De Valdestillas a Puente Mediana (Adaja y Eresma)

6 Febrero, 2010 por piscatorem

Seguimos rodando por Tierra de Pinares. Es lógico: en época de lluvias es el terreno ideal, pues no hay barro, sólo arena.
Esta vez hemos ido desde Valdestillas -cruce de cañadas reales- hasta  Puente Mediana, entre Hornillos y Alcazarén, unos 44 km en total. En esta entrada describiremos brevemente el recorrido completo y en la segunda nos quedaremos en el horcajo de la confluencia Adaja-Eresma.

Pinares y cañadas

El primer tramo discurre por una buena pista que nos acerca atravesando campos cultivados hasta el puente de piedra sobre el Adaja, junto a Sieteiglesias. Al Oeste hemos ido dejando la mesetilla del Monte, plagada de majuelos, si bien sólo distinguimos la silueta de un solitario pino. Luego, ya en la orilla derecha,cruzamos la carretera y bordeamos el recinto de piedra que fuera un zoo.
Después, vemos no muy lejos Villalba y la amplitud de los cielos castellanos. Y volamos hasta llegar a la ribera del Eresma gracias a las pistas abiertas hace poco.
Entre campos y pinares, por la cañada real recién amojonada, nos presentamos en Hornillos,lugar de avituallamiento.

Puente Mediana

Dejada la carretera, nos deslizamos por una vieja calzada entre almendros y junto a un delicioso prado ribereño hasta la puente Mediana, contruida en el s. XVII por Francisco de Praves para dar servicio al camino real de Valladolid a Toledo. Pero hoy es un insólito lugar .


Insólito por muchos motivos. Es un precioso puente de dos ojos apuntados al que se le está merendando lentamente la maleza. Arbustos y negrillos crecen en su firme y en las barandas de piedra. La parte superior se encuentra llena de musgo y verdín. Bien es cierto que, por debajo, las bóvedas parecen decididas a resistir. Y el paso se hace  estrecho, recordando un viejo contadero de ganado.
Además ha conservado el femenino, gracias al mantenimiento de su inseparable adjetivo, mediana. Y, por último, en los alrededores de la puente se oye suspirar a Luis Candelas, ese romántico bandolero con leyenda de bueno y cultivado que respiró en esta puente sus últimos instantes de libertad en verano de 1837;luego, en la próxima Alcazarén, era apresado por la Guardia Nacional, y muerto a garrote vil en otoño de ese mismo año. ¿O es que tal vez la entonces coqueta puente se enamoró del Candelas y ha mantenido su femenino por él? Entre el murmullo del agua y de las hojas de negrillo se sigue oyendo la copla:

que estoy en vela
para ver si me roba,
¡ay!, Luis Candelas…

Paraísos escondidos

Pero dejémonos de historias y misterios, y pasemos a la otra orilla del Eresma. Ahora vamos a disfrutar de alamedas, cortados bajo el pinar, pequeñas playas escondidas, agua cristalina, prados frescos y, en fin, olvidados paraísos que se han acogido a la frescura protectora del río.


Aquí empieza también la parte del trayecto, sí, más hermosa, pero también más técnica y complicada para la bici. Vamos a tener que poner pie en tierra más de una vez por troncos de árboles que se atraviesan, o porque la rodera -¡sí de la moto!- se ha estrechado demasiado. De todas formas, a pesar de los moteros, está relativamente transitable. Conviene tomar alguna de las sendas o caminos que bajan hasta la orilla para contemplar de cerca la corriente. Especialmente podemos aprovechar los utilizados por los vehículos forestales.

Brazuelas y el camino de Santiago

Acabamos saliendo al pinar de Brazuelas y,por el camino de Santiago y cañada real, descansamos del sendero ribereño. Claro que al cruzar entre Brazuelas y el pinar nos podemos quedar clavados en el arenal. Para compensar, un Santiago peregrino, fuerte e impetuoso, nos anima desde el otro lado de la valla. Más lejos un crucero que casi no se distingue también nos recuerda el Camino. ¡Bien por la gente de Brazuelas!

Pero Brazuelas es también un lugar con mucha historia. En un viejo documento podemos leer:

Nuño Sarracino y su mujer D.ª Eulalia ofrecieron al monasterio de Silos la aldea de Brazuela, cercana á la villa de Olmedo, la qual avían recibido del rey Alfonso VI. La fecha es Domingo 13 de Diciembre del año 1125, y expresó el notario, que D.ª Urraca reinaba con su hijo D. Alfonso

Además, en la fortaleza de Brazuelas -de la que nada queda- estuvo preso, por orden de Juan II de Castilla , el célebre Fadrique de Aragón, Conde Luna, donde murió en el año de 1434.  Y, por si fuera poco, a principios del siglo XX se encontró dentro de un muro, escondida, una imagen de la Virgen de la O, que hoy vemos en la iglesia de Santa María Magdalena de Matapozuelos.

Y muy de prisa, entre pinares y cañadas con renovados mojones, llegamos a la confluencia para tomar un camino técnico -aunque no tanto como en el primer trayecto por la orilla del Eresma- que nos conducirá hasta el Tamarizo casi por las aguas del Adaja, entre cañizos y saúcos. ¡Precioso también! Luego, cruzado el Adaja, llegamos de nuevo en Valdestillas.

Pinar del Llano de San Marugán

1 Febrero, 2010 por piscatorem

El Pinar de San Marugán -o del Llano de San Marugán- se encuentra al sur del término municipal de Portillo, limitando con los términos de Aldea de San Miguel por el Oeste, Megeces y Cogeces de Íscar al Sur y San Miguel del Arroyo al Este.

Ocupa unos 7 km2 de páramo y linda con otros pinares de Portillo que caen por la ladera hacia el valle del arroyo Mesegar.


Lo primero que nos llama la atención es que se asienta sobre un páramo de piedra caliza que aflora en numerosos puntos del pinar, y especialmente en los cantos. Casi no encontraremos la típica arena que constituye el suelo de la mayoría de nuestros pinares. No obstante, el pinar del valle -aviso para rodadores- es muy arenoso. Lo segundo a resaltar es que abundan los pinos, sí, es un pinar. Pero también los robles, las encinas, las sabinas y los enebros, de modo que realmente es un monte mixto. Y ya está descrito en lo esencial. Además, se encuentra surcado por numerosos caminos y senderos que dan la sensación de llevarnos po un bosque de montaña, debido a la variedad de arbolado y matorral, y a la hojarasca de roble que vamos hollando.


Recomendamos tomar una camino que sale a la izquierda de la carretera que va de Arrabal de Portillo a Cogeces. Primero nos cruzaremos algunas tierras de labor, hileras de almendros, luego nos conducirá por una arenal, si bien a ratos el firme parece mejorar. Veremos los restos de unas viejas corralizas a la derecha, que nos indican el sendero a tomar, por Cuestalava, y en un santiamén nos sitúa arriba, ya en el Llano.
Nos vamos hacia la izquierda para contemplar el valle del arroyo Mesegar, con la silueta de Portillo al fondo. También distinguimos, a la izquierda y lejana, la torre de la iglesia de Aldeamayor. Y la plantación de chopos donde estuviera la laguna del Toro, desecada hace unos años.

Lo mejor es seguir un camino que no se aleja demasiado del cerral y que en ocasiones tiene hijuelas o senderillos que nos llevan a espectaculares miradores. Enseguida vemos el valle del arroyo del Henar, con las laderas que suben al Riscal, donde se asienta el único sabinar de la provincia. El canto del páramo se confunde con la cañada real Leonesa Oriental, que baja hacia el valle justo donde éste se ensancha.
Un poco más allá vemos la amplia vega del Cega, especialmente ensanchada por el recibimiento de los arroyos del Henar, Valseca y del Valle, con Cogeces al fondo y diferentes laderas donde distinguimos también una enorme cantera. Arenosas tierras de labor, caminos rectilíneos, grandes pinos y pinarillos…
Hasta que descubrimos un excelente lugar para estudiar un poco de historia natural: el canto muestra sus vetas y estratos en perfecta alternancia -caliza y tierra marrón- así como las mil formas escultóricas que el agua ha modelado sobre la caliza, despojándola de parte de sus entrañas. Se trata de fenómenos kársticos que producen lapiaces con pequeños canales, nidos de abeja, y otras esculturas. También han influído el viento y la arena.

Al fin llegamos al área recreativa de San Marugán, con balconadas al valle. Podemos seguir por el borde para descubrir, ya al otro lado de la carretera, los cortados y despeñaderos que se siguen formando, con grandes bloques  de caliza que se van desprendiendo y que a veces quedan como enganchados o colgados. Un peculiar cañón. Abajo, la línea de chopos que guarda al Cega, y las localidades de Cogeces de Íscar y Megeces. Al fondo, la sierra nevada. Y espacios profundos -arriba, abajo, de frente- y perfectos para contemplar la navegación de las aves.
La vuelta podemos hacerla por el límite del pinar con la tierra de labor que también posee este páramo. Distinguimos al Noroeste la ermita de San Cristóbal. Si tomamos un camino que sale a la izquierda bajaríamos por Aldea de San Miguel. En caso contrario, la senda que llevamos nos conduce a la carretera.

Y, ya cuesta abajo por la carretera, junto a un buen camino a la izquierda vemos los restos de la fuente Vallejo, con un banco que mira hacia Portillo en medio del terreno roturado.

Cortados del Cega

26 Enero, 2010 por piscatorem


¡Que agradable es pasear entre el pinar y la ribera del río! Es lo que intenté anteayer pero no fue tan agradable como lo que en un principio pensaba. Y no  por la lluvia (suave) ni por el frío, que se había retirado a pesar de estar en pleno mes de enero.
Resulta que también la ribera del Cega se encuentra tomada por los moteros, y donde hace poco había un sendero firme junto al cauce, ahora hay un verdadero arenal aun en épocas lluviosas como la presente. De manera que doy el aviso a navegantes en bici. Aunque sólo recorrí desde Mojados hasta el puente del Compasquillo por la orilla izquierda, me dio la impresión de que el resto -las dos riberas hasta Viana- estaba igual.


Pero con paciencia, plato pequeño y piñones grandes pude hacer el camino admirando las riberas y con el Cega caudaloso y fuerte como no suele. Sin prisa fuimos comtemplando esa mezcla de  sauces y chopos entre negrales y piñoneros, playas de arena fina o pinos a punto de tirarse al río. Aunque los cortados del Eresma por Hornillos y del Adaja entre Olmedo y Ataquines son  más espectaculares, los del Cega son ciertamente muy interesantes y, en todo caso, facilitan un amplio panorama sobre la corriente y sus orillas. De manera especial queda encajonado al llegar al Cardiel, situación aprovechada por un molino -ahora centralita- para el correspondiente salto.

Poderoso Duero

20 Enero, 2010 por piscatorem

El sábado pasado el Pisuerga traía el caudal más alto desde la gran crecida del año 2001. Enseguida comenzó a descender, y el domingo ya se había reducido a la mitad aproximadamente. Sin embargo, el Duero no había descendido demasiado, pues se veía compensado por el caudal propio y de otros afluentes anteriores al Pisuerga. Por eso, traemos a esta entrada algunas fotos del Duero del pasado fin de semana.

En primer lugar en Pesqueruela, un kilómetro antes de recibir al Pisuerga. Véase la comparanza entre el vídeo (del domingo pasado) y la foto sobre estas líneas.  ¡Qué fuerza la del agua, daba miedo estar allí!

Sí, habitualmente el Adaja ataja al Duero pero el domingo era ignorado por éste. Tan es así que las aguas del Duero elevaron el nivel de las adajianas aguas. El afluente se conocía por su color, que no por su animosos caudal, práctcamente estival.

Y en Villanueva desapareció el viejo dique de las aceñas que después lo fue de una centralita. Bien es cierto que es mucho más bajo que el de Pesqueruela.

Para terminar, en la última foto aparece la fuente de San Miguel del Pino, que unos días antes se las ufanaba de ver las aguas desde la barrera…

Majuelos de La Seca

17 Enero, 2010 por piscatorem

Para volver desde la Virgen de la Peña nos alejamos del Duero y subimos ligeremente la cuesta en dirección a la Seca, pero sin llegar a esta localidad. Dejada la carretera, atravesamos el Plantío, un pinar que tiene también prados en algunos claros del monte, que siguen antiguos cursos estacionales de agua como el barco del Corneta.  No hay peligro: el firme es muy bueno por mucha agua que haya caído.

Después, salimos a horizonte abierto, siempre con brisas agradables, salvo temporal. Y empiezan los majuelos, cuidados, perfectos, limpios, aclarados en esta época, normalmente con gente trabajando. Alguna encina solitaria se siente acompañada por las viñas. Pasamos junto al charco Vascarlón mientras subimos, poco a poco, en dirección a La Seca. Detrás se ve perfectamente el páramo de los Torozos con Villavieja del Cerro delante.

Torcemos al a izquierda, siempre acompañados de majuelos. Una cruz metálica junto a una encina recuerda la vida eterna y, por tanto, la muerte de alguien en ese lugar. El gran valle del Duero se vislumbra, inmenso y amplio, hacia el Norte. Al fondo sigue dibujándose el páramo; se distinguen bien Matilla de los Caños y Velliza.  Cruzamos una carretera y empezamos a bajar suavemente hacia Serrada. Majuelos, prados, encinas, pinares. De los prados se levanta un bando de cinco avutardas. Nunca antes las habíamos avistado por estos lugares. La luz se refleja en los cantos rodados que parecen brillar. Las ruedas hacen sonar la grava mientras bajamos por el barco del Lobo.

En algunas cepas han quedado abundantes rampojos. No hay uvas más dulces que éstas, aunque tengan mala pinta por su color y arrugas. Y están más dulces aún las de verdejo que las negras de tempranillo.

Cruzamos Serrada hacia el Este, hasta que bajamos a los pinares de Villanueva. Con el último sol de la tarde llegamos a esta localidad por la fuente Lavar.

Buena parte del camino lo hemos hecho sobre la plataforma detrítica que va, elevada entre el Duero y algunos arroyos, desde Herrera hasta cerca de Toro. Al parecer, primero la modelaron los ríos al actuar sobre las terrazas existentes y, más tarde, grandes avenidas de agua la recubrieron de grava.Se trata de una formación geológica peculiar, no muy común.


Villanueva de Duero, arena y gravas

13 Enero, 2010 por piscatorem

(36 km aprox.)

En estos días fríos y lluviosos hay que buscar sendas y caminos sin barro.  Sitios ideales los vamos a encontrar en tierras de pinares y de viñedos. Villanueva de Duero es un buen lugar.

El punto de salida será la torre de la iglesia, más exactamente su lado Oeste. Veremos enseguida cómo la torre, de por sí imponente, parece crecer crecer en cuanto nos alejamos un poco de su base. Y eseguida se inicia el camino. Dejamos el cementario, cruzamos un arroyo, a la izquierda una era con almendros y un palomar derruido, y ya nos vamos por el camino de la Cerviguera, entre ésta y la fértil tierra de labor de la vega del Duero.

La cerviguera es un topónimo corriente en las tierras de Medina y de Pinares, y viene a ser una zona de intrincados arbustos y alta hierba. Efectivamente, así lo confirmamos a nuestra izquierda. Y aquí precisamente empieza a perderse parte de la memoria y tradiciones del pueblo. La fuente del Piojo, de excelente agua, ha sido literalmente asfixiada por la maleza; una curiosa fila de pilones que se extienden a lo largo, en paralelo al camino y bajo la cerviguera: se utilizaban para recoger el agua de todo este remanadero para regar las tierras cercanas, pero ahora están inservibles, desechos, y llenos de todo tipo de porquería. Y el agua mana muy poco: las salidas están obstruidas o modificadas por la gravera que hay un poco más arriba…

Pero la vega del Duero, las hileras de almendros, los dos chopos erguidos, el horizonte del páramo, y el cielo, siguen ahí, componiendo el viejo y nuevo paisaje de las cercanías de la villa.

El camino acaba subiendo un poco y bordeando la gravera. En las lagunas que se han formado es fácil observar aves acuáticas, ranas y lagún tritón.

Seguimos adelante y al poco de entrar en el monte de pinos y matas de encina nos encontramos con una estupenda asomada al Duero, desde la que podemos contemplar el río tanto hacia el Este -aguas arriba- como hacia el Oeste. Y seguramente que levantaremos bandos de patos y algún solitario cormorán. Impresionante este Duero.

Un poco más adelante, como en un amplio claro del bosque, vemos una explotación agrícola. Puede haber zanahorias, fresas, ajos, u otros productos similares. El agua no falta y la tierra -más bien arena- acoje muy bien las raíces de este tipo de plantas. Al llegar de nuevo al monte podemos seguir por el sendero, perfectamente señalado, o tomar un camino a la derecha que nos lleva al Terradillo, centralita frente a San Miguel del Pino.

Volviendo al sendero atravesamos junto a la finca del Puerto, donde pastan unos inquietos y curiosos potrillos que no dejan de observarnos.

En linea recta llegamos a la ermita de la Virgen de la Peña, que suele estar siempre abierta. Construida en ladrillo, por dentro es amplia y limpia; está dedicada a la patrona de la Villa y Tierra de Tordesillas -la de la localidad es la Virgen de la Guía- y cuenta con una amplia y profunda devoción en la comarca. A su vez, la virgen de la Peña siempre ha ayudado a los que a ella se acojen. No hay más que leer en el libro de firmas expuesto.

Bajo la ermita, junto al Duero, están las ruinas de las aceñas de la Peña, otro lugar paradisiaco para descansar entre el murmullo del Duero y la protección de los álamos. Pero es más apropiado buscarlo en verano. En este tiempo lluvioso e invernizo, mejor pedalear por los caminos que se extienden al Sur de la carretera que va desde la ermita hacia Serrada. Aunque los majuelos estén inundados, los caminos -con charcos, sí- no tienen nada de barro y la grava está bien compactada. Por cualquiera de ellos, pasando o no por La Seca o Serrada, podemos volver a Villanueva. En la próxima entrada comentaremos el elegido.