Valvení

23 septiembre, 2014

13 septiembre 144

O sea, vallis benignus, esto es, apacible, suave, templado. Es el valle del arroyo del Prado, que cuenta con altas laderas –casi verticales en muchos de sus tramos- que caen desde el borde del páramo. El núcleo habitado es San Martín, pero antaño también lo estuvieron la Granja de San Andrés, la Granja Quiñones y otros.

No es normal un valle así en nuestra provincia. Abundan las caídas de los páramos, pero forman valles muy anchos –Pisuerga, Duero- o muy largos -Esgueva- , o bien vallejos mínimos o no muy profundos, abundantes en Torozos. Aquí, sin embargo, el desnivel es de casi 150 m. Por eso, se encuentra perfectamente protegido de los vientos, no está tan a la intemperie como los páramos o los anchos valles.

¿Cuáles son los atractivos de este Valvení? Muchos y variados. Veamos.

Cueva

Cueva cerca de Miralrío

Las laderas

Las que caen desde el Este, hacia Valoria, son blancas como algodones con pequeñas manchas oscuras, están saturadas de caliza y yeso, brillan al sol y sus pliegues resaltan  de manera espectacular con los últimos rayos de la tarde. Por la parte más cercana al canto están cortadas a pico, y se van suavizando algo conforme van cayendo. Constituyen un perfecto mirador hacia la zona más abierta de Valnení y del valle del Pisuerga. De hecho se llaman Miralrío. En ellas podemos ver algunas pequeñas cuevas utilizadas para extraer yeso.

Pero aquí Valvení posee un vallejo complementario: Valdecelada, que en 6 km asciende suavemente al páramo. En bici, se trata de un desnivel que ni se nota, especialmente si vamos contemplando las laderas, que van progresivamente de un blanco desértico a un verde enciniego, y a mitad de camino nos toparemos con el Cabezo de las Cuevas.

 

Encina que se asoma al valle

Encina que se asoma al valle

Montes

Valdecelada nos conduce –es el camino del Puerto- hasta el monte del Aguilón, densamente poblado de matas de encina. Ciertamente hay alguna encinas viejas, sobre todo donde el monte se asoma en cortados a la Granja San Andrés. El panorama sobre Valvení no deja de ser espectacular.

Además, por las laderas del Este se extienden también montes de matas de roble entre los que destaca algún ejemplar adulto.

 

Tupida y solitaria encina

Tupida y solitaria encina

Páramos

En el páramo del Norte tenemos la Granja Hernani, corralizas y algunos chozos de pastor. Tal vez la peculiaridad más notable de estos páramos sea la abundancia de enormes encinas –y algún roble- que salpican los campos de labor. Le da una nota diferente. El ciclista solitario no se siente, si fuera posible, tan solo como en las parameras totalmente rasas. Además, el término de San Martín llega a asomarse al Vallesgueva por Villanueva de los Infantes. Y por su raya discurren casi 9 km de la cañada real Burgalesa.

 

Granja San Andrés

Granja San Andrés

Vallejos

Además de Valdecelada, por encima de San Andrés, Valvení se divide en tres vallejos. Uno toma la dirección de Cubillas de Cerrato; el contrario quiere dirigirse hacia Piña de Esgueva, por la Cuesta Alta; y el tercero, el valle de Santiago, que llega hasta los corrales del Raso en la cañada real Burgalesa, encierra una joya única en la provincia: el famoso Roblón. Muy cerca, la fuente de San Pedro. Claro que no se acaban en todo esto, pues los pliegues de las laderas forman otros vallejos, pero mucho más pequeños.

Las Peñas

 Ya hemos visitado hace unos años las Peñas de Gozón, donde podemos observar parte de un pueblo medieval, oculto bajo una tierra que se va cuarteando y desprendiéndose para caer por el cortado al Pisuerga. A la vez, gozaremos de una excelente vista sobre el soto de Aguilarejo y sobre la boca de Valvení.

Derrumbaderos

Derrumbaderos

Ribera

 En las Peñas vemos el ancho valle del Pisuerga que, desde la caída a nuestros pies se extiende en suave subida hasta el páramo de enfrente. Abajo –ciertamente es peligroso pasar entre el río y las Peñas, pues los desprendimientos están patentes- hay estupendos sitios para pescar tencas. El Pisuerga es aquí una corriente perezosa que, entreteniéndose en meandros, parece no querer avanzar.

Río arriba llegamos hasta la Granja Quiñones, donde vemos los restos de unas aceñas; antaño hubo también un paso de barca.

 

Almendros, majuelo, rastrojos...

Almendros, majuelo, rastrojeras…

…y San Martín

San Martín es la cabeza del término municipal. Todavía tiene aspecto señorial, y no sólo por los restos del castillo: abundan las casas de sillería, en piedra muy trabajada y pulida. Se nota que ha sido la capital de un valle relativamente rico. A pesar de todo, también abundan las casas en ruina. Pero al menos parece que existe una lucha entre la conservación y la destrucción. ¿Quién ganará?

Especial encanto tiene el camino de las Bodegas por que nos acercamos a las laderas de Miralrío. A la derecha vamos dejando un número indeterminado de bodegas típicas, con sus zarceras y sus fachadas, preparadas muchas de ellas para las meriendas. A la izquierda veremos los restos de una antigua ermita, una de tantas que han desaparecido. Otra fue la de San Sebastián, de la que ya sólo queda memoria. E hileras de almendros que parecen colocados estratégicamente sobre las lomas.

Bodegas

Bodegas

Pero antaño hubo más núcleos de población, además de las granjas citadas. (Por cierto, en la e San Andrés suele haber tres o cuatro mastines que pueden dar un buen susto al ciclista si tiene miedo a los canes). El monasterio de San Andrés, que en otro tiempo fuera cabeza cultural del Valle se levantó en el vallejo de Santiago, donde hoy quedan cuatro piedras mal colocadas.

Este valle no defraudará a quien se acerque a recorrerlo.

El Roblón

El Roblón

Bicis eléctricas

17 septiembre, 2014

dos

Alguna vez, durante nuestros recorridos en bici, habíamos comentado la existencia de bicis eléctricas de montaña y qué tal resultado darían. Esta pregunta que nos habíamos hecho tiene respuesta, ya que desde la tienda de mrebikes de Valladolid, en la Avenida de Gijón, 80 (http://rmebikes.com) se pusieron en contacto con nosotros para cedernos una bicicleta de montaña. Dicho y hecho. Decidimos montarnos en una bici de montaña eléctrica y contar nuestra experiencia con ella.

¿Qué es una bici eléctrica? Básicamente es una bici a la que se ha acoplado un motor eléctrico, y dependiendo de los modelos, puede estar instalado en la rueda trasera, en la delantera o cerca del eje del pedalier, recibiendo la energía de una batería que se recarga en la red eléctrica. Estos modelos eléctricos se rigen por la Norma Europea EN 15194:2009, por la que el motor de la bici no puede superar los 25 km/h de velocidad y su potencia menor de 250W, además de que éste se tiene que parar cuando se deje de dar pedales. Las bicicletas eléctricas homologadas como tales son las que cumplen con la Directiva Europea 2002/24/CE.

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Pero, ¿cómo funciona una bici eléctrica? Éstas incorporan un sistema de pedaleo asistido (también denominado P. A. S. o Pedelec) por el que mediante un sensor detecta el pedaleo o la fuerza que trasmitimos a los pedales, que al producirse el giro del plato, un controlador electrónico registra esta señal del sensor y proporciona la energía al motor para que éste ayude al movimiento de la bici a una velocidad y avance calculado. Cuando dejemos de pedalear o apretemos el freno, el motor deja de funcionar. La bicicleta que probamos tiene un panel en el que puedes elegir entre tres velocidades: baja a unos 16 km/h, media a 20 y alta a 25 km/h. Esto es la teoría, pero ¿cómo nos fue en la práctica? Muy sencillo. Te montas como en cualquier bici, enciendes el motor con el interruptor del motor eléctrico y a dar pedales. A la segunda pedalada comienza a funcionar el motor a la velocidad que le hayas asignado, y como hemos dicho, una vez que dejes de mover los pedales o aprietes el freno, el motor deja de actuar. Nos ocurrió que paramos en una subida. Al intentar volver a mover la bici, nos costó dar pedales. En un principio pensamos que era un fallo en el diseño de la bici, pues en pendiente ascendente costaba mucho dar pedales. Pero no era así. Resulta que cuenta con autoarranque limitado a 6 km/h, es decir, cuando paras en una subida y vuelves a pedalear, aprietas este botón y el motor empieza a funcionar a la vez que das pedales, con lo que apenas tienes que hacer esfuerzo alguno. Si quieres aumentarla o disminuirla, sólo hay que apretar el botón correspondiente.

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El modelo que probamos es una bici de montaña Bolt Trekin, con cuadro de aluminio 6061 plegable, suspensión en la horquilla delantera, trasera y en la tija del sillín, freno de disco en la rueda delantera y en la trasera, donde se encuentra el motor, es de tipo v-brake. Utiliza un motor de 250W Brushless (es decir, sin escobillas) con batería de litio de 36V, con un tiempo de recarga aproximada de 6 horas, pudiéndose recorrer unos 50 kilómetros. Una vez que se agota hay que recargarla enchufándole a la red eléctrica, pues no cuenta con la tecnología de los motores de coches eléctricos, que sus baterías se recargan aprovechando las frenadas o desaceleraciones del vehículo. La bici es más pesada que una bici convencional de montaña, pues está en torno a los 22 kg, por lo que cuesta un poco moverla cuando la batería se nos ha agotado. Por eso te recomiendan ahorrarla, es decir, en llano o bajadas desconectar el motor eléctrico y moverte con tu esfuerzo, y en subidas, conectarlo. De esta manera, podrás hacer más kilómetros que los limitados por la batería.

Desde luego, son el vehículo perfecto para la ciudad, pues te puedes mover por las calles con muy poco esfuerzo, tanto físico como económico, ya que la recarga de la batería está por debajo de los 20 céntimos de euro.

 

 

Una de cerros

9 septiembre, 2014

Castros de Peñafiel

Pero no de cerros cualesquiera, no, que todos son históricos o, por mejor decir, prehistóricos. Parece que la comarca de Peñafiel, o sea, de Pintia, es especialmente proclive a los asentamientos de hace dos mil años o más. Así que nos planteamos mirar el paisaje como lo mirarían nuestros antecesores pintianos de aquellos siglos anteriores a Cristo. ¿Y qué mejor excursión que subir a los cerros donde aquellos hombres trabajaron, vigilaron y vivieron?

Un aviso. Se trata de una excursión mixta: en todos los casos, salvo en el primero, dejamos las bicis al comienzo de la cuesta y subimos caminando o gateando a la cima. En total, cayeron unos 56 km.

Cerro del Castro

Cerro del Castro

 Cerro del Castro

Domina de manera particular el valle del arroyo de la Vega que nace en las proximidades de Oreja. En él se asientan Langayo y Manzanillo, perfectamente visibles. Lo más característico es la piedra caliza que le cubre y sirvió de suelo al asentamiento primitivo: vuela a modo de visera sobre el espacio y debajo oculta concavidades naturales o provocadas por la extracción de yeso. Dentro, uno tiene la sensación de que la gran plataforma de piedra caliza se apoya en otra veta sobre unos pocos puntos. La gran visera se ha ido cuarteando y rompiendo en ciclópeos pedazos de piedra que se quedan en la ladera o ruedan hacia el fondo del valle.

De todas formas, este castro estuvo conectado con el nivel del páramo por una estrecha franja de terreno, que debía defenderse de manera artificial.

 

Pajares. ¿Las canteras?

Pajares. ¿Las canteras?

Pajares

 Solitario cerro que domina la llanura provocada por la conjunción de los ríos Duero y Duratón y el arroyo de la Vega. Es la continuación y de una hilera de montículos que viene desde el cerro del Castro Se levanta a unos dos kilómetros de Pintia y todavía hoy observamos la cantera de la que, según los entendidos, se extraían las lápidas que cerraban las urnas funerarias de los guerreros vacceos. Es, seguramente, el mejor observatorio de la comarca porque está lejos de la paramera. También debió poseer una torre de vigilancia comunicada con Pintia, pero de eso ya no queda nada; no obstante en la ladera Sur se levantó una casa o cabaña hace tantos años ya que sus ruinas parecen modeladas por el viento y la lluvia.

Hoy, un majuelo de tempranillo extrae de la tierra viejas esencias vacceas. ¿Qué sabores tendrá su mosto?

 

Vista de Pajares

Vista de Pajares

Cerro del Castillo  

Ya hemos citado alguna vez a Lucano: Nullum est sine nomine saxum. Una consecuencia es que no existen nombres gratuitos. Luego aquí hubo un castillo, sin duda. No quiero decir un castillo típico, como el de Peñafiel. Pero un castillo: una casa fortificada, una torre de vigilancia. Lo que sí está demostrado es la existencia de un poblamiento o castro hacia el siglo XVI a. d. C. Impresionan los murallones anulares que rodean la cima del cerro a diferentes alturas, y que en absoluto son bancales, a juzgar por las trazas y la verticalidad de las laderas. Si todavía impresionan los restos, ¡cómo debieron amedrentar al enemigo en aquellas lejanas épocas!

 

Cerro del castillo

Cerro del Castillo

El cerro avanza sobre el valle y en la zona más próxima al río lo vemos cortado a pico. Ni por la parte posterior se encuentra unido al ras del páramo, pues allí forma una pequeña vaguada. Perfecto como plaza fuerte (o castillo). La vista asombra. Pero…¿es posible que estemos en la provincia de Valladolid? El gran tajo del Duratón, con el río retorciéndose, acompañado por alamedas. A los pies, Rábano, Torre; al fondo, Canalejas. Arriba, navegando, buitres, alimoches, águilas. Y es que no estamos ni en el ras del páramo ni en el valle. Es otra historia.

Pico de la Mora

 

Pico de la Mora

Pico de la Mora

Último cerro, entre el del Castillo y Peñafiel. De aspecto similar al anterior pero más alto y cortado, si cabe. Blanco, con abundante polvo de cal y yeso. Otra vez los restos de impresionantes murallones anulares. Se distinguen también vestigios de accesos, entradas, caminos. Cortado a pico por el Oeste, con abundantes cuevas y viseras. Las murallas salen del paredón y se prolongan por la ladera. También hay una caída o fuerte desnivel antes, cortando con el ras del páramo. Otra plaza fuerte. Dominio sobre el valle, contacto visual con el cerro de las Cuevas, enfrente. Perfecto contraste con los majuelos de la base, verdes en verano, rojos en otoño. Majestuosa estampa.

Ríos y fuentes

Nos hemos movido en el ámbito del Duero y –sobre todo- del Duratón. Los días son todavía calurosos y se agradecen las fuentes y ríos del camino. Pasamos por el ya conocido Vallejo de las Fuentes, en el que persisten sin mayor novedad la fuente de la Chinchorra y el manantial de la Talda; la fuente de Barcolanas se perdió, al parecer, para siempre.

Vadeando el Duratón

Vadeando el Duratón

Fue agradable encontrar, en Peñafiel, la fuente de la Salud, con su pilón asimétrico respecto de los abrevaderos. Y al pie del cerro del Castillo, la fuente de la Revuelta: no vimos abrevadero, pero sí el manantial. También nos refrescamos en las fuentes urbanas de Canalejas y de Torre de Peñafiel. Al volver hacia Quintanilla cruzamos junto al humedal de la Laguna, lleno de maleza.

¡Ah! Y nos dimos el gustazo de vadear el Duratón entre Torre y Rábano. Traía corriente y el lecho era de arena. El agua fresca nos recompuso.

De vuelta

De vuelta

 

 

Adiós al verano

8 septiembre, 2014

neblina

Ayer los chubascos y tormentas visitaron la provincia, dejando unos cuantos litros de agua. Buen refresco para algunos cultivos. Después, el ambiente quedó agradable y suave, sin viento. Y la noche fue deliciosa y tranquila. Hoy, de nuevo el sol. Pero ya no será lo mismo, las temperaturas empezarán a bajar poco a poco pero de manera constante. Estamos ya a las puertas del otoño. Y con el otoño, los frutos de muchas plantas y árboles, la caída de las hojas, los nícalos y otras setas, los colores ocres y rojizos…

Y al ponerse el sol, algunos pinares devolvían la humedad al ambiente en forma de suave neblina, como se puede apreciar en la foto. Algo inusual en verano.

…y barcas

1 septiembre, 2014

Pisuerga

Antiguamente no sólo los puentes cubrían los pasos sobre los ríos. Como los medios eran más escasos que ahora, se utilizaban muchos pasos de barca y, por supuesto, se aprovechaban los vados. Estos, sobre todo en los ríos no muy grandes, como el Adaja, Cega o Zapardiel; de hecho todavía los utilizan vehículos agrícolas. También tenían vados el Duero o el Pisuerga, accesibles a jinetes y cuerpos militares.

Las barcas o pontones de gran capacidad solían ser de varales, guiadas por cables; también las había de remos. Gracias a la toponimia y a documentos antiguos podemos rastrear los lugares donde se cruzaban los ríos mediante barcazas.

Tudela

Tudela de Duero

Pisuerga

En el Pisuerga, entre la Granja Muedra y la de Quiñones estaba la Barca de Poveda, que daba servicio al camino de Corcos a San Martín de Valvení, justo entre medias de los puentes de Cabezón y Valoria. Queda también el topónimo El Pontón, que viene a reafirmar el paso.

De Pesqueruela a Villafranca

Conforme fluían las aguas, disminuían los puentes y abundaban los pasos de barca. Numerosos documentos señalan la existencia de una barca entre Villamarciel y Villanueva de Duero, poco después de la desembocadura del Adaja y antes de la pesquera. Uno de los últimos mapas señala el lugar de la Barca de Varales, indicando así también el tipo

Barcas

Valladolid

Paso de barca también lo había a la altura de San Miguel del Pino, para facilitar el paso a los caseríos y montes de la ribera izquierda. Y entre San Miguel y las aceñas de la Peña vemos todavía en los mapas la cañada del Vado de la Benita y, en otros, el vado de Muedra.

En Tordesillas, además del puente, se levantaban junto al río numerosas aceñas, donde los aceñeros tenían barcas para reparar la presa, o para cruzar el río en un caso de necesidad.

Entre Torrecilla de la Abadesa y Pollos el río va rápido, con tablas entre pedregales, lo que quiere decir que –al menos en verano- era más o menos vadeable. Pero frente a Pollos estaba la barca que cruzaba hacia Torrecilla, a unos cinco kilómetros aguas arribas y hacia Torre Duero, a dos kilómetros aguas abajo.

Cubillas

I. Geográfico y Catastral, 1931

En el caserío de la dehesa de Cubillas vemos todavía las ruinas de la Casa del Barquero. La dehesa de Cartago contaba con otra barca, al igual que Castronuño: cerca de donde está el refugio de pescadores estaba también la Casa del Barquero. La última barca estaba en Villafranca: era un pontón de metal y durante los últimos años trasladaba, sobre todo, harina.

De Peñafiel a Boecillo

Volviendo en dirección al Este, vemos que Pesquera de Duero contaba con dos pasos de barcas. El primero en el mismo pueblo, para cruzar al pinar de San Pablo y el otro, más concurrido, daba servicio al camino de Padilla justo donde se levantó la ciudad vaccea de Pintia. También podía utilizarse –sobre todo por el ganado- un vado entre las dos localidades.

Seguimos aguas abajo y vemos que de la Casa de la dehesa de Mazariegos, hoy de los Canónigos, salía el camino de la Barca en dirección a Quintanilla de Arriba. El monasterio de San Bernardo tuvo un hermano barquero, según nos cuenta la leyenda del Hermano Diego.

luz

Duero

Vega Sicilia y Valbuena estuvieron unidas mediante un paso de barca. Hoy vemos un cable que salta el río y que bien puede ser utilizado por la correspondiente barcaza. No ocurre lo mismo entre la Abadía de Retuerta y la Granja Sardón: el camino cruza el río sin puente ni barca, lo que quiere decir que hubo un vado.

Derruido el puente de Peñalba, la comunicación se realizaba gracias a una barca de remos. En Fuentes, el mapa de F. Coello (1852) señala una barca, al igual que donde está el actual Puente Herrera. Y finalmente, la urbanización del Pago de la Barca, en Boecillo, nos indica el lugar de otro paso.

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San Miguel del Pino

Otras barcas

Hasta aquí nuestros paseos –hoy imaginarios- en barca. También tenemos, esta vez en el recuerdo, que no en los mapas, aquellos barqueros pescadores que utilizaban la pandilla (especie de red manejada gracias a un varal del que colgaban dos palos cruzados que, a su vez, sujetaban una red cuadrada) en el Duero y Pisuerga para sacar barbos grandes y pequeños que vendían en los pueblos, o en los mercados del Val y Portugalete, a los que llegaban a veces coleando.

Y otra entrada merecerían las barcas que surcaban el Canal de Castilla, entre Alar del Rey, Medina del Campo y Valladolid. La mayoría eran de trasporte de mercancías, pero también las hubo de viajeros.

Tordesillas

Tordesillas

 

Puentes…

27 agosto, 2014

Simancas

Simancas

Hemos pasado unos años de auténtica eclosión de las infraestructuras viarias, lo que ha llevado consigo la construcción de nuevos puentes para facilitar o agilizar el paso de ríos y otros accidentes geográficos. Pero los de ahora, por regla general -hay excepciones- son bastante feos, especialmente aquellos en los que predomina el cemento.

Sin embargo, desde la época de los romanos hasta hace unos cuantos años, los puentes que han permanecido solían ser de piedra, con sus pilas, arcos, tajamares, barandillas…Todavía quedan muchos en nuestra provincia que, lejos de afear el paisaje del río y la ribera, lo mejoran y le dan un toque diferente, propio.

Sobre el Zapardiel en Rueda

Sobre el Zapardiel en Rueda

¿Qué puentes hay más hermosos que el de Cabezón, el puente Mayor de Valladolid, el de Simancas, o el de Tordesillas? Todos ellos son de factura medieval, reconstruidos parcialmente un montón de veces. O los del Cega en Mojados, Megeces, el Cardiel…

Claro que solamente nos queda uno romano: el de Becilla en el Valderaduey, incluso con un tramos de calzada en muy buen estado. Si bien es muy posible que donde hoy se levantan los puentes de Simancas y Puente Duero ya hubiera otros en la época romana.

Sobre el Bajoz en Villalbarba

Sobre el Bajoz en Villalbarba

Con frecuencia, hay un puente viejo junto al nuevo. Para mejorar el tránsito, se hizo el nuevo, y el más antiguo quedó al lado, como una antigua referencia. Es el caso de los puentes sobre el Duero en la carretera de Peñafiel a Pesquera; la Puente Mediana entre Mojados y Olmedo; el de Valdestillas; el del Eresma entre Olmedo y Pedrajas; el del Adaja entre Aniago y Villanueva; el puente de Boecillo, sobre el Duero; el de Mayorga sobre el Cea. Un caso insólito es el puente del Runel, entre Olmedo y Ataquines: vemos sobre el Adaja tres puentes: utilizamos el último modelo, vemos derrumbado el más viejo y, el mediano, entre ambos.

En el Cega

En el Cega

Pero la regla anterior no siempre se cumple: el puente sobre el Duero en Peñalba (Villabáñez) fue derruido, al parecer, con motivo de la guerra de la Independencia y ni se ha reconstruido ni sustituido. Claro que en Peñalba ya no vive nadie. Lo cual no quita para que estas ruinas históricas se asienten en uno de los lugares más hermosos de la provincia.

Peñalba

Peñalba

Sin embargo, lo que parece una antigua pila con su tajamar en medio del Pisuerga, en el Soto de Medinilla, no es tal. Sin dejar de ser una ruina muy valorada por los cormoranes, debió de pertenecer a unas aceñas, las denominadas del Berrocal.

Capítulo aparte lo constituyen los viejos puentes de hierro del ferrocarril de Ariza: podemos contemplar uno en La Cistérniga, sobre el Duero y tres en Peñafiel, sobre el Duero (2) y el Duratón. En estos casos, el hierro se ha fundido con el paisaje.

En Peñafiel sobre el Duratón

En Peñafiel sobre el Duratón

Y todo esto sin hablar de la infinidad de puentes que también se levantan, en nuestras comarcas, sobre ríos menores, arroyos y canales. Los hay de todos los tipos, tamaños, materiales, usos; la mayoría salvan ríos, pero otros cruzan carreteras o caminos. Y luego están los acueductos, donde es el canal o acequia los que saltan el río o camino… Si algún día se hiciera el inventario, saldrían, sin duda, varios cientos. Pero, ¿alguien se va a preocupar por ellos?

¿Restos de las aceñas del Berrocal?

¿Restos de las aceñas del Berrocal?


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