Fuentes de Piñel y monte de San Llorente

El arroyo de Piñel es muy corto: desemboca en el Duero a la altura de Pesquera después de haber recorrido poco más de 8 km. Pero ha horadado un valle de más de 150 m de profundidad, lo mismo que el Duero desde las proximidades de Berlanga hasta aquí. Por eso, llaman la atención los escarpes que podemos ver en el valle de Piñel, casi verticales, además de descarnados y sin vegetación muchos de ellos.

Fuente del Cura Viejo

Nuestro primer objetivo, esta vez, fueron acercarnos a algunas fuentes que encontramos en estas laderas. Saliendo de Pesquera, nos acercamos a la Fuenterrazos, que no sólo tenía agua, sino que un hortelano, que allí estaba trabajando, la aprovecha para cultivar una pequeña huerta. Hubimos de subir al páramo para bajar ahora al vallejo donde vemos la fuente del Cura Viejo, también con agua –dos chorros- que alimentan dos balsas artificiales en las que viven abundantes ranas. Un prado con arbolado protegen algunas mesas que invitan a celebrar una buena merienda. O lo que se tercie.

Cerca de la fuente del Plus, el ras del páramo

Muy cerca está la fuente del Plus, pero esta ya no tiene agua. O tal vez la tenga en la caseta que contiene su captación, pero no llega o la desvían. En todo caso, el paisaje primaveral no deja de ser agradable en este pago denominado las Fuentes, con abundantes flores y arbustos silvestres. Por el camino junto al cual está esta fuente llegamos al ras del páramo y volvemos a bajarlo: pasamos cerca del manantial del Corralejo, señalado por un solitario chopo, pero no nos acercamos para no dañar más un sembrado que ya lo está por la sequía…

El chopo señala el manantial

Paseamos por Piñel de Arriba y salimos por las eras donde está, con agua, la fuente de Antanarejos. De nuevo en el páramo, pasamos cerca de la fuente de la Cerrada y otras, donde nace precisamente el arroyo Jaramiel. Ya se ve que son muchos los manantiales de esta zona, y hay más, pues nos hemos olvidado por el momento de las fuentes que nacen en la ladera este y en el valle adjunto de Roturas.

Valle del Congosto

Completamos la excursión con una amplia rodada por el páramo, cruzando al lado de la loma de la Revilla (920 m) y llegamos al monte de San Llorente, que se encuentra en un estado penoso a causa –suponemos- de la sequía: los robles, de apariencia escuálida, no terminan de echar la hoja; las encinas parece que no quieren florecer; el suelo, que cruje bajo las ruedas, está recubierto de una costra de plantas o hierbas secas… una pena, vamos. Bajamos al arroyo del Congosto -donde parece que hay algo más de humedad- para volver a subir -¡otra vez!- al páramo y bajar, ahora definitivamente, al valle de Curiel.

Un buen camino y un viento a favor con alguna gota de lluvia nos conducirá entre vaso ya inútil del canal de Riaza y las laderas de las Pinzas hasta Pesquera. Más al sur, el Duero y el castillo de Peñafiel, siempre vigilante.

Aquí, el trayecto seguido (45 km, 416 m de desnivel)

Caminos del Cerrato

18 mayo 074

Aunque ya han empezado a caer las lluvias primaverales, hasta hace unos días la sequía imperaba en nuestros campos. La cosecha en secano es prácticamente inexistente en Tierra de Campos y tierras de Medina, mientras que en el Cerrato, Torozos y páramos de Peñafiel algo se recogerá.  Hemos dado un paseo por el Cerrato palentino y muchos campos estaban verdes, incluso con la espiga formada, pero escuálida. No sé cuánto se podrá cosechar. Ya veremos.

Llamaba la atención el aspecto de los caminos: donde no eran pistas, predominaba el verdor de las hierbas y el color de las flores –margaritas, amapolas, malvas- fuera de las delgadas roderas que han formado los vehículos agrícolas. Poco durará, pero al menos mayo no ha dejado de sorprendernos. Incluso en este año tan raro.

Las encinas también nos han sorprendido con sus flores de oro o candelas. Los robles ya cuentan con sus hojas tiernas, de color verde claro. Los rosales silvestres, con su rosa canina, esplendorosa durante unos pocos días… En fin, que la primavera ha sabido aprovechar por aquí esa humedad que se conserva en el suelo gracias a la caliza que la sustenta.

Así que hemos podido disfrutar del paisaje a ras de páramo y también desde los cerrales, lugar perfecto para contemplar los múltiples vallejos y cerratos.

En esta ocasión, además, hemos aprovechado para visitar las viejas casas horadadas en la ladera del páramo, en Cevico de la Torre, y que estuvieron habitadas hasta mediados del siglo pasado. ¡Menudas condiciones para sus pobres a la vez que recios moradores! Tenían un pasillo central, a veces muy estrecho, que conducía hasta una cuadra y, a ambos lados, habitaciones. Curiosas alacenas y pequeñas despensas. Por supuesto, las primeras habitaciones, contaban con sus ventanas al exterior. También en Cevico visitamos la cueva Grande, que domina la localidad y su valle.

 Luego, recorrimos varios kilómetros por el estrecho y largo valle que forman los arroyos Rabanillo y Maderano contemplando corrales y chozos, casi todos en estado ruinoso. Volvimos por el valle del Rabanillo, todo verde, y visitamos la ermita –por fuera, claro- de la Virgen del Valle, que tiene una pequeña pradera a la parte de atrás. El camino que nos condujo hasta ella se encontraba bien poblado de maleza. La puerta conservaba, a modo de ofrenda, un ramo de flores silvestres. Al menos alguien había llegado.

En Valle de Cerrato –que así se llama el pueblo- pasamos por la ermita que guarda el Cristo de las Aguas –visible a través de un ventanuco en la puerta- y, por la ladera del páramo de la Cueva Grande, nos acercamos a Cevico. Allí, visita al barrio de las bodegas, a la fuente de la Samaritana y fin del trayecto. Pero la retina –o la memoria- se ha quedado, sobre todo, con los verdes y florales caminos cerrateños, tan austeros en cualquier otro momento del año.

Aquí, el trayecto seguido.

Cañadas reales sorianas en la provincia de Ávila: por la cañada real soriana occidental (y 2)

(Continuación de la entrada anterior)

En la dehesa de Revilla, a la que hemos llegado por la cañada de Medina del Campo, comenzamos nuestra andadura por esta nueva cañada -la occidental soriana- poniendo rumbo al este. En estos primeros metros discurre aprovechando una fuerte ladera. Arriba, al norte, la dehesa y sus corrales, al sur praderíos con árboles aislados. Poco después, el monte se cierra entre viejas encinas. De todas formas, en las zonas húmedas abundan los grandes fresnos. Rodamos entre pequeños rebaños de vacuno.

Aspecto de la cañada

Pequeñas subidas y bajadas nos llevan hasta el río Margañán, que ya conocíamos. Sus riberas son espesas y frescas. De repente, unos metros más arriba, un perfecto y pequeño puente de piedra, con su arco de medio punto salva limpiamente el río. Es estrecho, tan estrecho que no podría pasar un carro normal. Una maravilla perdida en la dehesa.

Río Margañán

Y de nuevo a subir. Ahora los vallados están a la izquierda. También vemos algunos corrales o encerraderos, lo que parece un tentadero, naves. Seguimos subiendo y el paisaje se abre detrás de nosotros. Me acerco a una charca: tres jabalíes con un montón de rayones están jugando en la orilla. Como les he visto de lejos, me voy aunque no me digan nada, como los mastines. Nunca sabes cuál es su verdadera voluntad, así que mejor no molestar.

Otra charca, ésta a la derecha de la cañada. Un galápago que toma el sol se zambulle en cuanto me ve. Por lo demás, paz.

Sigo subiendo. A lo largo de esta cañada, voy abriendo y cerrando las puertas de los prados que se aprovechan en la misma cañada, en los que pasta el ganado. Al fondo veo un rebaño numeroso de avileñas. Seguro que no pasa nada, pienso para animarme. Cuando ya estoy más cerca, me miran y ¡TODAS VIENEN A POR MI! ¡No puede ser! Mantengo la calma. Las primeras se paran a pocos metros, las otras detrás, y no me pierden ojo. ¡Ufff, venían en son de curiosidad! (pienso) y no de guerra. Sigo adelante andando con la bici de la mano, abro la última puerta de ganado, cierro, y, ahora sí, ahora ¡me siento seguro!

Una de las charcas

Un kilómetro y medio más y estamos en Hurtumpascual, que atravesamos por la llamada, precisamente calle del Cordel. Nos llama la atención, primero, un puente de piedra construido con grandes lajas de granito, lo cual es tradicional por aquí y, a su lado, una preciosa fuente de piedra, con reja, de tipo romano. Y también la iglesia de la Natividad, que está la mitad en ruinas y la otra mitad en activo. Los de Hurtum– que suena raro, parece que hace referencia a Fortún. Lo de Pascual ya no es tan raro.

La cañada nos lleva por la carretera que han construido sobre ella hasta Viniegra de la Sierra, desde donde toma dirección hacia Muñico. De Viniegra a Blascojimeno y de éste a la ermita de nuestra Señora del Espino y, enseguida, estamos en Gallegos de Sobrinos. Son pueblos serranos, donde se construye con buen granito.

Fuente en Hurtumpascual

Nos despedimos definitivamente de las cañadas para pasar a caminos y calzadas que nos llevarán hasta Mancera de Arriba. Va a ser un viaje muy cómodo, a pesar del viento en contra, pues todo será bajada. Pasamos por dehesas, corrales, sembrados, riberas. Es un valle que se va abriendo hacia la llanura que se ve al fondo y en la que sobresale, todavía diminuto, el descomunal silo de Peñaranda. Sigue abundando el vacuno, y también pudimos ver un rebaño todo él de ovejas negras (!) 

Tomamos al fin la calzada del Puerto que nos conduce hasta Mancera de Arriba, donde descubrimos otro tradicional puente de lajas sobre el río Navazamplón. Ya sólo nos queda un último tramo, de algo más de  6 km, siguiendo este río que posee abundantes choperas en las riberas. Y entramos en Mancera de Abajo justo por el convento de las Carmelitas que tiene enfrente el palacio de los marqueses y, un poco más abajo, una fuente y un molino restaurado, al menos por el exterior. ¿Qué más se puede pedir? Bueno, luego nos acercamos a contemplar su iglesia parroquial.

En Mancera de Arriba

¡Precioso viaje por estas tierras de Ávila y Salamanca! El trayecto seguido puede verse en la entrada anterior.

Cañadas reales sorianas en la provincia de Ávila: por la vía pecuaria de Medina del Campo a Revilla (1)

Otra salida fuera de Valladolid, esta vez por la cercana Ávila y con alguna incursión –al principio y al final- en Salamanca. En primer lugar hemos tomado la cañada real Mostrenca, que ya nos llamó la atención por su buen estado de conservación, o sea, por el mantenimiento de su anchura cuando hicimos la excursión hasta el Convento de Duruelo.

Por esta vía pecuaria circularon, sobre todo, los rebaños mesteños de la sierra de Burgos y Soria que llegaban a Medina del Campo, por lo que también se la conoce como cañada Soriana –o Burgalesa-, y va a dar a otra cañada soriana, que denominan Occidental y con la que se encuentra en la dehesa de Revilla, como luego veremos. Aunque también era utilizada, con menor frecuencia, por rebaños de la montaña leonesa.

Al poco de salir desde Mancera de Abajo

En fin, tomamos esta cañada a su paso por la localidad salmantina de Mancera de Abajo. Salimos hacia el sur, en paralelo al río Zamprón del que poco a poco se va alejando. Y también poco a poco, se va elevando hasta alcanzar casi la cima del monte Grande. Desde él tenemos una buena vista de Mancera, Salmoral y toda la Tierra de Alba. Al fondo vemos ciclópeo silo de Peñaranda.

La cañada mantiene por aquí su anchura y cuenta con buen pasto; en algunos puntos es más abundante y verde, que denotan la presencia de pequeños manantiales. Hemos levantado una pareja de buitres y una cigüeña. Se la conoce en esta zona como cañada real de merinas. Enseguida desciende entre sembrados y prados y empiezan a abundar los cercados, en algún caso ya con ganado vacuno pastando.

En la dehesa de MIgalbín

Aparecen las primeras rocas –no hay que olvidar que estamos en Ávila, tierra de cantos y santos– y encinas. Estamos en la dehesa de Migalbín, donde nos reciben dos pacíficas vacas amantando a sus ternerillos. El paisaje ha cambiado por completo. El firme es bueno. Parece que los pastos no se han secado todavía, aunque no son abundantes. Aquí la conocen más bien como el cordel de Medina, pero parece que tiene una anchura media entre cordel y cañada, al menos en los lugares en los que está limitada por tapiales o cercados.

Ascendemos hasta la zona más alta de la dehesa y se nos abre ante nosotros la bajada, con Cabezas del Villar al fondo, anchos prados y  corrales de granito en la vía pecuaria. Cruzamos por uno en los que hay ovejas sin pastor pero con mastines, que se nos acercan ladrando para dejar claro que no debemos ni por asomo acercarnos a una oveja, cosa que cumplimos dócilmente y sin rechistar.

Río Margañán cerca de Cabezas

En agradable bajada llegamos al río Margañán, que cruzamos por un precioso y rústico puente de piedra que aprovecha una enorme como pilar. Río arriba, las ruinas de un molino. Y subimos a Cabezas.

Después de hablar con algunos lugareños a los que informamos de nuestro recorrido y nos confirman que por aquí pasaban los pastores de Burgos y Soria, continuamos por lo que todos denominan el cordel. Es, tal vez, la parte más fea del trayecto, pues una pista ancha y monótona se ha construido aprovechando la vía pecuaria. Menos mal que abundan las fuentes –unas tradicionales y otras no tanto- y algunos chopos que rompen la monotonía. Además, el cordel se estrecha entre vallados y corrales.

Fuente junto a la cañada

Pero no hay mal que cien años dure y legamos a la dehesa de Revilla de la Cañada, que es aún más densa en encinas y matorral que la anterior de Migalbín, lo que se agradece. La casa de la dehesa de Revilla cuenta con una ermita y hacemos intención de llegarnos a ella, pero un mastín del tamaño de un ternero nos avisa de que mejor no pasar. Y así hacemos, faltaría más: respetuosos que somos con los animales.

Y llegamos al final de nuestra cañada, pues aquí se une a la cañada soriana occidental. El lugar de la unión es un pequeño paraíso, en un prado con pequeños meandros del río Gamo, enormes fresnos centenarios y un viejo puente de piedra. Dan ganas de quedarse. Las gentes de Cabezas también le llama el cordel a esta vía, e igualmente las de Hurtumpascual, al que nos dirigiremos ahora. El mapa del IGN la llama, por su parte, cañada real soriana occidental. En todo caso, conserva una más que generosa anchura.

Río Gamo

Aquí dejamos el trayecto, de casi 60 km, que continuaremos en la próxima entrada.

Laderas de Rodilana y Pozaldez

«Portillo y Pozaldez, que desde los infiernos se ven». Y es que la torre del castillo del primero y las torres de las iglesias de Santa María y San Boal se ven desde media provincia de Valladolid. Son una referencia en el paisaje si no sabes dónde te encuentras. Y aunque lo sepas. Rodilana, sin embargo, estando muy cerca y poseyendo una esbelta torre, se encuentra edificada en un pequeño valle, lo suficiente para que el campanario de su iglesia se vea sólo sobresaliendo entre las colinas más cercanas…

Nos dimos una vuelta por esas lomas que miran al suroeste, desde las que se divisa perfectamente Medina, en el valle del Zapardiel, y su extenso campo. Son lomas bien aireadas y, al mismo tiempo, soleadas. Por eso, si antes estaban dedicadas sobre todo al viñedo, hoy lo están a los aerogeneradores y a los huertos solares. Decenas y decenas de hectáreas se extienden al abrigo del aumento del precio de la energía. Destrozando en buena parte el paisaje. Pero ese es otro cantar que no interesa a nadie.

El día estaba soleado y fresco; los campos se encontraban aun verdes, con tendencia al amarillo. El cereal, granado y fofo. No sólo habían nacido placas solares, también algunos caminos habían sido abiertos, otros ensanchados, alguno cerrado. En uno de los nuevos, pasamos por una charca en la que se refugiaban algunos patos.

Un lugar adecuado para la contemplación –a pesar de la cercanía de antenas y molinillos- es el borde de la terraza donde se levantó la ermita de San Cristóbal, ya muy cerca de Medina. Sólo queda parte del muro sur y lo que parece ser el inicio de un techo abovedado, todo en ladrillo mudéjar. En estas laderas, junto a la ermita, tuvo lugar una escaramuza el 10 de abril de 1521 entre realistas que querían tomar Medina y los comuneros que la defendían.

Poco después cruzábamos la cañada merinera de Rodilana a Medina, cuyas orillas bullían frenéticamente instalando placas soles. En medio, un viejo pozo arruinado y con una leyenda: A 18 de mayo de 1938, y debajo una línea ilegible. Supongo que en esa fecha se acabó su construcción [hoy no ha acabado su destrucción]. Por el aspecto, sirvió, sobre todo, para abrevar el ganado. Fue León Felipe dijo aquello de ¡ya no hay feria en Medina, buhoneros! Ni ganado en los cordeles y cañadas, habría que añadir.

Acabamos subiendo la ladera de nuevo por las viñas del Cerrellar, para caer en el pinar de Aguanverde, que mezcla almendros, viñas y sembrados. El cordel de Vallesmiguel nos condujo hasta Pozaldez. La laguna tenía agua y el pueblo se preparaba para celebrar la Virgen de los Remedios, a la que llevan en procesión hasta la iglesia de San Boal.

Aquí, el trayecto seguido.

Por la comunidad de villa y tierra de Ayllón

Esta vez nos hemos ido de excursión a esta comunidad, de origen medieval y ligada a la repoblación del valle del Duero y a distintas escaramuzas entre moros y cristianos. De hecho, cae definitivamente en el lado cristiano con Alfonso VI, que toma Toledo. La comunidad engloba poblaciones que hoy pertenecen a las provincias de Segovia, Soria y Guadalajara nosotros hemos recorrido algunas pertenecientes a las dos primeras.

Como ha sido un trayecto relativamente largo por tierras para nosotros desconocidas, nos quedaremos con lo más importante. En cualquier caso, se trata de una excursión muy recomendable, tanto por razones de paisaje natural como por motivos artísticos y culturales.

Ligos

El románico

Nos llamó la atención de manera poderosa la multitud de iglesias y ermitas románicas desperdigadas por su geografía. Prácticamente todas las localidades por las que cruzamos tenían su iglesia románica, generalmente en buen estado. Lógicamente, Ayllón se llevó la palma y en la misma plaza mayor –con sus soportales y fuente- tenemos la iglesia de San Miguel, después pasamos junto a la de San Juan, parte en ruina y otra parte convertida en vivienda. Ya de salida, nos topamos con las ruinas de la ermita Santiago, de la que sólo queda el interior de algunos muros. Y, aunque no sea románico, visitamos la magnífica fachada de El Convento y lo poco que queda del recinto amurallado, de origen musulmán.

Santa María de Riaza

Pero ahí no acaba todo: Languilla, Mazagatos, Ligos, Francos –de lejos-… fueron otros tantos lugares con iglesia románica, sencilla y encantadora. Pero destacaremos uno: Santa María de Riaza, con la iglesia de la Natividad. Y es que al poco de partir de Saldaña de Ayllón por el valle del Riaza, contemplamos en la lejanía un llamativo pórtico que no dejó de atraer nuestras miradas. Al llegar vimos que era una iglesia románica, más grande que las visitadas hasta el momento. Estaba abierta y cruzamos la puerta bajo un arco con cinco arquivoltas… Dentro nos esperaba otra sorpresa: al fondo, presidiendolo todo, una imagen románica de la Virgen sedente con el Niño, tal que una Reina en su trono bajo un arco barroco, donde volvieron a converger nuestras miradas. Le acompaña un conjunto de tablas góticas a modo de retablo y el ábside se encuentra separado de la nave mediante una reja. Artesonados en el techo de la nave. Todo ello elabora un ambiente único, de aspecto sencillo por la perfecta conjunción de elementos de distinta naturaleza.

La sierra

Como telón de fondo, la sierra de Ayllón y Somosierra, con el Pico del Lobo. Pero también –como nos señalaba un vecino- Guadarrama y la Mujer Muerta. Y, hacia el este, las sierras de Burgos y Soria. Un lugar donde se funden las alturas.

No llegamos a subir ningún pico, pero el desnivel alcanzado en la excursión se acercó a los 600 metros, y atravesamos el cañón del río Pedro, de cierta dificultad en el paso del Tronco del Fraile, o el arroyo del Barranco en Ligos. El punto más alto de la excursión lo alcanzamos entre Cuevas y Estebanvela, pero sin llegar a hablar de tú a la sierra.

Charca de la Tejera, en Valvieja

Los ríos

En Languilla saludamos al río Riaza, al igual que en Saldaña. En la primera localidad nos acercamos a la desembocadura del Agurejo, que parecía llevar más agua que el propio Riaza. En Estebanvela a punto estuvimos de sucumbir en una inesperada poza del río Villacortilla, pero el tronco de un árbol sobre este río nos salvó de una segura mojadura…

En el mismo Valvieja nos encontramos con la charca de la Tejera, que seguramente serviría de barrera, pues la localidad cuenta con fuentes y arroyos.

Lavadero de Cuevas

Fuentes

Pasamos por fuentes y lugares deliciosos. Uno de los más llamativos lo encontramos en Cuevas: la fuente manaba de la misma roca con un lavadero prácticamente excavado en piedra.  Y todo entre un enorme paredón de la montaña y la ribera del río.

En Torraño

La fuente de la Rolesilla nos sorprendió en Francos, y la del Cubillo en Valvieja. Tampoco olvidaremos la fuente en plena plaza mayor de Ayllón y la fuente urbana de Santa María de Riaza, por no hablar de la fuente del Pilar en Torraño, que mantenía un lavadero enrome. En él cabrían aproximadamente unas 50 lavanderas, como si la localidad tuviera más de 50 vecinos, cuando en realidad no tendrá más de diez habitantes.

Otros paisajes

No nos detuvimos antes las pinturas rupestres de Cuevas, pero sí contemplamos la enorme pared vertical de caliza en la que se encuentran. Descubrimos numerosas tenadas en los más variados lugares, la mayoría ya en estado de avanzada ruina. También cruzamos por antiguas cañadas reales de la Mesta, pero ¿dónde están los ganados y pastores de antaño? ¡No vimos más de un rebaño de ovejas, tres vacas y dos caballos!

De una tenada cerca del río Pedro

En fin, fue un trayecto de lo más sugerente, lleno de subidas y bajadas, con la historia y el arte que surgían en lugares inesperados y con un paisaje de valles, ríos y montañas. Así es Ayllón y su tierra. Hasta nos pareció ver la figura de un conde o una condesa castellanos entrando en una de las ermitas:

Entro en la ermita          con muy grand devoçion,
Finco los sus finojos         e fizo su oraçion
De los ojos llorando         fizo su petiçion…

Y este fue el trayecto seguido.