El molino de Pereda

28 octubre, 2014

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Seguimos la ruta de la entrada anterior. Superado el puente de Valoria, tomamos el primer camino a la derecha y comenzamos la vuelta por la orilla izquierda del Pisuerga. En un majuelo vendimiado nos paramos a rebuscar: ¡qué dulces están las uvas!

Granja Quiñones

Cruzamos la granja Muedra porque nuestro objetivo es la granja Quiñones. La tercera en discordia sería la granja San Andrés, pero esa queda más lejos, valle arriba. Se trata de una de las antiguas localidades de Valvení, ya en la misma orilla del río Pisuerga. Antaño estuvo bien poblada, pues se han encontrado tumbas y restos de cerámica medieval. Poseía también aceñas harineras, el molino de Pereda: el edificio de molienda está destrozado por dentro, si bien por fuera mantiene la estructura tradicional de los molinos. La presa fue reventada por el río en el centro, donde más fuerte es la corriente. Por eso, la parte cercana a la orilla está bien conservada, lo que ahora nos sirve al menos para conocer la estructura de estas construcciones tradicionales. Aunque no por mucho tiemo, pues los árboles acaban destrozándola.

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Y por encima de la presa funcionaba una barca que daba servicio al camino de Corcos a San Martín, tal era el movimiento en este poblado. Ahora hay demasiada paz, sólo rota por los ladridos de dos perros que guardan los aperos de labranza de los agricultores que aun trabajan aquí.

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Lo mejor de todo son, sin duda, las proximidades del río, que aquí se ensancha por mor de la aceña, al querer dirigir la presa precisamente el agua a su molino: una pequeña laguna se forma aguas abajo, cerca de la aceña, rodeada de espadañas y, no muy lejos, el amplio río va recuperando la fuerza de su corriente después de la caída. Ideal para pescar, pegarse un baño o, simplemente, estar. No falta hierba ni árboles. Además, aquí viene a desembocar, entre rápidos y sauces, el arroyo de Valdencina. Madoz cita en este lugar barbos, truchas y anguilas; hoy sólo quedan los primeros.

Otra vez los cortados

Para terminar la excursión y ver el recorrido desde las nubes, ponemos rumbo a los cortados de Gozón, de sobra conocidos pero que no cansan ni defraudan. Como están a kilómetro y medio, llegamos enseguida y los encontramos como siempre: con gigantescas grietas que proclaman un inminente y terrible desplome. Pero no hay forma, no se caen. Bueno, algún día tendrán que derrumbarse, como ha venido ocurriendo a lo largo de los siglos. Lo que pasa es que los grandes derrumbes se producen muy de tarde en tarde. Lo mejor es el panorama que nos ofrecen en su cumbre: Palazuelos, Aguilarejo, el Soto, la vega de la Barca, la granja Quiñones, todo de un golpe de vista. Y Dueñas, y Cigales, y…

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Finalmente, nos acercamos por la ribera hasta la presa de Aguilarejo, que por este lado conserva mucho de su antiguo encanto y, después de hacer algún que otro equilibrio por el sendero de los últimos cortados, llegamos a Cabezón. Nos recibe -tan luminoso que parece levantado ayer- el viejo puente.

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De puente a puente: vegas y sotos

25 octubre, 2014

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De puente a puente, o del soto a los cortados, o del monasterio de Palazuelos a la granja Quiñones, o… Y es que la vega del Pisuerga está llena de atractivos para el paseante de a pie o de a rueda. Además, ahora que estamos en otoño, las riberas ofrecen ese matiz ocre propio de la estación y que adorna los paisajes. Salimos de Cabezón por la orilla derecha del Pisuerga para volver, cruzando por el puente de Valoria, por la izquierda. Un paseo de 25 km.

Palazuelos

Santa María de Palazuelos fue la iglesia de un monasterio que ahora está en franca recuperación, al menos para usos civiles. De hecho cuando pasamos el domingo había una exposición denominada Grecos. Al lado, un pequeño y apacible cementerio; más allá, la pradera ¡qué verde ahora! de la granja Palazuelos y, un poco más adelante, una pequeña alameda que delata una laguna. Seca por el momento.

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Aguilarejo

Este lugar tiene un castillo moderno, pero todo aquí es historia, salvo el rebaño de ovejas. ¡Qué patio tan amplio y delicado, con una escultura de Virgen en medio y casas sencillas alrededor! Hoy está cerrado, pero antaño pasábamos por aquí para merendar o pescar en la ribera: había playas, lugares de pesca y una fuente. Pero eso es historia: las riberas ha sido en buena parte levantadas para colocar una pequeña centralita eléctrica.

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Pero Aguilarejo –o Palazuelos El Viejo, según reza la leyenda del otro edificio- es más que eso y aguas arriba de la presa cuenta con deliciosas riberas en las que casi se hace de noche en verano por lo tupido del arbolado. Ahora, la hierba estaba de un intenso verde brillante, como recién estrenada, los árboles comenzaban a amarillear y algunas plantas parecían revivir después de un sofocante verano. El lugar, digno del paraíso: descubrimos una lápida rota y sucia por el paso del tiempo, en la que uno de los antiguos dueños había labrado aquella estrofa del Poeta que dice

 Mil gracias derramando,
pasó por estos sotos con presura
y yéndolos mirando
con sola su figura,
vestidos los dejó de su hermosura

 Pues sí, el lugar es digno de tales versos. Un poco más abajo, desde otro prado salpicado de álamos y fresnos, disfrutamos del paisaje de los terrosos Cortados, vistos desde abajo y con el Pisuerga por medio.

Oc

Vega de la Barca

La vega de la Barca (de la barca de Pereda), ahora plantada de maíz, es abrazada por el siguiente meandro. Suponemos que dentro se esconden numerosos jabalíes. Los terrenos cercanos al camino tenían las señales de abundantes hozadas. En la bifurcación, la fuente de Villavelasco con varios caños y exuberante vegetación. Cerca, más chopos amarillos.

Otro meandro, en el que bordeamos la Dehesa de los Santos que se encuentra cercada, para llegar al puente de Valoria, donde nos quedamos por el momento superada la primera mitad de la excursión. Dejamos la otra mitad para la entrada siguiente

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La Isla del Charcón

18 octubre, 2014

Tordesillas El Charcon

Día de lluvias, ¿día para quedarse en casa? Alguno lo tenemos claro: aunque anuncien lluvias los sabios meteorólogos, hay que salir a airearse después de haber pasado la semana trabajando entre papeles. Además, con frecuencia se equivocan. Por ejemplo, la mañana del domingo pasado: cayeron dos chaparrones mientras a ratos lucía el sol .

Bien es cierto que estos días de lluvia hay que buscar lugares donde no se forme barro, o sea, donde predomine el suelo de arena o grava. Por eso nos fuimos, río abajo, de Tordesillas a Pollos.

Así se presentaba la jornada

Así se presentaba el día…

La vega

Esta ruta nos condujo hasta la Vega –o Isla- del Charcón. Es un terreno protegido por un recodo del Duero, al norte de Pollos. No se eleva casi sobre el nivel habitual del Duero, por lo que con frecuencia resulta inundado en la crecidas. El suelo es duro y no hay casi maleza: una hierba rala lo cubre. Por eso, aunque tampoco hay caminos, se puede pasear en bici. Hay zonas más bien llanas y otras con pequeños montículos o, para la bici, toboganes. Abundan los fresnos, chopos y sauces, así como majuelos, escaramujos y tamarizos arbustivos.

El otoño avanza con sus occres ya marillos...

El otoño avanza con sus ocres y amarillos…

En el río vimos abundantes bandos de patos y cormoranes, alguna pareja de garcetas blancas y garzas aisladas. Los árboles ya empiezan a tomar ese color amarillo típico de la estación. No hay que olvidar que estamos en la zona denominada Riberas de Castronuño, que va desde ese pueblo hasta Tordesillas, y que incluye toda la ribera del Duero en Pollos. En definitiva, se trata de un lugar privilegiado para observar los más variados tipos de aves.

Frutos en sazón

Nogales

Nogales

Entre la vega y el pueblo, y en otros muchos lugares del término, los nogales se muestran cargados de nueces. Aquí son más frecuentes que los almendros y se utilizan para delimitar propiedades y acompañar norias. Pero también probamos higos y manzanas. En esta época, todo está en sazón. Y es que, además, el 2014 está siendo pródigo en frutos.

En la ribera y en los pinarillos próximos nacen abundantes setas -¡y de qué tamaño!- pero no son comestibles; para que éstas lleguen habrá que esperar un poco, pero las lluvias que están cayendo anuncian que este otoño las habrá para todos.

Olvidado girasol en el arenal

Olvidado girasol en el arenal

Arenales

 Los arenales son algo corriente en la orilla izquierda del Duero entre Tordesillas y Pollos. Así, los mapas nombran el del Villar –entre Pollos y Herreros-, los arenales de Herreros, o el arenal de la Marota, entre el puente de Tordesillas y los de la autovía de Salamanca. Cruzamos los tres. Antaño, hubo una ermita con la advocación de la Virgen de los Arenales cerca de las aceñas de Zofraguilla. Todavía hoy lo podemos comprobar. Y sufrir, porque las piernas se resienten cuando las ruedas de las bicis detectan arena.

Por cierto, que las aceñas de Zofraguilla han sido clausuradas para el visitante: un candado cierra la férrea puerta de acceso. ¡Qué pena! A esperar tiempos mejores.

Desde la "Isla"

Desde la “Isla”

Pinar de la Nava

A la vuelta, y después de hacer equilibrios en las laderas de Pollos, atravesamos este pinar. Todavía el suelo tiene el color amarillo del verano, todo parece reseco, no hay setas y tardará un poco en tomar ese color verde provocado por la abundancia de musgo. Sin embargo, los pinos estaban relucientes y limpios debido a las últimas lluvias. Olía a tamuja mojada.

En el pinar de la Nava

En el pinar de la Nava o llueve sobre Tordesillas

De Peñalba de Duero a La Quemada

12 octubre, 2014

Peñalba de Duero

En esta excursión, partiendo de Villabáñez en el cauce del Jaramiel, nos acercamos al valle del Duero cruzando el collado de Peñalba, en la línea entre las Mamblas y el páramo, que marca el paso de un ambiente a otro.

Peñalba

Es un paisaje singular dentro de nuestra provincia. El elemento principal son sus cortados, menos espectaculares que los del Pisuerga en cabezón y San Martín de Valvení, pero igualmente llamativos y agradables para ser vistos y paseados.

Atravesando los cortados

Atravesando los cortados

El Duero embiste contra el páramo, que se derrama hacia el propio río, a la vez que forma una pared arriba de caliza y abajo de margas y arcillas. Al dejar a la vista, sin recubrir, estas últimas, da la sensación de un corte a una gigantesca tarta; de hecho los colores son de tipo pastel. Pasamos por un estrecho sendero –antiguamente hubo camino carretero, la Senda de los Aragoneses- que queda inundado en cuanto el río sube de nivel.

Es un paisaje que gana con sol y más todavía si el sol es el del orto o del poniente, pues saca todos los colores y matices a las paredes y derrumbaderos.

Equilibrios en el cortado

Equilibrios en el cortado

Completan el paisaje los árboles de la ribera y una pradera donde hubo un puente, pues la otra orilla de Peñalba pertenece también a Villabáñez. Aun podemos ver dos pilares y restos de un arco. Fue destruido durante la guerra de la Independencia y ya no se reparó.

Cerca del Cortado tenemos lo que queda del pueblo, donde hoy un vive un pastor con su rebaño de ovejas. La iglesia, hasta hace poco pajar, ha sido restaurada, al menos su parte exterior. Un águila de piedra corona la torre.

La Granja

Camposanto

Camposanto

De Peñalba seguimos río arriba y nos asomamos a un delicioso soto donde ya amarillean chopos, sauces y fresnos. También por aquí el río ha puesto al descubierto las entrañas de la tierra, si bien los cortados son más reducidos.

La Granja Sardón está poblada y cuenta con explotaciones agrícolas y ganaderas. También vemos una bodega y una moderna quesería, Pico Melero. Por un momento pensamos que el Pico era un depósito de agua que acaba en eso, en un peculiar pico. A él nos encaramamos, pero realmente el pico es un saliente del cercano páramo.

Pero lo mejor de la Granja es su abierta plaza, presidida por una rústica iglesita. Maravilloso lugar. Y el ingenuo y mínimo camposanto: descansado y romántico lugar.

Encinas de La Quemada

Encinas de La Quemada

Y una pena: la antigua pesquera de la Granja, ha sido convertida en una moderna centralita eléctrica de diseño. ¿Dónde está la antigua fuente? ¿Dónde el viejo molino? ¿Dónde la bóveda que formaban los álamos y que hasta en plena canícula era un lugar fresco y umbrío? ¿Dónde la recogida playita…? ¡Qué pena, tener que hacernos estas preguntas! No sé para qué tenemos Consejerías de Medio Ambiente.

La Quemada

5 octubre 160

La Quemada, cuando subíamos

Seguimos por la carretera para cruzar Olivares y nos acercamos a La Quemada. Una hilera de enormes y singulares encinas no recibe a modo de antesala. Posee también un buen bosque mixto de roble y matas de encina en todas las laderas. Subimos por una empinada cuesta hasta el páramo que la protege por el Este y aquí cambia radicalmente el paisaje. Del húmedo arbolado y de los majuelos pasamos de repente a un agreste suelo salpicado de piedras calizas. Hasta el cielo parecía de un azul más recio.

Por el páramo

Rodeamos La Quemada, o sea, el valle de Valdefuentes y pusimos rumbo hacia el Oeste, ya pensando en la vuelta. Aquí los campos están adornados por enormes robles aislados. Es como otro ambiente de un mismo páramo.

Pedregal

Pedregal

A lo lejos, en medio del camino, se veía un burro pastando. A más de cien metros, un rebaño de ovejas sesteaba, bien apretado, en torno a un roble. Justo al pasar junto al burro vemos, dormido, al pastor y le damos las buenas tardes. En ese momento un mastín leones, un pastor alemán y otro perro pastor se lanzan sobre el primer ciclista que tiene que utilizar la bici como arma ofensiva y defensiva. Los demás ciclistas no ofrecen una peseta por su integridad física. El pastor se despierta y, a duras penas, les contiene. Una vez más, el ser superior ha vencido al inferior, a pesar de que eran tres. Cambiamos impresiones sobre lobos y ganados con el pastor, como si nada hubiera pasado, y nada ha pasado.

Seguimos por caminos, ahora adornados por hileras de robles. Un vértice geodésico y el páramo que se nos acaba.

El Valle

Tierras del Valle

Tierras del Valle

¡Y qué valle! Son 5 kilómetros de suave bajada hasta el Duero, y otra vez en Peñalba. El paisaje del Valle es de campos alomados, ruinas del caserío de San Isidro, laderas de monte y –al fondo- las Mamblas. Y el descenso. varios minutos disfrutando de no dar pedales, precisamente cuando los kilómetros empiezan a pesar en las piernas.

De nuevo los cortados, de nuevo el amplio panorama del Duero: Traspinedo, Sardón, Santibáñez, Tovilla.

Y acabamos en Villabáñez, después de recorrer unos 55 km, degustando las deliciosas cervezas artesanas que elabora José Alberto bajo el nombre de Uila Dones: si la rubia y la negra nos parecen sencillamente estupendas, todos coincidimos que la tostada roja es… ¡excelente! ¿Hay mejor manera de acabar una excursión?

Y el track de miguel Ángel.

En el collado de Peñalba

En el collado de Peñalba

La Manvirgo y el Otero

6 octubre, 2014
La Manvirgo

La Manvirgo

Continuamos la excursión iniciada en la entrada anterior. Habíamos llegado hasta Villovela de Esgueva desde el embalse de Tórtoles, habiendo salido de Fombellida.

 Hacia la Manvirgo

Pasado Villovela nos metimos por el valle del arroyo de las Casas que llega al Esgueva por su margen izquierda. Primero encontramos abundantes majuelos y algunos manzanos. Certificamos que los frutos estaban en sazón. Es un valle perdido y solitario como pocos; no vimos ni gente ni construcciones. Sí afloran fuentes y manantiales, y se ve adornado por algunas alamedas. Las laderas de los cerros están cubiertas de monte de roble.

Subiendo, subiendo, nos asomamos al valle del Duero, con la Manvirgo al fondo, Quintanamanvirgo delante y la altiva Haza más al fondo todavía. Aquí el paisaje se abre y nos muestra un amplio panorama salpicado de bacillares, manchas de pinares, hileras de sauces y maleza que señalan un arroyo y, muy al fondo, la Cordillera Central. Estamos ahora en la Ribera del Duero burgalesa y domina este observatorio peculiar y legendario de la Manvirgo.

¡Qué miedo!

¡Qué miedo!

Guzmán

Bajamos un poco pero tomamos en el primer cruce en dirección hacia Guzmán. Veíamos la torre de un castillo tras el cerro, pero resultó ser la torre de la iglesia. Entramos por donde tiene el taller Crescencio, el escultor del pueblo. Su dragón nos agradó, aunque no era comestible. Y el entrañable totem, y los relieves…

 

Valcavadillo

Valcavadillo

Rellenamos bidones en la fuente, pasamos junto al palacio de los Guzmán y por el camino de Valcavadillo llegamos a la fuente del mismo nombre: dos generosos chorros denotaban que por aquí abunda el agua. Buen lugar, con chopos, sauces y simpáticas esculturas de Crescencio. Aunque son modernas, resultan cercanas; tienen cierto encanto.

El Otero

El Otero

El Otero

Después de esa fuente, vimos otra, de lejos: la del Pocico. También nos llamaron la atención los restos de corrales que hay en esta zona, de altas y fuertes paredes, perfectamente construidas. Saludamos al Otero (927 m), el punto más alto de esta comarca: sobresale perfectamente del ras del páramo elevándose unos 25 m.

Y bajada, por la carretera, hasta Encinas. Pero no paramos. Saliendo por el camino del cementerio, y pasando por una rústica fuente llegamos entre majuelos, prados y arboledas a Canillas.

El Molino

Entre Encinas y Canilla

Entre Encinas y Canilla

Sólo nos quedaban 5 kilómetros hasta Fombellida. Pero antes nos detuvimos, junto al Esgueva, en el Molino, que seguramente estuvo funcionando hasta mediados del pasado siglo, pues muchos de sus elementos salieron de la Fundición Miguel de Prado, de Valladolid. Por supuesto, hoy todo es pura ruina.

Y como la excursión ha sido pastoril y vinatera, volvimos a pasar junto a un viejo chozo –esto fue cañada- y majuelos de edad indeterminada que seguro dan excelentes caldos. Hemos llegado y otra bonita excursión que nos hemos echado al coleto.

Casa de Fombellida

Casa de Fombellida

El moral de Santa Lucía y el embalse de Tórtoles

4 octubre, 2014

Embalse Tortoles(1)Pensamos que una buen recorrido sería partir desde Fombellida para llegar hasta el embalse de Tórtoles, en el valle de un arroyo tributario del Esgueva, ya en la provincia de Burgos y después de haber atravesado el término palentino de Castrillo de Don Juan. Pero nos equivocamos. Lo mejor estaba un poco más allá.

 Cañada de la Nava

Precioso pueblo, Fombellida, asentado en la ladera del valle. Todavía quedan casas típicas, construidas al modo tradicional, fuentes y sotos llenos de verdor. También, según salíamos, pudimos contemplar la hilera de bodegas mirando al sur, como para recoger el sol en las tardes de invierno.

20 septiembre 019

Subiendo al páramo hicimos un pequeño alto en una fuente que manaba con ganas bajo unos chopos. El camino –hoy pista- se ha olvidado de la vieja cañada, de la que aun quedan algunos restos. De hecho fuimos por una estrecha vereda sorteando pedruscos caídos de viejas vallas. Pasamos por los extensos corrales y chozos de Valdelacasa.

 La Nava

Y, en directo, llegamos la Nava. En medio de los campos sembrados recorrimos los restos de otras inmensas corralizas, situadas donde el páramo comienza a descender por recios terrenos ondulados, bien salpicados de pequeñas piedras y alguna encina. Un poco más arriba estuvo la Nava, hoy repoblada con pinos. Pero también quedan algunas manchas de roble y encina.

20 septiembre 062

Entre el cielo y el suelo

Demasiadas piedras. No se sabe cómo los agricultores cultivan estas tierras, pero lo cierto es que ahí están las rastrojeras del cereal. Más corrales, más pequeñas manchas de monte; adecuada zona para el austero ganado lanar.

Hasta que dimos con el camino de Hérmedes a Tórtoles. Más que camino, autopista para las bicis. Buen firme para rodar y, esta vez, con un suave viento a favor. Total, que nos presentamos en un santiamén y después de atravesar el término de Castrillo, en la asomada de Tórtoles .

20 septiembre 074

El embalse

Bordeando el páramo por las eras llegamos a lo que suponíamos un vallejo que caía al embalse. Y así fue: campo a través descendimos hasta la orilla. ¡Espléndida lámina de agua de color azul turquesa! Estaba lleno hasta el borde. Parece que los agricultores de la comarca no han tenido necesidad de regar mucho últimamente. En dimensiones y tipo de presa es bastante parecido a su hermano el embalse de Encinas. Sólo unos pescadores vigilaban las aguas.

 Santa Lucía y su moral

Teníamos que empezar a dar la vuelta pero decidimos subir al páramo para presentarnos en la ermita de Santa Lucía y, si se terciaba, dar un salto hasta el convento de los Valles. La sorpresa es que, además de la Santa, nos esperaba también un increíble moral a rebosar, eso sí, en su parte alta, de sabrosísimas y dulces moras negras. La parte inferior, a la que se llega con solo extender el brazo, estaba esquilmada. Lógico.

20 septiembre 115

Es un árbol singular, al parecer catalogado, de gran envergadura, con un alcorque de piedra que ha sido empujado y movido por sus poderosas ramas. De hecho el tronco ha desaparecido y son más de una docena de ramas cada una del tamaño de un buen árbol, las que nacen del suelo proviniendo de un mismo punto. Encaramados a ellas algunos comimos hasta casi saciarnos. ¡Qué gusto! Luego pasamos a agradecer a Santa Lucía los cuidados que pone en su morera y a lavarnos las manos en el pozo de al lado. Nos olvidamos de las ruinas del convento, que se veían a unos tres kilómetros: ¡para otro día!

En Villovela, pueblo donde está el árbol, hay también una preciosa iglesia, muy limpia y cuidada –como todo el pueblo- de estilo gótico con un ábside románico.

20 septiembre 102

Continuará en la próxima entrada. En total, nos hicimos casi 60 km; aquí tenéis el track de Miguel Ángel.


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