca peculiar

3 mayo, 2015
illalonso. Capitel mozárabe

Villalonso. Capitel mozárabe

Como si fuera un preámbulo de lo que, a lo largo del día, íbamos a contemplar, nada más bajar las bicis del coche en la colada de los Toros de Pedrosa del Rey, nos encontramos con que habíamos aparcado frente a una casa de ladrillo que, entre los balcones de la primera planta tenía en ladrillos resaltados de un color rojo más intenso las iniciales de –suponemos- su primer propietario: M E C ¡Buena manera de personalizar una casa!

La comarca donde se levanta esta villa junto con las de Casasola, Benafarces y Villalonso tiene sus peculiaridaes y comparte muchos rasgos con las limítrofes de Torozos, Campos y Toro. Por eso abundan las construcciones de piedra –tiene canteras de los últimos tesos del páramo-, de barro –predominan los campos de tierra- y de ladrillo, por su cercanía a Toro. O sea, puede considerarse una verdadera encrucijada.

Adobe revocado con zócalo de mampuesto ordenado

Adobe revocado con zócalo de mampuesto ordenado

También es peculiar porque sus casas están bien conservadas –la mayoría no se están cayendo, ni se han caído, como en Tierra de Campos- y hay pocas viviendas nuevas, como sería el caso de los pueblos de los alrededores de Valladolid o de comarcas como más pujantes como Peñafiel o Medina del Campo. Muchas son construcciones dignas que se han conservado bastante bien. Cosa no muy habitual.

De alguna manera, estos pueblos siguen formando parte del paisaje, pues al mantener su arquitectura tradicional, mantienen su fisonomía secular, ya que utilizan materiales del lugar modelados o trabajados por los propios vecinos de generación en generación. Conservan el equilibrio con la naturaleza en la que siempre han vivido.

Casa de piedra, ladrillo y barro en Casasola

Casa de piedra, ladrillo y barro en Casasola

Casasola de Arión

Esta villa, que debe su apellido a los Duques de Arión es, seguramente, la más noble y rica de la zona. Abunda la piedra –también el ladrillo, y algo el barro- bien tallada en sillares, proveniente de las canteras de caliza gris del mismo término municipal. Las calles son amplias, aireadas. Se nota un pasado cercano floreciente y rico, cuando media España utilizaba las aventadoras fabricadas aquí. Hasta las eras poseen un empedrado elegante y unas construcciones auxiliares de buen porte. Además, tuvo tres molinos. El puente sobre el Bajoz por el que entramos al pueblo se alarga derrochando un curvado pretil nada vulgar.

Porches. Villalonso

Porches. Villalonso

Villalonso

Es el la villa de los rincones. A las afueras se levanta un castillo magníficamente conservado. Tiene un conjunto urbano de calles irregulares, agravado por continuos callejones sin salida que llevan a puertas principales y traseras. Un encanto. Como asunto anecdótico, podemos contemplar una columna mozárabe reutilizada para sostener el porche de una casa. Demasiado reutilizada, pues el pedestal es otro capitel mozárabe al revés. A pesar de la proximidad de las canteras, aquí abunda primero el barro y luego el ladrillo. La piedra se deja para la iglesia y algunas casas señoriales. Es, tal vez, el más pobre de esta pequeña comarca.

Tejaroz. Benafarces

Tejaroz. Benafarces

Benafarces

Aquí hay un poco de todo: piedra, ladrillo y barro. Algún culo de saco, calles anchas y calles estrechas, balconadas y ventanucos. Aunque se dan por toda la comarca, son llamativos los tejaroces aprovechando los rincones en los que se abren las puertas de las casas. Y en esos rincones, no suelen faltar poyos y poyetes, para hacerlo todo más agradable y humano. También hay abundantes pósitos o cillas, como si hubieran querido recoger en ellos toda la abundante cosecha de la llanura occidental a la que se asoma el pueblo. Al soportal de la iglesia se accede por un empedrado de cantos rodados y calizas que conforma la frase VIVA LA FE, de trazas netamente populares.

Peculiar dintel en puerta trasera

Peculiar dintel en puerta trasera. Benafarces

Dos pozos en desuso, con llamativas construcciones externas que se levantan en ladrillo (con varios caños, escaleras, barandillas y pequeños adornos, además de abrevaderos) los podemos visitar en la zona de las eras, al otro lado del río. Curiosamente, uno de los pozos posee 8 puestos individuales para que las lavanderas pudieran realizar su labor ¡de pie! Debió de ser un adelanto a la época, allá por 1955 conforme reza la inscripción. Otro pozo similar lo tenemos en Villalonso, alejado del pueblo, en el lado norte del castillo. Y otro más modesto –el pozo de la Ermita– en Pedrosa, además del pozo Pedrado -¿tendrá algo que ver con el origen del pueblo?-, y una hermosa fuente con arca semihundida en la plaza mayor.

De Pedrosa del Rey –con arquitectura tradicional bien conservada- no comentamos ahora nada, pues ya lo hicimos en otra entrada.

Otra vez los tres elementos. Benafarces

Otra vez los tres elementos. Benafarces

Una escultura popular…

Tuvimos la gran suerte de dar con la iglesia de la Asunción en Casasola abierta, pues se encontraba en obras. Nos sorprendió un Crucificado gótico (hacia el año 1.300) en una capilla obscura. Alto, policromado, esbelto y estilizado a la vez, con el cuerpo curvado, la cabeza ladeada y los párpados caídos casi del todo; tranquilo y sereno. Una verdadera joya que no pasa desapercibida entre las muchas obras de arte que contienen nuestras iglesias. Se le conoce popularmente como el Cristo de los Pobres y de la Buena Muerte.

Casasola. Eras.

Casasola. Eras.

Después, al rodar entre las mieses que comenzaban a espigar, me venía a la imaginación el Cristo y lo veía allí, luminoso, con la cruz surgiendo entre la mies brillante, los rayos de sol y las nubes descargando al fondo. Y es que ese Cristo se veía mejor con rayos de sol que en la obscuridad; su serenidad ante el dolor casaban mejor con el soplo del viento que en la estática penumbra de una capilla. Y es que este Cristo transmitía lo que el pueblo ve en Él, la buena muerte: aparta lo tenebroso y atrae la serenidad. En fin, es una escultura popular -¿acaso alguien sabe quién fue el autor?- porque trasmite lo que el alma del pueblo ve.

Y a modo de colofón, una canción popular

Acabada la excursión nos fuimos en coche hasta San Román de Hornija, para fotografiar una inscripción al exterior de su iglesia, que un amigo nos había pedido. Pero también visitamos el interior porque una señora del pueblo, muy amable, nos lo enseñó. Vimos –para algunos era la primera vez- los restos mozárabes, el ara romana, y la iglesia entera, incluidos los cuadros que hay en la sacristía de algunos ilustres sanromaniegos. Y, en un momento determinado, Clara María –que así se llamaba la señora- con excelente voz, cantó a la Virgen delante de nosotros como únicos espectadores, una preciosa Salve popular. Bonita –y popular- manera de terminar la excursión.

Detalle de la inscripción

Detalle de la inscripción

NOTA: ya saldrá la entrada con el recorrido por el paisaje natural. Es que se nos acumula el trabajo sin querer. Las fotos -apagadas- van con el día -gris-


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