Las Esguevas y el Esgueva

10 Julio, 2009 by piscatorem

Esgueva 026

El río Esgueva atraviesa parte de la provincia de Valladolid de este a oeste hasta morir en brazos del Pisuerga. Desde las citas más antiguas, se conoce a este río y su valle con ese nombre o con otros poco divergentes: Aguseba, Asegueva, Aseva, Eseva, Eseua, Esgueua o Valdesgueva.
Su nombre ha planteado problemas al indagar su procedencia: para unos podía estar compuesto de las raíces iberas Ago (boca), Us (bosque) y Ibai (río) cuyo significado sería río de bosque o río entre bosques, lo que podría hablarnos de la frondosidad de esta región en tiempos pasados. Para otros, este nombre de esgueva se viene usando en parte de la región castellana como sustantivo común, sinónimo de desagüe, y sobre todo de alcantarilla o cloaca (así define esgueva el Casares; en el DRAE no figura). Pero más que con esta denominación, tendría que ver con el saneamiento de terrenos y calles (del latín escavare con el significado de cavar o excavare, hacer zanjas). Así, la cadena etimológica podría ser cava – escava – esqueva – esgueva.
Tal vez aquí se encuentre el secreto de su femineidad y pluralidad, pues es uno de los pocos ríos españoles con este género y número. Si es una esgueva, es femenino. Y si por Valladolid cruzaban dos esguevas, es plural. De hecho, los mayores recordaban cuando los pescadores iban a pescar a las esguevas… (y también tenemos en plural las esguevillas que dieron nombre a Esguevillas de Esgueva; en Burgos, San Lesmes saneó las esguevas). Aunque fuera de la ciudad predomina el masculino.

Esgueva
Nace en las estribaciones de la Sierra de la Demanda, unos cuatro kilómetros al sur de Santo Domingo de Silos, dentro de ese mismo término municipal como claramente señala el mapa hidrológico de la CHD, aunque otros documentos lo representan en el término de Tejada (oeste de Silos) o en el de Ortezuelos (Peña Tejada o Peña Cervera). Recorre 61 kilómetros por la provincia de Burgos hasta penetrar desde Tórtoles de Esgueva 4 kilómetros en el término de Castrillo de Don Juan (Palencia) y pasar a Encinas de Esgueva, ya en la provincia de Valladolid, donde atraviesa 16 términos municipales para dejar sus aguas en el Pisuerga. El último término municipal que atraviesa es el de Valladolid, y poco después de penetrar en éste se dividía en dos ramales, el Norte y el Sur, que tantos servicios y tantos problemas dieron a la ciudad. Así, por el del Norte, también llamado interior o derecho, recorría el río 121,922 kilómetros, mientras que por el del Sur, exterior o izquierdo, lo hacía con 122,021 kilómetros.

El valle
El cauce actual del río ha sufrido modificaciones por parte del hombre para intentar dominarlo, pues las riadas de este pequeño río han sido proverbiales, sobre todo en la parte baja de su cauce. Ya en 1844 tuvo lugar una reunión de alcaldes y propietarios en Esguevillas de Esgueva para intentar domesticar al río pues eran grandes los perjuicios que ocasionaba cada vez que aumentaba un poco su caudal. Hubo de esperar a la segunda mitad del XIX cuando Miguel de las Moras accedió a la presidencia de la Diputación de Valladolid para acometer las obras de mejora del encauzamiento del río, así como construcción y mejora de puentes y caminos. En algunos puntos se modificó su recorrido, de lo que queda constancia en los planos como cauce viejo de la Esgueva. También se arregló la carretera que discurre por todo el valle y se dotó de personal para su mantenimiento, de ahí las Casas de Caminero que vemos en la actualidad junto a la carretera en un total estado de abandono.
esgueva

A su paso por la ciudad contaba con dos ramales y un cuérnago, utilizándose sobre todo como colector de aguas residuales, de ahí la mala fama con la que contó. Constancia de ello dejaron escrito tanto Quevedo como Góngora:

Al pie de un álamo negro
y más que negro bozal
pues ha tanto que no sabe
sino gemir o callar,
algo apartado de Esgueva,
porque el sucio Esgueva es tal
que ni aun los olmos quieren
darle sus pies a besar

Esguevas de Valladolid

Al llegar a la actual cruce con el Canal del Duero se separaba, como hemos dicho, en dos ramales: el llamado interior o derecho iba un poco más al norte del actual, por donde ahora discurre un pequeño arroyo salpicado con unos chopos, hasta adentrarse por el Prado de la Magdalena, calles Paraíso, Magaña hacia la plaza de Cantarranas para desembocar a la altura del puente del Poniente.
El ramal exterior o sur era el cauce actual hasta llegar al puente que atraviesa el ferrocarril, para ir por Vadillos hacia Nicolás Salmerón, Dos de Mayo, Miguel Íscar y desembocar a la altura del puente de Isabel la Católica. Con las obras de saneamiento acometidas en Valladolid a principios del siglo XX bajo la dirección del ingeniero Recaredo de Uhagón, se realizó un nuevo cauce por el que discurren las aguas, enterrando los dos ramales que atravesaban la ciudad. En 1912 ya estaban concluidas las obras de alcantarillado de la ciudad, así como ese cauce nuevo, desde el puente del ferrocarril hasta su desembocadura en el Pisuerga, que es el que podemos ver en la actualidad.

Esgueva 2
Pese a estas todas estas obras mejoraban sensiblemente el discurrir del río, no dejó de dar sustos a la ciudadanía. El caudal medio anual es de 1,7 m3/s, teniendo el caudal máximo histórico medido de 70 m3/s en 1948. Han quedado para la historia las grandes avenidas de agua de este río que tantos daños provocaron en el valle, pero sobre todo en la ciudad de Valladolid. Si coincidían en el tiempo con las del Pisuerga, se producía una auténtica catástrofe, como fueron las inundaciones de 1636, considerada la más grande y dañina que soportó la ciudad, 1739, 1788, 1855, 1860, 1924 o la reciente de 2001. Este último año el Pisuerga batió el record con un caudal máximo instantáneo de 2340 m3/s. Para hacernos una idea, el caudal medio de este río está en 64 m3/s o el del Duero en Herrera de Duero está en 28 m3/s.

De Valladolid a Valoria la Buena (para volver en tren)

6 Julio, 2009 by piscatorem

Villanueva Infantes58 km aproximadamente

El tren es un complemento estupendo para el ciclista cuando el viento es fuerte. El tren no lo nota en contra y nosotros, los ciclistas, lo notamos a favor hasta que tomamos el tren.
Llanura

El páramo del Esgueva
Nos referimos a la lengua de páramo que se levanta entre el Esgueva y el Jaramiel. Después de subir la cuesta desde Renedo, avanzamos por tierras ligeras en las que abunda las piedras calizas. Los sembrados son de cebada, un poco de trigo y algo de girasol. De vez en cuando adivinamos el valle del Esgueva a nuestra izquierda. Y, conforme pedaleamos,se incrementa el número de robles -hay también algunas encinas- que adornan el paisaje. En otro tiempo toda la superficie del páramo por la que ahora rodamos fue monte.
Los caminos son buenos aunque tienen demasiada hierba para incomodar -un poco- al ciclista.

Aunque el páramo es uno, tiene diversos nombres conforme lo cruzamos: Valdehierro, la Encomienda, Valdeandrinos, Rozuelas…Finalmente, giramos hacia el norte por el páramo de la Dehesa.

Cruzando el Esgueva por Villanueva de los Infantes

Y el valle Esgueva aparece, de nuevo, ante nuestros ojos. Abajo, Villanueva, uno de los pueblos más pequeños de la comarca, asentado al pie de una ladera blanquísima salpicada de matas de encina y roble. La bajada es muy fuerte por aquí y en un minuto estamos en el puente del Esgueva, después de superado el campo santo.
Villanueva
Podemos ver la iglesia de trazas románicas y góticas, reponer las reservas de agua junto al Ayuntamiento y visitar alguno de sus muchos palomares arruinados. Pero enseguida tomamos el camino de las Victorias que sube lentamente -sin excesiva pendiente- hasta el páramo, a tomar la cañada real burgalesa.Al final cruzamos un montecillo de robles y junto al camino llama la atención un manantial -ahora seco- bien protegido con piedras.

Manantial

De nuevo el páramo

Ya estamos arriba. De aquí al pozo de los Pedrazos, con restos de viejas corralizas, hay menos de un kilómetro. De nuevo el paisaje amplio del páramo interminable. Aunque hay algunos viejos robles aislados y monte en otros parajes.A la derecha dejamos un chozo semienterrado en el campo de labor.

Y… ¡Oh, qué bajada entre el monte y tierras de labor en dirección a la Granja San Andrés! Pero cuando divisamos los altos chopos de la Granja, nos metemos por el valle del Picón de San Pedro para de nuevo ascender. Es otro vallejo tendido por el que se sube bien a pesar de que ya es nuestra tercera subida al páramo.

Junto al barranco del Venado

Desde el Barco del Portero cruzamos el paramillo y ya vemos Cubillas de Cerrato.No hay más que dejarse caer.

En Valoria la Buena buscamos las bodegas, donde una pradera sombreada por chopos nos acoge antes de acometer el último trayecto de esta excursión. En la ribera del Pisuerga tenemos, junto a un gran nogal, una fuente; luego pasamo por el puente desde donde se contemplan las tablas del río y… ya estamos en el apeadero de Cubillas.

Entre el Jaramiel y el Esgueva (y3): Fuente el Olmo

1 Julio, 2009 by piscatorem

Camino de Villaco

¡Un poco largo nos ha salido este reportaje! Pero creemos que es interesante y con paisajes muy agradables para el viajero. Para tener a  mano el croquis, pincha aquí.

Entre el valle y el páramo

Salimos del barco de los Guardias y por los Lanchares, cruzado el prado pastoril, torcemos a la izquierda, hacia el Norte, para tomar el camino que acaba de nacer muy cerca de aquí, en los montes de Valdeherrera. Nos conducirá hasta Villaco.

Es otra ruta preciosa, llena de luz y de encanto. Son casi 6 km de navegación entre el valle y el páramo, pues aquí la falda de la paramera es suave, y forma como un segundo paramillo con valles tendidos y suaves ondulaciones en donde se puede cultivar la tierra. Hay que ir despacio para no perder detalle: a un lado el borde del páramo, con sus siluetas de árboles y las cañadas  que caen suavemente. Al otro, el valle del arroyo de San Juan y el pico de la Cuesta y, más de frente, se adivina el valle Esgueva. Y todo salpicado de zonas de pasto, y algunos pozos y fuentes más o menos próximas.

Pasamos por lugares como la Birlera, el arroyo del huerto Romero, bajo el barco de Valdeloberas que arriba tiene corrales y un chozo de pastor, las Peñuelas –donde mana una fuente entre peñas calizas-, el Hormigo –que también tuvo fuente, hoy cegada-, las Veguillas, hasta que después de ligereas subidas y bajadas…

Fuente el Olmo

¡Llegamos a otro sorprendente lugar: fuente el Olmo! (También conocido como la Fuentona)Ya desde el camino se deja ver abundante vegetación, propia de zonas húmedas, que delata la existencia de un hontanar. Nos desviamos por el camino que baja y vemos primero la fuente de los Baños, humilde pilón con un caño que gotea y a veces se seca.
Fuente el Olmo
Pero un poco más abajo se descubre un verdadero complejo de fuentes, arbolado, canalizaciones, estanques y abrevaderos. El agua sale abundante entre la piedra caliza, como en una cascada. Hay al menos tres caños y otras muchas  salidas de agua. No faltan mesas y sillas para sentarse y yantar mientras, bajo la sombra de los árboles, escuchamos el borbollar del agua. Curioso –y para nosotros- inesperado lugar. Si hubiera que hacer algún reparo se lo haríamos a las mesas: demasiado elegantes y complicadas para tan bucólico lugar. ¡Pero volveremos!

Reconfortados por tanta frescura seguimos camino hasta Villaco.  La bajada es fuerte y casi pasa desapercibido otro abrevadero. Podemos contemplar la mole de su iglesia encima de las casas y las simpáticas bodegas de la bajada. La vieja fuente del pueblo también tiene su encanto.

El valle Esgueva…

Volvemos a Piña vigilados por las estribaciones del páramo y el cauce del Esgueva, aquí todavía de aguas claras y frescas, pues hay pescadores de truchas. Los paisajes de este camino han pasado de la retina a la memoria y ahí seguirán por un tiempo, mientras nos movemos incluso por los altos e insulsos edificios de la ciudad.   ¡Y nosotros pensábamos que conocíamos toda la provincia…!
Valle Esgueva
Pero nos queda el epílogo, pues en Piña podríamos visitar las ruinas del molino que aún luchan contra el olvido, la maleza y los negrillos en el cauce viejo del Esgueva. Se levantan las paredes con las aberturas desnudas de ventanas y balcones, la balsa repleta de arbustos, y tres o cuatro piedras molineras tiradas entre los cascotes de lo que fue una potente fábrica que trasformaba el grano en harina.

…y cosas que ver en Villaco y en Piña de Esgueva

Villaco dependió hasta 1820 de Castroverde de Cerrato, siendo eximido en ese año el señorío del marqués de Aguilafuente, señor de la localidad. Destaca sobre el caserío la iglesia de San Sebastián, gótica del siglo XVI, de una sola nave dividida en cuatro tramos cubiertos cada uno de ellos con bóvedas de arista, mientras que la capilla mayor lo hace con bóveda de crucería con terceletes. A los pies se levanta una espadaña levantada en 1739.

Cerca se encuentra al ermita del Cristo del Humilladero, levantada en piedra con arco de medio punto de ingreso.

Dentro del núcleo urbano de Piña de Esgueva destacan en el caserío los edificios religiosos. La Iglesia de Nuestra Señora tiene dos naves, conservando el ábside semicircular de estilo románico del XIII apoyado en contrafuertes y ventanas decoradas con triple arquivolta. Vemos también los canecillos con decoración con cabezas de animales, piñas o liebres, así como los capiteles de la puerta de acceso al templo. En su interior contemplamos los retablos, uno de ellos del XVI con tallas de la Virgen, Cristo y San Juan de un imitador de Juan de Juni, mientras que el otro, también de finales del XVI, tiene pinturas San Juan Bautista, San Juan Evangelista, Santa Apolonia y Santa Lucía en el banco obra de Antonio Vázquez .

En la plaza, junto al Ayuntamiento de finales del siglo XIX se encuentra la Ermita de San Pedro, rescatada del olvido ahora utilizada como centro cultural, mientras que a las afueras está la Ermita del Cristo de la Buena Muerte.

El término municipal es pródigo en buenas excursiones y podríamos ver, entre otras muchas propuestas:

  • Los restos de una torre de la iglesia del despoblado de Mazariegos.
  • La casa del Monte, con magníficas vistas al valle Esgueva
  • Chozos de pastor en la ladera del páramo
  • El robledal de Valderrobledo
  • Los corrales del Raso y el comienzo del valle de San Pedro, junto a la cañada real burgalesa

Entre el Jaramiel y el Esgueva (2): Casas de los Guardias

27 Junio, 2009 by piscatorem

La casa de Quintanilla

Desde el pozo de Ávila, en las Dehesillas, ponemos rumbo al barco de los Guardias.

Nos encontramos en el raso y no spresentamos en la casa de Quintanilla.  Esta zona estuvo más poblada de lo que parece. Buena prueba es esta casa y las (muchas) de los Guardias, a las que enseguida llegaremos. Aquí, los viejos muros de piedra y barro parecen elevar, desolados por tanto abandono, sus brazos al cielo, en medio de la ancha paramera. La casa debió ser muy grande. ¡Demasiadas cosas que fueron grandes! ¡Qué cantidad de pasado! Pero también queda el presente: un paisaje natural y limpio por el que limpiamente rodamos.
Casa de Quintanilla
Junto a la casa un abrevadero con su pozo, y su bomba extractora que puede ser usada. ¡Qué agua tan fresca de las entrañas del páramo!

Seguimos rodando. Al fondo se divisa una gran mancha de robles. Al llegar cerca, hay también algunos piñoneros. Cambiamos de dirección y rodamos por un paisaje distinto, por el monte que también se encuentra salpicado de ruinas de viejas casas, de pastores seguramente.

(Para ver el croquis pínchame)

Casas de los Guardias

Y llegamos al Barco de los Guardias, densamente poblado de encinas, robles, escobas, endrinos y plantas aromáticas. Pero también de hierba y vegetación típica de zonas húmedas. Un pozo –esta vez candado- y su abrevadero aprovechan la humedad del vallejo. Y todo sembrado de ruinas. La casa principal parece que estuvo en el borde del páramo, pues sus muros son los más anchos y sus piedras, grandes y labradas. ¿Quién habitó este barco hoy hundido? ¿Guardias? ¿pastores? ¿monteros? Si alguien lo sabe, que por favor deje un comentario. Pertenece al término de Fombellida y linda con el de Valbuena de Duero.

Jaramiel desde las casas de los Guardias

Este paraje tiene un encanto especial, y no sabemos explicar exactamente el por qué. Cae de los rasos hacia el valle del Jaramiel.  Este monte no se une al de enfrente -Monte Alto- de Pesquera de Duero, sino sólo por algunos ejemplares de roble aislados o en hilera que quieren actuar de mediadores. Antaño fue todo un extenso robledal. Al menos hoy quedan unos cuantos kilómetros cuadrados por los que pasear.

Páramo

Nos vamos con pena. De nuevo en el páramo. Cruzamos los Lanchares donde vemos un amplio prado con abundantes restos de corralizas. Curiosamente un corral, con sus muretes en perfecto estado, parece resistir el paso del tiempo. El aroma de espliego llena los aires y nuestros pulmones.

Pozo y bomba

Entre el Jaramiel y el Esgueva (1): Alcubilla

23 Junio, 2009 by piscatorem

Esgueva y Jaramiel62 km aproximadamente

Alcubilla es una peña dominadora desde la que se divisa casi todo el valle Esgueva. Aunque hay 30 kms hasta Valladolid, se ve perfectamente -pequeño, eso sí- el cerro de San Torcaz (que está junto a Renedo) y detrás la ciudad. Eso hacia el Oeste. Hacia el Este no alcanza tanto, pues el valle presenta más curvas, pero también es profundo el panorama.

Alcubilla

Ya solo por esto merece la pena desviarse caminando hasta su punta. Pero es que esta lengua de páramo que se mete en el valle nos depara más sorpresas, pues debió ser un emplazamiento estratégico de un castro prerromano, aunque la leyenda que se oye en Esguevillas hace referencia a un castillo moro. En cualquier caso, podemos contemplar los restos de lo que fuera un muro o muralla y la boca de lo que pudo ser un pasadizo secreto. También en el valle, al pie de este cerro, puede distinguirse en algunos momentos del año lo que fue una villa romana. En fin, Alcubilla es uno de esos puntos de la provincia lleno de historia y leyenda. Sólo hay que acercarse a escuchar lo que allá arriba dice el viento, mejor si antes se ha escuchado a los viejos de Esguevillas o de Piña.

Jaramiel

De aquí nos vamos, atravesando una lengua de páramo, hasta Castrillo Tejeriego. No entramos en la localidad, pero sí nos acercamos a la ermita de la Virgen de Capilludos, también situada en un punto estratégico del valle del Jaramiel, que aquí todavía es ancho y aprovechado para labranza. Enfrente parece rebosar el monte de robles y encinas. También quieren sobresalir algunas corralizas y chozos de pastor. Pero hay que desplazarse hasta el robledal si queremos conocerlo bien.

Subida desde el Jaramiel

Pero nos vamos por la ladera contraria al monte y subimos por una terrible vereda. Empujando las bicis. Sudando la gota gorda. Un consejo: mirando hacia el suelo –en vez de al frente- se avanza más y más cómodo. O al menos lo parece. Menos mal que arriba –otra vez el páramo-  nos espera la sombra de un corpulento roble.

Hacia el Este empalmamos con una cañada o camino que nos lleva por un excelente firme ¡qué descanso! hasta Villafuerte de Esgueva. Sin embargo, hemos echado en falta los centenarios robles, salpicados por alguna sabina, que custodiaban la carretera de Villafuerte a Pesquera, que deberían verse en el horizonte. ¡Qué pena! ¡Si era la carretera más bonita de toda la provincia! ¿Era necesario en una carretera tan poco transitada?

En fin, en el bar que hay junto a la iglesia –trazas románicas- nos reponemos un poco de la terrible subida y del susto de la carretera.

Las Dehesillas

Poco paramos en el pueblo. Nos ha llamado la atención una ladera blanca y pendiente en la que crecen algunas encinas. Forma, junto con la otra ladera, suave y tendida, el valle de las Dehesillas. Hacia allá vamos, visitando el pozo de los corrales de la Muñeca primero y luego el pozo de Ávila. Debieron ser preciosos estos lugares. Quedan restos de ambos pozos, el de Ávila tapado con un bidón, y prados alrededor. Claramente eran lugares destinados al ganado, que hoy han quedado reducidos a casi nada por la mayor fuerza de la agricultura. Pero, en conjunto, el paisaje sigue siendo llamativo y agradable, con los bordes de los cerros orlados de encinas y matas de roble…

Las Dehesillas

Sobre Castrillo-Tejeriego y Villafuerte

Lame las casas de Castrillo-Tejeriego el lento discurrir del Jaramiel que hace acopio de agua gracias a las fuentes y arroyos que recoge: Valdelamana, Rozas o Carrapiña. Castrillo está enclavado en un teso elevado, lo que justificaría su nombre; los siglos han pasado desde el castro celtíbero hasta la torre medieval instalada en el lugar donde ahora lo ocupa la iglesia gótica de Santa María Magdalena del XVI, de tres espaciosas naves separadas por pilares que soportan el peso de las bóvedas de crucería, y hasta nuestros días.

Destaca el retablo mayor procedente de la iglesia de San Miguel de Reoyo de Peñafiel, que alberga la escultura de la titular de la parroquia, copia de la Magdalena de Pedro de Mena. A los pies está el coro con su artesonado con pinturas, así como la reja de madera del XVII y la pila bautismal gótica con gallones del siglo XIII.

A las afueras del pueblo, aguas arriba del Jaramiel, está instalada en un altozano la ermita de Nuestra Señora de Capilludos, de tres naves iluminadas por lámparas de cristal de La Granja. El retablo de la ermita contiene pinturas de Antonio Vázquez de finales del XVI donde se encuentra la imagen de Nuestra Señora de Capilludos, del siglo XII o comienzos del XIII. La tradición cuenta que la imagen la encontró un carretero soriano dentro de un hueco de un roble, tapada con un capillo, que era el gorro de malla con el que se cubrían los guerreros en la edad media, aunque para otros era el capillo del sayo o vestimenta. A los pies de la ermita está el coro decorado su artesonado con pinturas góticas.

Lo primero que llama la atención del visitante cuando se acerca a Villafuerte es el castillo mandado construir por Garci Franco de Toledo y María de Saravia en 1473, de planta rectangular con cubos semicirculares en sus tres esquinas, y su torre del homenaje de planta cuadrada en el cuarto ángulo, con cinco pisos accesibles mediante una escalera de caracol. Esta fortaleza hizo que se cambiara el nombre del pueblo de Bellosillo, situado más cerca del río Esgueva, a Villafuerte en su actual emplazamiento al abrigo y protección del castillo.

El otro edificio destacado de Villafuerte es la iglesia románica de la Santísima Trinidad del siglo XII, con bastantes reformas posteriores. El ábside de la cabecera es de planta semicircular, aunque al exterior apenas se aprecia ya que está enfoscado en cemento, ocultando la piedra a los ojos del visitante. Los canecillos tienen decoración de piñas y formas geométricas. La planta es de dos naves, destacando la cabecera de la principal donde se encuentra un magnífico arco toral con capiteles de bella labral. El techo se cubrió en el siglo XV con un artesonado de bella tracería que ahora se puede admirar en el Salón de Plenos de la Diputación de Valladolid, lugar donde se instaló en los años setenta del siglo pasado. Otro artesonado se sigue manteniendo en el coro, decorado con la heráldica de los señores de Villafuerte, además de escudos castillos y leones. En la nave lateral se encuentran retablos del antiguo convento de Mercedarios de Valladolid, así como el Cristo de Bellosillo del escultor Francisco Giralte.

A las afueras del núcleo se encuentra la ermita de Nuestra Señora de Medianedo, que nos habla del lugar donde se reunían los vecinos para dirimir los asuntos y conflictos de límites.

Mieses

El pino de Carranza

20 Junio, 2009 by piscatorem

De Aldeayor al pino Carranza

Nuestra provincia, de extensos pinares en la zona sur, cuenta con numerosos y grandes ejemplares de pino piñonero. Ahí están el pino de la Tableta en Aguasal, el de la Virgen en la ermita de Sacedón, muy cerca del anterior, el pino de los Llanillos en La Parrilla o el pino Macareno el Peñafiel.

Y el pino de Carranza o de la Tía Hilaria entre Portillo y Aldeamayor, del cual ya hemos hablado pero que no habíamos situado en el mapa.A él podemos llegar desde Aldeamayor por el camino del Manadero o por el de San Lorenzo, que nos introducen en el pinar donde se vive nuestro pino.

Pino de Carranza
No hay dos pinares iguales, y este también tiene sus peculiaridades. De entrada, aquí los pinos tienen asegurada agua y humedad en toda época del año, pues clavan sus raíces en el humedal de Aldeamayor, que forma parte del acuífero de los Arenales. Por eso, además de pinos, veremos algunos chopos y bastantes franjas de terreno de cultivo que se abastecen de pozos y otras perforaciones para regar. Antes incluso corrían arroyos por el pinar. Pero claro, de estos sólo quedan los nombres: de Bucianco, o del Pueblo con su soto de Villaverde, que antaño era una auténtica e inextricable selva.
Además, con perforaciones realizadas aquí se abastece de agua potable Aldeamayor. Vemos los depósitos de agua. A ellos nos lleva precisamente el camino del Manadero.

Corrales del Comeso

No lejos del pino, hacia el Sur, vemos los restos del corral Viejo, conocidos también como  corrales del Comeso, donde antiguamente se encerraban los toros para los festejos de Portillo. Desde aquí, a través del raso y guiados por jinetes con sus garrochas, eran conducidos a la fiesta en la localidad. Hoy no son más que ruinas de piedra y barro inundadas no por el agua sino por la maleza. Pero como todas las cosas, ellos también nos cuentan a su manera la historia de Aldeamayor y del raso de Portillo: toda esta zona fue ganadera y pastoril. No sólo en Boecillo, también en Aldeamayor, hubo antaño importantes ganaderías de reses bravas. Todavía está viva la leyenda de la Cruz del Toro, cruz que visitamos junto a la carretera de Segovia, luego destruida para construir (?) la autovía y hoy felizmente recuperada en la localidad; la Virgen de Compasco, que tenía su rebaño de ovejas. Incluso Aldeamayor, antes de poseer su propio ayuntamiento,  era una aldea donde vivían pastrores del término de Portillo. Por no hablar de las innumerables cañadas que cruzaban el término.

Negrales

Por lo demás, merece la pena dar un paseo por este inmenso pinar que se extiene hasta Portillo, Montemayor y La Parrilla. Abundan los piñoneros de buen porte, como este de la Tía Hilaria, los negrales con sus heridas realizas -y ya cicatrizadas- para extraerles la resina, algunos chopos, rosales silvestres, escobas y retamas, y abundantes plantas aromáticas como el tomillo o el cantueso. Incluso, por zonas, vemos también juncales y otras plantas propias de zonas húmedas. Señal inequívoca de la proximidad del agua .

Eso sí, ¡ojo con la arena! sobre todo en verano, yendo en bici, podemos dejar clavadas las ruedas en mitad del camino.