Zapardiel: de las aceñas de Zofraguilla a Medina del Campo

zapardiel 2015El Zapardiel, más que río, es una zanja inmunda. Recorre 100 km desde la laguna de San Martín de las Cabezas, en la que nace (El Parral, Ávila) hasta el Duero en las aceñas de Zofraguilla, donde muere. Pero no lleva agua. No hay más que verlo en Medina del Campo: no existe. De Medina al Duero es, en el mejor de los casos, como una larguísima charca de agua sucia y densamente poblada de espadañas; tanto, que ver el líquido es difícil.

Nunca fue un gran río: Casan a Adaja con Zapardiel / no quiso ella, por ser chico él, le cantaba la chiquillería en plan de mofa. Y nuestros clásicos llamaban al espeso Esgueva émulo del Zapardiel, portador de malas nuevas para las narices. Pero curiosamente, también este río fue heraldo de leyendas y fazañas, como veremos en la entrada siguiente.

Humedales en el bajo Zapardiel

Humedales en el bajo Zapardiel

A pesar de todo, si no nos acercamos mucho al cauce, disfrutaremos en numerosos tramos de hileras de chopos, sauces, o álamos, que le acompañan. Con todo, el propio cauce ha sido modificado a lo largo de la historia de manera que no sabemos el trazado exacto dentro de un fondo llano de unos 500 m entre ambas laderas y dedicado a pradera para pastos. Por eso, son varias las ganaderías que tienen rebaños de reses –algunas bravas- en las zona. La ladera derecha tiene más inclinación y, en ocasiones acarcavada. La izquierda está, por el contrario, suavemente inclinada, apta toda ella para el cultivo, más aun si tenemos en cuenta, que la tierra es arenosa y suave, amorosa.

Laderas

Laderas

Es un valle perdido y olvidado, sin casi núcleos de población. Únicamente Foncastín, en un pico dominador y Torrecilla del Valle, junto al río, son dos pequeñísimas localidades. Y Torrecilla es, más bien, un caserío. También podemos contar las dos casas de Dueñas de Arriba y la bodega e iglesia de Dueñas de Abajo. Antaño los pueblos abundaban, y tenemos noticia de Valverde, Mollorido, Constanzana, Foncastín (viejo), Zofraga y Velayo. Incluso hubo algún molino y una almazara. Hoy todavía podemos ver –y usar- una pequeña joya de ingeniería: el puente de Zofraga, son sus losas no cubiertas de rodadura, sus pretiles con protectores, sus pilas y tajamares… ¡¡Tenemos que cuidarlo, que algún desaprensivo ya ha empezado a tirar las piedras del pretil…!!

Interior del "castillo"

Interior del “castillo”

El trayecto lo hicimos río arriba, desde la desembocadura hasta Medina del Campo. En la parte próxima al Duero los prados son más extensos y abundantes. Incluso en sus inmediaciones se encuentra el prado de los Abonales, siempre verde porque el agua mana naturalmente del mismo suelo. Tanto en este lugar como en la Cortijada o Prado del Zapardiel veremos buen ganado vacuno.

Un poco más arriba aparecen las laderas cubiertas de monte. En la izquierda los pinares de la Nava y en la derecha el pinar-alcornocal del Valdegalindo. Curiosamente los alcornoques están en los límites del monte, fácilmente identificables. Aquí estuvo Valverde, y los campos todavía hoy hacen honor a su nombre. Un poco antes de llegar a Foncastín vemos la entrada de una gran cueva, pero no nos acercamos. Lo dejamos para otro día, así que volveremos.

Higos muy dulces, almendrucos, nueces, peras, uvas, manzanas… de todo esto había, en abundancia y en sazón. De manera que el bocadillo se pudrió en la mochila. Y de todo sobraba, pues estaban llenos los árboles y el suelo donde nacían.

Los chopos señalan el cauce

Los chopos señalan el cauce

Nos acercamos a la torre en ruinas del viejo castillo de Foncastín, que hoy sirve para que a su sombra se recuesten tuberías de riego y en sus huecos se esconda alguna paloma ¡En esto han caído las fortalezas castellanas de otros tiempos! No lejos, un ciprés señala el lugar del cementerio de Foncastín Viejo y el Zapardiel se deja represar por un dique.

Pasamos por la ermita de Carrioncillo, sacada hace años de la ruina por los vecinos de Valverde. Pero, desgraciadamente, la fuente de la alameda está hecha un asquito. ¿Se puede remediar? También vemos los restos –calicanto- de la vieja fortaleza, más allá de la fuente, en dirección al río.

Ver el agua no es fácil

Ver el agua no es fácil

Las Dueñas son otra cosa. Al menos están cuidadas y limpias.

En el trayecto hasta Medina nos acompañan de nuevo praderías con vacuno pastando. Al fondo, la silueta de torre de la Mota nos invita a avanzar.

Casa Blanca

Casa Blanca

Ya casi llegando, dejamos al otro lado la Casa Blanca, finca de recreo construida en el siglo XVI para el banquero de Medina Rodrigo de Dueñas, que también mandó levantar la Casa Navilla. No abundaron en nuestro austero país este tipo de construcciones, por eso ésta tiene un especial valor. Por dentro –según cuentan- está profusamente decorada con yeserías policromadas que recrean un inusual espectáculo de formas y colores en medio de la austera llanura castellana. Pero el exterior no le va a la zaga, según escribió hacia 1918 Juan Agapito y Revilla señalando los encantos de esta finca:

…a un lado la terraza, debajo de la cual brota un manantial en comunicación con un rectangular estanque poblado de pececillos; las aguas, que además de servir de riego a la finca, aumentan el caudal del misérrimo Zapardiel que corre próximo; el alto arbolado de la parte baja; las tierras de huertas con sus frutales y flores; las tierras blancas de pan llevar en lo alto, todo ello, verdaderamente, es eglógico y comprendo la satisfacción de aquella rica familia de los Dueñas que formó un oasis en la inmensa explanada, desprovista de arbolado…

Planta de la torre del castillo de Foncastín (fotografía aérea del IGN)

Planta de la torre del castillo de Foncastín (fotografía aérea del IGN)

La vuelta la hicimos, hasta Rueda, por un continuo sube y baja de cuestas y laderas. Menos mal que el azúcar natural de los higos nos dio alas y en Rueda nos esperaba la Fiesta de la Vendimia… para reponer fuerzas.

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Una respuesta to “Zapardiel: de las aceñas de Zofraguilla a Medina del Campo”

  1. Gaudencio Busto Says:

    Y digo yo: si además de lo que hacéis -que no es poco- os dedicarais a consultar las enciclopedias (algunas quedan) de más de ochenta años pues… “miel sobre hojuelas”.

    Gracias

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