Posts Tagged ‘Chozos’

Algunos chozos y corrales de Encinas de Esgueva

6 diciembre, 2018

Encinas de Esgueva: tiene castillo y tiene iglesia, pero también tiene embalse y tuvo judería, conforme ha quedado registrado en alguna de sus calles. Su caserío está protegido por las laderas de un valle relativamente estrecho, para lo que se estila por estas tierras llanas de Castilla; la razón es que más que en el valle del Esgueva se levanta más bien en el valle de la Dehesa, arroyo tributario del primero.

Vallejo de doña María

Pero bueno, hoy se trataba de dar un corto paseo en busca de algunos corrales y chozos. Pero luego siempre hay sorpresas. Al entrar por el camino a Cevico en el vallejo de doña María, nos entraron ganas de subir por la directa al pico Andarrío. Dicho y hecho. Aunque no tan fácil, que la burra dice que no sube cuestas muy empinadas y, claro, no la vas a dejar ahí tirada. De manera que para arriba con ella. Unas veces te lleva y otras la llevas.

Formación caliza en el pico Andarrío

La ladera es blanca, de caliza y yeso. Hubo chozos o casetas en esta ladera; ahora quedan los escombros, además de almendros que tienen el fruto maduro. Al sur, cantiles y cortados que nos muestran el valle, Encinas y Canillas. Arriba, una plantación de frutales. Además, parece que por aquí han trabajado máquinas removiendo piedra y tierras…

Descubrimos un camino y por él nos alejamos del borde del páramo. Algunas familias están recogiendo almendrucos. Parece que la cosecha es buena.

Chozo bien protegido

Un poco más y estamos en los corrales de la Concha. Y es que aquí la tierra forma como una gran concha o suave hondonada protegida por algunas lomas. En el centro de los corrales, donde las tapias forman una cruz, se levanta un chozo hoy amenazado de muerte. En la tapia norte otro chozo está casi irreconocible. Los muros están casi todos caídos. A poco más de 300 m otras corralizas, lindando con un camino, tienen otro chozo en franca ruina. Y al otro lado del camino un corral que curiosamente tiene los muros altos y en buen estado, dispone de otro chozo diríamos que en uso. Es una zona que antaño fue monte y hoy es, en su mayor parte, tierra de cultivo ganada a ese monte. Seguramente los pastores de Encinas pasaban aquí el verano, durmiendo en los chozos junto a los rebaños, bien protegidos en los corrales.

Chozo entre Castrillo y Encinas

Seguimos rodando a campo traviesa hacia el este, cruzando la raya de Encinas a Castrillo y, cubierto por matas de encina, vemos un corral cuyas tapias se completan con una tela metálica sostenida por una empalizada y por cuerdas atadas a las carrascas. Curioso. Como si hubiera estado en uso hasta hace poco, si bien el conjunto se encuentra cubierto de maleza. Es el camino de Matalobera -desde el que divisamos corzos saltando- que seguimos hacia el sur. Vemos otro corral similar que tuvo empalizada, hoy caída alrededor y, al final del camino, a poco más de 100 metros, una última corraliza con un chozo distinto: aunque la planta es circular, cuenta con una pared, la de la entrada, plana y formada por piedra trabajada, casi de cantería . Además, la entrada se encuentra a muy pocos metros de la asomada al vale. Precioso chozo en lugar precioso.

Al fondo, el Otero de Encinas. En primer plano, restos de un corral en la Concha.

Bajamos por el barco de Valderreina, lugar húmedo en el que abundan las junqueras y donde los robles y algunos chopos se agolpan para beber en las épocas más secas. O sea, que es un verdadero oasis en pleno verano.

Almendros

Ya en la otra ribera del Esgueva nos perdemos entre vallejos, robledales, majuelos y viejos nogales. Pasamos junto a un guardaviñas y luego junto a unos amplios corrales con su chozo en buen estado. Enseguida subimos por el camino del Collado. Nos hubiera gustado acercarnos a la fuente de Pasporrero pero la noche se está echando encima y casi no se ve. Lo dejamos para otra ocasión. Después de tanta austeridad, por unos campos que han sufrido las durezas del estío, en el collado nos espera una maravillosa puesta de sol, y su resplandor nos va a acompañar hasta llegar a Encinas.

12 octubre 133

Atardece

Aquí podéis ver y descargar el recorrido.

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Algunos corrales en el páramo sur de Fombellida (y 2)

3 septiembre, 2016

27 julio 062

Desde Fombellida los ganados accedían al páramo del sur por distintas cañadas o, por mejor decir, coladas. La primera y más utilizada –hoy es también el camino más usual y con mejor firme- es la de la Nava, luego, en dirección al este vienen: la de los Vallejos, pues llega a tres distintas colas o nacimientos de arroyos, la de Valdoma, que cuenta con algún manantial en la subida y se acaba justo al llegar al páramo, si bien antes continuaba hasta los corrales de Valdoma y la de Santa María, que sube por el vallejo divisorio con Canillas.

Los corrales de Valdoma siguen parcialmente en pie en las Hoyadas, a escasos metros del vallejo por el que sube la colada. Se encuentran rodeados de tierras destinadas al cereal, lo que indica que antes no todos sus alrededores eran puramente agrícolas. Desde ellos divisamos el paisaje de este peculiar páramo, con sus quejigos y encinas que señalan lindes y caminos.

En las Viñas

En el Hogazo

Al comienzo de la caída de la cuesta de la Vela, a pocos metros del camino de San Llorente, se esconden unos humildes corrales. Asentados en el último escalón de su valle o cuesta, no levantan casi del ras del páramo, por lo que pasan desapercibidos. Además, son de ese color gris oscuro que les hace confundirse con el resto de las piedras de la comarca. Distinguimos, a duras penas, chozo de lo que parece un montón de piedras. Ahí siguen, desafiando al olvido. ¿Cuántos años más?

No es que sea muy definitdo este mapa, pero da una idea de la situación de estas construcciones pastoriles

No es que sea muy definitdo este mapa, pero da una idea de la situación de estas construcciones pastoriles

Al comienzo del valle de Valendero, que cae hacia Torre de Esgueva vemos dos grupos de corrales. El de la izquierda conserva muy bien dos de sus vallados; no se distingue ningún chozo, pero pudo haberlo. El de la derecha, bien metido en las tierras de labor está reducido a un puro montón de piedras, pero podemos ver la entrada al chozo que hubo, sólo la entrada.

Desde el corral de Matacaderas, en el cerral del páramo, se contempla una bonita imagen de Torre. Fueron grandes estos corrales, pero ya están totalmente arruinados. O sea, ruina de ruinas.

Torre desde Matacaderas

Torre desde Matacaderas

No situamos por un momento en el término de Torre. A escasos metros de la raya de Fombellida para ver los corrales de Las Viñas, en un picón sobre el Valle Esgueva desde el que se vuelve a contemplar Torre. Mantienen un chozo en buen estado. Y a 300 m al sur, en un valle que se abre hacia Castroverde, que vemos al fondo, tenemos los restos de otras corralizas. Tuvieron chozo: una puertecilla abierta en un muro circular lo confirma.

Caño

En el barco del Caño

Otro chozo no muy derruido lo vemos en los corrales del Hogazo, a la vera de la colada de la Nava. Muy cerca, en el barco del Caño tenemos un curioso corral de planta cuadrangular, también en buen estado de conservación. Lo de curioso lo digo porque es el único de esta forma en la zona (hay otro similar en el páramo del norte). Está, además, en una suave ladera junto al camino, cerca de un bosque de robles. Desde aquí mismo vemos otros corrales, en el inicio del barco, bien protegidos por la ladera y los robles, que podríamos denominar de la Mañera, por el lugar en que se encuentran. Tuvieron al menos dos chozos.

En el barco del Caño

En la Mañera

Y, para finalizar, citaremos los corrales de la Isilla, en una llanura del páramo cuando éste va a caer por el barco de San Antonio hacia el arroyo del Charcón. Con robles alrededor son, seguramente, los más extensos del término. Con la ayuda de Google Maps hemos contado más de 30 departamentos o corrales menores en los que está dividido. Tiene también un chozo de buen porte.

En el valle, junto a la colada de Santa María

En el valle, junto a la colada de Santa María

Curiosamente, abajo, en el mismo valle del Esgueva, Fombellida posee un chozo, justo al lado de la colada de Santa María, cuando ésta inicia la ascensión al páramo.

Estos son algunos de los corrales al sur de la localidad. Más adelante, en otra entrada, procuraremos hablar de los que se levantan en el páramo del norte, que no son pocos.

 

Corrales de Fombellida (1)

28 agosto, 2016

27 julio 031

Cuanto más ascendemos por el Valle Esgueva más estrecho se hace y, por tanto, ganan espacio y relevancia en detrimento del valle mismo los páramos que lo bordean, que normalmente se encuentran abiertos por vallejos secundarios. De esta forma, se hace más importante la ganadería –propia del páramo y vallejos- que la agricultura, que siempre ha buscado las vegas de tierra suave y fértil. ¿Siempre? Bueno, siempre hasta ayer, que hoy las cosas han cambiado gracias a la maquinaria agrícola que llega a todas partes y, aunque las tierras no sean amorosas, algo sacan.

El caso es que el término de Fombellida está plagado de corralizas y chozos de pastor. O mejor, de ruinas de esos elementos. Antaño tuvo mucha importancia la ganadería, sobre todo de ovino. Los pastores llevaban el ganado al monte y ahí permanecía largas temporadas, pues no lo bajaban mientras hubiera pasto. Y para eso debían usar una estructura mínima, con el fin de guardarlo por la noche, de ahí las corralizas, y para guarecerse el pastor, los chozos. Hoy, ya digo, todo ello es una ruina. En Fombellida algunos vecinos de más de 60 años recuerdan haber utilizado estas corralizas.

Refugiados

Refugiados

El páramo al sur del pueblo no es el típico raso, pues está compuesto por pequeños vallejos, barcos, navajos, lomas y hoyadas. Además, todavía conserva cuarteles y rodales de monte de encina y roble con algunos enebros. Los caminos y linderas están señalados, con frecuencia, por hileras de quejigos. Y en los campos de cultivo se han respetado algunos robles y encinas solitarios. Todo esto le da al paisaje un aire distinto y peculiar. Sólo por contemplarlo merece la pena dar un paseo por aquí. Se supone que hace muy pocos siglos el bosque se extendía por toda la paramera, la agricultura era mínima y la ganadería lo llenaba casi todo. Además, la tierra no es excesivamente buena, está llena de piedras, tantas que a veces la tapan, y algunos majanos son muy recientes.

Vallejo

Vallejo

Las corralizas suelen encontrarse allí donde comienza un vallejo, aprovechando el espacio existente entre el cerral y el bocacerral. Así, se protegen con la ladera de las posibles inclemencias atmosféricas. Esto ocurre en la mayoría de los corrales que vemos en los páramos de la provincia. Quizá lo que les distingue de otras comarcas es la piedra utilizada, que no está tallada ni mínimamente trabajada. Las piedras usadas, en su mayoría, están recogidas directamente del suelo, o de la cuesta del páramo. Por eso, es siempre irregular y tiende a ser de tamaño más bien pequeño. Es de un gris muy oscuro, con abundantes manchas negras debido a la acción del clima extremo al que se ve sometida. También esto da a los corrales una fisonomía propia, como más pobre o humilde que en otros páramos.

Corrales

Corrales

¿Cuál es el mejor momento del año para visitarlos? Sin duda, la primavera. Podríamos decir que, en ella, lucen con todo su esplendor y aparecen como lo que son, construcciones pastoriles en un momento de bucólica alegría. El verano no es buen momento: con las hierbas ya resecas y altas parecen construcciones abandonadas y arruinadas por completo –y eso son- caídas en una especie de basurero perdido y olvidado. Aparte de que se hace costoso avanzar entre tanta maleza para verlos de cerca.

Sea como fuere, lo cierto es que forman parte de nuestra historia menor y que están cayendo por los rápidos del impetuoso río del olvido. ¿Recuperaremos alguno? ¿Será demasiado tarde cuando empecemos a valorarlos? Misterio. De momento, forman parte de ese paisaje que, sí, habla a los poetas pero también, en otro lenguaje, nos habla a todos de lo que fueron y cómo vivieron aquellos hombres que, hasta hace casi un siglo, lo sacaban todo, y todo lo esperaban, del campo y de la lluvia, del ganado y de los montes…

Chozo

Chozo

Como nos ha quedado un poco larga esta primera parte, dejamos la segunda para otra entrada en la que hablaremos de algunas corralizas en concreto.

Torozos orientales

9 junio, 2012

En el extremo noreste del páramo de los Torozos quedan dos estupendos montes de encina y roble: el de Dueñas y El Viejo, que pertenece a Palencia. Ahora  ya casi no se explotan: el de Palencia es un buen pulmón para la ciudad, pues allá van los palentinos a comer o merendar, a pasear y a hacer deporte. El de Dueñas es menos visitado, pero se utiliza todavía como zona de pastos y se explota su madera. Antaño estuvieron mas frecuentados, no hay mas que ver los restos de chozos, corrales y hornos de cal.

Iniciamos la excursión en Cubillas de Santa Marta. Nada mas salir del pueblo nos topamos con la fuente del Lavadero, con álamos de sombra y mesas para descansar. Pero como todavía no estamos trabajados, seguimos nuestro camino.

El monte de Dueñas ya lo conocemos de alguna otra excursión. Pero no importa, pues siempre es agradable pasear entre sus abundantes robles, salpicados por numerosos corrales para el ganado. Por diferentes senderos y caminos llegamos a la fuente del Postigo, junto al chozo –restaurado-  de Rojalanillas. Su balconada nos ofrece una panorámica sobre Dueñas y el valle del Pisuerga. Otra fuente para llenar los bidones la tenemos en la pradera central, donde también hay alguna nave ganadera relativamente moderna.

Dejando atrás el monte cruzamos por terrenos dedicados al cereal y nos acercamos a los hornos de cal de Font –hemos visto otros junto a las Dos Hermanas, en el monte- que, aunque están arruinados, dejan ver bien su planta circular en piedra.

El colmenar de la Hiedra está restaurado como casa de campo con un bonito torreón. Es el que está más cerca del páramo. Las casas del valle de San Juan, hasta hace poco deshabitadas, están arregladas y en perfecto uso. Llegamos al borde del páramo para divisar el valle del Carrión.

La vuelta la hacemos por el Monte el Viejo, donde abundan, claro, los viejos robles. Es la zona menos solitaria, pues veremos a los palentinos, que se acercan a respirar. Los robles y encinas son más corpulentos que en el otro monte y está algo más aclarado. Pero el aspecto es el mismo: abunda la hierba verde y las flores aromáticas.

Una buena pista nos conduce, ya en descenso, hasta Dueñas. Desde aquí, pasando por el chozo y corrales de Rascavieja, con un buen pozo a su lado, seguimos una carretera que estuvo muchos años cortada pero que ahora llega hasta Quintanilla de Trigueros. Pero nosotros nos quedamos en Cubillas, ahora sí, cansados.

Refugios pastoriles en Torozos

27 abril, 2012

Antaño los páramos castellanos estuvieron cubiertos de un denso monte de encina y roble. El páramo de los Torozos no fue una excepción y todavía podemos pasear por dos enormes manchas de monte, una alrededor de La Santa Espina y otra entre Mucientes y Villalba de los Alcores, además de otras más pequeñas como el monte de Peñaflor. Y si han llegado hasta hoy no ha sido precisamente por obra de la casualidad, sino gracias al trabajo peculiar de los hermanos monteros de los monasterios de la Espina y de Matallana que se esforzaron por explotar el monte de manera sostenible, como diríamos hoy.

Los Torozos estuvieron, además, sumidos en la leyenda. Seguro que aquí se escondieron ladrones y salteadores, pero tal vez Madoz exageraba un poco cuando, a mediados del siglo XIX, escribía refiriéndose a esta comarca: la espesura de su arbolado y su aislamiento han ofrecido un seguro albergue a los facinerosos y malhechores, en términos que los muchos robos y asesinatos que perpetaban, dieron una triste celebridad a este bosque, hasta el extremo que no podía nombrársele sin horror…

Hace unos días hemos dado un paseo, lleno de gratas sorpresas, por el monte de Mucientes. Desgraciadamente, todo estaba aun con ese color pardo típico del invierno: los robles no han empezado echar la hoja y las hierbas y arbustos están secos. Sólo alguna flor amarilla indicaba que ya estábamos en primavera. Pero daba gusto pasear por allí: las ruedas de las bicis provocaban un agradable y crujiente ruido a la vez que liberaban aromas escondidos en la hojarasca. ¡Y qué robles tan enormes quedan todavía en este monte! Da gusto verlos con su desnudez invernal: un ancho troco que se divide en cientos de ramas nudosas que van disminuyendo de tamaño conforme se alejan, en aparente desorden, del tronco madre.

Pero esta vez nos hemos fijado en la impronta que dejaron los pastores, antiguos habitantes de este robledal: ¡tres tipos de chozos o refugios diferentes vemos aquí registrados! En ninguna otra parte de los páramos y cerros de la provincia hemos visto nada igual.

El primer chozo, junto al camino de Hornillos, es de tipo circular, pero mucho más grande de lo habitual. En buena piedra de sillarejo, por fuera tiene forma de cilindro algo abombado; por dentro la bóveda arranca a unos dos metros del suelo, por lo que es uno de los chozos más cómodos que  hemos visitado. También es amplia su entrada, orientada al mediodía. Por cierto, sobre la piedra de puente pueden leerse unas iniciales: L Z, tal vez las de su primitivo dueño. Se ve que alguien lo ha cuidado hasta hace poco pues se dejan ver los restos de una enorme grieta, ya reparada. Si se arreglara un poco el humero, del que se han caído las últimas piedras, quedaría ya perfecto.

El segundo chozo es único por otros motivos, pues tiene planta rectangular (todos los que conocemos de la provincia, salvo éste, son de planta circular). Debió tener una cubierta a dos aguas, de piedra, que ahora yace en el suelo del chozo. Tiene entrada por uno de los lados más estrechos, el que da al mediodía. Sus muros son muy anchos, hasta el punto de que el vano de la puerta se salva, al exterior con la típica piedra de puente, pero al exterior con dos losas que se apoyan la una en la otra formando un falso arco en forma de “V” invertida. Se encuentra junto a un camino, en un pequeño claro del monte.

Y el último es un refugio, parte excavado en tierra, parte –a lo que nos parece- construido con la ayuda de trozos de piedra caliza mas o menos trabajados, y recubierto de tierra. Tuvo al menos tres estancias relativamente amplias y algunas como alacenas para colocar material o útiles pastoriles. Un humero reforzado con piedra servía para que la lumbre no ahumara las estancias. Se encuentra en una corraliza junto al camino de Ampudia, señalado por un enorme roble y varias no menos corpulentas encinas. También es único. No hemos visto nada semejante. Aquí no debían pasar frío los pastores que se mantenían día y noche con sus rebaños.

Pues estas fueron las tres gratas y pastoriles sorpresas. Como están alejadas de cualquier núcleo urbano, seguro que se mantienen así durante tiempo. Pero como pertenecen a un patrimonio único, sería bueno que la autoridad competente las restaurara y mantuviera para visitas de senderistas e interesados.

Otros detalles destacados de esta ruta: pasamos junto al lagar y fuente de la Bambilla, estrenamos la autovía de León –al menos para subir al páramo-, descansamos en una bodega de Cigales y recuperamos líquidos en la fuente de San Pedro.

De Venta de Baños a Valladolid por valles y cerratos

16 marzo, 2010


Esta es otra de las distintas posibilidades que nos ofrece el tren combinado con la bici. Ya hemos contado la excursión al monte de Dueñas con vuelta en ferrocarril, por no hablar de la de Medina del Campo. Ahora nos vamos a referir al trayecto desde Venta de Baños a Valladolid, después de llegar en el regional que parte a las 9,35 de la estación Campo Grande.

Esta ruta nos ofrece la posibilidad de ir saltando hasta tres páramos o cerratos distintos, con lo que eso supone para las piernas del ciclista. O sea, una llegada a Pucela un tanto cansada. Pero no mucho, si hemos sabido elegir el día de viento. Y bastante contenta.

Después de salir de Venta de Baños, (también podemos pasar junto a la basílica visigótica de Baños de Cerrato, con su fresca fuente igualmente medieval) Tariego nos descubre, además de sus bodegas, la alianza que existe entre el Pisuerga y los páramos, pues aquí les lame, mece y da forma. ¿Hubieran sido lo que son si él?  Más tarde los volveremos a contemplarlos juntos.

Cruzamos el puente y el río salta antes una pesquera, dando frescor a toda una ribera poblada de sauces, álamos y chopos. Después, dejando atrás Tariego con su torre, sus  bodegas y sus empinadas calles, nos adentramos en el Cerrato. Y, a pesar de la cercanía a ese nudo de comunicaciones que es Venta de Baños, nos parece estar en lo más profundo de la comarca: encinas, alguna mata de roble, lavandas, vallejos perdidos, senderos, chozos de pastor… lugares, en fin, donde los recovecos del paisaje no tienen nada que ver con el gran corredor Valladolid-Burgos. Casi hasta nos podríamos perder.

El primer páramo al que subimos nos descubre un inesperado sendero junto a su canto que nos va mostrando anchos horizontes, laderas descarnadas, vallejos, montes… Podemos estudiarlo con detenimiento o bien bajar sin llegar a él -desde el puertecillo entre cerros por el que nos conduce el camino- hacia el valle del arroyo Madrazo, que pasa por Cevico de la Torre. Y otra vez a subir entre laderas tendidas y maleza fresca para descubrir el páramo de los Infantes,con un cielo que parece lo vamos a tocar con sólo extender el brazo. Y con densos pinares de repoblación.

La nueva bajada, suave y larga, nos  empuja después de pasar junto a dos viejos chozos pastoriles hasta Valoria la Buena. Valoria es como para perderse; como para realizar una excursión ciclista de varios días de duración: las bodegas con su fuente y prado, los restos de la ermita y molino de la Galleta, los distintos chozos y montes, el mirador del pico del Águila y otros muchos, la ribera del río…

Pero nos vamos otra vez ¡a subir la cuesta! hasta lo alto del páramo. En la granja Hernani ya estamos en el término de San Martín. Hemos de bajar enseguida pero, si tuviéramos más tiempo, yendo hacia la izquerda nos perdemos en un bosque de roble y encina bastante denso; hacia la derecha nos plantaríamos en un despejado cerral, ideal para contemplar los valles de Valvení y del Pisuerga…

Pero bajamos hasta San Martín, para descansar y repostar un poco.  En la próxima entrada hablaremos algo de este lugar y de la penúltima etapa del recorrido: las peñas de Gozón.