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El pico de las Cuevas

23 julio, 2010

Va a ser ésta una excursión muy fresca,  ideal para jornadas estivales o calurosas. Tendremos a nuestra disposición las aguas trucheras del Durantón para pegarnos un baño reparador, y los altos páramos de Olmos y Fompedraza, donde siempre sopla una brisa que refresca al acalorado ciclista.

La salida de Peñafiel -y subsiguiente subida al páramo- la hacemos por cañada de la Yunta, viejo camino ganadero y medieval que unía esta villa con la de Cuéllar y que cruza la paramera por tierras de labor, algunos montes y lugares mágicos como Oreja y Minguela, que ya conocemos.  El camino de subida es amplio, cruzamos una granja y pasamos entre algún almendro y restos de vallas de piedra por el barranco de Carralpozo. Pero al llegar arriba dejamos la cañada  para desviarnos por los corrales de Sebellares -inundados de maleza por el desuso- en dirección a Aldeayuso.

Aquí nos dirigimos a visitar algo curioso: el pico de las Cuevas, que se levanta tras la vieja iglesia arruinada. Por cierto, que aquí veremos algún mochuelo o alguna lechuza; el lugar es tan tranquilo que duermen o anidan entre sus huecos.  Conforme nos acercamos al cerro, aumenta la cantidad de brillantes espejuelos en forma de  puntas de flecha. Y vemos una pared vertical con cuevas a diferentes niveles. Aunque hemos preguntado a varios vecinos, ninguno estaba seguro del origen de estas cuevas –siempre estuvieron ahí– pero parece claro que se trata de antiguas explotaciones -más o menos familiares- de yeso. Buen sitio para contemplar el vallejo resguardados del viento o de la lluvia.

Si continuáramos por el valle, pasaríamos por Molpeceres, pueblo casi arruinado, y acabaríamos asuso, en Fompedraza, con su enorme antena al lado de un diminuto crucero, pero también con su recién restaurada iglesia que exhibe unos increíbles frescos góticos. Su alcaldesa lloraba al presentarlos. Eso le honra, a ella y al pueblo por ella representado. (Aldeayuso es aldea de abajo)

También veríamos las blanqueras que caen del páramo, y algunas paredes donde se atreven a descansar los buitres, y quién sabe si a anidar. Pero vamos a subir de frente, por la ladera opuesta a donde se encuentra Aldeayuso. Y tras la fuerte  subida, atravesamos un páramo con suaves ondulaciones y restos de corralizas. Si nos acercamos hacia el Este, contemplaremos el amplio panorama del valle del Duratón. Pero dejemos aquí la narración para continuar en la entrada siguiente.


Una fuente en el cortado

27 julio, 2009

Cabezón de Pisuerga -o de Cerrato, que también lleva ese apellido- siempre depara sorpresas. Es uno de los pocos lugares de la provincia donde vemos las tripas del páramo.  (Por dentro, el páramo parace una tarta debido a los estratos yeso y margas).

Cabezón tiene una serie de senderos y rutas perfectamente señaladas para facilitar que el caminante conozca mejor sus parajes. Uno de estos es el sendero de la Vecilla. Podemos tomarlo en la zona alta de las bodegas, al lado del depósito de agua.

Puente

Conforme ascendemos, vemos con agrado que la localidad ha conservado su aire de siempre, a pasar de las nuevas oconstrucciones: dentro del mar de casas  sobresale la parte más elevada de la iglesia y su torre, como si fuera un vaquero pastoreando el rebaño.  Al poco, un estrecho sendero nos introduce en plena ladera del páramo. Pasamos por herbazales verdes incluso en verano, salpicados de bosquetes de encina y pino.

Pero enseguida tenemos que pararnos, pues se nos presentan continuas y agradables balconadas para contemplar el paisaje del valle, esto es, del ancho río que se presenta pegado a nuestra ladera, con el puente medieval -en cuesta pero pecfectamente equilibrado-, las alamedas, el pueblo y la vega que sube de forma suave y casi imperceptible hasta el páramo de los Torozos…

A nuestras espaldas descubrimos, por un momento, una zona de cortado donde distinguimos la tarta interior. Y, ya sin esperar hollar ningún sendero, nos dirigimos cuesta arriba hasta ese pequeño cortado que esconde ¡una fuente!

En realidad es un manantial que durante la mayor parte del año encontramos seco por mor de los cambios que artificialmente hemos introducido en la aguas subterráneas las últimas décadas. El paisaje cambia y, por un momento, la ladera se hace vertical -cortada- y casi horizontal -para albergar por un momento la fuente. Al lado debió haber una huertecilla, pues además de los típicos chopos de zonas húmedas vemos también almendros, algún nogal y otros frutales.

Cortado

Pero las sorpresas de esta paisaje no acaban aquí. Solo diremos que podríamos subir al pico o cabezo -que bautiza la localidad- de Altamira, donde antaño se levantara un castillo, a contemplar las anchuras de Castilla, o seguir nuestra senda hacia los cortados que se caen más al Norte, o dar una vuelta en barca, o contemplar los restos de las casas cueva de la ladera, o…