Un chozo de pastor nuevo, en Valimón

20 diciembre, 2014

20 diciembre 076Normalmente cuando ruedas por los páramos de nuestras comarcas, ves chozos que se están cayendo o, incluso, que han desaparecido, como fue el caso del chozo de Miraflores, en Tordehumos. Por eso me ha llamado la atención estar tarde al pasear por el Valimón descubrir un nuevo chozo. No recordaba ninguno ahí –muy cerca del arroyo, en la ladera sur, a casi 2 km aguas arriba del cruce con la carretera de Quintanilla- aunque hace bastantes años que nos paso por este punto.
Efectivamente, el chozo es nuevo. O, al menos, totalmente reconstruido. Se nota en que la mampostería está cohesionada con cemento y que dentro, en vez de la típica hoguera que se enciende en el centro, hay una pequeña cocina, tipo bilbaína, con su propia chimenea de unos dos metros que echa el humo dentro del propio chozo para salir por el agujero de la cima. Y la puerta es de madera.

20 diciembre 067
Es más estilizado que la mayoría y caben varias personas saltando de pie. O sea, muy cómodo. Se encuentra en el término de Cogeces del Monte, donde últimamente se han preocupado por su arquitectura tradicional; de hecho uno de sus viejos chozos lo han convertido en museo.
¡Pues qué bien, que haya alguien que retoma estas viejas costumbres de construir un chozo para refugiarse en él! Por lo que puede verse, lo han levantado vaqueros, ya que en las proximidades hay pesebres y corrales para vacuno.

20 diciembre 074

Pinares, páramos, valles… y su luz otoñal

13 diciembre, 2014

Valdestillas Megeces

El día amaneció soleado; no había helado por la noche, a pesar de que lo hizo la noche anterior y volvería a helar la próxima. O sea, una jornada ideal para pedalear.

Habíamos elegido el trayecto desde Valdestillas a la ermita de San Cristóbal, en el término municipal de Aldea de San Miguel, en el borde mismo del páramo.

Pinares

Piñoneros

Piñoneros

Teníamos un poco de miedo: resulta que con el sol tan estupendo que hacía, nos íbamos a introducir en un pinar que, con las copas de los piñoneros, nos iba a dar sombra. Pero nuestros miedos se disolvieron enseguida: en la pista por la que rodábamos, en dirección sureste, nos daba el sol de frente. ¡Perfecto! Y luego, al tomar otros caminos, resulta que el pinar se aclaraba un poco: seguíamos recibiendo, agradecidos, los rayos del sol.

¡Espléndido el espacio pinariego! El aire estaba muy claro y luminoso, sin vahos ni neblinas, transparente. Los pinos estaban lustrosos, casi brillantes, como si las últimas lluvias los hubieran limpiado a fondo, tanto en su corteza como en sus afiladas hojas. Y el suelo, con abundante tamuja, tenía también un tapiz de hierba, cosa nada habitual porque, o bien está reseco o bien –en pleno invierno- se cubre de una capa de musgo.

Negrales

Negrales

No faltaron las setas de todo tipo, aunque ya un poco mustias por las primeras heladas del otoño. Utilizamos para rodar el kilómetro de la pista de aviones del Corbejón. Pero, como otras veces, las bicis no despegaron.

Y los caminos estaban ideales, la poca arena hacía un ruido agradable al contacto con las cubiertas de las bicis. Bueno, salvo a la salida de Mojados, ya a la vuelta, que nos quedamos trabados en dos o tres momentos.

Mojados

El Cega en Mojados

El Cega en Mojados

Fuimos a dar a la carretera de Valdestillas y, a los pocos kilómetros nos presentamos en Mojados, donde compramos un pan excelente. También dimos una paseo por el pueblo: las iglesias mudéjares, el palacio del Conde Patilla (uno de los pocos edificios todo en piedra), las numerosas casas en ladrillo tradicional, el puente sobre el Cega, la fuente de Carlos III. A la vuelta, pasamos por la ermita de la Patrona, la Virgen de Luguillas; pero estaba cerrada. Todo mereció la pena.

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En el centro, Aldea de San Miguel; a la derecha, Portillo

El páramo

Superado el pinar, en campo abierto, la luz era todavía mayor. Al fondo Portillo, encima de su cerro y abajo, la Aldeílla con la torre de su iglesia entre altos cipreses. Un poco de arena antes de acometer la subida al páramo y ¡qué subida!, corta pero muy dura. Claro que, una vez arriba, se nos olvidaron los sufrimientos de la cuesta. Un inmenso panorama con Pedrajas de San Esteban en primer plano, el Raso de Portillo, la Cistérniga y su cerro, Parquesol y Valladolid, los pinares, el valle del Duero… Pues sí, ha merecido la pena el esfuerzo.

Ermita de San Cristóbal

Ermita de San Cristóbal

Una pena que la ermita de San Cristóbal esté cerrada a cal y canto. Otra vez que subimos al menos el atrio de entrada no tenía puerta y en sus bancos se podía descansar, pero ahora una puerta metálica (fea, claro) nos impedía el paso. Menos mal que no había viento. En la pradera de jóvenes álamos descansamos un poco para seguir en dirección a Megeces, por campo abierto con algún roble.

En el páramo

En el páramo

Y el valle

Bajamos al valle por una umbría con firme un tanto resbaladizo; alguno se apeó. Unos peculiares montes en forma de pico –el Montón de Trigo, se llama uno- nos recibieron abajo. Currantes sembrando ajos y, cuando nos quisimos dar cuenta, estábamos en Megeces, cruzando el Cega por el puente de un solo arco que de manera tan limpia salta el río.

Bajando, que es gerundio

Bajando, que es gerundio

Por la ribera –pinares, campos recién sembrados, ganado pastando, algún roble- dejamos muy cerca la cueva del Tío Botas y cruzamos la granja de Tablares para salir a la carretera. Desde Luguillas, por el carril bici rodamos hasta Mojados. Nos quedaba todavía el placer de atravesar el pinar hasta Valdestillas, de respirar nuevamente luz y aromas de arena y tamuja mojadas…

¡Qué buen día de invierno todavía en otoño! Salieron algo más de 50 km.

A la vuelta, el tiempo se arrugó un poco

A la vuelta, el tiempo se arrugó un poco

 

San Román de Hornija, o el descanso de Chindasvinto

6 diciembre, 2014

San Román de HornijaSan Román se extiende por una ladera que mira hacia el oeste y cae hacia el Hornija, no lejos del amplio valle del Duero. Por su término municipal también atraviesa el río Bajoz. Hoy sus tierras sostienen muchas y buenas cepas de la Tinta de Toro, que dan un excelente caldo, modernas bodegas envejecen el mosto y el pueblo parece vivir una nueva pujanza económica donde las ruinas sólo se ven, por desgracia, en la vieja casa prioral. Pero vayamos por partes.

Los orígenes de San Román se pierden en la noche de los tiempos. En el prado de la Requejada ha escondido tres esqueletos de la edad del Bronce durante milenios. Y tuvo sus tiempos romanos, a juzgar por la columna que vemos en la iglesia.

Viñedo

Viñedo

El descanso de Chindasvinto

Vayamos ahora al priorato de los benedictinos, edificio del siglo XVIII -que se está cayendo al lado de la iglesia- donde vemos cinco columnas y tres capiteles mozárabes, en mármol, que nada tienen que ver con la austeridad castellana. Y es que precisamente aquí quiso descansar el rey Chindasvinto -¿qué tendría este lugar?- junto con su esposa -¿o hija?- Reciberga. Lo cuentan las fuentes y lo ratifica la tradición, y aún podemos ver restos en una capilla-museo de la iglesia.

No queda nada de aquel primitivo monasterio de Chindasvinto, enterrado aquí en el año 653. Se debió de construir otro mozárabe hacia el siglo X, que tal vez fue destruido por Almanzor y volvió a ser reconstruido hacia el siglo XI. De siglo IX-X vemos una piedra con inscripciones funerarias en el muro de una capilla del siglo XVIII que da precisamente al pórtico del priorato.

Casa del Priorato benedictino

Casa del Priorato benedictino

Y hacia el siglo XVI el antiguo templo fue demolido para construir el que hoy vemos.

En el siglo XIX el obispo de León Joaquín Barbagero, hijo del pueblo, coloca la famosa inscripción del texto compuesto por San Eugenio de Toledo para Regiberta, que leemos en la iglesia, junto a los restos de los reyes.

Capitel mozárabe

Capitel mozárabe

Todo esto parecen trasmitirlo las piedras. A juzgar por las columnas, capiteles y otros restos que se conservan en la capilla, ¡qué hermosura debió tener el monasterio mozárabe: lo nunca visto en Castilla! Incluso los estudiosos se atreven a decir, por los restos que quedan, que fue el más magnífico de los mosnasterios mozárabes leoneses.

La bodegas

Cruzando a la orilla opuesta del Hornija por el puente romano, como metidas en los pliegues del cerro, descubrimos las bodegas. Son diferentes a las que normalmente hemos visto en cualquier otro pueblo de la provincia. Grandes de portada, amplias por dentro, con una entrada o boca que va apartando la tierra para preparar la bodega. No se solucionan con una simple puerta, sino que muchas llegan a parecer la fachada de una casa.

Vieja bodega

Vieja bodega

En medio del conjunto, una alameda con mesas para almorzar. Hoy vemos una fuente moderna y los restos de la antigua, que se alimentaba de un manantial.

 Fuentes y lagunas

 En la localidad hemos de visitar el Caño Viejo, con la típica arca que recogía las aguas para beber; los animales podían beber en el mismo Hornija y en el pozo junto al puente.

También nos acercamos a la fuente del Caño, ya en el término de Morales de Toro. Este paraje sería agradable si no estuviera tan lleno de basura. Una pena. De la fuente todavía mana abundante agua.

Laguna de Enmedio

Laguna de Enmedio

En la zona del paramillo, las arenas parecen conservar bien el agua: ahí tenemos la laguna de Enmedio, y otros encharcamientos que surgen con facilidad en época de lluvias. Y ya abajo, en los valles, las últimas graveras han provocado lagunas artificiales debido a lo próximo al suelo que se encuentra el nivel freático. El prado de la Requejada se encuentra en buena parte encharcado.

 Miradores

 El cerro del Rebollar, que separa Hornija y Bajoz es ideal para contemplar los valles de ambos ríos, y el del Duero. Igual se puede decir del borde del páramo que va desde San Román hacia la dehesa de Cubillas: el amplio valle del Duero a nuestros pies.

Valle del Bajoz

Valle del Bajoz

Al Oeste se distingue la perfección vertical de la torre de la Colegiata de Toro y otras torres de pueblos zamoranos.

La dehesa y las viñas

La dehesa de Cubillas pertenece al término municipal de Castronuño, pero es más fácil acceder a ella desde San Román que desde aquel pueblo, en la otra orilla del Duero. No obstante, San Román también tiene monte, en su mayoría de pino y muy arenoso, para fastidio del ciclista. Pero es espléndido para contemplarlo.

Camino entre viñas

Camino entre viñas

El extenso terreno dedicado a viñedo nos llamará enseguida la atención por el enorme tamaño de los cantos rodados. La mayoría no se puede levantar con una mano y algunos, ni con dos. ¿Algún geólogo nos puede decir la causa de estas dimensiones? ¿O es que en la comarca las proporciones son otras, como en el caso de las bodegas?

 Duero, Hornija, Bajoz

 Lo que sí sabemos es que este paisaje ha sido diseñado, al menos durante los últimos millones de años, por tres ríos: Duero, Hornija y Bajoz. El Duero se dobla aquí hacia el sur, formando una gran rodilla en Castronuño, posee preciosas riberas y, en ellas, los restos de agradables casas de labor con prados y frutales.

Bajoz

Bajoz

Los otros dos, rompen el paramillo en pequeños cerros para entrar juntos y descansar en el padre Duero, cerca de la alameda de la Rinconada. El Hornija contó con dos molinos; hoy solo podemos visitar el de Arriba, convertido en un palomar arruinado. Con dos ojos y de dimensiones reducidas –proporcional al río- tenemos el denominado puente Romano, que evidentemente no es romano, pero seguramente alguno de sus antecesores en este mismo lugar sí lo fue.

El Bajoz movió la piedra de un molino muy cerca de la fuente del Caño, pero no queda ni rastro, sólo la huella del caz.

Recorrimos unos 36 km. Lluviosos los primeros, soleados algunos.

Puente Romano

Puente Romano

Algunos enlaces: excavaciones; el monasterio; poema de San Eugenio.

Horizontes entre Adaja y Eresma

29 noviembre, 2014

Puras

Esta vez el paseo ha tocado entre las tierras despejadas que separan estos dos ríos. Uno viene de Ávila, el otro de Segovia, y se juntan en Sieteiglesias, término de Matapozuelos, para desembocar juntos en el Duero. Por esta comarca al sur de Olmedo, sus cauces todavía están alejados unos 15 kilómetros, bien aireados y despejados de monte pinariego, salvo en las proximidades de sus riberas.

El terreno es arenoso mezclado con más o menos limo, lo que hace que en muchos lugares se formen los típico bodones o lagunas. Además, en medio de los dos ríos se levanta una especie de colina –cresta o meseta, según- de entre 70 y 100 metros de altura relativa. Todo esto le otorga una fisonomía propia, muy adecuada para observar panoramas amplios y luminosos. O algún bando de grullas volando en perfecta formación de V, como fue nuestro caso.

 

Bocigas

Bocigas

El día elegido –a finales de este noviembre- resultó especialmente caluroso. Amenazaba lluvia, pero toda cayó al día siguiente. Hubo sol al principio, luego, una gasa de finísima neblina se adueñó del aire para filtrar, difuminándolos, los fondos del paisaje. Esta vez, no teníamos prisa, de manera que recorrimos pocos kilómetros (40) en muchos tiempo y pudimos embebernos de lo son estas campiñas.

Bodones

Bocigas y Almenara. Golf y villas romanas, pero sobre todo bodones. No llegamos a los de San Pelayo, que conocemos bien. Tampoco al Juncial, ni al Blanco, que vimos seco desde la carretera. Pero ahí estaba el de Bocigas, brillando al sol de la mañana.

22 Noviembre 051

Almenara al fondo

 

En las proximidades de Almenara pudimos contemplar dos bodones, con agua el primero, al noroeste, y con abundante barro el segundo, ya al suroeste. También pasamos por las calles de la localidad, donde han restaurado el viejo pozo –el Caño- con su largo abrevadero, en una agradable alameda.

Desde Almenara pusimos rumbo al Adaja, y llegamos a la casa de Villagrá, donde nos esperaba otros pintoresco bodón, acompañado éste de algunos chopos amarillos.

 

Villagrá

Villagrá

En el trayecto fuimos descubriendo muchas tierras encharcadas por la lluvias, tal vez en algunas de ellas hubo bodones, hace años desecados y ahora como queriendo renacer.

Setas

En prados y pinares siguen abundando las setas. No somos expertos en micología, pero dimos un breve paseo andando por un pinar de Puras con abundante tamuja y descubrimos setas de todo tipo. Entre otras, anaranjados nícalos y nazarenas violetas, inconfundibles.

Tierra de arenas

Tierra de arenas

Vacceos y romanos

¡Qué curioso! Justo a un lado y a otro de la Villa romana de Almenara, que se encuentra en una leve colina, el terreno se hunde para formando dos bodones: el del Arroyuelo y el del Monduengo. Los dos tenían un poco de agua. Sin duda fueron utilizadas por los romanizados habitantes para alimentar los sistemas de calefacción y saneamiento de la Villa.

Y es que esta es otra característica del territorio: por aquí campearon los hispano romanos: la capital era Cauca, pero numerosas villas se esparcieron por su ámbito para cultivar los campos. Eran los tiempos pacíficos del bajo Imperio. Pero mucho antes dominaron estas campiñas alomadas los vacceos. Prueba de ello es la interesantísima tumba, con abundante ajuar, de un joven noble encontrada cerca de Bocigas, en Fuente Olmedo: se trata nada menos que del conjunto funerario más completo y rico de la cultura del Vaso Campaniforme en toda la península Ibérica, según los expertos.

Torres

 

Desde el cerro del telégrafo

Desde el cerro del telégrafo

Ya de vuelta subimos hasta la torre del telégrafo óptico de Almenara, que se levanta sobre un cerro testigo, cerca de Fuente de Santa Cruz. Junto a ella se contempla el amplio panorama del valle del Adaja, desde Olmedo hasta más allá de Tolocirio y Montejo de Arévalo. Pero el día había tejido su gasa y no se veía perfectamente, más bien se vislumbraban los lugares lejanos por sus perfiles. Como el de los inconfundibles ataquines. La luz facilitaba más contemplar su cielo que nuestros campos.

Tres pueblos, tres torres distintas y similares. El ladrillo las une. Pero la de Almenara parece la de una terrible fortaleza, por sus grandes almenas. La de Bocigas, clásica torre de planta cuadrada. Y la de Puras, que se distingue entre lomas –las otras dos están en la llanura- tiene una cúpula que le otorga la diferencia: negra y en punta.

 

Laguna de las Eras

Laguna de las Eras

Villagonzalo de Coca

 En Puras tomamos la cañada de la Raya y, en la Cruz del Calvario nos desviamos por un camino que nos llevó directamente hasta Villagonzalo subiendo y bajando crestas y colinas, y cruzando por fuentes y humedales en el fondo de los valles.

Por fin, se abrió a nuestros ojos el espectáculo: la laguna de las Eras, masa de agua de casi un kilómetro de largo en la que viven anátidas y sirve para que el pueblo se mire en ella. Su tonalidad era gris blanquecina, como la del día. Pero nos sorprendió su tamaño y que no estaba seca, como otras por las que hemos pasado. Luego, nos asomamos a contemplar la laguna de la Iglesia, justo al otro lado, hacia el Este; algo más pequeña y también de agua salobre, con tres islas que sirven de tranquilo refugio a patos y otras aves. Al fondo, entre pinares, se levanta la torre de San Nicolás, ya en Coca, a 5 km.

 

Laguna de la Iglesia. Al fondo, torres de Coca.

Laguna de la Iglesia. Al fondo, torres de Coca.

Fuente de Santa Cruz

A la vuelta, pasamos por las proximidades de la laguna de Valderrueda, continuación de la de las Eras, pero sin agua. De nuevo subidas y bajadas por un desdibujado camino para llegar a Fuente de Santa Cruz. Lo único cierto de este pueblo es la preciosa fuente de tres caños, abrevadero y lavadero, pues si cambió de nombre varias veces a lo largo de los siglos, siempre mantuvo el término fuente como nombre principal o complementario. También tiene curiosos palomares arruinados, viejos almacenes para el grano y calles empinadas. Nos llamó la atención cuatro enormes cubas recién sacadas de una bodega cuyo edificio superior habían demolido hace nada.

 

La fuente de Fuente de Santa Cruz

La fuente de Fuente de Santa Cruz

Después de subir al cerro del telégrafo, una agradable bajada nos condujo a Almenara. Anochecía.

Y dejamos para otra ocasión la localidad de Puras. Merece una entrada aparte. O eso creemos.

Torre del telégrafo

Torre del telégrafo

El dolmen de los Zumacales

23 noviembre, 2014
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Grandes piedras dispuestas en círculo

En Valladolid también tenemos un dolmen o monumento megalítico. Se encuentra en Simancas, hacia el límite con Arroyo. La verdad es que está señalizado pero un tanto abandonado. Al parecer, se descubrió hacia los años sesenta del siglo pasado cuando una máquina excavadora de la Concentración parcelaria estaba removiendo sus piedras para arrastrarlas a la ladera quitándolas de la zona cultivable, sin saber que de un auténtico dolmen se trataba. Por eso, no veremos mucho más que unas enormes piedras que no acaban de cerrar el círculo que formaban, y otras muchas desperdigas por la ladera próxima.

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Piedras “tiradas” por la ladera

Sea como fuere, se trata de una cámara funeraria datada entre los años 4.200 y 3.000 antes de Cristo. No es un dolmen de alargadas piedras que forman las paredes de la cámara, sino de grandes piedras de cortas. Seguramente sobre ellas se levantaban otras que iban cerrando la cámara, como tantas veces hemos podido apreciar en los chozos de pastor de nuestra época que –siendo de ayer mismo- se construyeron siempre así. Además, por aquí serían muy difíciles de conseguir piedras largas, siempre hemos construido con caliza del páramo en bloques cortos. La obra se concluía cubriéndola de tierra.

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Simancas desde el pago de los Zumacales

El monumento tendrá unos 6 metros de diámetro y se levanta en una zona en la que a pocos metros cae la pendiente hacia el valle del Pisuerga, razón por la cual podemos contemplar Simancas, Arroyo, buena parte de Valladolid y, claro, el valle del Pisuerga y del Duero, que por aquí confluyen entre alfombras de pinares.

Podemos acercarnos dando un paseo de unos dos kilómetros desde Simancas por el camino de los Moscateles, que lo hemos de tomar en el barrio que está al norte de la autovía. Un cartel rojo, bien visible, nos indica el lugar exacto de la construcción pétrea. Por este mismo camino llegaríamos luego a la fuente del Muerto, a 500 metros escasos del monumento.

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Dos piedras del sepulcro. Al fondo, Sotoverde

No estaría mal que se reconstruyera mínimamente el dolmen y se señalizara adecuadamente. Muchos los que se darían un paseo para contemplar estos vestigios de otras épocas.

Para saber más, consultad la página 103 y ss. de la Prehistoria en Valladolid, de Germán Delibes y José Ignacio Herrán, publicada por la Diputación (2007).

La acequia de Simancas y el camino de las Berzosas

16 noviembre, 2014
Cauce amarillo

Cauce amarillo

Estos son días para disfrutar de los colores que nos ofrece la naturaleza: granates, rojos, ocres, amarillos… Parece como si del verde –lleno de vitalidad- se pasara a ese color de la madurez, de tonos pardo-rojizos que, a su vez, anuncia un gris mortecino y pálido que dominará durante casi todo el periodo invernal.

Acequia de Valladolid

Acequia de Valladolid

La acequia de Simancas lleva el agua del canal del Duero a través de la acequia de Valladolid hasta el Pisuerga en las proximidades de Entrepinos. Como se encuentra flanqueada de chopos, ahora podemos asistir a una verdadera sinfonía de color, siempre que la luz –si es de la tarde, mejor- le dé de una u otra forma. Ha dejado de llevar agua hace ya más de un mes, pues ahora no es necesario regar. De todas formas, en los sifones queda algo de líquido y los cangrejos se resisten a morir ¿o, tal vez, a dormir durante el largo invierno? El cauce se ha vuelto amarillo, con un tapiz vegetal, y el sendero de sirga lo vemos ahora vestido de verde. Abundan las setas de chopo.

Apuntando al cielo

Apuntando al cielo

Los álamos ya están deshojados. Otros árboles –sauces, nogales, guindos- todavía mantienen la hoja verde. A los pinos cercanos no les afecta el otoño, pero gracias a las lluvias caídas se encuentran más elegantes y lustrosos.

Pinos y chopos

Pinos y chopos

El camino de las Berzosas discurre entre el camino Viejo de Simancas y la acequia. Va –o iba- desde las proximidades de las Aceñas hasta la cañada de Puente Duero a la altura del Peral, pasando por la granja Mirapinos, la finca Morán, la ribera del Carmen, los Viveros, el Barrio. En alguno sitios ha sufrido buenos tajos y, en otros, se le ha respetado hasta el punto de construirle un puente sobre la ronda exterior sur.

Lugares agradables para pasear en otoño.

9 Noviembre 092

Desde el pinar

 

 


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