Casa Navilla

Hornillos de Eresma

Después de algunos encontronazos con el mal tiempo y el barro, ante la soleada previsión dominical decidimos desplazarnos a Hornillos de Eresma y desde allí realizar una ruta circular. Esto significaba un factor común: los pinares, pero, eso si, con algunas sorpresas.

Comenzamos dando un pequeño paseo por este acogedor pueblo, único bañado por el Eresma en la provincia. Salimos buscando el sur a través de un extenso pinar que nos reservaba la rareza de ver cruzar un arroyo por medio, e incluso llevaba agua, si bien su aspecto y olor no invitaban precisamente a la pesca.

Al poco encontramos los vestigios de la casa de los Dieces, adobe derretido en un precioso y soleado paraje con algunos almendros esperando la llamada de la primavera. Seguimos el paseo hacia el sur, el cual se vio interrumpido por una cerca que nos obligó a modificar el recorrido y caminar un trecho entre arenales y una extensa pradera ocupada en tiempos por la laguna de la Navilla.

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Aspecto exterior de la casa

Salimos a la carretera que desde Hornillos lleva a Olmedo y a unos 200 metros nos encontramos una casa abandonada, como otras muchas, en medio del campo. Se trata de la casa de recreo de la Navilla de Dueñas, mandada levantar por el banquero medinense del siglo XVI Rodrigo de Dueñas, que también construyó a las afueras de su ciudad natal, junto al Zapardiel, otra casa de recreo conocida como Casa Blanca, conservada perfectamente; ambas mantienen el mismo tipo de planta. En Valladolid fue propietario de la Casa de los Gallo, que en la actualidad lo ocupa el Hotel Imperial junto a la Plaza Mayor, además de poseer el Palacio de los Dueñas en Medina del Campo, todo ello respaldado por su poderío económico, pues fue una de las principales fortunas de su época debido a actividades en banca y comercio. Rodrigo de Dueñas estableció el Mayorazgo de Dueñas, adquiriendo el señorío de Tórtoles de Esgueva, así como el de Hornillos de Eresma, de ahí la ubicación del la Casa de la Navilla. Esta casa de descanso se

Interior

Interior

levanta en una pequeña elevación sobre la llanura pinariega con la intención de ver y ser vistos. Es de planta cuadrada de 16 x 16 metros de lado con una cruz griega en su interior, cuyos brazos son de diferente anchura, creando un espacio en el cruce de ambos que haría la función de patio interior, que nacía de cuatro pilares de ladrillo generando cuatro arcos de medio punto que soportaban la torre que se alzaba hacia el exterior a modo de linterna perforada con ventanales que permitía la iluminación interior. El material constructivo empleado es el ladrillo macizo empleado también para la cubrición de bóvedas de cañón en los brazos de la cruz y algunas estancias del interior, utilizando el ladrillo a sardinel (ladrillo colocado de canto en el que queda a la vista el lado largo y estrecho del mismo), cubriéndose el edificio de una sola planta al exterior con tejado a cuatro vertientes.

Estucados en sus paredes

Estucados en sus paredes

Siguiendo el recorrido, nos dirigimos hacia el este por caminos firmes y secos, lo cual hacía que el sonido del rodar sintonizara agradablemente con el paisaje. Así, tras cruzar el nuevo ferrocarril, nos encontramos frente a la pedanía de Calabazas, al otro lado del río Adaja. Y tomamos dirección norte, de nuevo entre negrales. Aquí fue, donde como una exhalación, se nos cruzaron dos cérvidos al galope, al alejarse pudimos observar sus blancas colas levantadas lo que indicaría que se trataban de corzos.

Calabazas desde la orilla opuesta

Calabazas desde la orilla opuesta

Seguimos por nuestros pinares de albares y negrales, y advertimos nítidamente la vida en el pinar: no sólo corzos, también aves, conejos y otras formas de vida, parásitos en los pinos, tales como el muérdago y el musgo. Y con la vida también encontramos la muerte, en este caso de los mismos pinos; cuando caen siguen siendo impresionantes, recordándonos a los restos de cualquier gigantesco paquidermo consumiéndose en el tiempo.

En Alcazarén

En Alcazarén

Tras el merecido ágape campestre, tirados entre la húmeda hojarasca de la ribera, continuamos hacia Alcazarén. Allí dimos con la casa donde hace ya algún tiempo fue detenido el bandido, romántico pero bandido, Luis Candelas, para poco después ser agarrotado públicamente en Madrid a sus 31 años. Sus robos en la capital le fueron saliendo bien hasta que realizó el robo en casa de la modista de la Reina Regente, María Cristina, lo que le llevó a salir a toda prisa, dirigiéndose hacia el norte con su amante con la intención de embarcar con rumbo al Inglaterra. Pero subir al barco fue imposible, así que dio media vuelta tomando la diligencia con dirección a Madrid. Al llegar a la altura de San Cristóbal en Segovia, fue reconocido por el mayoral de la diligencia así que tuvo que huir. Merodeó por la zona hasta que el Guardia Nacional de Olmedo, Félix Martín, le reconoció en el camino real cerca de Alcazarén. Así que se presentaron los guardias en la posada frene a la iglesia de San Pedro donde procedieron a su detención, pese a que el bandido decía llamarse León Cañida y dedicarse al comercio de granos. De ahí se le llevó a Valdestillas y a Olmedo y Valladolid, aunque finalmente fue conducido a la cárcel de El Saladero de Madrid, situado en la Plaza de Santa Bárbara, antiguo edifico mandado levantar por Carlos III como matadero de cerdos y saladero de tocino. De ahí el nombre.

La cueva

La cueva

La curiosidad por el asunto nos llevó a la búsqueda de su legendaria cueva por la tortuosa ribera del Eresma, cuando desistíamos de encontrarla, alguien, con muy buena vista e intuición la encontró próxima la puente Mediana. Arriba, junto a la carretera nacional se encuentra el merendero El Puente que antaño fue posada o venta donde estuvo el antiguo fielato del camino real de Toledo a Valladolid, las casetas de cobro de los arbitrios y tasas municipales sobre el tráfico de mercancías (el nombre oficial era el de estación sanitaria, ya que aparte de su función recaudatoria estaba la de ejercer un cierto control sanitario sobre los alimentos), recibiendo ese nombre del fiel de la balanza que se utilizaba para el peso de los productos.

Después de recordar este luctuoso hecho regresamos a Hornillos cruzando el hermoso paraje de Valdegüete cuando ya el sol se nos cae. Uno de los pintorescos rincones que ofrecen los arenosos ríos que cruzan la provincia, ofreciendo diminutas playas que fueron tan concurridas aquellos domingos de hace ya un par de generaciones.

La ruta, según Miguel Ángel. Las fotos son de Javiloby y de Miangulo

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Una respuesta to “Casa Navilla”

  1. Jaime Says:

    Buenos días.
    Quisiera saber si pueden facilitarme un contacto para hablar con ustedes.
    Estoy interesado en documentarme sobre la casa de la Navilla.
    Gracias y un saludo,

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