La Isla del Charcón

18 octubre, 2014

Tordesillas El Charcon

Día de lluvias, ¿día para quedarse en casa? Alguno lo tenemos claro: aunque anuncien lluvias los sabios meteorólogos, hay que salir a airearse después de haber pasado la semana trabajando entre papeles. Además, con frecuencia se equivocan. Por ejemplo, la mañana del domingo pasado: cayeron dos chaparrones mientras a ratos lucía el sol .

Bien es cierto que estos días de lluvia hay que buscar lugares donde no se forme barro, o sea, donde predomine el suelo de arena o grava. Por eso nos fuimos, río abajo, de Tordesillas a Pollos.

Así se presentaba la jornada

Así se presentaba el día…

La vega

Esta ruta nos condujo hasta la Vega –o Isla- del Charcón. Es un terreno protegido por un recodo del Duero, al norte de Pollos. No se eleva casi sobre el nivel habitual del Duero, por lo que con frecuencia resulta inundado en la crecidas. El suelo es duro y no hay casi maleza: una hierba rala lo cubre. Por eso, aunque tampoco hay caminos, se puede pasear en bici. Hay zonas más bien llanas y otras con pequeños montículos o, para la bici, toboganes. Abundan los fresnos, chopos y sauces, así como majuelos, escaramujos y tamarizos arbustivos.

El otoño avanza con sus occres ya marillos...

El otoño avanza con sus ocres y amarillos…

En el río vimos abundantes bandos de patos y cormoranes, alguna pareja de garcetas blancas y garzas aisladas. Los árboles ya empiezan a tomar ese color amarillo típico de la estación. No hay que olvidar que estamos en la zona denominada Riberas de Castronuño, que va desde ese pueblo hasta Tordesillas, y que incluye toda la ribera del Duero en Pollos. En definitiva, se trata de un lugar privilegiado para observar los más variados tipos de aves.

Frutos en sazón

Nogales

Nogales

Entre la vega y el pueblo, y en otros muchos lugares del término, los nogales se muestran cargados de nueces. Aquí son más frecuentes que los almendros y se utilizan para delimitar propiedades y acompañar norias. Pero también probamos higos y manzanas. En esta época, todo está en sazón. Y es que, además, el 2014 está siendo pródigo en frutos.

En la ribera y en los pinarillos próximos nacen abundantes setas -¡y de qué tamaño!- pero no son comestibles; para que éstas lleguen habrá que esperar un poco, pero las lluvias que están cayendo anuncian que este otoño las habrá para todos.

Olvidado girasol en el arenal

Olvidado girasol en el arenal

Arenales

 Los arenales son algo corriente en la orilla izquierda del Duero entre Tordesillas y Pollos. Así, los mapas nombran el del Villar –entre Pollos y Herreros-, los arenales de Herreros, o el arenal de la Marota, entre el puente de Tordesillas y los de la autovía de Salamanca. Cruzamos los tres. Antaño, hubo una ermita con la advocación de la Virgen de los Arenales cerca de las aceñas de Zofraguilla. Todavía hoy lo podemos comprobar. Y sufrir, porque las piernas se resienten cuando las ruedas de las bicis detectan arena.

Por cierto, que las aceñas de Zofraguilla han sido clausuradas para el visitante: un candado cierra la férrea puerta de acceso. ¡Qué pena! A esperar tiempos mejores.

Desde la "Isla"

Desde la “Isla”

Pinar de la Nava

A la vuelta, y después de hacer equilibrios en las laderas de Pollos, atravesamos este pinar. Todavía el suelo tiene el color amarillo del verano, todo parece reseco, no hay setas y tardará un poco en tomar ese color verde provocado por la abundancia de musgo. Sin embargo, los pinos estaban relucientes y limpios debido a las últimas lluvias. Olía a tamuja mojada.

En el pinar de la Nava

En el pinar de la Nava o llueve sobre Tordesillas

De Peñalba de Duero a La Quemada

12 octubre, 2014

Peñalba de Duero

En esta excursión, partiendo de Villabáñez en el cauce del Jaramiel, nos acercamos al valle del Duero cruzando el collado de Peñalba, en la línea entre las Mamblas y el páramo, que marca el paso de un ambiente a otro.

Peñalba

Es un paisaje singular dentro de nuestra provincia. El elemento principal son sus cortados, menos espectaculares que los del Pisuerga en cabezón y San Martín de Valvení, pero igualmente llamativos y agradables para ser vistos y paseados.

Atravesando los cortados

Atravesando los cortados

El Duero embiste contra el páramo, que se derrama hacia el propio río, a la vez que forma una pared arriba de caliza y abajo de margas y arcillas. Al dejar a la vista, sin recubrir, estas últimas, da la sensación de un corte a una gigantesca tarta; de hecho los colores son de tipo pastel. Pasamos por un estrecho sendero –antiguamente hubo camino carretero, la Senda de los Aragoneses- que queda inundado en cuanto el río sube de nivel.

Es un paisaje que gana con sol y más todavía si el sol es el del orto o del poniente, pues saca todos los colores y matices a las paredes y derrumbaderos.

Equilibrios en el cortado

Equilibrios en el cortado

Completan el paisaje los árboles de la ribera y una pradera donde hubo un puente, pues la otra orilla de Peñalba pertenece también a Villabáñez. Aun podemos ver dos pilares y restos de un arco. Fue destruido durante la guerra de la Independencia y ya no se reparó.

Cerca del Cortado tenemos lo que queda del pueblo, donde hoy un vive un pastor con su rebaño de ovejas. La iglesia, hasta hace poco pajar, ha sido restaurada, al menos su parte exterior. Un águila de piedra corona la torre.

La Granja

Camposanto

Camposanto

De Peñalba seguimos río arriba y nos asomamos a un delicioso soto donde ya amarillean chopos, sauces y fresnos. También por aquí el río ha puesto al descubierto las entrañas de la tierra, si bien los cortados son más reducidos.

La Granja Sardón está poblada y cuenta con explotaciones agrícolas y ganaderas. También vemos una bodega y una moderna quesería, Pico Melero. Por un momento pensamos que el Pico era un depósito de agua que acaba en eso, en un peculiar pico. A él nos encaramamos, pero realmente el pico es un saliente del cercano páramo.

Pero lo mejor de la Granja es su abierta plaza, presidida por una rústica iglesita. Maravilloso lugar. Y el ingenuo y mínimo camposanto: descansado y romántico lugar.

Encinas de La Quemada

Encinas de La Quemada

Y una pena: la antigua pesquera de la Granja, ha sido convertida en una moderna centralita eléctrica de diseño. ¿Dónde está la antigua fuente? ¿Dónde el viejo molino? ¿Dónde la bóveda que formaban los álamos y que hasta en plena canícula era un lugar fresco y umbrío? ¿Dónde la recogida playita…? ¡Qué pena, tener que hacernos estas preguntas! No sé para qué tenemos Consejerías de Medio Ambiente.

La Quemada

5 octubre 160

La Quemada, cuando subíamos

Seguimos por la carretera para cruzar Olivares y nos acercamos a La Quemada. Una hilera de enormes y singulares encinas no recibe a modo de antesala. Posee también un buen bosque mixto de roble y matas de encina en todas las laderas. Subimos por una empinada cuesta hasta el páramo que la protege por el Este y aquí cambia radicalmente el paisaje. Del húmedo arbolado y de los majuelos pasamos de repente a un agreste suelo salpicado de piedras calizas. Hasta el cielo parecía de un azul más recio.

Por el páramo

Rodeamos La Quemada, o sea, el valle de Valdefuentes y pusimos rumbo hacia el Oeste, ya pensando en la vuelta. Aquí los campos están adornados por enormes robles aislados. Es como otro ambiente de un mismo páramo.

Pedregal

Pedregal

A lo lejos, en medio del camino, se veía un burro pastando. A más de cien metros, un rebaño de ovejas sesteaba, bien apretado, en torno a un roble. Justo al pasar junto al burro vemos, dormido, al pastor y le damos las buenas tardes. En ese momento un mastín leones, un pastor alemán y otro perro pastor se lanzan sobre el primer ciclista que tiene que utilizar la bici como arma ofensiva y defensiva. Los demás ciclistas no ofrecen una peseta por su integridad física. El pastor se despierta y, a duras penas, les contiene. Una vez más, el ser superior ha vencido al inferior, a pesar de que eran tres. Cambiamos impresiones sobre lobos y ganados con el pastor, como si nada hubiera pasado, y nada ha pasado.

Seguimos por caminos, ahora adornados por hileras de robles. Un vértice geodésico y el páramo que se nos acaba.

El Valle

Tierras del Valle

Tierras del Valle

¡Y qué valle! Son 5 kilómetros de suave bajada hasta el Duero, y otra vez en Peñalba. El paisaje del Valle es de campos alomados, ruinas del caserío de San Isidro, laderas de monte y –al fondo- las Mamblas. Y el descenso. varios minutos disfrutando de no dar pedales, precisamente cuando los kilómetros empiezan a pesar en las piernas.

De nuevo los cortados, de nuevo el amplio panorama del Duero: Traspinedo, Sardón, Santibáñez, Tovilla.

Y acabamos en Villabáñez, después de recorrer unos 55 km, degustando las deliciosas cervezas artesanas que elabora José Alberto bajo el nombre de Uila Dones: si la rubia y la negra nos parecen sencillamente estupendas, todos coincidimos que la tostada roja es… ¡excelente! ¿Hay mejor manera de acabar una excursión?

Y el track de miguel Ángel.

En el collado de Peñalba

En el collado de Peñalba

La Manvirgo y el Otero

6 octubre, 2014
La Manvirgo

La Manvirgo

Continuamos la excursión iniciada en la entrada anterior. Habíamos llegado hasta Villovela de Esgueva desde el embalse de Tórtoles, habiendo salido de Fombellida.

 Hacia la Manvirgo

Pasado Villovela nos metimos por el valle del arroyo de las Casas que llega al Esgueva por su margen izquierda. Primero encontramos abundantes majuelos y algunos manzanos. Certificamos que los frutos estaban en sazón. Es un valle perdido y solitario como pocos; no vimos ni gente ni construcciones. Sí afloran fuentes y manantiales, y se ve adornado por algunas alamedas. Las laderas de los cerros están cubiertas de monte de roble.

Subiendo, subiendo, nos asomamos al valle del Duero, con la Manvirgo al fondo, Quintanamanvirgo delante y la altiva Haza más al fondo todavía. Aquí el paisaje se abre y nos muestra un amplio panorama salpicado de bacillares, manchas de pinares, hileras de sauces y maleza que señalan un arroyo y, muy al fondo, la Cordillera Central. Estamos ahora en la Ribera del Duero burgalesa y domina este observatorio peculiar y legendario de la Manvirgo.

¡Qué miedo!

¡Qué miedo!

Guzmán

Bajamos un poco pero tomamos en el primer cruce en dirección hacia Guzmán. Veíamos la torre de un castillo tras el cerro, pero resultó ser la torre de la iglesia. Entramos por donde tiene el taller Crescencio, el escultor del pueblo. Su dragón nos agradó, aunque no era comestible. Y el entrañable totem, y los relieves…

 

Valcavadillo

Valcavadillo

Rellenamos bidones en la fuente, pasamos junto al palacio de los Guzmán y por el camino de Valcavadillo llegamos a la fuente del mismo nombre: dos generosos chorros denotaban que por aquí abunda el agua. Buen lugar, con chopos, sauces y simpáticas esculturas de Crescencio. Aunque son modernas, resultan cercanas; tienen cierto encanto.

El Otero

El Otero

El Otero

Después de esa fuente, vimos otra, de lejos: la del Pocico. También nos llamaron la atención los restos de corrales que hay en esta zona, de altas y fuertes paredes, perfectamente construidas. Saludamos al Otero (927 m), el punto más alto de esta comarca: sobresale perfectamente del ras del páramo elevándose unos 25 m.

Y bajada, por la carretera, hasta Encinas. Pero no paramos. Saliendo por el camino del cementerio, y pasando por una rústica fuente llegamos entre majuelos, prados y arboledas a Canillas.

El Molino

Entre Encinas y Canilla

Entre Encinas y Canilla

Sólo nos quedaban 5 kilómetros hasta Fombellida. Pero antes nos detuvimos, junto al Esgueva, en el Molino, que seguramente estuvo funcionando hasta mediados del pasado siglo, pues muchos de sus elementos salieron de la Fundición Miguel de Prado, de Valladolid. Por supuesto, hoy todo es pura ruina.

Y como la excursión ha sido pastoril y vinatera, volvimos a pasar junto a un viejo chozo –esto fue cañada- y majuelos de edad indeterminada que seguro dan excelentes caldos. Hemos llegado y otra bonita excursión que nos hemos echado al coleto.

Casa de Fombellida

Casa de Fombellida

El moral de Santa Lucía y el embalse de Tórtoles

4 octubre, 2014

Embalse Tortoles(1)Pensamos que una buen recorrido sería partir desde Fombellida para llegar hasta el embalse de Tórtoles, en el valle de un arroyo tributario del Esgueva, ya en la provincia de Burgos y después de haber atravesado el término palentino de Castrillo de Don Juan. Pero nos equivocamos. Lo mejor estaba un poco más allá.

 Cañada de la Nava

Precioso pueblo, Fombellida, asentado en la ladera del valle. Todavía quedan casas típicas, construidas al modo tradicional, fuentes y sotos llenos de verdor. También, según salíamos, pudimos contemplar la hilera de bodegas mirando al sur, como para recoger el sol en las tardes de invierno.

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Subiendo al páramo hicimos un pequeño alto en una fuente que manaba con ganas bajo unos chopos. El camino –hoy pista- se ha olvidado de la vieja cañada, de la que aun quedan algunos restos. De hecho fuimos por una estrecha vereda sorteando pedruscos caídos de viejas vallas. Pasamos por los extensos corrales y chozos de Valdelacasa.

 La Nava

Y, en directo, llegamos la Nava. En medio de los campos sembrados recorrimos los restos de otras inmensas corralizas, situadas donde el páramo comienza a descender por recios terrenos ondulados, bien salpicados de pequeñas piedras y alguna encina. Un poco más arriba estuvo la Nava, hoy repoblada con pinos. Pero también quedan algunas manchas de roble y encina.

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Entre el cielo y el suelo

Demasiadas piedras. No se sabe cómo los agricultores cultivan estas tierras, pero lo cierto es que ahí están las rastrojeras del cereal. Más corrales, más pequeñas manchas de monte; adecuada zona para el austero ganado lanar.

Hasta que dimos con el camino de Hérmedes a Tórtoles. Más que camino, autopista para las bicis. Buen firme para rodar y, esta vez, con un suave viento a favor. Total, que nos presentamos en un santiamén y después de atravesar el término de Castrillo, en la asomada de Tórtoles .

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El embalse

Bordeando el páramo por las eras llegamos a lo que suponíamos un vallejo que caía al embalse. Y así fue: campo a través descendimos hasta la orilla. ¡Espléndida lámina de agua de color azul turquesa! Estaba lleno hasta el borde. Parece que los agricultores de la comarca no han tenido necesidad de regar mucho últimamente. En dimensiones y tipo de presa es bastante parecido a su hermano el embalse de Encinas. Sólo unos pescadores vigilaban las aguas.

 Santa Lucía y su moral

Teníamos que empezar a dar la vuelta pero decidimos subir al páramo para presentarnos en la ermita de Santa Lucía y, si se terciaba, dar un salto hasta el convento de los Valles. La sorpresa es que, además de la Santa, nos esperaba también un increíble moral a rebosar, eso sí, en su parte alta, de sabrosísimas y dulces moras negras. La parte inferior, a la que se llega con solo extender el brazo, estaba esquilmada. Lógico.

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Es un árbol singular, al parecer catalogado, de gran envergadura, con un alcorque de piedra que ha sido empujado y movido por sus poderosas ramas. De hecho el tronco ha desaparecido y son más de una docena de ramas cada una del tamaño de un buen árbol, las que nacen del suelo proviniendo de un mismo punto. Encaramados a ellas algunos comimos hasta casi saciarnos. ¡Qué gusto! Luego pasamos a agradecer a Santa Lucía los cuidados que pone en su morera y a lavarnos las manos en el pozo de al lado. Nos olvidamos de las ruinas del convento, que se veían a unos tres kilómetros: ¡para otro día!

En Villovela, pueblo donde está el árbol, hay también una preciosa iglesia, muy limpia y cuidada –como todo el pueblo- de estilo gótico con un ábside románico.

20 septiembre 102

Continuará en la próxima entrada. En total, nos hicimos casi 60 km; aquí tenéis el track de Miguel Ángel.

Camino real de Palencia a Peñafiel

29 septiembre, 2014

villaco

O de Villaco a Pesquera. Nos animamos a tomar un camino antaño muy transitado: el camino real de Palencia a Peñafiel, que discurría precisamente entre Villaco y Pesquera. Efectivamente, debió de estar muy transitado. Hace años.

La primera parte ya nos era conocida: Fuentelolmo, el chozo de Valdeloberas y las casas de los Guardias. Hasta ahí, bien: camino de buen firme con suaves ondulaciones hasta llegar al páramo. Enseguida una ligera bajada al arroyo Jaramiel y… ¡el flamante camino real se perdió! Primero, lo habían roturado; luego, se lo había comido el monte de Valdelaguna. Finalmente, nuevos caminos se han trazado entre el páramo hacia Piñel de Abajo y Pesquera. Poco queda de lo que fue. Y es lógico, ahora hay nuevas y cómodas carreteras.

¿Quién vive?

¿Quién vive?

Pero, como siempre, mereció la pena. De manera particular, pasar por Valdelaguna y contemplar los viejos y grandes robles que todavía quedan allí. Verdaderamente, algunos parecen sacados de un cuento de hadas. Y luego, la bajada hacia Pesquera por estrechos caminos y vallejos olvidados.

En Pesquera, descubrimos la fuente de la Salud, escondida en la ribera del Duero y pudimos pasear por Carralaceña, donde estuvo el barrio de artesanos de Pintia, con su gigantesco horno para fabricar cerámica. Todavía quedan abundantes restos –hechos añicos, claro- de aquella producción cuasi industrial.

 

Almendro

Almendro

A la vuelta pasamos por la ermita –verdadera iglesia- de la Virgen de Rubialejos, y repostamos en Piñel de Abajo, no sin antes contemplar un enorme y centenario almendro. Y comimos entre un grupo de gitanos, que descansaban de su trabajo de comediantes y vendedores ambulantes, y la Guardia Civil, que había recalado momentáneamente ¿casualidad? en el cuartelillo. La comida fue amenizada por la música y el guiñol de los artistas ambulantes.

Y para no perder las buenas costumbres, en un momento determinado nos metimos a campo traviesa, topamos con una zanja con agua y maleza y… ¡utilizamos las bicis a modo de puente! Es que son todo terreno, cada vez lo tenemos más experimentado.

Y ya a buen ritmo pusimos rumbo a Villaco, pues amenazaba tormenta. Pasamos por la fuente del Plus, sufrimos un pinchazo, bajamos por una ladera de monte bajo despreciando sendas y caminos y, 2 kilómetros antes de llegar a la meta, nos atrapó la tormenta, ¡uf!

7 septiembre 173

 

Valvení

23 septiembre, 2014

13 septiembre 144

O sea, vallis benignus, esto es, apacible, suave, templado. Es el valle del arroyo del Prado, que cuenta con altas laderas –casi verticales en muchos de sus tramos- que caen desde el borde del páramo. El núcleo habitado es San Martín, pero antaño también lo estuvieron la Granja de San Andrés, la Granja Quiñones y otros.

No es normal un valle así en nuestra provincia. Abundan las caídas de los páramos, pero forman valles muy anchos –Pisuerga, Duero- o muy largos -Esgueva- , o bien vallejos mínimos o no muy profundos, abundantes en Torozos. Aquí, sin embargo, el desnivel es de casi 150 m. Por eso, se encuentra perfectamente protegido de los vientos, no está tan a la intemperie como los páramos o los anchos valles.

¿Cuáles son los atractivos de este Valvení? Muchos y variados. Veamos.

Cueva

Cueva cerca de Miralrío

Las laderas

Las que caen desde el Este, hacia Valoria, son blancas como algodones con pequeñas manchas oscuras, están saturadas de caliza y yeso, brillan al sol y sus pliegues resaltan  de manera espectacular con los últimos rayos de la tarde. Por la parte más cercana al canto están cortadas a pico, y se van suavizando algo conforme van cayendo. Constituyen un perfecto mirador hacia la zona más abierta de Valnení y del valle del Pisuerga. De hecho se llaman Miralrío. En ellas podemos ver algunas pequeñas cuevas utilizadas para extraer yeso.

Pero aquí Valvení posee un vallejo complementario: Valdecelada, que en 6 km asciende suavemente al páramo. En bici, se trata de un desnivel que ni se nota, especialmente si vamos contemplando las laderas, que van progresivamente de un blanco desértico a un verde enciniego, y a mitad de camino nos toparemos con el Cabezo de las Cuevas.

 

Encina que se asoma al valle

Encina que se asoma al valle

Montes

Valdecelada nos conduce –es el camino del Puerto- hasta el monte del Aguilón, densamente poblado de matas de encina. Ciertamente hay alguna encinas viejas, sobre todo donde el monte se asoma en cortados a la Granja San Andrés. El panorama sobre Valvení no deja de ser espectacular.

Además, por las laderas del Este se extienden también montes de matas de roble entre los que destaca algún ejemplar adulto.

 

Tupida y solitaria encina

Tupida y solitaria encina

Páramos

En el páramo del Norte tenemos la Granja Hernani, corralizas y algunos chozos de pastor. Tal vez la peculiaridad más notable de estos páramos sea la abundancia de enormes encinas –y algún roble- que salpican los campos de labor. Le da una nota diferente. El ciclista solitario no se siente, si fuera posible, tan solo como en las parameras totalmente rasas. Además, el término de San Martín llega a asomarse al Vallesgueva por Villanueva de los Infantes. Y por su raya discurren casi 9 km de la cañada real Burgalesa.

 

Granja San Andrés

Granja San Andrés

Vallejos

Además de Valdecelada, por encima de San Andrés, Valvení se divide en tres vallejos. Uno toma la dirección de Cubillas de Cerrato; el contrario quiere dirigirse hacia Piña de Esgueva, por la Cuesta Alta; y el tercero, el valle de Santiago, que llega hasta los corrales del Raso en la cañada real Burgalesa, encierra una joya única en la provincia: el famoso Roblón. Muy cerca, la fuente de San Pedro. Claro que no se acaban en todo esto, pues los pliegues de las laderas forman otros vallejos, pero mucho más pequeños.

Las Peñas

 Ya hemos visitado hace unos años las Peñas de Gozón, donde podemos observar parte de un pueblo medieval, oculto bajo una tierra que se va cuarteando y desprendiéndose para caer por el cortado al Pisuerga. A la vez, gozaremos de una excelente vista sobre el soto de Aguilarejo y sobre la boca de Valvení.

Derrumbaderos

Derrumbaderos

Ribera

 En las Peñas vemos el ancho valle del Pisuerga que, desde la caída a nuestros pies se extiende en suave subida hasta el páramo de enfrente. Abajo –ciertamente es peligroso pasar entre el río y las Peñas, pues los desprendimientos están patentes- hay estupendos sitios para pescar tencas. El Pisuerga es aquí una corriente perezosa que, entreteniéndose en meandros, parece no querer avanzar.

Río arriba llegamos hasta la Granja Quiñones, donde vemos los restos de unas aceñas; antaño hubo también un paso de barca.

 

Almendros, majuelo, rastrojos...

Almendros, majuelo, rastrojeras…

…y San Martín

San Martín es la cabeza del término municipal. Todavía tiene aspecto señorial, y no sólo por los restos del castillo: abundan las casas de sillería, en piedra muy trabajada y pulida. Se nota que ha sido la capital de un valle relativamente rico. A pesar de todo, también abundan las casas en ruina. Pero al menos parece que existe una lucha entre la conservación y la destrucción. ¿Quién ganará?

Especial encanto tiene el camino de las Bodegas por que nos acercamos a las laderas de Miralrío. A la derecha vamos dejando un número indeterminado de bodegas típicas, con sus zarceras y sus fachadas, preparadas muchas de ellas para las meriendas. A la izquierda veremos los restos de una antigua ermita, una de tantas que han desaparecido. Otra fue la de San Sebastián, de la que ya sólo queda memoria. E hileras de almendros que parecen colocados estratégicamente sobre las lomas.

Bodegas

Bodegas

Pero antaño hubo más núcleos de población, además de las granjas citadas. (Por cierto, en la e San Andrés suele haber tres o cuatro mastines que pueden dar un buen susto al ciclista si tiene miedo a los canes). El monasterio de San Andrés, que en otro tiempo fuera cabeza cultural del Valle se levantó en el vallejo de Santiago, donde hoy quedan cuatro piedras mal colocadas.

Este valle no defraudará a quien se acerque a recorrerlo.

El Roblón

El Roblón


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