Puentes…

27 agosto, 2014

Simancas

Simancas

Hemos pasado unos años de auténtica eclosión de las infraestructuras viarias, lo que ha llevado consigo la construcción de nuevos puentes para facilitar o agilizar el paso de ríos y otros accidentes geográficos. Pero los de ahora, por regla general -hay excepciones- son bastante feos, especialmente aquellos en los que predomina el cemento.

Sin embargo, desde la época de los romanos hasta hace unos cuantos años, los puentes que han permanecido solían ser de piedra, con sus pilas, arcos, tajamares, barandillas…Todavía quedan muchos en nuestra provincia que, lejos de afear el paisaje del río y la ribera, lo mejoran y le dan un toque diferente, propio.

Sobre el Zapardiel en Rueda

Sobre el Zapardiel en Rueda

¿Qué puentes hay más hermosos que el de Cabezón, el puente Mayor de Valladolid, el de Simancas, o el de Tordesillas? Todos ellos son de factura medieval, reconstruidos parcialmente un montón de veces. O los del Cega en Mojados, Megeces, el Cardiel…

Claro que solamente nos queda uno romano: el de Becilla en el Valderaduey, incluso con un tramos de calzada en muy buen estado. Si bien es muy posible que donde hoy se levantan los puentes de Simancas y Puente Duero ya hubiera otros en la época romana.

Sobre el Bajoz en Villalbarba

Sobre el Bajoz en Villalbarba

Con frecuencia, hay un puente viejo junto al nuevo. Para mejorar el tránsito, se hizo el nuevo, y el más antiguo quedó al lado, como una antigua referencia. Es el caso de los puentes sobre el Duero en la carretera de Peñafiel a Pesquera; la Puente Mediana entre Mojados y Olmedo; el de Valdestillas; el del Eresma entre Olmedo y Pedrajas; el del Adaja entre Aniago y Villanueva; el puente de Boecillo, sobre el Duero; el de Mayorga sobre el Cea. Un caso insólito es el puente del Runel, entre Olmedo y Ataquines: vemos sobre el Adaja tres puentes: utilizamos el último modelo, vemos derrumbado el más viejo y, el mediano, entre ambos.

En el Cega

En el Cega

Pero la regla anterior no siempre se cumple: el puente sobre el Duero en Peñalba (Villabáñez) fue derruido, al parecer, con motivo de la guerra de la Independencia y ni se ha reconstruido ni sustituido. Claro que en Peñalba ya no vive nadie. Lo cual no quita para que estas ruinas históricas se asienten en uno de los lugares más hermosos de la provincia.

Peñalba

Peñalba

Sin embargo, lo que parece una antigua pila con su tajamar en medio del Pisuerga, en el Soto de Medinilla, no es tal. Sin dejar de ser una ruina muy valorada por los cormoranes, debió de pertenecer a unas aceñas, las denominadas del Berrocal.

Capítulo aparte lo constituyen los viejos puentes de hierro del ferrocarril de Ariza: podemos contemplar uno en La Cistérniga, sobre el Duero y tres en Peñafiel, sobre el Duero (2) y el Duratón. En estos casos, el hierro se ha fundido con el paisaje.

En Peñafiel sobre el Duratón

En Peñafiel sobre el Duratón

Y todo esto sin hablar de la infinidad de puentes que también se levantan, en nuestras comarcas, sobre ríos menores, arroyos y canales. Los hay de todos los tipos, tamaños, materiales, usos; la mayoría salvan ríos, pero otros cruzan carreteras o caminos. Y luego están los acueductos, donde es el canal o acequia los que saltan el río o camino… Si algún día se hiciera el inventario, saldrían, sin duda, varios cientos. Pero, ¿alguien se va a preocupar por ellos?

¿Restos de las aceñas del Berrocal?

¿Restos de las aceñas del Berrocal?

¡Ojo al abrojo!

20 agosto, 2014

Entre los enemigos declarados que tenemos los ciclistas se encuentra el abrojo, o mejor dicho Tribulus terrestris; por aquí se le suele llamar peseta, no tengo ni idea porqué.

La cuestión es que se trata de una planta con muy mala leche y su fruto maduro es uno de los principales responsables de estropear bellas jornadas de ciclismo campestre; es tan eficaz que su diseño viene usándose como arma defensiva desde hace más de 2000 años para parar cualquier cosa que se mueva, desde hombres hasta carros de combate. Algunos ciclistas también han dado cuenta de alguna de estas trampas (como si no fueran suficientes las naturales).

Armas defensivas con diseño tetraédrcio, siempre con la punta hacia arriba

Armas defensivas con diseño tetraédrcio, siempre con la punta hacia arriba

En cuanto a la Tríbulus, entramos en la época en que más cuidado hay que tener: maduran sus frutos, es decir, sus bayas que, con espinas puntiagudas, adquieren su máxima dureza al secarse y penetran fácilmente en la cubierta de las ruedas.

En medio de un camino, con sus bonitas flores amarillas

En medio de un camino, con sus bonitas flores amarillas

En muy conveniente identificar la planta desde la bicicleta, ir adivinándola si cabe. Su configuración rastrera, sus bonitas florecillas amarillas y sus hojas compuestas: es inconfundible. Además, gusta de la humedad en verano y de los suelos arenosos, se desarrolla a sus anchas en los bordes de regadíos y en general al lado de los caminos.

Las flores se convierten en frutos

 

Si hemos rodado sobre una de estas plantas, no dramaticemos y pongámonos manos a la obra y ojo al parche. Conviene observar la cubierta y ver el alcance de la picia, hay veces que la punta se parte y hace de tapón, es posible seguir rodando si lo dejamos como está. Si lo inevitable se confirma y hemos ido bien equipados con cámaras, etc. el problema no debería fastidiarnos más de 20 minutos. Y si llevamos modernos remedios, mucho menos.

Sufrido ciclista

Lo dicho, ¡ojo, suerte y. . . PACIENCIA!

 

Javiloby

Fuentes del Duero

12 agosto, 2014

 

Fuentes de Duero

Fuentes de Duero

La ribera del Duero era, antes, una ribera humana. Ahora es una ribera sucia y salvaje. Me explico.

Hace cincuenta años, la ribera solía disponer de un sendero a media altura –ni pegando al agua ni ya por fuera de la vegetación- bajo la protección de los árboles. Subía, bajaba, giraba, según lo accidentado de la ladera. Desde él, se podía acceder a lugares de pesca, tablas y pedregales del río, y también a fuentes y manantiales. Hoy las cosas han cambiado y  la ribera está impracticable, las zarzas y otros arbustos han ocupado el lugar del sendero y con dificultad se puede acceder a esos lugares. Incluso las playas naturales y los rápidos de cantos rodados han desaparecido, y hoy todo lo llena la pecina y arbustos y matas de árboles crecen donde antes sólo había agua.

¿Qué ha pasado? Por un lado, que ya todos vivimos de espaldas al río, a pesar de que se nos llene la boca hablando de ecologismos y negativas a trasvases y cosas así. Ya no hay pescadores, ya nadie pretende recolectar frutos en la ribera, ni busca el agua de sus fuentes, ni los aprovechamientos de saúcos o espadañas… Además, ¿habrá descendido el nivel medio del caudal? Tal vez, pues es claro que las extracciones de agua para riego u otros usos no hacen más que crecer. Por tanto, la ribera duerme el sueño oscuro del olvido.

Morena

En todo esto pensaba al visitar, hace unos días las fuentes de La Morena y La Nieves, junto al caserío de Ibáñez, en el término de Herrera de Duero. Cuesta lo suyo llegar a ellas sorteando ramas y zarzales y, cuando llegas, están cubiertas de vegetación, con los caños obstruidos y los abrevaderos llenos de tierras.

Otras han desaparecido por completo: en Puente Herrera y junto al mesón los Almendros, también de Herrera, había sendas fuentes que abastecían de agua y regaban huertas contiguas. Imposible encontrarlas. Se encuentran enterradas.

Nieves

Por el contrario, en Tudela han reaparecido la fuente del Rey y otra de factura similar en la misma orilla aguas arriba, superado el pueblo. A veces hasta dan agua; no estaría mal limpiarlas también por dentro.

Junto al caserío de Fuentes de Duero, había una fuente preciosa junto al río, bajo una chopera, con su espacio para lavanderas. ¿Seguirá allí?

Fuente Juana

Fuente Juana

La fuente Juana, en Laguna, se encuentra casi tapada por la vegetación y, cuando consigues acceder a ella ves que se ha convertido en una especie de charca. Después de urbanizar la zona, camina hacia el olvido. La fuente de San Pedro Regalado sigue viva –y con cangrejos- tras las ruinas del Abrojo.  En la orilla izquierda –o sea, en Boecillo- vemos la fuente del Rector, limpia y remozada. Y, también restaurada, la de Villarmayor.

Entre Puente Duero y el río, las Fuentes del pueblo –lavadero con dos caños encontrados- están sucias y olvidadas. Antes de la confluencia, también en la orilla derecha, sobrevive a duras penas el manantial o fuente del Batán.

Los árboles señalan la fuente del Batán

Los árboles señalan la fuente del Batán

Los manantiales de la ribera eran innumerables. La peña que aflora en la ladera sudaba agua fresca y, mediante incisiones o canalillos se dirigía a un pequeño depósito al que se le podía enchufar un caño y ¡hecha la fuente! Hoy el problema es acceder a la peña.

Palenzuela

30 julio, 2014

Palenzuela

Ya dijimos que la provincia de Valladolid, hasta mediados del siglo XIX, fue algo diferente a la actual. En el siglo XVI se cita el partido de Palenzuela como perteneciente a Valladolid, razón por la cual nos damos un paseo por esta región, que hoy pertenece a Palencia y a Burgos, y sigue perteneciendo, desde el punto de vista físico, a la comarca del Cerrato.

La villa

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De entrada, Palenzuela (la Pallantia romana) es tierra repleta de historia. Fue cabeza del alfoz, luego cabeza de la merindad del Cerrato, hasta que la perdiera en beneficio de Baltanás. No hay más que pasear por sus empinadas y estrechas callejas y visitar sus alrededores para comprenderlo. Un largo puente sobre el Arlanza nos dirige hacia la localidad, que se solaza en la ladera de un cerro. En la orilla del río hemos dejado las ruinas del convento de San Francisco, y entre las calles volvemos a ver restos de grandes construcciones, tanto religiosas como civiles: la iglesia de Santa Eulalia o el castillo, un poco más alejado. Nos llamarán poderosamente la atención los soportales de la plaza, sostenidos por auténticos troncos de árbol sin casi trabajar.

 Callejas combadas, con verdaderas cárcavas urbanas en los muros roídos por los siglos. Boquean las ruinas en silencio, pues ni se oye el estertor de su agonía. Castilla en escombros, que dijo Senador, dejó escrito Unamuno.

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Pero el paisaje es cerrateño y, por tanto, luminoso. Las claras aguas de sus ríos –el Arlanza el primero, que nace junto al Duero- brillan con el sol y dan, si cabe, más luz al ambiente.

Río Franco

Después de visitar las ruinas del castillo, nos vamos por caminos ondulados hacia el cauce del Arlanza, donde no faltan ni los prados ni las alamedas. Aguas abajo, más allá del puente, hemos dejado un molino junto a un largo y rústico puente; parece salido de una ilustración de cuento de hadas.DSCN1717

Pero nos desviamos para introducirnos en el cauce del río Franco. Pasamos por la granja Retortillo (con iglesia de origen mozárabe) y por Hontoria –muchas localidades en el Cerrato llevan este nombre, debido a la abundancia de fuentes- pero no llegamos hasta San Juan de Castellanos. Una curiosidad: estas tres granjas pertenecen a la familia Sánchez Junco, propietarios de la revista ¡Hola!  Es la finca más extensa de la provincia de Burgos, dedicada a la ganadería, agricultura y cinegética. Tiene en su interior un museo de taxidermia con todos los animales cazados por la familia.

Subimos al páramo –corrales, cañadas y robles- para acabar en Cobos de Cerrato que también perteneció a Valladolid, como todos los pueblos de los alrededores de Palenzuela. Es un lugar perdido y olvidado: hay que proponérselo seriamente para acabar aquí. Y de nuevo al páramo, donde veremos los corrales de Valdemén y los de la Senda.

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Torrepadre, Villahoz, Escuderos…

Bajamos al cauce del Arlanza. Bajo el puente se humilla el río, siempre acompañado por una hilera de álamos. Torrepadre también es historia; lo de Torre le viene por ser una más de las torres defensivas extendidas a lo largo del Arlanza; lo de Padre se debe a su poblador. Lo cierto es que este río, con sus pueblos, sus puentes, sus presas y molinos, sus campos ribereños, sus cerros… tiene mucho de poético y olvidado, y por eso nos alegramos de haber aparecido por aquí, lejos de las grandes ciudades y de los cruces de caminos. Pero así es el Arlanza olvidado.

…y Tordemoronta, la espadaña olvidada

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 En estas estamos, habiendo salido ya de Escuderos cuando, de repente, ¡otra sorpresa!: una solitaria espadaña, sin ermita ni construcción, haciendo, a duras penas, guardia en la cresta de un páramo. Son los restos del monasterio de Tordemoronta, o sea, la Torre, en este caso, de Moronta. Abajo, en el mismo lecho del río, se han encontrado huellas de animales prehistóricos. Desde aquí divisamos el ancho valle del Arlanza, con las tierras de Retortillo en primer plano..

Y como el paseo se nos ha hecho más largo de lo previsto, volvemos por la carretera hasta Peral, que tiene otro puente precioso, casi absorbido por las alamedas, y hasta Palenzuela por tranquilos caminos.

Junto a la ermita de Allende el Río descansamos, mientras los pescadores trajinan en busca de barbos y truchas.

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Los polvorines del Pinar (y 3): los lugares

20 julio, 2014

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(Tienes el mapa en la primera entrada)

Partiendo del muro sur de las tapias del Parque de Artillería podemos observar dos trazas: por un lado, la entrada al Parque de la antigua vía del ferrocarril y algo más adelante, arrancando de la misma tapia, un antiguo camino empedrado, el cual es el eje de todas estas construcciones. Este camino, de algo mas de un kilómetro daba servicio a 6 polvorines, tres a cada lado. De ellos dos explosionaron, uno se conserva y los otros tres han sido tapados.

Si iniciamos el paseo junto a la tapia, nada más comenzar se observa el primer polvorín de los enterrados: podemos ver la base de su garita de vigilancia y trazas de la entrada, además de sus respiraderos.

A unos 125 meros de la tapia, por el camino y al lado contrario de la anterior, se ve la base de otra garita de centinela: pues bien, enfrente de la misma, a unos 50 metros del camino, nos encontraríamos en el centro del cráter, el cual fue tapado sobre el 2005 y del que aún pueden observarse las puntas secas de algunos chopos que crecían al lado de la charca existente. También se aprecia que los pinos y retamas de su interior son de reciente plantación. Este corresponde a la segunda explosión, en 1950. (41.590667, -4.763120) (La ubicación en el mapa es aproximada 41°35’26.4″N 4°45’47.2″W)

Base de la garita frente a los restos del cráter del Polvorín nº 3

Base de la garita frente a los restos del cráter del Polvorín nº 3

Si avanzamos por el camino nos topamos con la carreterilla que sube desde la cañada y con el Parque de Tirolinas: aquí, desde el exterior de la valla se aprecia el único polvorín que sigue tal cual fue abandonado en su momento: puede observarse su puerta e incluso su sirena de alarma instalada bajo una teja. ¡Ojala se conserve para recuerdo y se le pueda dar alguna utilidad!

Único polvorín que se conserva (nº 5)

Único polvorín que se conserva (nº 5)

Para retomar el Camino de los Polvorines tenemos que rodear la absurda y antiestética valla que han instalado para aislar el anterior. Una vez en él, llegamos al cruce con la nueva Senda de la Legua, que en esta parte se corresponde con el camino que iba desde Laguna de Duero a Simancas. Si la atravesamos y seguimos por el camino, encontraremos a la derecha otro polvorín, también tapado pero al que se le aprecian bien los respiraderos superiores: era de los más grandes.

Los restos del segundo cráter son más difíciles de identificar pues han quedado muy bien integrados en el terreno y está poco definido: seguimos por el camino empedrado, cruzamos una alcantarilla que salva una vaguada y mas adelante un camino, también perteneciente a estas instalaciones. A unos 200 metros de este cruce, a la derecha, se encuentra el lugar donde se produjo la terrible explosión de 1940. Aun se pueden apreciar tímidos desgarros en la tierra junto con nueva vegetación. (41.584506,-4.770652) (41°35’04.2″N 4°46’14.3″W)

Zona del cráter de la primera explosión

Zona del cráter de la primera explosión

Todavía hoy se pueden observar escombros procedentes de la explosión, semienterrados y erosionados. Hay que pensar en las toneladas de grava, greda, estructuras del propio polvorín y, desgraciadamente, restos humanos, que saltaron por los aires.

Finalmente y a la izquierda del camino se aprecia el último de ellos (nº 4), también tapado junto con algunos restos de otros edificios auxiliares.

Un rincón del Pinar

Un rincón del Pinar

En cuanto a nuestro paseo, la zona en concreto, se ha convertido en una de las más divertidas para disfrutar de la bicicleta de montaña y, por supuesto, también caminando.

En fin, esperemos que esta pequeña reseña, nos facilite recordar algo de nuestra historia y del sufrimiento allí vivido por tantas personas cuando ahora rodemos por este delicioso laberinto de senderos.

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Javiloby

Los polvorines del Pinar (2): las explosiones

18 julio, 2014
Respiraderos de uno de los polvorines (nº 2)

Respiraderos de uno de los polvorines (nº 2)

 

Explosión del Sábado, 21 de septiembre de 1940 (Fiesta de San Mateo en Valladolid)

Esta violenta explosión ocurrida en la penuria de la postguerra, acabó con la vida de más de 150 personas, entre militares y bomberos. Aunque no se conoce con precisión el origen del incendio que lo provocó, parece que fue debido a un contenedor de alquitrán. El afán por controlarlo y apagarlo, en lugar de evacuar el lugar, hizo que la tragedia fuera de esta magnitud.

Explosion 1940

Nos cuenta el cabo César Bartomeu en sus memorias que se entrevistó con el hijo menor del coronel Juan Sáez Ortega, jefe del Parque, muerto junto con otro de sus hijos en la explosión, y a este, a su vez, se lo contó el chofer que sobrevivió y fue testigo directo:

….sobre las dos de la tarde del sábado 21 de septiembre de 1940, fiesta de San Mateo en Valladolid, estando el coronel almorzando con su familia en el Parque de la Rubia, recibió una llamada telefónica informándole de que se había declarado un incendio en el polvorín, sito en el Pinar de Antequera, distante unos cuatro kilómetros. Inmediatamente se desplazaron allí el coronel, su ayudante, el capitán Redondo y el maestro artificiero Carlos Sáez Antón, hijo del coronel, y el chofer.

Dice que cuando llegaron pretendieron cerrar los respiraderos de un montículo por donde salía humo. En ese momento se produjo la primera explosión pillándoles de lleno al coronel, a su hijo y al capitán. El chofer, que se había quedado junto al coche, fue desplazado contra un pino por la onda expansiva, sufriendo rotura de clavícula y conmoción cerebral…

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Del parque de bomberos de las Eras

 

Explosión del Miércoles, 14 de junio de 1950

En esta, casi 10 años después, murieron cinco personas, cuatro militares y una mujer, vecina del Pinar, además de más de 70 heridos y numerosos desperfectos en la zona.

De esta explosión, afortunadamente, aun es posible encontrar personas que la vivieron de cerca, entre ellas mi madre, Josefa, que me cuenta:

… yo estaba trabajando en Valladolid, al oír la explosión acudí caminando a la casa del Pinar a ver a mis padres y hermanos, afortunadamente todos estaban bien pero en la huerta que tenían, había aparecido un trozo de hormigón rasgado de unos 100 kg, el aspecto del pinar era desolador… (La finca estaba situada a unos 2 km. en línea recta del lugar de la explosión).

La mujer fallecida de 36 años, Hilaria Gómez salía de su casa con su cría en brazos cuando le cayó una piedra encima de 16 kg, la niña salió despedida, felizmente ilesa. Nos llama la atención, al consultar la hemeroteca, cómo la prensa de la época suavizaba y tergiversaba estas noticias.Explosion 1950

También sabemos que la vivienda en la que viven los guardas del Pinar, a unos 200 m del lugar, fue totalmente destruida y sus moradores sobrevivieron fruto de la casualidad. La madre, Consuelo, tuvo que dar a luz por aquellos días y optó por ir a su pueblo, allí estuvieron seis meses hasta que les reconstruyeron la casa.

Algunos pormenores más de estos desastres pueden ser consultados en diferentes fuentes de internet, tales como las memorias del soldado republicano César Bartomeu que vivió de cerca la primera explosión perdiendo a un amigo (se ha transcrito anteriormente parte de su relato) y también en las reseñas históricas del Parque de Artillería. Las hemerotecas del Norte de Castilla o ABC, incluso prensa extranjera dan cuenta del segundo. No obstante la información es escasa e imprecisa. Tanto en el Parque de Bomberos como en el Parque de Artillería hay lápidas en mármol que recuerdan el nombre de los fallecidos. También hay una sepultura colectiva en el Cementerio del Carmen, probablemente con un conjunto de restos, ya que consultados los partes de accidente en el Archivo del Ayuntamiento, los 9 bomberos fallecidos figuran desaparecidos. Y es que les pilló de lleno la explosión.

Se me pasa por la cabeza el pensamiento del triste destino de tantos soldados que tras la alegría de sobrevivir a los campos de batalla de la guerra murieron pocos meses después en esta tragedia.

Javiloby

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Lápida que se puede leer en la parte trasera del monolito a los Caídos del Parque de Artilleria. Destaca el número de fallecidos el 21-9-1940


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