La acequia de Simancas y el camino de las Berzosas

16 noviembre, 2014
Cauce amarillo

Cauce amarillo

Estos son días para disfrutar de los colores que nos ofrece la naturaleza: granates, rojos, ocres, amarillos… Parece como si del verde –lleno de vitalidad- se pasara a ese color de la madurez, de tonos pardo-rojizos que, a su vez, anuncia un gris mortecino y pálido que dominará durante casi todo el periodo invernal.

Acequia de Valladolid

Acequia de Valladolid

La acequia de Simancas lleva el agua del canal del Duero a través de la acequia de Valladolid hasta el Pisuerga en las proximidades de Entrepinos. Como se encuentra flanqueada de chopos, ahora podemos asistir a una verdadera sinfonía de color, siempre que la luz –si es de la tarde, mejor- le dé de una u otra forma. Ha dejado de llevar agua hace ya más de un mes, pues ahora no es necesario regar. De todas formas, en los sifones queda algo de líquido y los cangrejos se resisten a morir ¿o, tal vez, a dormir durante el largo invierno? El cauce se ha vuelto amarillo, con un tapiz vegetal, y el sendero de sirga lo vemos ahora vestido de verde. Abundan las setas de chopo.

Apuntando al cielo

Apuntando al cielo

Los álamos ya están deshojados. Otros árboles –sauces, nogales, guindos- todavía mantienen la hoja verde. A los pinos cercanos no les afecta el otoño, pero gracias a las lluvias caídas se encuentran más elegantes y lustrosos.

Pinos y chopos

Pinos y chopos

El camino de las Berzosas discurre entre el camino Viejo de Simancas y la acequia. Va –o iba- desde las proximidades de las Aceñas hasta la cañada de Puente Duero a la altura del Peral, pasando por la granja Mirapinos, la finca Morán, la ribera del Carmen, los Viveros, el Barrio. En alguno sitios ha sufrido buenos tajos y, en otros, se le ha respetado hasta el punto de construirle un puente sobre la ronda exterior sur.

Lugares agradables para pasear en otoño.

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Desde el pinar

 

 

Coprinus

9 noviembre, 2014
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Un buen grupo

El Coprinus comatus es una seta abundante en zonas bien abonadas, lo cual no quiere decir que no salga incluso en caminos y senderos debido a que puede crecer sobre un abono de un animal, como el que haya podido dejar un caballo. Es inconfundible por su forma de puro y su color blanco pálido, con escamas o barbas.

En Valladolid no es de las más recogidas y, desde luego, se consume muy poco, entre otras razones porque no se puede comercializar ya que es tan delicada que ha de consumirse el mismo día de su recolección.

Dos ejemplares

Dos ejemplares

Es, tal vez, la seta de carne más suave y delicada. Por eso es difícil hacerla a la plancha sin romperla. Incluso al limpiarla, el agua puede dañarla y recomiendan hacerlo con un pincel mojado. Hay que recogerla antes de que se empiece a trasformar en un líquido parecido, por su color, a la tinta negra. Se deben eliminar las escamas raspandola suavemente, o quitando con los dedos la cutícula que la recubre.

Ideal para consumirla en revueltos: si se rompe no lo notamos. Las que se ven en la primera foto estaban exquisitas de esa manera.

Otras setas en una pradera

Otras setas de este otoño en una pradera

También hemos comido este año los abundantes nícalos y muchas setas de cardo, sin olvidar las del chopo y algún boleto. Por supuesto, hemos visto setas de los más variados tipos, aspectos y tamaños. Y al paso que va esto (lluvia, buena temperatura, sol) seguiremos viendo y comiendo setas durante todo lo que queda de otoño.

Y otras copando un tocón de álamo

Y otras copando un tocón de álamo

Paz

2 noviembre, 2014
Antiguo camino de Cevico

Antiguo camino de Cevico

Está a punto de terminar este largo y plácido veranillo que venimos disfrutando desde que llegó el otoño. Este fin de semana parece que al fin cambiará el tiempo –lluvia, viento- y los termómetros bajarán de golpe 8 o 10 grados. De manera que el jueves, sabiendo que todavía quedaban tardes agradables y templadas, nos fuimos hasta Valoria la Buena para subir al páramo de los Infantes.

Efectivamente, la tarde estaba apacible, soleada y con el viento el calma. Poco más de una hora le quedaba al sol cuando empezamos a subir. Tan de espaldas daba que parece que nos empujaba por el camino de buen firme que tomamos al principio. Al Este, una mambla desgajada del páramo. Al fin, nos metimos entre el Condutero –que significa algo así como conductor antiguamente- y la ladera del páramo subiendo entre campos recién sembrados, pinarillos y monte bajo en el que se podían ver dos chozos de pastor relativamente bien conservados.

La mambla

La mambla

Arriba se veía mejor el cielo y de nuevo nos daba el sol. Se trata de un páramo –como casi todos- con abundantes piedras, y con la tierra de color más bien colorado; además, los últimos rayos del sol sacaban las tonalidades rojizas de los campos. Una de las laderas se llama, precisamente, de Carrabermeja.

Virgen de la Paz

Virgen de la Paz

Pasados los pinares de repoblación pusimos rumbo hacia Valoria. Y aquí vino la sorpresa –grata- del día. Hacia el Oeste, justo en el canto del páramo, descubrimos una reciente y original ermita de la Virgen. Y digo ermita por llamarle de alguna manera: la imagen sobre un estilizado pilar; un suelo embaldosado y ligeramente elevado sobre el natural; un primer fondo con una especie de decorado de estilo oriental y, de segundo fondo, el aquí inmenso valle. El efecto es deslumbrante por lo armonioso y sencillo. Po una vez, el arquitecto o diseñador moderno ha tenido buen gusto y el conjunto no desentona en absoluto, ni es una verruga para el paisaje.

 

Poniente

Poniente

La imagen es de Santa María, Virgen de la Paz y la leyenda sigue ruega por nosotros, 2014. Que buena  falta nos hace, añado yo. Resulta que esta iniciativa se debe a la familia de un misionero, hijo del pueblo, que está en un país del lejano oriente.

Durante la bajada, bien atentos al camino. Llegamos a Valoria cuando la nave y la torre de la iglesia, ya en sombras, se recortaban sobre el cielo claro donde el sol se ponía. Ya no le quedan días como éste al 2014.

Iglesia de San Pedro

Iglesia de San Pedro

El molino de Pereda

28 octubre, 2014

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Seguimos la ruta de la entrada anterior. Superado el puente de Valoria, tomamos el primer camino a la derecha y comenzamos la vuelta por la orilla izquierda del Pisuerga. En un majuelo vendimiado nos paramos a rebuscar: ¡qué dulces están las uvas!

Granja Quiñones

Cruzamos la granja Muedra porque nuestro objetivo es la granja Quiñones. La tercera en discordia sería la granja San Andrés, pero esa queda más lejos, valle arriba. Se trata de una de las antiguas localidades de Valvení, ya en la misma orilla del río Pisuerga. Antaño estuvo bien poblada, pues se han encontrado tumbas y restos de cerámica medieval. Poseía también aceñas harineras, el molino de Pereda: el edificio de molienda está destrozado por dentro, si bien por fuera mantiene la estructura tradicional de los molinos. La presa fue reventada por el río en el centro, donde más fuerte es la corriente. Por eso, la parte cercana a la orilla está bien conservada, lo que ahora nos sirve al menos para conocer la estructura de estas construcciones tradicionales. Aunque no por mucho tiemo, pues los árboles acaban destrozándola.

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Y por encima de la presa funcionaba una barca que daba servicio al camino de Corcos a San Martín, tal era el movimiento en este poblado. Ahora hay demasiada paz, sólo rota por los ladridos de dos perros que guardan los aperos de labranza de los agricultores que aun trabajan aquí.

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Lo mejor de todo son, sin duda, las proximidades del río, que aquí se ensancha por mor de la aceña, al querer dirigir la presa precisamente el agua a su molino: una pequeña laguna se forma aguas abajo, cerca de la aceña, rodeada de espadañas y, no muy lejos, el amplio río va recuperando la fuerza de su corriente después de la caída. Ideal para pescar, pegarse un baño o, simplemente, estar. No falta hierba ni árboles. Además, aquí viene a desembocar, entre rápidos y sauces, el arroyo de Valdencina. Madoz cita en este lugar barbos, truchas y anguilas; hoy sólo quedan los primeros.

Otra vez los cortados

Para terminar la excursión y ver el recorrido desde las nubes, ponemos rumbo a los cortados de Gozón, de sobra conocidos pero que no cansan ni defraudan. Como están a kilómetro y medio, llegamos enseguida y los encontramos como siempre: con gigantescas grietas que proclaman un inminente y terrible desplome. Pero no hay forma, no se caen. Bueno, algún día tendrán que derrumbarse, como ha venido ocurriendo a lo largo de los siglos. Lo que pasa es que los grandes derrumbes se producen muy de tarde en tarde. Lo mejor es el panorama que nos ofrecen en su cumbre: Palazuelos, Aguilarejo, el Soto, la vega de la Barca, la granja Quiñones, todo de un golpe de vista. Y Dueñas, y Cigales, y…

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Finalmente, nos acercamos por la ribera hasta la presa de Aguilarejo, que por este lado conserva mucho de su antiguo encanto y, después de hacer algún que otro equilibrio por el sendero de los últimos cortados, llegamos a Cabezón. Nos recibe -tan luminoso que parece levantado ayer- el viejo puente.

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De puente a puente: vegas y sotos

25 octubre, 2014

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De puente a puente, o del soto a los cortados, o del monasterio de Palazuelos a la granja Quiñones, o… Y es que la vega del Pisuerga está llena de atractivos para el paseante de a pie o de a rueda. Además, ahora que estamos en otoño, las riberas ofrecen ese matiz ocre propio de la estación y que adorna los paisajes. Salimos de Cabezón por la orilla derecha del Pisuerga para volver, cruzando por el puente de Valoria, por la izquierda. Un paseo de 25 km.

Palazuelos

Santa María de Palazuelos fue la iglesia de un monasterio que ahora está en franca recuperación, al menos para usos civiles. De hecho cuando pasamos el domingo había una exposición denominada Grecos. Al lado, un pequeño y apacible cementerio; más allá, la pradera ¡qué verde ahora! de la granja Palazuelos y, un poco más adelante, una pequeña alameda que delata una laguna. Seca por el momento.

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Aguilarejo

Este lugar tiene un castillo moderno, pero todo aquí es historia, salvo el rebaño de ovejas. ¡Qué patio tan amplio y delicado, con una escultura de Virgen en medio y casas sencillas alrededor! Hoy está cerrado, pero antaño pasábamos por aquí para merendar o pescar en la ribera: había playas, lugares de pesca y una fuente. Pero eso es historia: las riberas ha sido en buena parte levantadas para colocar una pequeña centralita eléctrica.

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Pero Aguilarejo –o Palazuelos El Viejo, según reza la leyenda del otro edificio- es más que eso y aguas arriba de la presa cuenta con deliciosas riberas en las que casi se hace de noche en verano por lo tupido del arbolado. Ahora, la hierba estaba de un intenso verde brillante, como recién estrenada, los árboles comenzaban a amarillear y algunas plantas parecían revivir después de un sofocante verano. El lugar, digno del paraíso: descubrimos una lápida rota y sucia por el paso del tiempo, en la que uno de los antiguos dueños había labrado aquella estrofa del Poeta que dice

 Mil gracias derramando,
pasó por estos sotos con presura
y yéndolos mirando
con sola su figura,
vestidos los dejó de su hermosura

 Pues sí, el lugar es digno de tales versos. Un poco más abajo, desde otro prado salpicado de álamos y fresnos, disfrutamos del paisaje de los terrosos Cortados, vistos desde abajo y con el Pisuerga por medio.

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Vega de la Barca

La vega de la Barca (de la barca de Pereda), ahora plantada de maíz, es abrazada por el siguiente meandro. Suponemos que dentro se esconden numerosos jabalíes. Los terrenos cercanos al camino tenían las señales de abundantes hozadas. En la bifurcación, la fuente de Villavelasco con varios caños y exuberante vegetación. Cerca, más chopos amarillos.

Otro meandro, en el que bordeamos la Dehesa de los Santos que se encuentra cercada, para llegar al puente de Valoria, donde nos quedamos por el momento superada la primera mitad de la excursión. Dejamos la otra mitad para la entrada siguiente

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La Isla del Charcón

18 octubre, 2014

Tordesillas El Charcon

Día de lluvias, ¿día para quedarse en casa? Alguno lo tenemos claro: aunque anuncien lluvias los sabios meteorólogos, hay que salir a airearse después de haber pasado la semana trabajando entre papeles. Además, con frecuencia se equivocan. Por ejemplo, la mañana del domingo pasado: cayeron dos chaparrones mientras a ratos lucía el sol .

Bien es cierto que estos días de lluvia hay que buscar lugares donde no se forme barro, o sea, donde predomine el suelo de arena o grava. Por eso nos fuimos, río abajo, de Tordesillas a Pollos.

Así se presentaba la jornada

Así se presentaba el día…

La vega

Esta ruta nos condujo hasta la Vega –o Isla- del Charcón. Es un terreno protegido por un recodo del Duero, al norte de Pollos. No se eleva casi sobre el nivel habitual del Duero, por lo que con frecuencia resulta inundado en la crecidas. El suelo es duro y no hay casi maleza: una hierba rala lo cubre. Por eso, aunque tampoco hay caminos, se puede pasear en bici. Hay zonas más bien llanas y otras con pequeños montículos o, para la bici, toboganes. Abundan los fresnos, chopos y sauces, así como majuelos, escaramujos y tamarizos arbustivos.

El otoño avanza con sus occres ya marillos...

El otoño avanza con sus ocres y amarillos…

En el río vimos abundantes bandos de patos y cormoranes, alguna pareja de garcetas blancas y garzas aisladas. Los árboles ya empiezan a tomar ese color amarillo típico de la estación. No hay que olvidar que estamos en la zona denominada Riberas de Castronuño, que va desde ese pueblo hasta Tordesillas, y que incluye toda la ribera del Duero en Pollos. En definitiva, se trata de un lugar privilegiado para observar los más variados tipos de aves.

Frutos en sazón

Nogales

Nogales

Entre la vega y el pueblo, y en otros muchos lugares del término, los nogales se muestran cargados de nueces. Aquí son más frecuentes que los almendros y se utilizan para delimitar propiedades y acompañar norias. Pero también probamos higos y manzanas. En esta época, todo está en sazón. Y es que, además, el 2014 está siendo pródigo en frutos.

En la ribera y en los pinarillos próximos nacen abundantes setas -¡y de qué tamaño!- pero no son comestibles; para que éstas lleguen habrá que esperar un poco, pero las lluvias que están cayendo anuncian que este otoño las habrá para todos.

Olvidado girasol en el arenal

Olvidado girasol en el arenal

Arenales

 Los arenales son algo corriente en la orilla izquierda del Duero entre Tordesillas y Pollos. Así, los mapas nombran el del Villar –entre Pollos y Herreros-, los arenales de Herreros, o el arenal de la Marota, entre el puente de Tordesillas y los de la autovía de Salamanca. Cruzamos los tres. Antaño, hubo una ermita con la advocación de la Virgen de los Arenales cerca de las aceñas de Zofraguilla. Todavía hoy lo podemos comprobar. Y sufrir, porque las piernas se resienten cuando las ruedas de las bicis detectan arena.

Por cierto, que las aceñas de Zofraguilla han sido clausuradas para el visitante: un candado cierra la férrea puerta de acceso. ¡Qué pena! A esperar tiempos mejores.

Desde la "Isla"

Desde la “Isla”

Pinar de la Nava

A la vuelta, y después de hacer equilibrios en las laderas de Pollos, atravesamos este pinar. Todavía el suelo tiene el color amarillo del verano, todo parece reseco, no hay setas y tardará un poco en tomar ese color verde provocado por la abundancia de musgo. Sin embargo, los pinos estaban relucientes y limpios debido a las últimas lluvias. Olía a tamuja mojada.

En el pinar de la Nava

En el pinar de la Nava o llueve sobre Tordesillas


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