Sorpresa (grata) en Dueñas

20 Noviembre, 2009 por piscatorem

No una vez, ni dos, sino bastantes más, hemos ido en bici hasta Dueñas para volver en tren. Sobre todo cuando el viento sopla fuerte del Suroeste, como el pasado domingo. El tiempo.es amenazaba con 26 km/h, y seguramente hizo más, pues contra esa dirección las bicicletas tendían a quedarse paradas o… recular.

¿Qué mejor que ir a Dueñas con la tranquilidad de disponer de un tren que devuelva bicis y ciclistas? Son muchos los caminos que conducen de Valladolid a Dueñas: por el Canal de Castilla, por la orilla izquierda del Pisuerga entre cortados y cerros, por los páramos del Cerrato, por el de Torozos… Pero hay un lugar especial que conviene conocer, un lugar donde uno se pierde con facilidad que, a la vez, es ideal para perderse. El sitio a que nos referimos es el Monte de la Villa, buena extensión de encinas y robles en pleno páramo de Torozos. Los robles y encinas no son tan viejos y corpulentos como en el Monte el Viejo, pero el bosque es tupido e intrincado. Mas… no hay que asustarse, que también existen senderos bien señalizados.

Tiempo habrá para hablar de las muchas virtudes que esconde este monte: hoy sólo nos referiremos a sus corralizas y chozos de pastor, pues Dueñas conserva un buen número de ellos, algunos perfectamente remozados.Incluso en este término municipal los vemos en el valle del Pisuerga, en su orilla izquierda, cerca de la ermita de Onecha.

Aunque ya conocíamos muchos de sus chozos, el domingo descubrimos al menos uno más, que se encuentra en uno de sus vallejos, un tanto alejado del monte propiamente dicho. Está en Valdelgada, al Noreste de la torre del telégrafo y a los pies de Sobrepeña. Tiene un perfil simpático y peculiar que muestra dos cuerpos diferenciados: uno primero  que se levanta como un metro desde el suelo, más ancho y vertical, y el segundo, más fino, que empieza a cerrarse en cúpula. Se distinguen varios corrales, uno de ellos literalmente repleto -no se puede pasar- de escambrones, que ya de por sí son intrincados (¡y pinchan!).Junto a él surge un pequeño arroyo. Se ve que los escambrones aprovechan su frescor.

No lejos está el chozo de Rascaviejas,a un lado de la carretera o pista que va -y no llega- a Quintanilla de Trigueros. Justo al otro lado, un viejo pozo con sus abrevaderos.

Siguiendo hacia el monte por el camino ascendente de Matalobos nos plantamos en los corrales de Diez, con su chozo en estado ruinoso. ¡Qué lugar tan increíble!: por un momento estamos olvidados entre carrascas, suave hierba, el cielo y un amplio valle. Sólo se escucha roce del viento con las recias hojas de encina.

Alrededor de este ancho vallejo, con abundante tierra de labrantío, tenemos los corrales de la Cabañona con su majestuoso chozo perfectamente restaurado,y otros muchos corrales y chozos en diferente estado: de Ramos, Valdeazada,los de Cercadillo un poco más al Este. Por cierto, que si bien unos se encuentran perfectamente conservados, de otros, como es el chozo de Ramos, sólo vemos la primera hilera de piedra que lo sustentó, pues ha quedado perfectamente (!) desmochado.

Y entre otros que también han sido restaurados está el de Rojolanilla, junto a la fuente del Postigo. Pero de momento vale. En una próxima entrada prometemos hablar de los chozos de la zona Norte,tenadas, las Dos Hermanas, las caleras, y otros encantos escondidos en el Monte de la Villa. Con su correspondiente mapa.

¡Qué paisaje para perderse! ¡Qué laberinto de encinas!

Bosques, majuelos y riberas (seguimos en otoño)

14 Noviembre, 2009 por piscatorem

Y vamos con la segunda parte de la última excursión: ver el mapa en la entrada anterior.

En Quintanilla podríamos acercarnos a contemplar la ribera, que esconde un buen puente de piedra, una aceña convertida en hotel restaurante, y la toma de aguas del Canal, que aprovecha precisamente la presa de la vieja aceña. La ribera guarda también dos fuentes en esta orilla y otras dos en la de Olivares. Por lo demás, en el termino abundan viñas, majuelos y bodegas, pues no en vano estamos en territorio de la denominación de origen Ribera de Duero.En el páramo; detrás, el valle

Y ¡p’arriba! Desde el centro de Quintanilla hasta el borde del páramo son 3 km justos de subida. Primero agradable y luego -los últimos 400 mts- un tanto empinada. Pero el esfuerzo merece la pena. Además, tenemos un manantial con represa para refrescarnos y huertas con cerezos.

El páramo esconde un bosque mixto de pinos con encinas, robles y algún enebro. Avanzando, bordeamos la Planta y llegamos al Carrascal con sus viejas casas, hoy aprovechadas por la Junta  para dar servicio a un coto regional de caza. Nos da la impresión de estar en el confín del mundo, pues no hay demasiada gente por estos lares; de hecho no vemos a nadie…

Chozo de pastor

Seguimos una buena pista que serpea entre los pinos y vemos restos de corralizas de piedra. Al final, bordeamos un gran claro cultivado y por la carretera nos llegamos hasta el paraje de las canteras, donde se han llevado buena parte de la antigua superficie paramera. Pero no toda. Descubrimos con asombro y agrado un buen chozo de pastor (uno de los más altos, al menos por dentro, de los  que quedan en la provincia) que se mantiene en pie, respetado, sobre una lomilla con el suelo levantado por delante y por detrás. ¡Bien! Agradezcamos a la empresa explotadora de la cantera el detalle y  ojalá se conserve por muchísimo tiempo y, si es posible, bien cuidado y accesible.

Retuerta

Y ahora toca bajar hacia Quintanilla para tomar el camino que, entre las viñas y bodegas de la Abadía de Retuerta, nos deja en  Sardón de Duero, donde cruzamos el río para volver a Tudela por la orilla derecha.

Soto

¿Qué más vemos? Un bellísimo soto -ahora con esplendores otoñales- nada más pasar una centralita sobre el río, el viejo pueblo de Peñalba que felizmente no se despuebla -al menos sobrevive un pastor con su  rebaño-, los restos de un puente que unía ¡eran otros tiempos! las dos riberas, los cortados de Peñalba con sus halconeras, la centralita de Villabáñez, y el acueducto del Canal sobre el Duero.

Y desde aquí, contemplando las variadas tonalidades ocres en los chopos del Canal y en todo tipo de árboles de ribera en el Duero, las burras nos llevan por el camino de sirga que conduce a Tudela.

Chopos del Canal

El Canal del Duero, otoñal

8 Noviembre, 2009 por piscatorem

Quintanilla OnesimoEstos son días que llaman a pasear junto a ríos y canales, para contemplar el otoño en todo su dorado esplendor:  los árboles se desnudan, no sin antes haberlas trastocado de los vivos colores veraniegos en algún tono ocres. También veremos otras tonalidades otoñales: los frutos rojos de agavanzos y majuelos, los negros de algunas uvas de parra ¡y de perro!, y el color de la atmósfera, que ya no es es plano y cargado, propio del verano, sino profundo y claro, típico de un sol que va perdiendo fuerza lentamente…

El Duero al fondoLa primera parte, el paseo desde Tudela hasta el acueducto del Canal sobre el Duero no posee ningún encanto: salimos  por la vieja carretera de Barcelona, bordeamos la autovía junto al pinar y atravesamos por el polígono industrial Tuduero. Y, llegados al Duero comienza la excursión propiamente dicha. La orilla del río está bien protegida por la vegetación (sauces, álamos, tamarindos) y, escuchado el rumor de la corriente, nos acercamos hasta el Canal. ¡Grata sorpresa!: descubrimos un camino amplio y andadero -también para bicis- donde antes había sólo una estrecha senda poblada de maleza. Con algunos cortes donde aún pervive la antigua senda, el buen camino llega hasta el mismo nacimiento del Canal, en Quintanilla.

En el JardínLos árboles que adornan el cauce canal se encuentran vestidos de rojo y oro, y en la línea del horizonte Norte aparece la ribera del Duero, también señalada por una elegante línea de chopos. Detrás, en gris, una de las mamblas y la caída del páramo.
Conforme nos acercamos a Sardón,ya junto al Duero, el camino se vuelve más dorado aun, y terminamos por descansar un poco junto al puente del Duero, en el denominado Jardín del Carretero, que cuenta con secuoyas, pinsapos o tilos.
Entre el canal y el río ha quedado aisalado un viejo y humilde cementerio; está inconcluso el puente que se proyectó para unirlo con el pueblo, salvando el Canal.
Luego pasamos junto a secuoyas inclinadas, a punto de caer, y dejamos a la derecha la Abadía de Retuerta, felizmente convertida en bodega de estupendos caldos. Y enseguida nos llama el rumor de una pesquera, abajo, en el Duero.

Alfombra otoñalNuestro paseo continua por la ancha pista, señalada con postes kilométricos artesanales, cada uno junto a un arbolito más o menos peculiar. Un esbelto puente de tres ojos -muchos, para un humilde río artificial-  une las tierras de labor con una curva del río. Comprobamos que se ha eliminado el único paso peligroso del itinerario (un muro que separaba río y Canal, que había que pasarlo por su lomo) y cómodamente, sin apearnos de las burras, cruzamos junto al viejo muro, sin subirnos a él, y el río.
Sin darnos cuenta hemos llegado al fin de esta primera parte del trayecto: Quintanilla. El agua del Canal surge de un tunel que, atravesando el pueblo, viene de la toma de agua en la pesquera de la aceña. Una fuente señala también el nacimiento de nuestro Canal.

Duero y Canal

Frutos de otoño

1 Noviembre, 2009 por piscatorem

Endrinas

El otoño es un tiempo distinto y especial. Los colores poseen un brillo peculiar, pues el sol ya no tiene la fuerza deslumbrante del verano y pone cada color en su tono perfecto. Además, aparecen los amarillos, casi dorados, en los árboles, y esa tonalidad de rojo, o azulado, o verde en muchos frutos. Es una pena que este otoño -ya mediado- no nos haya traído la otoñada, con su hierba nueva y sus hongos…

Pero sigue siendo la estación por excelencia para recoger frutos. Lo vemos con claridad en las salidas en bici de estos días. Uno de los primeros frutos, riquísimos, son las zarzamoras, que encontramos en los zarzales de riberas y otros lugares húmedos. Pero hay que esperar a tomar las moras más negras, pues las rojas no están dulces todavía. No obstante, a estas alturas del otoño ya casi no quedan zarzamoras, pues se dan sobre todo a finales del verano y comienzos del otoño.

Las endrinas, de un azul casi negro, permanecerán en el arbusto hasta finales de la estación. Con ellas se elabora el pacharán o licor de endrinas. Las podemos coger en casi toda la provincia: Tierra de Campos, Torozos, Medina, pues se encuentran a modo de barreras en los límites de las tierras de labor con montes o caminos.

Majuelas

Dentro del género que llamábamos tapaculos de nuestra niñez, tenemos un montón de frutos globosos de color rojo. Uno de ellos es el del rosal silvestre. Otro, las majuelas del majuelo, comestibles si están muy maduras. Según los entendidos, poseen un altísimo contenido de vitamina C. Los dos adornan los caminos de otoño, especialmente cuando brillan al sol.

Almendrucos

Ahora hay que aprovechar también para comer almendrucos, pues los almendros son muy abundantes en nuestra provincia. Antaño, las viñas, huertas, josas y muchos caminos estaban adornados con estos árboles. Debido a su fortaleza -sólo necesitan un clima templado y terreno seco- hoy todavía adornan nuestro paisaje.Y nadie nos va a impedir darnos una buena merienda de almendrucos. Pero ¡cuidado! que también hay muchos amargos, que fueron utilizados para especialidades farmacéuticas.

Acerolas
Otros árboles frutales menos abundantes son los nogales, los membrillos, las higueras, o los acerolos, plantados desde hace años en nuestra provincia en muchas huertas y ciertos caminos. Y también podemos encontrar algunas parras asilvestradas -hemos visto más de un viejo majuelo en tierras hoy de pinar- que siguen dando uvas dulces a pesar de los pesares. O buscar -al modo de aquellas espigadoras- rampojos una vez finalizada la vendimia.

Ya maduras, empiezan a caerse de encinas y robles las bellotas, perfectamente comestibles a pesar de su fuerte sabor a madera. Aunque mejor las saborearemos bien asadas.

Bellotas de roble

Estos son algunos de los frutos sabrosos que nos encontramos en nuestros paseos otoñales. Los frutos de otros árboles o arbustos -cornejo, aligustre,torvisco, enebro…- estarán adornando campos y caminos e incluso algunos, como los de la escoba y la retama nos alegraran el oído con sus agradables sonajeros.

Últimas fuentes vallisoletanas

24 Octubre, 2009 por piscatorem

Sagrada Familia

Escondida tras la maleza y bajo los árboles, e inaccesible entre la acequia y el Colegio de la Sagrada Familia, vemos una fuente con su frontis, pilón y canalillo de desagüe a la acequia o canal que va de las Arcas Reales hacia Simancas. Aguas arriba, brota un manantial que ha aflorado con motivo de las obras de la ronda Sur. Tal vez se pudiera recuperar pero no parece que merezca la pena, pues la fuente se encuentra asfixiada y el que lograra acercarse ella, carecería de espacio para disfrutarla. Por la situación de la fuente, el acuífero del que mana podría ser el mismo que el de las Arcas Reales.

Sicar

En las inmediaciones de una finca que se llamó -por los carteles de la entrada- Sicar, Casa de oración, en el borde del paramillo, vemos un lugar con abundancia de árboles frutales, arbustos de jardinería ya asilvestrados y muchas zarzas en el que hubo una fuente y aún se distingue una arqueta, inaccesible a causa de la maleza. El lugar, cercano al Canal de Castilla y al a cuesta de la Maruquesa, ofrece unas bonitas y distintas vistas de Valladolid. Podría, si se quisiera, recuperarse esta fuente, pues el paraje invita a la contemplación y al paseo. Se accede bien por el camino que sale a la derecha de Lingotes Especiales (en la carretera Fuensaldaña) o bien por el camino Panera, desde la calle Parva de la Ría.

Pila y Duero

Ya más alejadas de la Ciudad pero en su término jurisdiccional tenemos junto a la misma orilla del río en Puente Duero dos fuentes -al parecer cada una proviene de su manantial- que sirven una buena pila de lavar. El lugar está sucio y descuidado, pero si se recuperara -a una de las fuentes no llega agua, que sale por otro conducto hacia el río- sería especialmente atractivo.

Finalmente, no lejos de Fuensaldaña, al Oeste de la finca Pedrosa vemos una alameda con pradería y zona pantanosa, en la que afloran dos manantiales que dan origen al arroyo Berrocal y son aprovechados también para los usos ganaderos de la citada finca.

Y si fuéramos desde Zaratán a Fuensaldaña, después de pasar junto a la fuente de la Bambilla y a menos de 1 km de ésta, veremos un manantial que da origen a una reguera o arroyo.

Pedrosa

Hasta aquí, definitivamente, las fuentes del término de Valladolid. Si hay más, que las habrá, las incluiremos en esta misma entrada mediante comentario.

Y una curiosidad. Había un manantial junto a la fachada de la Catedral, que desapareció al derrumbarse la torre izquierda en mayo de 1841. Nos lo recuerda  J. Martín de Uña.

Ver mapa de Fuentes

Estribaciones de Torozos entre Hornija y Bajoz

18 Octubre, 2009 por piscatorem
Arroyo Marrundiel; al fondo, perfil del cerro de las Canteras

Arroyo Marrundiel; al fondo, perfil del cerro de las Canteras

Además del cerro de las Canteras, al que dedicamos la entrada anterior (véase el mapa en esa entrada), en  la ruta desde Villalar de los Comuneros podemos señalar también otros puntos interesantes en esta excursión que discurre por lo que podríamos denominar estribaciones del páramo de los Torozos en los valles del Hornija y el Bajoz.

  • Molino Nuevo

Molino Nuevo
Poco después de salir de Villalar dejamos un parque con su fuente -lugar aradable en verano- y, cruzado el Hornija, tomamos una buena pista paralela al río. Al otro lado, tras una alameda, en la orilla izquierda,se divisan las ruinas del llamado Molino Nuevo, que posee tres impresionantes cárcavos.Desgraciadamente, tanto el entorno del molino como el mismo río, suelen estar secos. Y no se puede llegar a él, pues está cercado en razón a que suele haber ganado.

  • Las fuentes de Pedrosa

La Fuentica
En Pedrosa del Rey,después de contemplar la torre del cementerio, que perteneció a la iglesia de Santa Cruz,nos acercamos a la plaza mayor. Además de la esbelta iglesia, vemos a su lado -y bajo el Ayuntamiento- la vieja y hundida fuente del Caño que ha sido recientemente restaurada.
Antes de salir saludamos a la Virgen de Gracia en su ermita junto a la fuente construida por la Hermandad de Ganaderos en MCML, que posee al lado un larguísimo abrevadero.
Y por si fuera poco, ya en las estribaciones del cerro que nos separa de Casasola, nos refrescamos en la Fuentica, escoltada por dos olmos, que también ha sido restaurada con un moderno sotechado y algunas mesas de madera.

  • Más canteras y Casasola

Caseta, era de Casasola
La subida es fuerte, pero la recompensa merece la pena: el valle del Duero se nos ofrece, inmenso, a la vista. Cruzamos entre restos de lo que fueron canteras; los conejos han consquistado este territorio en el que no se cultiva y parece que viven tranquilos.Bajamos la cuesta Blanca entre almendros al mismo tiempo que contemplamos Casasola de Arión, abrazada por el Bajoz. Merece la pena dar una vuelta por las eras para ver interesantes construcciones tradicionales.
Ya enfilando el cerro de las Canteras nos acercamos a la ermita de la también Virgen de Gracia, todavía en construcción y totalmente moderna, pero equilibrada y agradable.

  • Villalbarba

Cuesta Redonda
Ya de vuelta pasamos por Villalbarba, localidad recostada junto al Bajoz y entre cerros redondos. Posee ese encanto propio de los lugares un tanto alejados de las vías ordinarias de comunicación. La fuente o pozo que tanto servicio diera en otros tiempos la vemos primorosamente restaurada. Abundan también las sencillas casas de barro y los palomares circulares.

Ya en Villalar descubrimos las ruinas de palomares de barro que todavía conservan un aire ciclópeo. ¡Debieron albergar millones de palomas y pichones! Esta tierra, en las estribaciones del páramo está también muy cerca del Duero y de Tierra de Campos, por lo que tanto el paisaje como la arquitectura popular posee distintas esencias.